CAP.VI- CRONICAS DE DARKESTSHIRE

Luego de su primera entrevista con su cliente de la BBC, Joseph Curwen tomó un taxi e indicó al chofer la dirección en el barrio de Kensington que Mr Dogon le había dado.
Una vez frente a la residencia de Earl's Court Road tocó el timbre y, en vez de ser recibido por un mayordomo como se había imaginado, lo atendió un hombre sonriente que se presentó como el Barón Dogon.
-¡Ah! Usted debe de ser el señor Curwen ¿verdad? ¡Que placer recibirlo en mi humilde morada! ¡No se imagina cuanto aprecio lo que usted hace! ¡Esas magnificas emisiones que codirige en la televisión! ¡Que bueno saber que esa basura catódica que es la TV-realidad no se lo ha comido todo aún! ¡Y sus críticas artísticas, siempre tan objetivas y constructivas!
Le decía Dogon mientras lo conducía al salón.
-Le agradezco mucho sus afables palabras, señor Dogon. En cuanto a mis críticas, no todos piensan como usted, desafortunadamente. Le respondió el señor Curwen y en ese momento entraron al salón.
Este era una especiosa sala delicadamente amueblada con piezas en madera roja de Pernambuco. En el centro de la sala se lucía una alfombra Iraní que debía haber sido hecha a mano y contra una de las paredes, una imponente biblioteca que, según calculó Curwen, debía andar en más de 10000 volúmenes. Contra las otras paredes habían cuadros y vitrinas que exponían objetos de porcelana (dinastía Ming, calculaba Curwen), viejos instrumentos científicos y sobre una pequeña mesa en una esquina, lo que debía de ser la réplica de un busto griego policromado, a juzgar por las inscripciones de su pedestal.
-Siéntese, haga como si estuviera en su casa. ¿Desea tomar algo?
-Un bloody Mary no estaría mal.
-Estupendo. ¡Rees! Dos Bloody Mary, por favor. Realmente, aún me cuesta creer que aquí, en mi casa y frente a mis propios ojos tengo al mismísimo señor Curwen!
-¡Oh! ¡Señor Dogon! ¡Usted exagera! ¡Me va a hacer enrojecer! Pero dígame, si no le resulta indiscreto, por lo que me enteré, lleva el título de Barón…
-Así es.
-Es más, he notado que su título completo es Barón de Darkestshire.
-¡Ah! ¡Esa! ¡Hahahaha ha ha haah!
Dogon comenzó a reír con una carcajada que Curwen halló extrañamente contagiosa y antes que pudiese darse cuenta el también se estaba riendo.
-Definitivamente- volvió a tomar Dogon- esa mala reputación nos perseguirá siempre. ¿Usted sabe, Mr. Curwen? Nuestra familia siempre fue muy próspera y sin quererlo, siempre levantó alrededor suyo una espesa polvadera de envidia. ¡Que es lo que no se ha dicho acerca de los Ogdonson! En otros tiempos los Ogdonson poseyeron numerosas tierras y la negra leyenda pretende que en cuanto ponían los pies en un lugar, este se convertía sistemáticamente en el Darkest of all the Shires (el más oscuro de todos los condados). Darkestshire es pues el nombre que le dieron los miembros envidiosos de la corte a cada una de las posesiones de mi familia. Hoy en día no nos queda nada de nuestras tierras de antaño, salvo unas cuantas hectáreas en Northumbria y en el sur de Escocia.
-¡Usted sabe Dogon! ¡La gente es así, que podemos hacer! ¡La envidia es tan o más vieja que la prostitución! ¡Hasta me atrevería a decir que ya existía en tiempos del Homo Erectus! Pero no tenga cuidado sobre lo que dice la gente, bien dice el dicho: nadie ladra sobre un perro muerto.
-Tiene sin duda razón y la verdad que me gusta mucho su réplica. Pero dígame, Don Curwen, no creo que haya venido a verme para hablar de mí. Sin duda viene a verme por la desaparición de nuestro amigo común, Hee Hoo.
Curwen pensó cuidadosamente lo que iba a decir antes de hablar.

