LA CALDERA DE JAMES MATA-ÁRBOLES

Josep M. Beá © Habitante de Ib

Una espesa niebla cubría el bosque aquel mediodia de marzo, la nieve derretida a intervalos dejaba ver las primeras flores que anuncian la inminencia de la primavera. Un muchacho de unos veinte años al que llamaremos James, caminaba desconfiado entre los árboles, seguía un sendero imperceptible para cualquiera que no se hubiera criado en aquellas agrestes tierras de grandes peñascos y frondosas arboledas. Tras mucho caminar apareció ante él su destino, bajo la forma de un viejo cobertizo de mohosas paredes llenas de humedad, se detuvo un momento para recuperar el aliento y continuo acercándose a la vetusta construcción hasta que tuvo frente a si las enormes puertas de herrumbrosas bisagras, que se le antojaban un portón de castillo medieval, estaban cerradas con una cadena y un gran candado oxidado ya en algunas partes. Metió su tiritante mano en el profundo bolsillo de su raído y desvaído abrigo, sacando una llave de gran tamaño de hierro forjado, la introdujo en la cerradura y abrió la puerta, penetró en la oscura y lóbrega estancia en la que pasaba la mayor parte del día, caminó por entre la maquinaria y aperos de labranza hasta el fondo del granero, allí subió a tientas por una vieja escalera de mano que conducía a un pequeño cuartucho en la segunda planta.
En el fondo de la oscura estancia había un estante sobre el que descansaba una lampara de queroseno, junto a ella estaba una caja de cerillas enmohecida por el tiempo. El muchacho abrió la cajetilla y se hizo con uno de los escasos fósforos, con un sutil movimiento encendió la lámpara, la oscuridad retrocedió ante el ímpetu de la luz que invadió el reducido habitáculo. Seguidamente abrió un baúl que había bajo el estante y extrajo un pequeño bidón con combustible que se enganchó al cinturón también metió la caja de fósforos en un bolsillo. Volvió su vista de nuevo al arca y en la penumbra tanteó el fondo topándose con un trozo de tela, tiró de el dejando al aire un hacha de afilado filo y largo mango que no dudó en coger, se la coloco en la espalda sujeta con un cinturón de cuero, el cual cruzaba su atlético torso desde el hombro hasta la cintura. Asiendo el candil salió de la habitación descendiendo con seguridad a la planta inferior, rodeo la escalerilla y dejando la linterna junto a la lata en el suelo se coloco frente a la pared del fondo del granero. Desenfundó el hacha y apoyándola entre las manos rememoró el hecho que le había traido a aquel lugar. Desde su niñez había escuchado las leyendas del lugar, terroríficos relatos sobre un bosque maldito situado en el valle y en el que verdadero peligro no estaba en las alimañas, pues era bien cierto que incluso ellas eran temerosas y no osaban hollar el suelo tenebroso sobre el que descansaba la arboleda sino en los propios árboles, viejos como la propia región, de ramas retorcidas y ennegrecidas. Según se contaba entre los más ancianos del lugar, atrapaban al viandante o animal desprevenido que se atrevía a penetrar por el sendero y le asesinaban brutalmente vaciando completamente su cuerpo, dejando solamente la piel. Sin embargo aunque hasta entonces las esporádicas desapariciones de ganado se circunscribían a los alrededores del bosque, hacia un par de años y sin que se supiera porqué, empezaron a aparecer muertos en esas circunstancias no solo animales, sino también niños y habitantes de la región, lo mas inquietante fue que aparecían a grandes distancias del bosque maldito y siempre cerca de algún árbol que había perdido las hojas y su madera aparecía negra como el carbón. Las pesquisas policiales no fueron concluyentes y dictaminaron ignorando parte de lo hechos que se trataba de los actos de un desquiciado pirómano. Obviamente esta explicación no convenció a aquellas gentes supersticiosas, ya sabían en realidad quien era el causante y temerosos hablaban susurrando, para según ellos evitar que los árboles les oyeran y se llevaran a sus hijos o a ellos mismos. Algunos valientes entre los que se encontraba el padre de James y él mismo decidieron acabar con aquella situación, cierto día junto a una cuadrilla y portando antorchas se dirigieron al bosque con la intención de quemarlo, en un principio la negra madera ardió con normalidad, pero unas horas mas tarde ocurrió un hecho terrible e inesperado, desde las profundidades de la arboleda un grito sobrenatural y terrorífico rasgo el anochecer poniendo los pelos de punta a todos los presentes, algunos