En
1640 Marc Boxhorn de Leyde demostró que el latín,
el persa, el griego y el germánico habían tenido en
el pasado un origen común. Investigaciones posteriores determinaron
el mismo parentesco para las lenguas célticas, bálticas,
eslavas, sánscritas y algunas que otras lenguas más
sea ya de Europa, sea ya de Asia central (Véneto, Daco-tracio,
Ilírico, Tocario, Armenio, etc.)
Desde
aquel entonces los misteriosos y evasivos ancestros de aquellas
lenguas (que la mayoría son, en definitiva, la base de casi
todas las lenguas europeas de hoy) no dejaron de suscitar la fascinación
más o menos general tanto pública como académica
acarreando cantidad de teorías y debates en cuanto al origen
y a la identidad de aquellos “Indoeuropeos originales”
e incluso, verdaderas ideologías políticas entre las
cuales cuentan las ideologías más peligrosas de la
humanidad (Desde la “Teoría Scítica” del
siglo XVIII, hasta las revisiones modernas por manos de Marija Gimbutas,
Collin Renfrew y John P. Mallory o George Dumezil, pasando por la
“Teoría Jafética”, la “Ilusión
Sánscrita” a partir de 1786 y durante, el siglo XIX,
sin olvidar el nazismo y su precursor el nordicismo”)
Lo
cierto es que a partir del siglo XIX se hizo una amalgama entre
el “ario” y el Indoeuropeo original al cual se le asoció
un tipo racial específico. Independientemente de toda ideología
extrema, el concepto del ario como indoeuropeo de origen y su asociación
a cierto tipo racial gozó durante décadas y hasta
tiempos no muy lejanos de la aceptación general- Y los lectores
asiduos de la obra de Lovecraft y de su circulo podemos confirmarlo,
visto las frecuentes referencias que hacen en varios de sus escritos
a estos “arios”.
¿Sobre
que fundamentos reales reposa esta amalgama entre el ario y el indoeuropeo
primario? Y ¿Es que los bien conocidos tópicos sobre
el “Ario” en si tienen fundamento alguno? ¿Qué
sabemos o más bien cuales son las hipótesis más
aceptadas sobre la identidad de estos Indoeuropeos de base y sobre
esta lengua Indoeuropea general, cuya existencia real es cada vez
más difícil de rechazar?
A
todos estos interrogantes trataré de responder en este ensayo-síntesis
sin extenderme demasiado –en fin, eso espero.
I.
CRONOLOGÍA DE UN DESCUBRIMIENTO E INVENTARIO DE LOS GRUPOS
LINGÜÍSTICOS IE REGISTRADOS AL DIA DE HOY
a.
Breve historia de los estudios indoeuropeos
Aunque
se puede considerar a Marc Boxhorn como el “padre de los estudios
Indoeuropeos”, su enunciado de 1640 había sido precedido
por diversas observaciones realizadas por viajeros, exploradores
y misioneros a partir del siglo XVI e incluso, desde la antigüedad
clásica; Erastótenes (279-194 AC) observó que
los habitantes de Persia, Media, Bactriana y Sogdiana hablaban “más
o menos la misma lengua”(dialectos del grupo lingüístico
iraní) y el historiador chino Zhan Qian llegaría a
la misma conclusión un siglo después.
Más
de un historiador greco-romano aparentó a los celtas, a los
germanos y a los scitas en base a criterios lingüísticos
y numerosos son los gramáticos latinos que habiendo percibido
el parentesco entre el latín y el griego, imaginaron que
ambas lenguas derivarían una de otra.
En
el diálogo Cratila escrito por Platón, Sócrates
nota la semejanza entre términos griegos y frigios concluyendo
(erróneamente) que esta última lengua derivaba de
la primera. ¿Es casualidad si Esquila (siglo II AD) en su
obra dramática Los Persas llama a estos y a los
griegos “hermanas de una misma raza"? ¿Y
que nos prohíbe imaginar la relativa facilidad con la cual
un soldado de Alejandro Magno habría podido negociar el precio
de sus “recuerdos de viaje” que habría los mercados
de la antigua Persia, Bactriana o India, dada la semejanza de algunos
términos numéricos entre las lenguas helénicas,
iraníes y hindúes?