-En efecto. El 11 de febrero fue visto por última vez y nadie ha vuelto a tener noticias de él. Todo indica que tenía planeado ausentarse un tiempo no muy prolongado -dos semanas como mucho- Pareciera que algo lo hubiera retenido luego en donde quiera que haya ido. Si no es que le sucedió algo antes de llegar a destinación. Sabemos que se había lanzado en una serie de investigaciones folclóricas y que poco a poco se fue desviando de su tema de estudio inicial por motivos oscuros. Las pistas que hemos seguido tienden a confirmar que el viaje que tenía planeado realizar estaba ligado a sus investigaciones, y es aquí donde esperamos que usted pueda talvez ayudarnos.
-En efecto, pienso poseer ciertos datos que podrían ayudarles. Si, estaba al tanto de sus investigaciones últimas y sabía que -vaya uno a saber como- terminó desviando su campo de estudios inicial al terreno de ciertos ciclos mitológicos que los entendidos llaman folclore apócrifo. Pero no creo que les aporte nada nuevo con esto. Venía a verme cada vez que venía a hacer observaciones sobre los innumerables sitios megalíticos que abundan en esta isla. Solía quedarse unos días en mi casa y aprovechaba para consultar ciertos documentos que guardo en mi biblioteca. Un buen día empezó a interesarse por un ancestro mío, Earl [1] Ogdonson. Me preguntó, en estos términos, cuáles habían sido sus fuentes. Pues a este antepasado mío se le atribuyen varios trabajos de recopilación sobre viejas leyendas que entrarían dentro de la categoría del Folclore Apócrifo.
Bueno, los cuentos difamatorios pretenden además que Earl Richard Ogdonson era un brujo. Pretenden mismo que tenía comercio con ciertas entidades conocidas como los Grandes Antiguos y con otros seres que los irlandeses supersticiosos (pues el Rey le concedió varios feudos en Irlanda) asimilaban tontamente al pequeño pueblo. Es verdad que mi ancestro realizó varias recopilaciones folclóricas pero con un interés puramente erudito. ¡De ahí a creer en lo demás y en la presunta existencia de esos Antiguos ! ¡Por favor!
-Si -asintió Curwen- la verdad que eso ya es ridículo.
-¿Verdad que si? En realidad, mi ancestro era a la vez un erudito y un hombre de armas, muy apreciado por su Rey, Edward I Longshanks. Sus hazañas durante la última cruzada le valieron títulos y tierras. En 1291, tras la muerte de su primera esposa, deja a sus hijos mayores sus feudos de Northumbria y se instala en uno de los condados que el rey le había atribuido en Irlanda al regresar de las cruzadas. Poco tiempo después, se casa por segunda vez con la hija de un noble del oeste de la isla. Este casamiento fue en realidad de suma importancia estratégica. Los anglo-normandos se apoderaron de Irlanda en el siglo XII y en el siglo XIII ya controlaban 75% del país, el 25% restante jamás pudieron conquistarlo. A ese cuarto se lo denominó pues la Irlanda Gaélica. Su futuro suegro era ya un hombre viejo y sin hijos varones por lo que, una vez fallecido, los Ogdonson heredarían sus tierras que se encontraban justamente en esa Irlanda Gaélica. Gracias pues a este matrimonio Inglaterra obtendría un enclave estratégico en esa zona, desde la cual podrían talvez lanzarse futuras campañas para completar la conquista de la isla.
Una vez concluido el matrimonio, mi ancestro se instaló pues en sus tierras recientemente heredadas y allí vivió apaciblemente durante varios años dedicándose, entre otras cosas, a las recopilaciones ya mencionadas. Pero desgraciadamente llegó el año 1297 y con el, nuevos rumores de guerra. Pues el rey Edward se preparaba a lanzarse contra los escoceses que, en sus numerosas incursiones, habían devastado los condados norteños de la Inglaterra (de las cuales sufrieron también algunos feudos de mi ancestro). Tan fiel a su soberano como siempre, tomó sus armas y tras organizar levas en sus respectivas posesiones, se encaminó a Escocia.
De hecho, mi ancestro murió gloriosamente en 1298 en la batalla de Falkirk y hay quienes afirman que feneció por mano del propio William Wallace. ¡Que personaje fuera de lo común ese William Wallace, también! ¿Sabía usted que, por lo que se dice, era un mastodonte de casi dos metros de alto? ¡Afirman incluso que su espada, hecha en una sola pieza, era un enorme mamotreto cuya hoja solamente medía 1,25 metro!
