
CAP.IX- LA PROMETIDA DEL BARON DOGON
-El conducto de aire acondicionado. Por allí largaron el gas paralizante- Explicaba Bennet, responsable de seguridad, a Kryshul D'Naihotep quien a penas podía contener su ira.
Desde siempre había logrado mantener en secreto la existencia de aquel mineral, inexistente en la tierra y tal vez en el sistema solar. Hasta el día en que tuvo que aparecer ese Herman Hoover (¡Que Nitocris se lo lleve, maldita sea!) que vaya uno a saber como llegó a sospechar su existencia y, por encima de todo, sospechar incluso que estaba en posesión de D'Naihotep. Estaba convencido que ese Hee Hoo había hablado a alguien más de la posible existencia del Metal de Hali y que ese alguien más lo había robado.
Quien quiera que lo haya robado ¿Cómo se enteró del escondite? En efecto, el Metal de Hali se hallaba en una casa que Kryshul D'Naihotep alquilaba bajo un falso nombre en las afueras con ese propósito. Como su existencia era ignorada de todos salvo de el, de un pequeño círculo selecto de su Logia y de los custodios, aquella casa era un escondite ideal y juzgó que un equipo de tres hombres entrenados y dos dobermann (que eran dos verdaderas máquinas de matar), serían suficientes para protegerlo contra eventuales ladrones.
-El conducto de aire acondicionado- Se dijo- jamás lo hubiera pensado. Sobre todo que la boca de aireación es inaccesible a menos de tener un equipo de alpinismo o ser un gato ¿Y los perros que hicieron? Llame a Taylor- El encargado de los perros vino inmediatamente y le contó lo sucedido.
-Estábamos los tres en la sala de video-vigilancia, los perros dormían en el pasillo cuando de pronto pararon sus orejas y se precipitaron al patio de atrás llenos de furia. Miramos en las pantallas de vigilancia y no vimos nada. Pensamos que debía de haber un gato pero aún así, salí para cerciorarme. A penas llegué al patio vi a uno de los perros caer redondo e inmediatamente caer al segundo. Apenas pude guarecerme al interior y llamar a Bennet y a Smithy que sentí que algo me picaba en el cuello y caí desplomado. Los tres habíamos sido dopados con dardos paralizantes.
-Fue en ese preciso instante que el gas paralizante fue echado por los conductos de ventilación- Confirmaron Bennet y Smithy.
-¿Y que pasó después? ¿Cayeron inconscientes? ¿o es que acaso quedaron simplemente paralizados pero podían aún ver y oír lo que sucedía alrededor suyo?
-Yo no me acuerdo de nada- Respondió Smithy.
-Yo si- Intervino Bennet- Aunque mis recuerdos son confusos. Debo de haber caído en una especie de semiinconsciencia. Recuerdo haber caído al suelo boca arriba y con los ojos abiertos, de modo que podía percibir vagamente lo que sucedía a cada uno de mis lados. A mi derecha estaba la puerta semiabierta del corredor, a mi izquierda, la ventanilla que da al ala lateral del patio. Me pareció percibir en esta última una sombra que cayó de la terraza del primer piso. Luego oí lo que parecían ser unos pasos ligeros, como un perro que corre o algo así. Lo sentí correr por el jardín exterior y luego entrar por el pasillo. Al mismo tiempo oí como forzaban la puerta de servicio y pocos instantes después percibí en el pasillo dos siluetas que caminaban rápidamente y que (por lo que pude percibir, debido a mi posición) parecían estar encapuchadas. Concentré mi atención lo máximo que mi estado me lo permitía y oí que se detenían a pocos metros de la salida al jardín. Logré distinguir el murmuro esas dos personas. Pero entonces oí aquella voz extraña, ronca y aglutinante que parecía ladrar o gruñir más que hablar. Por último ví pasar de nuevo las dos siluetas encapuchadas, solo que esta vez eran precedidas por una tercera silueta que a penas pude distinguir debido a su baja estatura. Pues parecía marchar sobre cuatro patas.
Los pasos retumbaron luego en distintas direcciones por lo que deduje que se habían separado y luego caí inconsciente. Cuando me recuperé los perros ya habían vuelto en si y estaban lamiendo la cara a Taylor. Lo ayudé a despabilarse y luego nos ocupamos de Smithy. Los intrusos se habían marchado para aquel entonces. Lo primero que hicimos fue precipitarnos a donde usted ya sabe y constatamos con desesperación que habían logrado forzar el cofre. A juzgar por su estado es evidente que se sirvieron de explosivos para abrirlo. No obstante, de haber sido así pienso que hubiera oído la explosión cosa que no recuerdo haber oído.
