
CAP. XI - PROFESORA HEATHER TILLGATE
Pocos días después de la cena y la sesión de espiritismo en la casa de Abdul Iranon recibió la confirmación que Hee Hoo había, efectivamente, embarcado a bordo del vuelo que debía llevarlo de Dublín a Galway.
El profesor Armitage decidió entonces modificar sus planes iniciales y antes de viajar a Londres, se rindió a Galway y luego a Inismor para averiguar lo que realmente había sucedido una vez que Hee Hoo había llegado allí. Curwen y Alhazred de su parte, se tomaron unos días libres y lo acompañaron. Los resultados de sus pesquisas fueron de lo más decepcionantes ya que no les aportaron nada nuevo, si no confirmar lo que ya había quedado establecido desde el momento que recibieron la lista de embarque del vuelo de correspondencia: que Hee Hoo se había literalmente esfumado en dicha isla, Inismor.
Tras una serie de estériles indagaciones en Galway los tres compañeros tomaron un ferry hasta Kilronan, pueblo de 270 habitantes –fuera de las temporadas turísticas- y principal aglomeración de la isla y del archipiélago. Era indispensable encarar todas las probabilidades –incluso las peores- razón por la cual realizaron primero una visita formal al hospital (la morgue, particularmente) la capitanearía de los guarda costas y el puerto. Interrogaron marinos, pescadores y policías para cerciorarse que no se hubiese hallado cuerpo alguno en el mar, en la costa o al interior de la isla. Los resultados de estas primeras diligencias dieron negativo, lo cual aportó provisorio alivio a los tres hombres.
-Ciertamente- se decían- La ausencia de cadáver no prueba que haya muerto, pero tampoco prueba lo contrario. Las corrientes marítimas bien pueden habérselo llevado Dios sabe donde.Los datos que obtuvieron en cambio cuando interrogaron a la población local en bares y a diversos organismos de alojamiento y de transporte, fueron más alentadores. En los bares hubo más de uno que reconoció su fotografía y todos concordaban en decir que habría pasado por allí cuatro o cinco veces en el transcurso del último año, pero no tenían la impresión que se quedase en Kilronan. Su destino final parecía encontrarse al interior de la isla, cosa que se confirmaría cuando interrogarían a los establecimientos hoteleros del pueblo. En la compañía aérea local (que asegura un servicio regular de avionetas al interior de Inismor y hacia las otras islas del archipiélago) se enteraron que en noviembre del año anterior había alquilado una avioneta para explorar cierto rincón despoblado al oeste de la isla, no lejos de Dun Aengus, impresionante fortaleza edificada en la edad de bronce Terminal o la edad de hierro temprana al borde de un abrupto acantilado. Por fin, en el servicio de reservaciones de la oficina de turismo de Kilronan, les informarían que el señor Hoover había reservado una habitación para la noche del 13 de febrero último en la posada Man Of Aran Cottage, Kilmurvey.
-¿Está lejos Kimurvey de Dun Aengus?- preguntaría Henry, pregunta a la cual le responderían.
–No, de hecho es el poblado más cercano al sitio y el punto de partida de todos los caminos que llevan a el. Sendas practicables a pie, a caballo o en bicicleta, únicamente.
Con esto quedaba todo dicho y al día siguiente, tras alquilar un auto, se dirigieron hasta la posada Man of Aran Cottage. Los propietarios les confirmaron, tras consultar el registro, que efectivamente había estado allí el 13 de febrero y una empleada creía recordar haberle
visto irse temprano al día siguiente. En Kilmurvey y en los alrededores no hallaron ningún dato nuevo de su amigo, sino que muchos pueblerinos lo habían visto repetidas veces por allí. Hicieron una visita “de cortesía” a Dun Aengus y luego, a la iniciativa de Abdul, interrogaron a los habitantes de la comarca sobre el posible paradero del sitio megalítico que Hee Hoo había representado en el croquis geométrico hallado por Iranon en su casa. La poca gente que parecía conocerlo, les informaron que se hallaba en una zona cárstica y despoblada al oeste de allí y que había tan solo dos sendas, practicables a pie solamente, que conducían al sitio. Una salía de Kimmurvey y otra salía de Dun Aengus y bordeaba los abruptos acantilados. Al sitio ese se lo conocía como Túr Faire (torre de guardia) y Otharluí Chú Chulainn (el lecho de muerte de Cu-Chulaín).Aunque dudaban que encontrasen alguna pista concreta allí, decidieron al día siguiente ir a conocer personalmente aquel sitio que tanta intriga había causado en su momento.