Los
siglos siguientes poco y nada aportaron a esta enriquecedora rama
de estudios hasta entrado el siglo XVI y la era de las exploraciones.
El misionero inglés Thomas Stevens fue tal vez el primero
quien, en 1583, se percató que el sánscrito se parecía
mucho en lo que va de la gramática al latín y al griego
y el mercader italiano Filippo Sassetti notó dos años
más tarde que la numeración sánscrita se asemejaba
mucho a las de varias lenguas europeas. En 1597 el neerlandés
de Smet publicó un compendio de lexicografía comparada
entre el alemán y el persa.
La
suma de todas estas observaciones y muchas más llevaron sin
duda a Marc Boxhorn a formular su ya citado enunciado de 1640. Boxhorn
fue además el primero en tratar de dar un nombre a esta familia
de lenguas recientemente establecida y, por mal nombre las denominó
“Lenguas Scíticas” dando así
impulso a lo que se llamó la teoría scítica
entre cuyos defensores hallaría al gran filósofo y
matemático alemán Gottfried Leibniz (1646-1726).
A
partir del siglo XVIII una nueva corriente conocida como la “teoría
jafética”, basada en conjeturas elaboradas a partir
del relato bíblico del diluvio vendría a competir
con la teoría scítica. De más está decir
que el nombre de esta teoría deriva del de Jafet, uno de
los hijos de Noé, ancestro mítico de varios pueblos
europeos.
La
segunda mitad del siglo XVIII daría un impulso decisivo a
los “estudios indoeuropeos” particularmente gracias
a la publicación por mano de Antequil-Duperron de los textos
litúrgicos de la religión zoroastra conocidos bajo
el nombre de Avesta y por los estudios realizados por el inglés
William Jones en la India sobre la lengua sánscrita. En una
conferencia que dio en 1786 en La Sociedad de Calcuta Jones estableció
de manera definitiva el parentesco del sánscrito a las otras
lenguas que habían sido ya incluidas dentro de la familia
indoeuropea pero sobre todo, hizo hincapié a la pureza y
al arcaísmo que la diferenciaba de a las otras lenguas de
le familia. A partir e entonces se dio por sentado que el sánscrito
representaba un estadio temprano del indoeuropeo original y que
todas las otras lenguas indoeuropeas derivaban de esta, idea que
conoció la aceptación general durante la casi totalidad
del siglo XIX (La ilusión sánscrita).
El
término genérico de indoeuropeo fue acuñado
por primera vez en 1813 por Thomas Young y los trabajos posteriores
de Rasmus Rask y Franz Bopp le dieron su validez definitiva.
El
geógrafo alemán Conrad Malte-Brun por su parte había
propuesto ya en 1810 el término Indogermánico.
Término que jamás halló utilización
alguna fuera de Alemania, en donde tampoco gozó la aprobación
de todos.
La
amalgama entre el término “ario” y el concepto
del “indoeuropeo primario” se produjo hacia la segunda
mitad del siglo XVIII. Era la época en la cual comenzaba
a considerarse al sánscrito como la madre de todas las lenguas
Indoeuropeas [1]: cuando los estudiosos constataron
que el término “ario”, con el cual solían
auto identificarse los antiguos hindúes (áryain
nãma), coincidía tanto en las lenguas indo-arias
como en las lenguas indo-iraníes se llegó a la conclusión
que con este nombre debían auto denominarse ambos pueblos
antes de separarse lingüísticamente. Puesto que el sánscrito
era considerado como la madre de toda lengua indoeuropea, se concluyó
que el razonamiento era también válido para las demás
ramas, en cuyas lenguas los expertos creyeron pronto hallar equivalentes;
El término “aristos” en griego que significa
“mejor”; los términos germánicos arjõsteR
“el más distinguido” y arjaR “noble”,
incluso la presencia de la raíz arios en varios nombres propios
como por ejemplo el de Ariovistus; el antiguo nombre de Irlanda;
Eire o el término aire que en viejo irlandés
significa “hombre libre”; más recientemente con
el descubrimiento de las lenguas anatólicas se halló
el término hitita ara que significa “amigo”
y arawa “hombre libre.