huyeron presas del terror. Tras unos segundos y ante el estupor general algunas ramas bajas se levantaron y se agitaron en el aire entre desgarradores crujidos, uno de ellas se enredo en el pie del padre de James y tiro de él hacia el frondoso bosque, su hijo ayudado pos otros tres trato de liberarlo, pero después de forcejear unos instantes otra gran rama empujó a los cuatro recios hombres lejos de su presa como si de un látigo se tratara, entre gritos de impotencia el hombre desapareció en la linde del bosque arrastrado por aquel tentáculo de madera, el joven no podía creer lo que sus ojos estaban viendo y cayo de rodillas sollozando cuando después de escuchar el eco sordo de huesos rotos y un extraño sonido parecido a un chapoteo, vio caer a sus pies el cascaron de piel del cuerpo de su progenitor. En ese momento el mundo se le derrumbó y quiso lanzarse hacia los árboles para acabar con todo, sus compañeros no lo consintieron y agarrándole por las axilas se lo llevaron lejos de allí. Un mes después de guardar cama y recibir atención medica, se había recuperado del todo y ya salía por los contornos de su aldea, su convalecencia no le hizo olvidar su ansia de venganza y poco tiempo mas tarde empezó a preparar un plan que debido al trabajo pronto olvidó, fue sin duda una casualidad que una tarde mientras inspeccionaba el granero de su granja, algo en la pared del fondo llamo su atención, puso su rostro a unos centímetros de la piedra y en la penumbra vio que su color era negro como el ébano, su olfato capto un olor de funesto recuerdo que despertó sus dormidos deseos de venganza y fue el tacto a madera lo que le impulsó de forma definitiva a lanzarse a una misión en principio suicida, en realidad desconocía con que se iba a encontrar, pero para si pensaba que no tenia nada que perder pues estaba solo en la vida.
Y allí estaba dispuesto a acabar con aquel engendro del averno, no tenia ninguna duda de que aquello que tenia delante era el causante de su perdida y mientras las lagrimas rodaban por su cara lanzó el hacha hacia delante haciendo impacto contra la negra madera que se agrieto con facilidad, en unos minutos consiguió abrir un hueco suficiente para pasar y se detuvo a tomar el aliento. Observó la oscura abertura que se perdía en las profundidades con una mezcla de odio y terror, no se lo pensó mas y envaino el hacha, volvió a colgar el pequeño bidón de su cintura, conectó con un tubo de goma el bote y la lámpara, no sabía cuanto tiempo iba estar allá abajo, alumbrado por la linterna se introdujo en el agujero, al posar el pie al otro lado sintió madera bajo él y al alzar la luz descubrió que todo el cilíndrico pasadizo era del mismo material, resultaba muy extraño pues la superficie palpitaba y en la lejanía se escuchaba un apagado latir. Con sigilo y muy lentamente comenzó a descender por una ligera pendiente, después de caminar lo que calculó una hora y media el túnel se ensanchó y el techo se elevo mientras el suelo se hacia horizontal. El latir se dejó escuchar aun mas fuerte y al fondo del pasadizo pudo divisar una tenue luz de color rojizo fosforescente, decidido e incluso ansioso camino hacia allí, llego al final del corredor y se quedó petrificado ante lo que vió. Se encontraba ante una gran sala abovedada de brillo sobrenatural cuyo suelo era lo que le pareció una charca de agua parda, las paredes y el techo eran de color negro como el petróleo veteadas con lo que parecían vasos sanguíneos de un color rojo arterial de gran brillo, palpitaban al ritmo del ensordecedor latido que invadía el lugar. Fue ese estruendo lo que le hizo reparar en la gigantesca criatura que parecía presidir aquella inmensa estancia, en un primer vistazo pensó que solo se trataba de un simple árbol como los del bosque, pero al fijar la vista le conmocionó vislumbrar lo que realmente era aquel ser. Donde debía encontrarse el tronco solo había un habitáculo transparente unido a pequeños tubos a modo de ramas, que descendían por detrás de la cápsula rodeando a otro de gran tamaño conectado al techo del receptáculo. Flotando dentro de este y acurrucado en posición fetal se podía ver algo parecido muy remotamente a un ser humano, tenía la piel arrugada y oscura y parecía dormitar placidamente, su enimagtico rostro parecía de anciano y su expresión era la de un ser apacible, bajo sus parpados se veían moverse sus pequeños ojos como si soñara.