El sitio era tal como lo había descrito Hee Hoo en su gráfico: un menhir solitario se erguía contra los acantilados cercanos y a cierta distancia del mismo, una estructura cuadrangular de piedra cubierta de una extraña escritura. En medio, se hallaba un indescriptible símbolo críptico que no dejó de causar cierta repulsión a los tres hombres, como si les trajera a la memoria recuerdos de terrores ancestrales inscritos en su propio patrimonio genético.El profesor Armitage, el señor Curwen y Cide Alhazred prolongaron sus pesquisas un par de días más. El resultado final no fue más alentador: todo parecía indicar que todo el mundo por así decirlo había visto a Hee Hoo llegar a la isla, pero nadie lo había visto quitarla. Y como cabía esperarse, ningún rastro de él en toda la isla. Aunque la policía local prometió tomar el caso en manos, los tres compañeros no se hacían más ilusiones y resignados retornaron al lugar de donde había venido cada uno. Convencidos ya que jamás volverían a ver a Hee Hoo, decidieron abandonar allí la búsqueda.
El profesor fue pues a Londres, dio sus conferencias y luego regresó a Brattleboro donde se quedaría poco tiempo. Pues luego de los conferencias de Londres, participaría durante una quincena de días a un seminario que se desarrollarían en dicha ciudad. Así que tras arreglar unos cuantos asuntos pendientes y hallar quien lo remplazase durante su ausencia, volvería a irse.
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Y no obstante, el profesor Armitage no podía decidirse aún a abandonar del todo la búsqueda. Tenía la sensación que había algo que no habían hecho correctamente o mejor dicho, que habían ignorado alguna pista esencial ¡Claro que si! Se percató de pronto ¡Las universidades! Mr. Hoover había publicado cantidad de trabajos de investigación con especialistas de diversas universidades extranjeras. Alguno de ellos podría sin duda proporcionarle algún dato útil ¿Pero quien y adonde? ¿Cómo proceder? La única manera de proceder que se le ocurría por el momento era rendirse a la biblioteca universitaria y consultar todos los trabajos que Hee Hoo habría publicado en colaboración con otros universitarios en los últimos tiempos y tratar de contactar a algunos de ellos. Encaminaba ya sus pasos hacia la biblioteca para entregarse a tan agobiante tarea cuando una providencial llamada de la familia de Hee Hoo vino a salvarlo de tal pena: una tal profesora Heather Tillgate de Londres se había puesto en contacto con ellos -tras haber tratado en vano de alcanzar a Hee Hoo- a fin de perdirle que venga a retirar ciertas pertenencias que había olvidado en su piso la última vez que estuvo allí. Henry comprendió entonces que ya no necesitaba más buscar.
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Ms. Tillgate era profesora titular de antropología física y genética de poblaciones en el Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland y en el departamento de antropología del Goldsmiths College, del School of Oriental and African Studies y de la London University College.
Precisamente, es en su gabinete de esta última institución en donde la profesora recibiría a Henry Armitage días después. Su gabinete, amplio y espacioso, estaba impecablemente ordenado (nada que ver con lo que era el gabinete de Mr Hoover la mayor parte del tiempo) y estaba provisto de estanterías donde libros viejos y recientes cohabitaban con cráneos de todo tipo y forma. Cráneos tanto humanos como de simios antropoideos.El profesor Armitage le hizo buena impresión a Heather Tillgate por lo que ella no tardó en confiarse a el y decirle todo lo que sabía acerca de Hee Hoo y de sus oscuras indagaciones.
