Tributo a H.P. Lovecraft en el CXV Aniversario de su Nacimiento

20 de Agosto (1890) - 15 de Marzo (1937)

Departamento de Lírica Lovecraftiana
de la Universidad Miskatónica

Poemas Albertinos

© Jeff Easley

I

De puntillas sobre un negro agujero,
Es ahí donde ahora me encuentro
Sopesando la realidad del espeso pozo
Que vocifera ante mí con aliento pestilente.

Caminando sobre el borde de la nada,
Intentando no pensar qué habrá mañana.
Es lo que hago mientras las oscuras fauces
Se ciernen sobre la nada.

Caminar , caminar y caminar,
Día tras día sobre las afiladas hojas
Del destino que cada día me abraza,
Y me hace caer sobre el camino.

Maltrecho parece mi destino,
Cual serpiente entre la maleza,
Cual reptil en busca de su presa,
Cual alma en pena…

Oigo a los sicarios de la oscuridad
Que vociferan mi nombre sin pavor
Esperando a que salte sin pensar más
Dejando todo lo que hay detrás.

Marañas de espinos rasgan mi piel
A cada movimiento que en falso doy
A cada paso que dan mis pies
Intetando no olvidar quien soy.

Quizás sea hora de hacer un alto en el camino,
Esperando a que de nuevo llame el destino
Y me de una pequeña señal
Antes de lanzarme a la pestilente oscuridad.

(Albert N. Wilmarth, Caballero de Cimmeria y Regio Portador de la Gran Katana)

II

Observo el horizonte antes intenso
Ahora aún sin nubes se ve ceniciento
Una sombra se cierne en el cielo
Y otra obnubila mi razón

En las mañanas cuando despierto
Me pregunto ¿qué cambiará?
Mas al terminar el día
El hastío llena mi vida

Desearía saber qué me depara el destino
Saber para qué existo
Pero el mapa de la vida se ha rasgado
Y mis pasos se dirigen a ningún lugar

Ansío así la oscuridad
Y me elevo a la cumbre del olvido
Para saltar y hundirme en el vacío
Y alejarme de la cotidianeidad

Pero mi pensamiento enajenado
Educación, religión, superstición
Mis pies han atado
Aún el valor ha fallado

Y ahí parado observo
Deseo frustrado de llegar a algún lado
Caminando en círculos y por el mismo lugar
Atrapado en un pantano

Quizá aparezca una señal en el cielo
Quizá detrás de un arbusto una nueva senda encuentro
Quizá un lazo me saque del estero
Y mientras que me lleve la corriente

(Zeth, Hijo Predilecto de Tonacatecuhtli y Tonacatecihuatl, Señor de Nuestra Subsistencia y Nuestra Señora de la Sabiduría, Virrey de las Tierras Altas, donde se oye el Dios Tolo)

© Virgil Finlay

III

Es una enorme boca de labios de azabache
que va escarbando con la navaja de la noche
el pecho cargado de sueños y resuellos
el nicho donde muere la exaltación de morir.

El vacío me sumerge de los ojos al zócalo
la nada se transparenta y traspasa el ópalo
fugaz de mis palpitantes células
capaz de abrir heridas cálidas

El vértigo se alimenta de un dulce castigo
pero mis muñecas se parten mientras persigo
negruras sin senderos perfilados
amarguras de dureza diamantina.

Rasgo el Gran Cero de los sicarios de la oscuridad
hincho las alas de esmeralda contra su maldad
rozo el oculto tentáculo de su serpiente
pozos son sus ojos que reviento con mis pulgares.

(Henry Armitage, V Barón de Exham, Bibliotecario Real de la Universidad de Miskatonic, Custodio del Necronomicón)

IV

Albert, Zeth, Armitage… y tras la estela…
Al borde de una lágrima de exilio,
el filo frío de un grito de auxilio,
en el deslinde de la portezuela.

¿Qué garra declara tu perra guerra?
¿Qué pérfido conflicto a ti te agita
que lame el limo de tu negra cuita?
¿Cuál el delirio que tu mente cierra?

Fauces de incisivos granas, suspiro
silente que, de la sombra callada,
emite sordos aullidos de enojos.

En la unión dislocada os busco y, viro
al fondo del abismo mi mirada,
en la lengua salobre de mis ojos.

(Abdul Alhazred, Emir de Kitab Al-Azif)


 

LA PASAJERA OSCURA

Y la llamaron oscuridad
Creyendo que todo iba pasar.

Y la llamaron felicidad
Creyendo que no exixtiria jamás.

Y dieron perdón.
Al pecador por pecar.

La llama, pasado el tiempo
Se encendió en la ocuridad
Dejando dislumbrar
La inmundicia sin final.

Y La llamaron salvación
Para no sucumbir a la
Soledad de la desesperación.

Y le llamaron dios
Para poder nombrar su nombre
Y pedir perdón.

Y la llamaron muerte, la pasajera.
Que cabizbaja y con paso seguro
Deambula tras la calles en una
Noche eterna sin luz ni salvación,
Tan solo, soledad eterna.

(Albert N. Wilmarth, Caballero de Cimmeria y Regio Portador de la Gran Katana)

Diálogo Lírico Wilmarth-Bolangera

Wilmarth
Y la llamaron muerte, la pasajera,

Bolangera
Ella que llega y te atrapa,

Wilmarth
Que cabizbaja y con paso seguro

Bolangera
se mezcla en la oscura penumbra,

Wilmarth
Deambula tras las calles en una,

Bolangera
Silenciosa ciudad envuelta en negrura,

Wilmarth
Noche eterna sin luz, ni salvación

Bolangera
La que devora el alma de los hombres,

Wilmarth
Tan sólo, soledad eterna..

Bolangera
Será su abrazo vuestra última compañía...

(Bolangera, Dame De Blois)


Era una noche fría
Como tanta otras
En la que la lluvia caía.

Tras árboles y maleza
El viento azotaba con fuerza,
Aullaba como un lobo
Proclamando su presa.

El frío, tan gélido
Parecía que quemaba
Sacado de los mismos
Fuegos del Averno.

Sí, fue una noche fría
Quizás la mas fría de
Toda la historia donde
La noche a la oscuridad sucumbía.

Pero tras la maleza
El fragor de la batalla se oía
Tras aquel pequeño velo de oscuridad
Que envolvía aquella noche de pesadilla.

No había tregua ni paz en el interior del bosque
Donde la oscuridad escondía algo tras el amanecer,
Después de que la luz se fuera una vez más
Él saldría para comenzar a buscar.

Día tra día salía a buscar algo en el mundo imperfecto.
Con piel pálida y paso vacilante, como no-muerto andante;
Deambulando bajo la fría noche quería encontrar
Su alma perdida hace años bajo la oscuridad.

(Albert N. Wilmarth, Caballero de Cimmeria y Regio Portador de la Gran Katana)

 

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