El pánico cedió ante el odio, el intruso lentamente y en silencio dejó en el suelo la lámpara unida al bidón y cuando desenfundó su hacha el durmiente despertó. Unos diminutos ojos de mirada escrutadora y malévola se abrieron de par en par y los rasgos de su amable rostro de antes se transfiguraron en los de un demonio, no tardó en encontrar lo que seguramente le había despertado y la agresividad que tintaba el semblante del hombre-árbol al principio, se convirtió en una mezcla de curiosidad y alerta. Su mente arcana se movió lentamente desde los recientes recuerdos de sus sueños hasta la visión de aquel insignificante humano, se le antojó como un insecto inofensivo, pero esa sensación duro poco, pues vio el brillo del filo del hacha que portaba el hombre y esto le puso a la defensiva. De sobra conocía lo que ese instrumento provocaba sobre su piel de madera, no tardó ni un segundo en atacar el peligro lanzando sus ramas contra su enemigo con la intención de destruirlo.
James no se esperaba aquel ataque pero instintivamente se ladeó esquivando los tentáculos madereros, poco faltó para que una de las afiladas ramas le empalara, rodó a su derecha en el momento en que otra andanada de astillas buscaba su cuerpo, en cuclillas trató de saltar a la charca, pero en el ultimo momento y con medio torso sobre ella se detuvo, retrocedió justo en el instante en que desde el fondo del agua saltaba hacia su cara un viscoso tentáculo de ventosas erizadas de espinas, asustado y trastabillando se acerco a la pared que tenia a su espalda lo mas que pudo, sin pensarlo dos veces rodó a su izquierda de nuevo y se dispuso a lanzar su hacha contra aquel diabólico ente, sin duda el ser debió adivinar sus intenciones pues lanzando otra rama le arrebato de un golpe el arma y la lanzó contra una de las paredes al lado del muchacho quedando atascada, el joven trató infructuosamente de desengancharla y tuvo que desistir alejándose momentáneamente mientras esquivaba otra rama que pugnaba por herirle, perdió el equilibrio y cayó de espaldas junto a la olvidada lámpara de queroseno unida al bidón, en décimas de segundo una idea invadió su mente, agarro por su asa el candil y alzándose de un salto cogió impulso y lo lanzó con todas sus fuerzas contra el hombre-árbol, el farol adquirió una trayectoria parabólica y en medio del fragor de desnudas ramas volantes la criatura observó con un mirada de sorpresa el vuelo de aquel ingenio de luz y como fue a chocarse contra él. Se produjo una explosión y al sentir el lacerante dolor de las llamas que empezaban a chamuscar su piel, emitió un grito agudo y aterrador que se expandió junto con sus apéndices a cada rincón de la sala. El exhausto joven reaccionó al espeluznante grito y esquivando una rama lanzada en un estertor, tiró de su hacha desatascándola y viendo la oportunidad de asegurarse de que destruía a ese engendro diabólico, lanzó de forma certera su arma hacia el gran vaso sanguíneo que coronaba el nicho envuelto en llamas, acertó de pleno seccionando la arteria de la que comenzó a brotar a borbotones el fluido rojizo y pastoso que constituía la sangre de tan extraña y antigua criatura. En medio de los agónicos alaridos y quizá a causa de ellos, de pronto todo empezó a temblar y algunas partes del techo cayeron con gran estruendo sobre la charca. El vencedor humano aunque triunfante no se encontraba a salvo del derrumbamiento, así que penetró en el corredor a la carrera y se alejó a grandes zancadas del lugar mientras un alud de tierra seguía sus pasos amenazando con sepultarle, con el corazón saliéndosele del pecho y los músculos agarrotados del esfuerzo ganó el granero con celeridad, salió sin mirar atrás casi asfixiado a la seguridad del exterior, en el que el sol de la tarde descendía sobre el horizonte. La tierra aun temblaba y eso produjo que el vetusto granero se viniera abajo envuelto en polvo, el cansado James se arrastró hacia una gran roca y allí cayó rendido durmiéndose en el acto, sus sueños fueron pesadillas tormentosas y terribles, pero su cuerpo descansó y descargó las tensiones acumuladas durante los dos últimos años.
En aquel amanecer tras el horror, el sol salió triunfante y poderoso sobre la región y James despertó con renovadas energías y con la satisfacción de haber consumado su venganza, se dispuso a bajar al pueblo y cuando su mirada topó con el valle donde debía estar el bosque maldito, se encontró con una enorme y profunda sima que desde entonces fue conocida como la caldera de James mata-árboles.

 

 

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