Por
más notables que sean estas similitudes, hoy en día
pocos son los que están dispuestos a creer que los primeros
indoeuropeos se habrían autodefinido como “arios”.
Pues de haber sido así, se piensa que antes de poder darse
un nombre debieron tomar conciencia de su identidad en tanto que
pueblo, etnia y nación. En ese caso, deberíamos hallar
en casi toda lengua de origen indoeuropeo un término similar
para definir pueblo, nación, cosa que está
lejos de ser el caso.
A
partir del siglo XIX comenzó a asimilarse el tipo racial
nórdico con el “Ario por excelencia” en base
a la interpretación, hoy en día puesta en entredicho,
de ciertos textos antiguos que desde la India hasta Grecia, pasando
por Armenia y sin olvidar los pueblos más septentrionales
como los celtas y los germanos parecían valorizar los cabellos
claros. Tales interpretaciones reposaban en parte a una lectura
y selección parcial de textos pero sobre todo, a la idea
errónea que corre aún hoy, de pensar que la pigmentación
clara es exclusiva del tipo nórdico. Pero ya nos ocuparemos
de ello en otra sección.
La
escuela alemana y su concepto de Indogermanische (que indujo
a ver en el tipo germano el tipo ario per se) contribuyeron
sin duda a dicho tópico. Pero dicha asociación se
debe más que nada a las teorías y literatura racial
que comenzó a emerger desde la mitad del siglo XIX como el
Ensayo sobre la inigualdad de las razas humanas (1853)
del conde de Gobineau o El Ario: su rol social (1899) de
Lapouge.
La
exacerbación de tales teorías raciales dio origen
a la escuela nordicista, que proclamaba la supremacía de
la Raza nórdica sobre el resto de la humanidad y como responsable
de casi todas las grandes realizaciones de la humanidad desde la
prehistoria hasta hoy, y cuyo primer gran portavoz fue el americano
Grant Madison y su libro The passing of the Great Race
(1916). Podríamos decir que el nazismo del siglo XX no fue
más que la aplicación práctica de la teoría
nordicista a la política.
Las
teorías nordicistas y el mito ario han perdido casi todo
crédito desde 1945. Aunque hoy en día vuelven a emerger
de cuando en cuando bajo la pluma de aficionados principalmente
en Internet y con nuevas invenciones unas más descabelladas
que las otras (¡Algunos adjudican un origen nórdico
a los faraones o a los fundadores de las civilizaciones chinas e
indo americanas!)
Aunque
grandes antropólogos del siglo XX como Carleton Coon, Bertil
Ludman o Renato Biasutti sostuvieron hasta fechas posteriores a
1945 que los Indoeuropeos de base debieron de ser nórdicos
(independientemente de toda ideología extrema y sin que ninguno
de estos grandes doctores haya jamás adjudicado superioridad
o inferioridad alguna al tipo nórdico, ni la gloria de toda
civilización pasada) esta tesis se ha prácticamente
dejado de lado ya.
b.
Inventario de las lenguas indoeuropeas.
Mucho
se ha aprendido en los más de tres siglos y medio de estudios
Indoeuropeos sobre el parentesco y la clasificación de las
diversas lenguas y ramas de dicha familia. Incluso, se piensa haber
llegado a obtener una reconstrucción parcial de la lengua
indoeuropea Madre acerca de la cual nos explayaremos en otra sección.