-Yo tampoco.
-Ni yo.
Respondieron sus colegas. Bennet continuó.
-Si se sirvieron de un explosivo, deben de haber utilizado un explosivo que desconozco. Hallé una escoba y otros utensilios de limpieza en la sala del cofre lo cual indica que los intrusos se empeñaron en borrar todos los rastros.
-Pero ¿Y las cámaras de vigilancia? ¡Deben de haber registrado algo!.
-Las cintas fueron sutilizadas durante nuestro desvanecimiento- se lamentó Bennet.Kryshul D'Naihotep salió a la calle y levantó la vista hacia el techo de la casa. En lo alto vio los accesos de aireación y de aire acondicionado. Prácticamente inaccesibles a menos de estar equipado con instrumentos de alpinista profesional o ser gato, o cabra. O a menos de poder volar. La puerta del patio trasero daba a una callejuela de unos tres metros de ancho. Del otro lado de la callejuela, un bosquecillo. Había allí árboles suficientemente altos como para permitir a un franco tirador disimularse y apuntar hacia el patio. Con sus asistentes inspeccionó el bosquecillo, la callejuela trasera y el interior de la casa sin éxito.
*****
La persona que robó el Metal de Hali debía de ser o un coleccionista o alguien que sepa como emplearlo, y esta segunda opción le pareció la más interesante. En los años 30 un químico miembro de la logia había estudiado el extraño metal y le había descubierto propiedades físicas y químicas increíbles, pero jamás nadie supo hallarle aplicación. Entonces recordó una historia peculiar que oyó hacía años. Se dice que había en el norte de Inglaterra una familia poseedora de un documento raro en donde, entre otras cosas era cuestión de dicho metal. Documento que según ciertos rumores no venía de este mundo. La existencia de este documento habría llegado hasta los oídos de Hittler, quien habría enviado una operación comando a que lo robe. ¿Donde había oído esta historia? -¡Aaaaaaah! ¡Ya me acuerdo! ¡El viejo Morton!.
El viejo Morton, antiguo vecino suyo, tenía 19 años en 1943, año en que entró a la Royal Army como suboficial de reserva y el conocía esa historia por haber estado allí cuando aconteció. Unos paisanos aterrorizados llegaron corriendo a la caserna donde estaba de guardia dando voces de alarma que los alemanes habían desembarcado y atacado una propiedad privada a varios kilómetros de allí. Tras recordar el hospicio a donde se había retirado, se puso en contacto con el y se fue a rendirle visita sin perder más tiempo.*****
-Todo había terminado cuando llegamos- decía el anciano con su voz temblorosa por la edad. Los propietarios (una pareja de ancianos ya) y el personal doméstico, todos muertos, no dejaron ni uno vivo. En cuanto a los alemanes nadie sabe lo que pasó exactamente pero muertos también. Aunque hay quienes afirman que hubo uno que logró escaparse y llegar hasta la costa donde habían disimulado botes neumáticos, llevando consigo cierto objeto. Los demás todos muertos..si señor..salvo uno. A uno lo capturamos vivo pero estaba en un estado lamentable, había perdido completamente la razón y no hacía más que vociferar palabras inteligibles, estallar a carcajadas y babear. ¡Los Enterrados del Sótano! ¡Los Enterrados del Sótano! Eso es lo único que logramos comprender de su griteríos.
-¿Sabe usted donde queda exactamente esa propiedad? ¿Conoce el nombre de la familia a quien pertenecía?
-Se exactamente donde queda, aún sigue allí. En cuanto a los propietarios, si mal no recuerdo, creo que se llamaban*****
-Venga a verme el miércoles próximo a esta misma hora. Le había dicho el señor Dogon a Joseph el día de su primera entrevista y a dicha cita acudía ahora. Tocó el timbre y esta vez fue atendido por una sublime mujer que se presentó como Lavinia Whateley, la Prometida del barón Dogon. Durante unos instantes, Joseph no dijo nada y quedó obnubilado ante el extraño encanto de Lavinia. De extrema elegancia, Lavinia era a la vez bella y tenebrosa. Más tarde Curwen notaría que se expresaba en un inglés con ligero acento y cargado de ciertos arcaísmos.
-El señor Dogon está convaleciente hoy. Pero no se vaya por favor, voy a ver si se siente en condiciones de recibirlo- Lavinia le invitó a entrar al vestíbulo mientras iba a ver a Dogon. Minutos después regresó invitándole a pasar al salón donde se hallaba Dogon, vestido con un salto de cama. En un sofá cercano se hallaba un hombre a quien Dogon presentó como el señor Ludwig Prymm.
