
«Tu vida»,
resuena la voz hipnótica desde las sombras, «ya no es tuya.
Ahora me pertenece». «Puedo perfeccionarla. Puedo hacerla
útil. Pero puedo también arriesgarla. Quizás
la pierdas, porque he perdido vidas queriendo salvar a otras. Esta
es mi promesa: Una vida con placer, con peligro, con emociones, y con dinero.
Una vida, por encima de todo, con honor. Pero al dártela,
reclamo obediencia. Absoluta obediencia.»
«Acepto»,
responde el nuevo agente de La Sombra. «Prometo absoluta obediencia».
Harry Vincent se convirtió así en un nuevo agente del misterioso personaje conocido como La Sombra. Rescatado del filo de la muerte por un fantasma viviente, Vincent jugaría pronto un importante papel en la batalla de La Sombra contra el mundo del crimen. Bien parecido y de confianza, Harry fue frecuentemente enviado a investigar sucesos sospechosos y preparar el terreno para la llegada de su jefe. La personalidad persuasiva de Vincent le permitió infiltrarse en todos los niveles sociales, ganando fácilmente la simpatía de aquellos que encontró en las misiones para La Sombra.
Vincent conoció
pronto otros agentes al servicio de La Sombra, empezando por el agente
de seguros Claude Fellows.
Tranquilo
y pasivo, Fellows dirigía las operaciones de La Sombra desde su
despacho en el edificio Panorama de Nueva York. El corpulento agente
reunía ínformación para su misterioso jefe y sirvió
de contacto para La Sombra, recibiendo y enviándole información
de la actuación de los agentes. Mientras investigaba actividades
de la mafia en Chicago, Claude Fellows fue el único agente, en morir
al servicio de La Sombra y sus funciones fueron repartidas entre Rutledge
Mann y el misterioso Burbank.
Actuando sólo en una habitación a oscuras, Burbank transmitía mensajes entre La Sombra y sus agentes. «Siempre en un segundo plano, siempre escondido, incluso aún más que su amo, Burbank se concentra en las actividades de la compacta organización de La Sombra. Cada palabra es cuidadosamente registrada y transferida a su destino adecuado, todos los informes son comprobados, todas las instrucciones correctamente dadas. Aunque no en activo ni afrontando el peligro cara a cara, él, más que nadie, le sirve, esperando en la oscuridad.»
Con su fortuna personal víctima de la Gran Depresión, Rutledge Mann estaba al borde del suicidio cuando La Sombra intervino, prometiéndole seguridad financiera a cambio de la lealtad del agente de bolsa. Mann era miembro del exclusivo Cobalt Club de Nueva York y sirvió a La Sombra en el mundo de las altas finanzas, operando desde sus oficinas en la suite 909 del Edificio Badger.
El cronista de sucesos Clyde Burke se convirtió en agente de La Sombra después de que, tras la fusión de varios periódicos, le despidieran del Evening Clarion. Durante un tiempo, Burke se dedicó a recoger recortes de periódico con información de actividades criminales sospechosas. Más tarde consiguió una buena posición como periodista estrella del New York Classic, un diario sensacionalista, en cuyo cargo permaneció a las órdenes de La Sombra. Investigador incisivo, era capaz de sacar a la luz los más oscuros datos de un caso. Su acceso a los archivos periodísticos, sus contactos con la policía y su amistad con el Inspector Joe Cardona le convirtió en un agente clave de la organización de La Sombra.
Acusado de
un asesinato que no cometió, el hombre conocido como Cliff
Marsland se convirtió en una
celebridad del mundo del hampa después de pasar ocho años
en Sing Sing. Sólo La Sombra sabía su inocencia y cuál
era su pasado.
«¡Cliff
Marsland!» dijo la susurrante voz.
«Ese
no es tu nombre, cuando hace catorce años vivías más
allá de los mares.
¿Recuerdas
el pueblo de Esternay, en la primavera de 1918? ¿O ese viaje a Monte
Carlo, tres semanas después del Armisticio? ¿Recuerdas a
Blanton, el francés?... Como tú, soy un hombre cuyo nombre
real ha sido olvidado. No hablemos más del pasado. Tú
eres ahora Cliff Marsland. Yo soy... La Sombra». Cliff
Marsland comenzó una nueva vida, vagando por el submundo del crimen
como un agente de La Sombra. Eficaz con una pistola y sus puños,
el conocimiento del hampa y su habilidad para infiltrarse en organizaciones
criminales hizo de él uno de los más valiosos agentes de
La Sombra.