Podemos
decir que en el estado actual de nuestros conocimientos las lenguas
indoeuropeas se agruparían en las siguientes ramas:
Las
Lengua Albanesas
El
albanés es una lengua aislada y relativamente reciente si
tenemos en cuenta el hecho que los primeros textos albaneses no
van más allá del siglo XV. Sus afinidades y relaciones
no son claras aún. Algunos lingüistas piensan que se
trata una lengua residual de la extinta rama ilírica, otros
en cambio lo relacionarían con el tracio. La lexicografía
comparada parece apoyar más bien la segunda hipótesis.
Las
Lenguas Anatólicas
Esta
familia comprende la lengua hitita, hablada en la mayor parte de
Anatolia entre 1650 y 1200 AC, y el luwita que se habló en
diversos reinos del sur de Anatolia entre 1000 y 700 AC. El hitita
es talvez la lengua indoeuropea de la cual poseamos documentos (nombres
propios en la tableta asiría de Külpete en Turquía
que data del siglo XVII AC). Esta lengua no fue descifrada hasta
entrado el siglo XX por el checo Bedrich Hrozny gracias a la frase
siguiente:
Un
NINDA-an ezzãteni wãdar-ma ekuteni: “Ahora
coméis pan, y bebéis agua”
Fue
esta misma frase la que permitió a Hrozny incluir la lengua
hitita en la familia indoeuropea.
El
Armenio
Al
igual que el albanés el armenio es una lengua IE aislada
de la cual existen varios dialectos y que constituye una familia
a parte.
La
lengua armenia conserva una influencia considerable de origen no
indoeuropeo, proveniente sin duda de la lengua de la antigua Uriarte
que precedió a los pueblos de habla indoeuropea en el Caucazo.
Las
Lenguas Bálticas
Estas
lenguas deben asociarse entre otras a la lengua hablada por los
antiguos prusianos (es más ¡Los verdaderos prusianos!)
que habitaron las actuales repúblicas bálticas, parte
de Polonia, la mayor parte de Bielorrusia y una extensa zona del
noroeste de Rusia hasta la llegada del orden de los caballeros teutónicos
que los germanizaron y los evangelizaron (Los colonos alemanes que
se instalarían luego en la región usurparon la denominación
de prusianos).
Las
lenguas bálticas desaparecen en el siglo XVII para resurgir
tras la caída del bloque soviético bajo la forma de
las dos únicas sobrevivientes de esta rama: el lituano y
el letón.
Las
Lenguas Célticas
Por
lo que sabemos hoy de las lenguas célticas, estas se habrían
dividido en dos ramas principales: el “céltico
Q” y “el céltico P”. El sonido
consonántico indoeuropeo Kw habría evolucionado hacia
el sonido “K” en las lenguas “Q” y hacia
el sonido “P” en las lenguas “P” (Es obvio
¿no?). De esta manera el término irlandés Ech,
por ejemplo, que designa al caballo daría Epo en
galo [*].
El
galés, el galo, el bretón (tanto en su forma armoricana
actual como en su antigua forma insular de la gran Bretaña),
el córnico (desaparecido en el siglo XVIII) y todo el conjunto
de galo-británico pertenecen al grupo “P”.
El
gaélico irlandés y sus derivados (Erse o gaélico
escocés y el Manx) son las únicas lenguas celtas del
grupo “Q” que se conocen al día de hoy.
Las
lenguas celtas se habrían hablado al principio en Europa
central para luego expandirse al oeste alcanzando las islas británicas
en el siglo V AC. También se extenderían hacia el
sur alcanzando la península ibérica en el siglo IV
AC y el norte de Italia. Algunas tribus celtas migraron también
entre el siglo III y II antes de Cristo hacia la meseta de Anatolia
dando origen a los Gálatas.
Los
celtas desarrollaron varios tipos de escritura más o menos
elaboradas hacia el final del I milenio AC como lo muestran las
inscripciones en escritura ogham de Irlanda o las inscripciones
celtíberas de España fechadas de entre 300 y 100 AC.
Las
Lenguas Eslavas
Las
lenguas eslavas guardan un estrecho parentesco con las bálticas.
