
CAP. XII - ¿LA ÚLTIMA LLAVE?
Abdul ya había comido en el avión por lo cual una vez recuperado su equipaje pudieron ir directamente a la universidad para ver de vuelta a Heather Tillgate.
Una vez frente a su gabinete Henry golpeó suavemente la puerta y entonces oyó a Mss Tillgate responder con voz firme:-¡Ya le he dicho que no tengo nada para usted! ¡Lárguese de aquí! ¡No me obligue a llamar al servicio de seguridad!
Los tres hombres se miraron con ojos sorprendidos unos instantes y luego Henry respondió:
-¿Todo va bien señorita Tillgate? Soy yo, el profesor Armitage…
-¡Profesor Armitage!-dijo Miss Tillgate mientras abría la puerta de su gabinete precipitadamente- ¡Que lástima! ¡Acaba de perderlo por poco!
-¿Quién?
-¡El “amigo” de Hee Hoo! Estuvo aquí hace unos instantes y vino a reclamarme los papeles que le entregué esta mañana. No pareció caerle muy bien cuando le dije que ya no los tenía más y allí comenzó a mostrar signos evidentes de nerviosidad. Me preguntó si Hee Hoo no me había dejado cierto objeto, papel o carta a su atención. No pareció creerme cuando le dije que no y me insistió afirmando que no era posible. Pidiéndome que lo pensara bien. Su tono se hizo de más en más insistente y parecía comenzar a perder paciencia. No sabía si podía volverse violento o no pero no perdí la calma aún así, y le dije que lo único que Hee Hoo había dejado en mi casa eran papeles sin importancia y que ya los había entregado a otra persona. Acto seguido le invité a que salga de mi gabinete antes que llame a la seguridad. Antes de irse preguntó si podía saber el nombre de la persona a quien se los había entregado. No sé porque se lo dije, pero la cuestión es que en cuanto oyó pronunciar su nombre pareció más inquieto aún y recién ahí se fue. No hace de ello ni dos instantes, si se apresuran tal vez…
-Dígame Miss Tillgate ¿No sería este el “amigo” de Hee Hoo por casualidad?-preguntó Henry mostrándole la foto de una página que había arrancado de la revista de deportes náuticos que había cogido en la recepción del cliente de Curwen
-¡El mismo!- Respondió Heather
-¡Lo sabía! ¡Tyndalos! ¡Apresurémonos, talvez podamos atraparlo todavía!- Lanzó entonces Henry a la atención de sus amigos. Los tres hombres corrieron por el pasillo y luego se precipitaron al exterior. Cuando llegaron al pie de las inmensas escaleras de la entrada principal, comprendieron que era demasiado tarde ya para alcanzarlo.
-Con que Tyndalos ¿eh?-dijo Curwen-Y eso que le habías dejado cantidad de mensajes en su respondedor y en lo de sus familiares y amigos, diciéndole que te contacte en cuanto volviese a aparecer.
-Este tío nos está evitando, fijo-corroboró Abdul
-De ello no cabe la menor duda-asintió Henry- Pero como yo siempre digo, si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Le doy 24 horas para que se manifieste. Si pasado este plazo no da señales de vida, iré a buscarlo adonde quiera que se esconda. Y ya se como voy a hacer para ubicarlo…
*****
Ray Oldham era a decir verdad propietario de un sórdido prostíbulo llamado Ray Oldham’s Sinners’ club ubicado a proximidad de las docklands. Este contaba con una planta baja, un primer piso donde se hallaban los dormitorios y un subsuelo provisto de un amplio salón que hacía oficio de bar y de sala de espectáculos.
En la planta baja se hallaba la recepción atendida, cuando Henry y sus amigos llegaron, por dos hermosas jóvenes, una rubia y otra morena, con acento balcánico, según le pareció a los tres compañeros. Dos colosos de aspecto descerebrado montaban la guardia al exterior.-Buenas tardes señoritas-dijo Armitage amablemente-Quisiéramos hablar con el señor Oldham…un asunto privado-
Curwen, Armitage y Abdul tuvieron que dar algunas explicaciones para vencer la reticencia de las recepcionistas y de los vigías que se habían acercado a ellos y que se aprestaban a echarlos afuera.