Todo había comenzado hacía sus buenos meses ya, cuando Hee Hoo se había presentado en su cátedra del Goldsmith College solicitándole su ayuda: pues en aquel entonces deseaba verificar una teoría que acababa de elaborar -teoría según la cual los pueblos megalíticos habrían sido quienes habrían difundido las lenguas indo-europeas al menos en el oeste de Europa- y para ello le era necesario colmatar ciertas lagunas que tenía en cuanto a la protohistoria de Europa así como en la historia de su poblamiento. Heather aceptó con gusto colaborar y pronto se daría cuenta que más que lagunas, era abismos de confusión lo que tenía Hee Hoo en el asunto (por ejemplo pensaba que los constructores megalíticos estaban allí desde el paleolítico, cuando se sabe bien que llegaron mucho después y que correspondían a un tipo físico totalmente distinto de aquel del sobreviviente del pleistoceno) En fin, Heather Tillgate optó por darle verdaderos cursillos magistrales sobre el tema (de los cuales hallaría algunos apuntes que Hee Hoo había tomado entre las pertenencias que luego remitiría a Henry). Hee Hoo no tardó en abandonar esta teoría al darse cuenta que todas las evidencias lingüísticas y arqueológicas la contradecían y terminó alineándose en la opinión de muchos expertos según la cual, aunque los pueblos megalíticos no hablaban una lengua indoeuropea (lo cual es una certeza) habrían dejado no obstante influencias bien nítidas en el habla de los pueblos de lengua indo-europea de la costa atlántica y del Báltico meridional que llegaron después.-En fin me salgo del tema-dijo al cabo de un momento- La cuestión es que, al fin de cuentas, esta incursión en la protohistoria europea como diría yo parece haberle afectado de alguna u otra manera. Todas estas cosas las sé porque lo que al principio fue una relación puramente académica terminó convirtiéndose en una relación íntima. Cuando venía a Inglaterra pasaba un par de días en lo de un amigo suyo (Dagon, Dogon, no recuerdo bien) y el resto de su estada en mi casa. Yo misma fui pues testigo directo de su flagrante degradación psicológica. Pues afirmaba que gracias a fuentes confidenciales había tenido acceso a las creencias religiosas de los cazadores recolectores del paleolítico y de los pastores, agricultores y constructores del neolítico. Desde ese entonces empezó a frecuentar gente con pinta de pocos amigos y la única persona de aspecto normal –y la única que hizo entrar en casa, de hecho- era cierto individuo cuyo nombre nunca me dijo ya que me lo presentó como un amigo. Hizo incluso con él varias escapadas nocturnas y un par de viajes, sin jamás revelarme el propósito ni la destinación de tales salidas. Pero eso no fue lo peor, profesor Armitage, y cuento con su discreción para no repetir esto a nadie más –o al menos, no repetirlo fuera del círculo de gentes que siguen el caso de cerca. Lo más alienante de todo esto se cristalizó en nuestros momentos de más absoluta intimidad ¿usted sabe? Los momentos de … ¡en fin! Fíjese que cuando hacíamos… eso tomó por costumbre eliminar o al menos cubrir todos los espejos de la sala y de escoger solamente… eh… las posiciones…en las cuales no nos hallásemos cara a cara… (Entre tanto el profesor Armitage hacía desfilar en su memoria el nombre de dichas posiciones que había retenido de cierta pieza de la literatura hindú que todos conocen, supongo).
Un día le pregunté por que hacía todo ello y el–que estaba casi dormido ya- me responde … por que es durante “el acto” cuando aparece mi verdadero rostro.
-Sospechábamos que Hee Hoo andaba algo fuera de sus cabales últimamente, pero no hasta ese punto. Dudo que alguna vez le haya explicado a que se refería con eso de su verdadero rostro ¿verdad?
-Nunca y es más, ni siquiera me inquieté en averiguarlo.
-La comprendo-le dijo Henry y luego la interrogó sobre las dudosas frecuentaciones de Hee Hoo; si tenía alguna idea del tipo de asuntos en que podrían andar dichos individuos, si a su parecer podría tratarse de gente perteneciente a algún grupo religioso y si había notado en ellos algún signo particular, preguntas a las cuales Heather respondió con la negativa. Le preguntó también si entre aquellas “frecuentaciones” había visto a Kryshul o a Lady Margareth (mostrándole para ello fotos que se había procurado por Internet, revistas de arte y otros medios) y si tenía alguna idea de los sitios a los cuales podría haberse rendido Hee Hoo en sus escapadas con aquel misterioso amigo suyo. Mss Heather afirmo no reconocer a ninguna de las personas en las fotos que le mostró y que nunca le había hecho pregunta alguna a Hee Hoo sobre sus excursiones con ese amigo suyo.