La existencia de los pueblos eslavos está documentada desde
el siglo VI de nuestra era, pero los primeros textos escritos en
lengua eslava no parecen hasta el siglo IX y no son otra cosa más
que la traducción de las escrituras santas por San Cirilo
y San Método para los pueblos “esclavones” convertidos
al rito ortodoxo griego, transcritos primeramente en caracteres
“glagolíticos” y luego en caracteres
cirílicos. Estos textos fueron escritos en lo que se llama
“eslavo viejo” o “eslavo litúrgico”
y que no debió de ser muy diferente del eslavo o “esclavón”
original a partir del cual se diferenciaron las distintas lenguas
eslavas de hoy desde el siglo VI en adelante.
El
Frigio
Esta
lengua que, por falta de filiación certera se la clasifica
por ahora en una rama separada, se hablaba antiguamente en la Frigia
anatoliana. Se ha tratado de aparentarla a diversas ramas indoeuropeas
en base a la opinión de distintos autores antiguos. Herodoto
consideraba a los armenios como una antigua colonia frigia por lo
cual algunos trataron de aparentarlo al armenio; Otros quisieron
aparentarla con el tracio porque los griegos consideraban en general
a los frigios como un pueblo venido de los Balcanes. Pero la lexicografía
y la gramática comparativa no han sacado nada en claro al
día de hoy.
Las
Lenguas Germánicas
Las
lenguas germánicas son originarias del sur de Escandinavia
y se expandieron hacia el sur desde el siglo III AC con las migraciones
de los pueblos germanos (volkerwanderung). Las lenguas
germanas se dividen en tres ramas de las cuales solo dos perviven
aún hoy:
La rama oriental ya desaparecida comprendía las lenguas de
los Godos, los Vándalos, los Burgundios y los Gépidos.
La rama septentrional agrupa las lenguas escandinavas (Sueco, noruego
y danés) el feríngio y el islandés. La rama
occidental finalmente, es la mejor representada hoy en día
ya que la lengua de sus antiguos locutores (francos, alamanes, sajones,
suevos) perduran hasta hoy bajo el inglés (aunque este muy
influenciado por le francés vía la invasión
normanda del siglo XI), el alemán, el neerlandés y
el frisón.
Los
germanos utilizaron el sistema de escritura rúnica (de origen
incierto pero con posibles influencias etruscas) desde el siglo
III AC por lo menos. Esta escritura habría tenido una utilización
puramente religiosa al comienzo.
El
lingüista finlandés Kalevi Wii’k afirma haber
hallado un fuerte substrato fino-ugrio en las lenguas germánicas,
particularmente en lo que se refiere a los grupos consonánticos.
De ser cierto ello querría decir que los pueblos autóctonos
escandinavos que luego vendrían a ser los germanos de los
tiempos históricos habrían hablado una lengua aparentada
al finlandés, antes de ser “indo europeizados”
por algún otro pueblo en proveniencia del continente.
El
Griego
No
se sabe a ciencia cierta cuando penetraron en la Helas los primeros
locutores de dialectos indoeuropeos. Lo único que podemos
decir con certeza es que la civilización griega es el resultado
de la fusión entre la civilización minoica (verdadera
matriz de la civilización helénica) de cultura y lengua
no indoeuropea y los invasores o emigrantes que trajeron consigo
la lengua indoeuropea que generaría al griego. En todo caso,
esta penetración indoeuropea debe de haberse producido a
más tardar a fines de la primera mitad del II milenio AC,
puesto que la civilización micénica o aquea hablaba
ya una forma de griego arcaico.
Los
aqueos empleaban un sistema de escritura silábico conocido
como “linear B” y que habían tomado prestado
a una lengua anterior de origen no indoeuropeo. El linear B fue
descifrado en 1952 por Michael Ventris.
El
griego clásico (de cuya transición a partir del griego
arcaico no sabemos casi nada) estaba dividido en varios dialectos
de los cuales los principales eran el “aqueo” o arcado-chipriota,
el dórico, el ático, el iónico, el eólico
y “el griego del noroeste”.