Una de las recepcionistas les dijo entonces que su patrón los recibiría de un momento a otro. Entre tanto, les invitó a pasar a tomar un trago al bar del subsuelo (la casa se los ofrecía) mientras la otra iba a anunciarlos a su patrón.Henry, Joseph y Abdul estaban pasablemente enervados; hacía más de una hora y media ya que esperaban en la sala de espectáculos del subsuelo y del señor Oldham, ni la sombra. Por fin una de las recepcionistas vino a buscarles para conducirles al despacho de Ray Oldham.
La recepcionista los condujo por el largo corredor sombrío que se hallaba por detrás de la recepción y que al llegar a la puerta maciza del despacho del señor Oldham, doblaba hacia la izquierda conduciendo a una salida de emergencia.
-¿Que desean?- Les preguntó Mr Oldham con un tono algo seco
-¿¡Como!? Hace casi dos horas que estamos esperando a que nos reciba ¿Y no le han anunciado el motivo de nuestra visita?- exclamó Joseph Curwen.
-¿Anunciar que, a quien? A mi no me han anunciado nada. No se quienes son ni que quieren. Todo lo que se es que una de mis secretarias vino hace un instante a decirme que tres tipos querían verme.No cabía la menor duda que durante todo este tiempo se habían burlado de ellos. Ahora ¿Quién, el señor Oldham o las recepcionistas y los vigías? Los tres amigos sospechaban más de Oldham que de sus colaboradores.
Aún así, volvieron a dar resignados la misma explicación que habían dado ya en la recepción.
-Me temo que hayáis esperado por nada, yo no se quien es ese Hoover-
-¡Vamos hombre!-exclamó Abdul-¿Cómo que no lo conoce, si el propio Hoover tenía en su posesión su tarjeta de visita?
-Ya se los he dicho, no sé quien ese es tipo- y tomando el teléfono sobre su escritorio llamó a los vigías en la recepción para que condujeran a los tres compañeros a la salida
Henry intercambió entonces una mirada entendida con sus compañeros y Abdul se dirigió inmediatamente hacia la puerta del despacho y bloqueó el picaporte con el respaldo de una silla tras haberla cerrado.Mr Oldham trató entonces de abrir uno de los cajones de su escritorio (sin duda para tomar un arma) pero antes que su mano pudiese alcanzarlo Armitage y Curwen lo habían cogido de la solapa y bloqueado contra la pared.
-Cambio de planes macho. A partir de ahora las reglas del juego la dictamos nosotros- Dijo Henry mientras Joseph aplicaba su índice y su dedo mayor sobre la aorta del señor Oldham.
Ray Oldham no tuvo más remedio que hablar.
Una vez se presentó al local un individuo que afirmaba venir a su vez, de parte de alguien más y que, según explicó el cliente, ese alguien más era especialista en sociedades secretas. La prueba de la existencia de una de ellas se encontraba, precisamente, en ciertas notas manuscritas –que en realidad eran las investigaciones que había efectuado cierto arqueólogo llamado Macallister casi un siglo atrás para su libro “Las lenguas desaparecidas del Reino Unido” o algo así- y que obraban en poder de un particular. El problema era que aquel particular rehusaba vendérselos (a pesar de las generosas ofertas de su patrón) y ni siquiera le dejaba consultarlas. ¿Qué tenía que ver el y en que podía ayudarles? Le preguntó Oldham. Sabemos, le respondió su visitante, que aquel particular es muy asiduo a una de sus chicas quien realiza prestaciones “a domicilio”. Lo que le pedían pues, era que su chica se las arregle para sustraer el documento durante un día, a fin que su patrón pueda realizar las copias necesarias y que al día siguiente los restituyese sin que su dueño se diera cuenta. Cuando el cliente le hizo saber lo que su patrón estaba dispuesto a pagarle por tal servicio, Oldham “persuadió” a su colaboradora que se prestara a la misión. Rato después que ese “cliente” se hubo marchado, vino a verlo una segunda persona –Que resultó ser Hee Hoo- afirmando que estaba al tanto de lo que aquel individuo le había pedido (ello lo sabía por que hacía días que lo andaba siguiendo y que había incluso seguido una vez a su colaboradora que regresaba de la casa de aquel particular) y le explicó que a decir verdad el patrón de aquel individuo le había “robado sus descubrimientos” motivo por el cual, rogaba al señor Oldham que una vez que tuviese en manos los documentos le dejase fotocopiarlos antes de contactar a su otro cliente, mediando por supuesto sus buenos honorarios también. El señor Oldham aceptó pues –y de buen grado- estos ingresos suplementarios y libres de todo impuesto. El día indicado todo se realizó como planeado: contactó primero a Hee Hoo y una vez que este hizo sus fotocopias acompañado por uno de los custodios, el señor Oldham contactó al otro cliente misterioso y eso era todo. La entrevista se terminó allí y Oldham acompaño a los tres visitantes a la salida.