-Discúlpeme que lo reciba en este estado, caballero Curwen, es que he cogido un enfriamiento repentino accidente estúpido, me caí en el Támesis -Espero que se mejore pronto- le dijo Curwen mientras miraba discretamente a Lavinia, sentada al lado de Dogon. Había algo en ella que lo atraía y no podía despegarle los ojos.
-Quédese tranquilo, ahora voy mucho mejor. Cuénteme un poco de sus indagaciones.
Curwen le hizo un breve resumen de su diálogo con Kryshul D'Naihotep, pero no le dijo nada sobre las conversaciones telefónicas que había tenido con el profesor Armitage y el detective en estos días. Fiel a su promesa, tampoco nombró a Lady Margareth.
-¿Y usted Baron Dogon? ¿Nada nuevo de su lado?
-No, desgraciadamente lo poco que pude investigar no me proporcionó ningún nuevo dato ¿Desea usted quedarse a cenar con nosotros?
-Le agradezco sinceramente, pero ya estoy invitado a una cena de negocios.
-En ese caso, será para una próxima ocasión.
-Con mucho gusto.
Dicho esto, se despidió de los tres y se marchó a la cena que tenía pendiente. Durante todo el camino no dejó de pensar en Lavinia. Había algo en ella que lo atraía, la deseaba y por momentos se sorprendía sintiendo una cierta envidia hacia Dogon.*****
-Es muy astuto ese Curwen. No nos dice todo lo que sabe y nos esconde lo esencial. No confía del todo en ti, Dogon- decía Lavinia durante la cena.
-Ya me di cuenta. Tarda un par de segundos antes de responder a ciertas de mis preguntas. Eso quiere decir que duda, que reflexiona antes sobre lo que va a decir.
-Yo pienso que es un personaje que debemos estudiarlo de cerca. El profesor Armitage y el son tal vez los únicos que nos pueden conducir hasta Hee Hoo- Opinó Ludwig Prymm a su vez -Dijo que esta noche estaba de cena- Continuó- Tal vez debería pasar por su hotel y tratar de obtener información sobre él de parte de los empleados. Ya tuvisteis la oportunidad de apreciar mis aptitudes para ello.
-¡Por supuesto que sí! ¡Mucho nos has impresionado la otra vez con tu visita a la Logia de ese D'Naihotep! ¡Toda la información que pudiste sacarle a esos pobrecillos sin que se den cuenta!
-Yo misma estoy impresionada- Continuó Lavinia- con la eficacia de la cual hemos hecho prueba los tres. Aún así, Dogon, pienso que has arriesgado demasiado ¿Te das cuenta que podrías haber muerto? El conjuro que utilizaste contra el maleante ese te consumió casi la mitad de tus fuerzas. Como si eso no te hubiera alcanzado, se te ocurrió operar esa transformación inmediatamente después para acabar con el resto de la banda, transformación que exige también mucha energía. ¡Al día siguiente oficiaste el ritual para hacerme venir! ¡Podrías haber tomado un día de descanso para recuperarte y hacerlo a la noche siguiente!
¡No ha de extrañarse que hayas estado enfermo todos estos días!
-Es que no podía esperar más, mi Ángel de las tinieblas, ardía de impaciencia por verte. Y, al fin y al cabo, agradezco el pequeño percance de Wandsworth. Pues sin sacrificio el ritual habría sido más largo, complicado y agotador. Pero por suerte para mí y por desgracia para ellos, estos imbéciles se cruzaron en mi camino. Recién cuando sentí en mi boca el agridulce y cálido sabor de la sangre del primero que cayó entre mis zarpas (sangre de mediocre calidad, debo decir, a causa de ese gustillo a marihuana, éxtasi y pegamento) se me ocurrió emplear a estos estúpidos como víctimas propiciatorias y adelantar un poco las cosas.
-Tiene razón Dogon, Lavinia- Intervino Ludwig- El ritual de sacrificio nos permitió abreviar el ritual que te hizo volver entre los nuestros.
-Si, si, de acuerdo- respondió Lavinia a mitad resignada- Pero no olvidéis que inmediatamente después realizamos la incursión a lo de Don D'Naihotep, sabiendo que Dogon no estaba recuperado del todo aún ¡Podrías haber muerto!- repitió.
-Podría haber muerto, efectivamente. Pero no morí, heme aquí vivito y coleando nada más que para ti. Dime Ludwig ¿Qué novedades tienes para el simposio?
-Dentro de cinco noches, en un lugar que os confirmaré luego. En cuanto termine de cenar, iré al hotel de Curwen.
-Te acompañaré- Dijo Lavinia.
© 2005