El
griego actual deriva de una lengua común de base ático-iónica
y fue esta misma lengua que Alejandro Magno vehículo desde
el Helas hasta los confines del Indo.
 |
 |
Fresco
micénico de la ciudadela de Tirins.
1350 AC
|
Fragmento
de un tapíz de Sampul, China.
1350 AC Siglo III AC. Representa un soldato griego del ejército
de Alejandro Magno
|
Las
Lenguas Ilíricas
He
aquí un grupo tan problemático como enigmático.
Solo un par de palabrejas sueltas que han llegado hasta el día
de hoy nos permite clasificarlas entre las lenguas Indoeuropeas;
sabaia = cerveza, rhinos = niebla o bien el nombre de la
reina Teutana (asimilable al germánico tewt, “pueblo”)
Sus locutores habrían sido tribus tales como los dardanianos
y los peonianos que habitaron aproximadamente el territorio de la
ex Yugoslavia, antes que los romanos impusieran el latín.
Las
Lenguas Indo-Arias
La
rama indo-aria es una de las más representadas hoy en día
a través de numerosas lenguas, habladas principalmente en
el norte del subcontinente indio. Mencionemos entre ellas las lenguas
del grupo dárdico, entre las cuales cuenta la lengua de Cachemira,
las lenguas hindúes propiamente dichas con sus también
numerosas ramificaciones (el hindi, lengua oficial de la India;
el urdu, lengua oficial de Pakistán; el penjabita; el bengalí;
el nepalés y muchas más), el cingalés de Ceilán,
las lenguas del Nuristán (región de Afganistán
que hasta su conversión forzada al Islam, en el siglo XIX,
se la conocía bajo el nombre de Kafiristán; país
de infieles) entre las cuales cabe destacar el achkún,
el prasun, el waigali y el tregami. Finalmente, podemos añadir
a esta rama la lengua Romaní de los rom o gitanos,
lengua indo-aria bastante deformada al día de hoy.
De
las lenguas indo-arias de la antigüedad, solo el sánscrito
ha llegado hasta nosotros bajo dos formas, principalmente; el sánscrito
védico, forma arcaica en el cual fue escrito el Rig
Veda hacia el II milenio AC y el sánscrito clásico
cuyas reglas de gramática fueron elaborados hacia 500 AC
por el gramático Pänini.
No
obstante, las trazas más antiguas de lenguas indo-arias no
provienen de la India ni de Pakistán ni de Afganistán,
si no de Siria. Se trata de tabletas pertenecientes al antiguo reino
de Mitani que estaba dirigido por una elite hurrita (no Indoeuropea)
pero cuya lengua parecía contener algunos términos
que habría prestado al indo-ario, principalmente en lo que
se refiere a la cría de caballos y a los números.
Precisamente, el documento en cuestión se trata de un tratado
de cría de caballos firmado por un tal “Kikkuli el
mitano” y en el cual aparecen varios términos de asonancia
índica; a-as-su-us-sa-n-ni, “criador de caballos”
y equiparable con el sánscrito àsva, “caballo”;
wa-ar-ta-an-na, “vuelta de pista” del sánscrito
vart-, “dar vueltas”, “girar”;
a-i-ka = sánscrito eka o áika,
“uno”, ti-e-ra = sánscrito trí,
“trés”; pa-an-za = sánscrito
páñca, “cinco” y varias similitudes
más.
Nota:
Las normas de trascripción del sánscrito en caracteres
latinos utilizadas aquí son las mismas que fueron adoptadas
en el X congreso de orientalistas, en 1894.

Tabletas
de arcilla con el texto de “Kikkuli el Mitano”
Las
Lenguas Iraníes
Les
lenguas iraníes se dividen en dos grandes ramales; el “occidental”
y el “oriental”.
El occidental comprende el antiguo y moderno persa, el parto, tal
vez el medo, el tadjik, el kurdo, el beluchistano y el dãri
de Afganistán.
El ramal oriental comprende lenguas muertas sobre todo. Pues se
trata de lenguas que solían hablar los pueblos nómades
de las estepas de Europa oriental hasta la China; los scitas, los
Saurómatas y Sármatas, los Alanos, más otras
lenguas que se hablaron otrora en Asia central (sogdiano, bactriano).