Capturado y hecho prisionero con Cliff Marsland por el «Amo de la Muerte», el Dr. Rupert Sayre fue rescatado por La Sombra. Meses más tarde encontró el medio de pagar su deuda cuando La Sombra, gravemente herido, entró tambaleándose en la consulta de Sayre. El joven médico salvó la vida del justiciero y continuó dando asilo a La Sombra y sus agentes, curando las heridas que recibían en su guerra contra el crimen.
Slade Farrow fue uno de los pocos amigos de La Sombra y la única persona que conocía los verdaderos orígenes del Vengador Oscuro. Criminólogo dedicado a la reforma penitenciaria, Farrow estableció una prisión privada en una isla del Caribe, secretamente financiado por la Sombra.
Cuando «Diamante» Bert Farwell, el primer enemigo de La Sombra, volvió a amenazar al mundo, el Amo de la Oscuridad amplió su organización y dos de los ayudantes de Farrow fueron empleados por La Sombra. Tapper, un ladrón de cajas fuertes reformado, era un mago de las cerraduras. Hawkeye, un pequeño y encorvado elemento del hampa, era inigualable como rastreador, capaz de seguir una pista en el corazón del crimen organizado. «Hawkeye entraba siempre muy decidido por cualquier puerta como si tuviera allí algún asunto pendiente. El problema o quizás su gran habilidad era que siempre se las arreglaba para abrir la puerta equivocada. Parecía buscar continuamente algo, no a nadie en especial y por eso tal vez nadie sospechaba que le seguían. Frecuentemente actuaba junto a Cliff Marsland en casos turbios del hampa.
Para ayudar en la lucha contra «Diamante» Bert Farwell, Harry Vincent reclutó otros nuevos agentes al servicio de La Sombra. Pietro sirvió como vigía, trabajando de obrero como tapadera, mientras el gigante africano, Jericho Druke, probó ser un buen refuerzo en casos en que se necesitaba su hérculea fuerza.
Moe Shrevnitz (Shrevvy para los amigos) fue alistado por Vincent después que La Sombra salvara la vida del hábil taxista. Ansioso por reparar la deuda, Shrevvy se convirtió pronto en el más útil de los nuevos agentes. Su pericia al volante y el conocimiento de las calles de Nueva York le daban ventaja en cualquier persecución de coches. Moe se encargaba de conducir a La Sombra y a sus agentes a la «escena del crimen» y, a veces, contactaba él mismo con posibles aliados.
Moe Shrevnitz compartió ocasionalmente sus funciones con Chance Labrue, un temerario piloto de feria cuyas acrobacias al volante salvarían a La Sombra y sus agentes en más de una ocasión.
El Dr. Roy Tam era amigo personal de La Sombra y un líder progresista de la comunidad chino-americana. Su apoyo y recursos fueron incalculables cuando actividades criminales llevaron al Vengador Oscuro al hampa de Chinatown y a su enfrentamiento con su gran némesis, Shiwan Khan. En esas ocasiones La Sombra contó con los servicios de Myra Reldon, una agente secreta del Departamento de Justicia. Myra se disfrazaba con maquillaje para aparecer como su alter ego, Ming Dwan y moverse así de incógnito entre la comunidad china. Habiendo pasado muchos años en el Oriente, hablaba el chino y conocía sus costumbres, convirtiéndose en una perfecta agente de La Sombra.
Durante un crucero por el Caribe, Margo Lane se vió envuelta en un romance con Lamont Cranston, el millonario play boy que permitía a La Sombra «borrar» durante un tiempo su identidad en su guerra contra el crimen. «¿ Querrá unirse a tí después de que acabemos el viaje?» se preguntaba Cranston hablando con su sombrío otro yo. «Naturalmente ella te ha confundido conmigo. A mi me pasa a veces lo mismo. Pero nos será útil». «Muy útil», añadió La Sombra. «Cuando llegue el momento, sabré cómo hacer para que Margo ayude.» Aunque resultó más un obstáculo que una ayuda en sus primeros casos, la bella y morena dama se convirtió más tarde en un valioso agente, capaz de infiltrarse fácilmente entre el ambiente de la alta sociedad.
Bajo el liderazgo
de su oculto amo, los agentes de La Sombra constituyeron un pequeño
pero efectivo ejército contra las fuerzas del crimen.
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