Cuando la señorita Tillgate hubo dicho todo lo que sabía del asunto, el profesor Armitage le agradeció encarecidamente y se levantó para irse mientras elle le entregaba los efectos personales de Hee Hoo que había prometido.Era mediodía pasado ya cuando Henry salió de la universidad y se dio cuenta que sin duda llegaría con atraso a la cita que se habían dado con Curwen, para luego ir a buscar a Abdul al aeropuerto. Afortunadamente la reunión de Joseph Curwen con su cliente no había terminado aún cuando Henry llegó al estudio televisivo en donde esta se estaba desarrollando, así que se sentó tranquilamente en la recepción y se puso a leer los periódicos a disposición de los visitantes en una estantería cercana. “LOS ATROCES CRIMENES DE WANDSWORTH SIGUEN SIN RESOLVERSE” rezaban los titulares del primer periódico que cogió. Henry leyó con interés el artículo que seguía, ya que el carácter sórdido de los asesinatos le había impresionado profundamente desde que se había enterado del asunto. Luego ojeó distraídamente otras publicaciones algo más viejas. Por fin, algo retuvo su atención en una revista de deportes náuticos.
-Disculpe señorita ¿Sería posible fotocopiar cierta página de esta revista?- preguntó a la recepcionista quien repuso:
-Puede quedársela si usted desea. Es un número del año pasado.
Henry le agradeció y unos minutos más tarde vino Curwen a su encuentro.Sin perder más tiempo montaron en el automóvil de alquiler de Henry y se encaminaron al aeropuerto. Tras contarle brevemente a Curwen su entrevista con Mss Tillgate Henry concluyó:
-Creo tener ya una idea de quien puede ser aquel “amigo” de Hee Hoo y luego de recoger a Abdul y comer algo, volveremos a pasar a ver a Miss Tillgate para verificar mi hipótesis.
El avión de Abdul tenía más de media hora de atraso así que mientras esperaban se sentaron a comer en un bar del aeropuerto. Aprovecharon de paso para dar una primera ojeada a los objetos que Mss Tillgate había entregado a Henry. Se trataba de papeles en su mayoría y los dos hombres dirigieron su atención a un cuaderno de notas primeramente, de cuyo interior cayeron dos trozos de papel escritos del puño de Hee Hoo.
Curwen leyó en voz alta el primero que recogió-Aquellos que poseen la última llave: Claudius Quintilus Sixtus y san Ibid [1] el evangelizador hacen referencia a ellos ¡¡¡R.S. McA. los había localizado!!! ¡¡¡Hay que recuperar sus notas urgente!!!. Más abajo (casi al pie de página) ha escrito Albert Wilmarth (¿uno de ellos?) (02) 9828-3105. Puesto que tenemos un número de teléfono no tenemos más que llamar- Y tomando su móvil, marcó dicho número. Luego de mucho sonar alguien respondió al fin.
-¿Señor Wimarth supongo? Habla Joseph Curwen un amigo de H…
-No, acá no hay ningún Wilmarth, esto es una cabina pública- y la voz cortó
-Sin duda alguna un pasante que atendió por casualidad-dijo Curwen encogiendo los hombros.
-Si de una cabina pública se trata, no tenemos más que llamar a la compañía telefónica para averiguar su ubicación-dijo Henry y ejecutó lo dicho inmediatamente. Esta breve diligencia le permitió averiguar que se trataba de la cabina pública de un barrio poco recomendable de Liverpool.
-¡Lo único que nos faltaba!-Exclamó Curwen-¡Otro nombre más que viene a complicar el puzzle!
-Y parece que no es todo ¿Qué es ese otro papel?
-Más notas de Hee Hoo. Solo que esta vez parece haberlas escrito apresuradamente. Hay un nombre Ray Oldham (escritura de Hee Hoo cuando escribe aprisa) y una dirección que me parece que es del lado de los muelles
-No nos queda más alternativa que ir a verlo en persona ¿Por qué no damos una vuelta por allí esta noche?-contestó el profesor Armitage.
[1] A no confundir con San Ibíd el retórico, autor de la celebre Op. Cit. ;-) Véase Ibíd, relato de Howard Phillips Lovecraft.
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