Los únicos sobrevivientes de este ramal oriental serían
el oseta del Caucazo, el pachto de Afganistán y Pakistán,
el yaghnobi que sería una supervivencia del sogdiano y alguna
que otra lengua de Pamir.
La
lengua iraní más arcaica conocida al día de
hoy es el avéstico, lengua sagrada de los sacerdotes zoroastrianos.
Los textos avésticos fueron transmitidos oralmente de manera
fiel hasta el periodo parto. La parte más antigua del Avesta
(texto de referencia para los estudiosos del avéstico) conocida
como los Gâthas y atribuida al propio Zoroastro es
particularmente interesante; pues está escrita en una lengua
tan arcaica que se acerca al sánscrito más de lo que
se acercan entre si cualquiera de las lenguas latinas de hoy.
Cabe mencionar también que el avéstico en si es tan
arcaico que ni siquiera puede clasificárselo en ninguno de
los dos ramales de esta rama.
Las
Lenguas Itálicas
Las
lenguas itálicas habrían sido introducidas en la Península
Itálica, por un conjunto de tribus llamadas italicii
hacia el bronce terminal o la edad de hiero temprana. Estas lenguas
comprendieron en la antigüedad cantidad de ramales de los cuales,
el latino-falisco-siciliano y el osco-umbrío son los mejor
documentados..
Aparte del latín por supuesto, el ramal latino-falisco-siciliano
comprendía la lengua falisca que se hablaba al norte del
Latium, el élimo y el sículo de la antigua Sicilia.
El ramal osco-umbrío comprendía el osco de Campania
el cual comprendía varios dialectos conocidos como “lenguas
sabelianas” y cuyos locutores más conocidos fueron
los samnitas. El umbrío por su parte se hablaba entre el
curso superior del Tiber y los Apeninos.
El véneto, que se hablaba en la región actual de Venecia
solía considerarse como una lengua ilírica pero ahora
se piensa que podría haber sido una lengua itálica.
Como bien sabemos, fueron los latinii quienes se impusieron
finalmente sobre sus primos itálicos e incluso sus vecinos
no indoeuropeos (Etruscos) dando lugar a la civilización
romana de cuya lengua derivan hoy nuestras lenguas romance.
El
Traco-dacio
Si
no fuera por algunas palabras de la antigua lengua de Tracia que
perduran en el actual búlgaro, o términos dacios que
retuvo la lengua rumana, nada sabríamos hoy de esta familia
lingüística que ocupó en la antigüedad un
territorio relativamente vasto que abarcaba la actual Rumania y
Bulgaria, aproximadamente.
Solo se han podido reconstituir una cincuentena de palabras de la
lengua tracia, lo cual nos basta sin embargo para deducir que era
bastante cercana al albanés y a las lenguas balto-eslavas.
El “documento” más completo que poseemos al día
de hoy en lengua tracia es un anillo hallado en Ezerovo (Bulgaria)
grabado con caracteres griegos.
El significado del texto es bastante oscuro por lo que se le han
dado varias traducciones.
El texto (trascrito en caracteres latinos) dice más o menos
así:
ROLISTENEASN
ERENEATIL TEANESKOA RAZEADOM EANTILEZY PTAMINE RAZ ELTA
Para el cual, se han propuesto las siguientes traducciones (entre
otras y partiendo de la suposición que se trata de un anillo
funerario):
1. “Yo soy Rolesteneas, descendiente de Nerenea. Tilezupta.
Una mujer araziana, me ha devuelto a la tierra”.(según
D. Dechev)
2. “O Rolistene, yo Nerenea Tiltea, muero en paz cerca
de ti mi querido difunto, quien has alimentado a mis hijos”.
