Asesinato Premeditado

© Albert N. Wilmarth


Merienda © Dr. Cyrus Llanfer

Allí estaba él, encima de un charco de sangre y vísceras. Y allí estaba yo, cabizbajo mirando el cadáver ensangrentado. Mis manos estaban manchadas de sangre, y en mi mano derecha agarraba fuertemente un cuchillo de cocina impregnado de un líquido carmesí.

Sangre, fuego y tripas, es lo que pasaba por mi cabeza. No podía pensar con claridad alguna, todo era oscuro y confuso; irreal y extraño. No podía ni describir quién era yo, ni como me llamaba ni que hacía allí contemplando un cadáver que me resultaba terriblemente familiar...

Lo único que recordaba era que había tenido un ataque de depresión y había salido precipitadamente de mi casa, pasando antes por la cocina a recoger... un... cuchillo. Mi madre me gritaba, salió al rellano y continuaba gritando entre llantos pidiendo clemencia, gritando que por favor no lo hiciera... , pero... ¿que no hiciera el qué?! No consigo recordarlo.

Corrí hasta la playa hacia unos enormes peñascos por los cuales solía pasear de vez en cuando. Las olas golpeaban furiosamente las rocas, lanzando rugidos continuos contra ellas, como amenazándolas.
Caminé entre ellas con paso firme y decidido, tenía una idea fija rondándome por la cabeza, una idea obsesiva que golpeaba mi mente una y otra vez y que a la vez agitaba mi cuerpo, provocándome cierto nerviosismo incontrolado.

Llegué hasta un punto en el que los peñascos eran más llanos y con menos depresiones, y en el cual se podía caminar con más tranquilidad, y ahí me quedé quieto por un rato contemplando el mar. Miré fijamente oteando el horizonte, vasto e infinito. Seguidamente alcé el cuchillo y lo puse delante de mí, con el brazo extendido y apuntando hacia el sol. Sobre su filo los rayos dorados del atardecer golpeaban su superficie haciéndolo relucir. Entonces, sin saber cómo, el cuchillo entró en mí al tiempo que sentí un gran dolor punzante y un frío infernal. Entonces caí al suelo entre ríos de sangre y dolor.

Ahora, lo comprendo. Aquí estoy ahora contemplándome a mí mismo, en mi propio asesinato. ¿Qué hago aquí?, entonces... ¿estoy muerto? ¿Dónde iré a parar? ¡Estoy contemplando mi propio cadáver! ¡El cuerpo que yo mismo he matado!