El Alienado

Dramatización de una enajenación

Breve obra de teatro que desarrolla una idea de Lavinia Whateley, acompañada de un poema de la propia Lavinia, a modo de conclusión.

© Henry Armitage


Locura

 

Escenario: Oscuridad absoluta, silencio absoluto. De pronto un chorro de luz golpea el fondo del escenario. Aparece una pared de aspecto rocoso y se oyen ruidos superpuestos: goteo de agua, crujido de puertas metálicas y un fuerte jadeo. El agua resbala por la pared oscurecida por moho polvoriento. Frente al espectador aparece una reja, que se hace presente por otro foco que la ilumina de repente acompañado de un ruido brusco, a metal oxidado. Sobre la pared, de espaldas, aparece El Extraño, su respiración suena cavernosa. Se agarra a los pocos salientes del muro, como un mimo que gatea increíblemente por la superficie vertical.

El Extraño.- Quiero abandonar este pozo de silencio y oscuridad al que unos dioses crueles e inexistentes me han condenado.

En ese mismo instante El Extraño pierde pie y cae al suelo. El golpe se acompaña de otro chasquido metálico de la reja de hierro, mientras un foco parpadea por la parte superior del escenario, siguiendo un aleteo oscuro. El Extraño en el suelo sigue de espaldas, levanta la cabeza y mira hacia arriba donde el foco se detiene apareciendo una ventana iluminada por la luz sucia de la luna.

El Extraño.- Ese faro de luz me guía hacia la libertad. La luz me dirá quién soy.

El chorro de luz se cierra sobre la figura de El Extraño, que sigue trepando por el muro, de espaldas al público. El foco se va cerrando y enfoca a los pies, que trabajosamente escalan el muro. Luego las manos, desangrándose en los salientes de la pared. De pronto se hace la oscuridad absoluta otra vez y, otra vez, el foco sobre la reja y el bramido de los hierros. n chorro de luz ilumina el centro del escenario, donde empieza a surgir una figura de El Extraño, como desenroscándose de las tablas del escenario. Se pone de pie y corre hacia el fondo del escenario y sigue corriendo de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. De pronto se oye una música que sale del patio de butacas, aparece un foco a las espaldas de El Extraño. Su figura está de cara a los espectadores, pero solamente se ve la silueta de su figura. En ese momento, el público grita al ver a El Extraño. Varios focos empiezan a parpadear por el escenario, la música empieza a sonar con estridencias, hasta que desaparece con las voces del público. El foco cambia la dirección y se sitúa a ambos lados de El Extraño. Éste se va acercando a la cuarta pared del escenario hacia el patio de butacas. El Extraño parece tocarla suavemente y retira la mano asustado. Y de pronto suelta un grito, cuando el foco da de lleno en su cara y ve la monstruosidad de su figura.

© Henry Armitage

Epílogo

No hay color ni luz en mis ojos
Todo es negro
Siento los tactos mortalmente rojos

No hay calor ni vida en mi alma
Todo es hielo
Siento los susurros hirientemente en calma

No hay recuerdos ni sueños
Todo es vacío
Siento la nada en núcleos férreamente pequeños.

© Lavinia Whateley

 

 

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