(según V. Gueorguiev)

Anillo
de Ezerovo
Los
“Tocarios”
He
aquí la última rama indoeuropea y tal vez una de las
más interesantes de por su novedad: pues esta ha sido identificada
en fechas relativamente reciente (Bueno…no tanto…1908)
a partir de manuscritos hallados en el Turkestán oriental,
China, fechados entre los siglos VI-X.
Si hemos escrito el término tocario entre comillas es por
que, en realidad, se trata de una designación provisoria
e inapropiada.
Los verdaderos tocarios hablaban una lengua iraní y habitaban
lo que hoy es la provincia de Gansu hasta su expulsión por
los chinos (quienes los denominaban Yuezhi) en plena expansión,
en el siglo II AC. Estos tocarios o yuezhi huyen entonces hasta
la Bactriana helenística que terminan tomándola en
130 AC. Allí fundan luego el imperio del Kuchán que
durante su periodo de máxima extensión (siglos I a
III DC) abarcó entre otros la cuenca del Tarim, en donde
se hallaron los susodichos manuscritos. De allí que se le
dio de manera algo precipitada el nombre de “tocaria”
a esta nueva rama lingüística. Pero el problema es que
los locutores de dichas lenguas ocupaban ya la cuenca del Tarim
mucho antes que el imperio del Kuchán fuese siquiera fundado.
En un manuscrito del año 800, los oigur turco fonos designan
con el nombre de tqwry a los nativos del reino de Agni, que hablaban
una lengua “tocaria”. Pero el término “tocario”
no aparece en ningún documento escrito en una de estas lenguas
por lo cual, este argumento no valida la apelación "tocario"
más que cualquier otro.
Se han identificado dos lenguas “tocarias”: el “tocario
A” o turfanés (llamado así por la ciudad de
Turfán) hablado en el reino de Agni, al este de la cuenca
del Tarím y el “tocario B” o “Kucheano”
que se hablaba al oeste de la dicha cuenca pero también al
este de la zona del turfanés.
El tocario B preserva una forma más arcaica.
Es
interesante notar que las llamadas consonantes “oclusivas”
(g, d, b ; gh, dh, bh y kh, th, ph) tan preciosas para
las otras lenguas indoeuropeas no existían en las lenguas
tocarias razón por la cual nunca llegaron a pronunciar correctamente
el nombre de Buda (pues eran budistas) y lo llamaban Putta
(Es cierto, no me estoy mofando de vosotros)
Los
documentos en tocario conservados al día de hoy son casi
todos textos budistas escritos en el alfabeto brãhmi,
de la India.
Algunos
vocablos tocarios
ESPAÑOL |
“TOCARIO
A” |
“TOCARIO
B” |
| Uno |
Sas |
Se |
| Dos |
Wu |
Wi |
| Tres |
Tre |
Trai |
| Cuatro |
Stwar |
Twer |
| Cinco |
Päñ |
Pis |
| Caballo |
Yuk |
Yawke |
| Hombre |
Nepeim |
Saumo |
Manuscrito
de la cuenca de Tarim siglo IX.
El detalle de la parte inferior del mismo (derecha) representa sin
duda dos locutores de lengua “tocaria”.
Con
esto queda pues terminado nuestro “tour” de
los diferentes grupos etno-culturales indoeuropeos que se formaron
tras la escisión y la diferenciación de una hipotética
comunidad Indoeuropea inicial. Pero ¿Es que realmente existió
tal entidad étnica? Si realmente existió ¿Quiénes
fueron? ¿Cómo, cuando y donde vivieron? ¿Qué
visión tenían del mundo y del universo?
Todo
ello será tratado en las siguientes dos secciones (2.“Fichero
Lingüístico y cultural” y 3. “Fichero Antropológico
y arqueológico”) donde
explayaremos de la manera más breve posible lo que piensan
los especialistas al día de hoy.
[1] Cosa que el imbécil del profesor Hoover, el que escribe
este artículo, parecía creer hasta no hace mucho.
* Existe una excepción a esta regla del “céltico
P”: se trata del antiguo nombre del río Sena ¡Que
los galos denominaban Sequana en vez de Sepana
como se supone que debería ser!