Mientras se alejaban por el pasillo rumbo a la recepción Oldham dijo a sus custodias que aguardaban a la entrada de su despacho –Mientras yo acompaño estos tíos afuera, salid por la puerta trasera y seguidlos. Quiero que reciban una buena lección- y los dos hombres se dirigieron a la puerta de emergencia en silencio.*****
-¿Qué pensáis vosotros? ¿Qué Hee Hoo esperaba que esos documentos lo condujeran a la “última llave”?- Cuestiónó Abdul Alhazred.
-Supongo. En todo caso, coincide con sus notas; McA es sin duda Macallister- respondió Henry Armitage.
-En todo caso y por lo que nos ha dicho el señor Oldham, alguien más anda buscando lo mismo. Si yo fuese policía, ese alguien más sería para mi un sospechoso ideal en la desaparición de nuestro amigo- concluyó Joseph Curwen.
*****
Ray Oldham no recordaba haber apagado la débil luz del pasillo cuando fue a acompañar a Abdul, Henry y Joseph a la salida. Accionó el interruptor pero hubo un corto circuito y la bombilla explotó.
-¡Ljudmila!-gritó en dirección de la recepción -¿Cuántas veces te dije de llamar a un electricista a que venga a reparar la instalación del pasillo y de la despensa?- Oldham avanzó a tanteos hasta su oficina por debajo de cuya puerta la luz apenas filtraba, como si hubiera un obstáculo delante de ella. Y en efecto, cuando llegó frente a la puerta tropezó con algo voluminoso. Extendió su brazo hasta alcanzar el picaporte y a través de la luz que salió de su oficina al abrir la puerta, descubrió con horror a sus dos custodios que yacían en el suelo.-Su falta de profesionalismo me decepciona-clamó entonces la voz de Kryshul desde la salida de emergencia-¿Con que traicionando la confianza de sus clientes?
*****
Se había convenido en que Abdul y Joseph se alojarían en el estudio que el British Museum y otros institutos habían puesto a disposición de Henry el tiempo que durasen los seminarios. Así que después de haber estado en Sinfull Things pasaron por el hotel de Joseph Curwen para que saldase su cuenta y recoja sus cosas.
Salían ya del hotel cuando el móvil de Curwen comenzó a sonar-Joseph Curwen buenas noches…¡Ah Lady Margaret! ...¿Que quienes son los dos hombres que me acompañan? Se trata del profesor Armitage y del señor Alhazred, reportero del Brattleboro Evenstar pero ¿Cómo sabe que no estoy solo?
-Los estoy viendo, estoy justo en frente a su hotel, del otro lado de la calle ¿me veis?
-¿¡Como sabe usted que estaba parando en este hotel!? ¡¡¡Con que me ha mandado a seguir!!! ¿Eh? ¡Confiéselo!
-¿Va a dejar de lado su paranoia de una buena vez señor Curwen? Usted mismo me lo dio el otro día junto a su número de móvil ¿Lo ha olvidado ya?
-Ah, si, disculpe. Pero bueno ¿Si se deja ya de rodeos y me dice que es lo que quiere?...¿Que la acompañemos a un lugar? ¿¡Ya mismo, a estas altas horas de la noche!?...
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