Hace varios meses le acompañé a mis propiedades en el norte para que pueda consultar los archivos de Earl R. Ogdonson. Allí es donde conservamos la mayor parte de los archivos familiares previos al año 1642. Le dejé copiar varios pasajes de los archivos. En especial las observaciones que había hecho sobre ciertos vestigios arqueológicos y ciertas ¿Cómo llamarles? Ciertas fórmulas, encantamientos que mi propio ancestro había recopilado de boca de lo que, según el, eran órdenes druídicas seculares que sobrevivieron a la cristianización pero que desde entonces debían mantener su existencia secreta. Aunque parece ser que ya en tiempos paganos dichas órdenes no eran muy bien vistas por las órdenes de druidas convencionales.
Confieso que aún así sus estudios me tenían intrigado. Lo que quiero decir, es que nunca entendí que es lo que buscaba exactamente, adonde quería llegar. Y usted señor Curwen ¿que es lo que sabe acerca de ello? Sin duda alguna Hee Hoo debe haberle hecho parte de algunas de sus conclusiones…
Nuevamente, Curwen optó por la prudencia. Iba a contarle lo que Hee Hoo había dicho en aquella velada y las conclusiones a las que habían llegado Armitage e Iranon, pero se retuvo.
-A decir verdad -respondió por fin- usted está más informado que yo en ese ámbito. Como le dije, todo lo que se es que empezó por un estudio de ciclos mitológicos célticos y germánicos y que, a medida que avanzaba, pretendía remontar a fuentes de más en más antiguas.
Por otra parte, dígame barón Dogon… ¿conoce usted a un tal Kryshul D'Naihotep?...
-¡Justamente pensaba hablarle de él! Ese Kryshul pretende ser heredero de una de las órdenes druídicas de las cuales hablaba mi ancestro. Tras haber consultado mis archivos Hee Hoo pensó que, a lo mejor, alguna de aquellas órdenes podría haber subsistido hasta nuestros días. Se puso entonces a rastrear los posibles remanentes y fue así como terminó cayendo sobre ese Kryshul D'Naihotep y su Logia del Solsticio de la Nueva Era.
Al principio se que le costó entrar en contacto con ellos. Luego logró establecer poco a poco una cierta relación de confianza y llegó incluso a entrevistarse varias veces con el líder. Hee Hoo me contó una vez que siempre lo recibía amablemente y que le había proporcionado un par de datos que buscaba, pero no realmente los que le hacían falta. La verdad que nunca me comentó que es lo que se habían dicho entre Kryshul y el pero, según me parece, Hee Hoo estaba convencido que Kryshul D'Naihotep poseía cierto objeto de cuya existencia deseaba cerciorarse. Sin duda alguna, esperaba que Kryshul se lo confirme de manera directa o indirecta.
-Usted nos proporciona una pista interesante, señor Dogon. ¿Tiene usted alguna idea de adonde se lo puede encontrar a ese D'Naihotep? Es imperativo que intente comunicarme con el.
-Le puedo proporcionar la dirección de la sede de su Logia. Pero por favor, sea prudente. Usted debe saber como son aquellas organizaciones esotéricas, que yo llamaría más bien sectas. Y ahora que lo pienso…¿Quién nos dice que Kryshul y su secta no sean responsables de la desaparición de nuestro amigo?...
-La verdad que esa idea no me gusta ni medio pero desgraciadamente, no podemos tampoco dejarla de costado…supongamos que ese objeto exista realmente, por más discreto que haya sido Hee Hoo, a la larga los sectarios habrían terminado por darse cuenta del interés que Hee Hoo le manifestaba. Temiendo que quisiera robárselos o que revelase su existencia, lo habrían eliminado. O quizás terminaron simplemente convirtiéndolo…es más… ¿y si Hee Hoo hubiera realmente tratado de robárselos?
-¡Noooo! -Exclamó Dogon- ¡Me extrañaría de el!
-A mi también señor Dogon pero, le puedo asegurar que nuestras pesquisas nos han revelado cantidad de cosas que jamás hubiéramos imaginado de el…Curwen se interrumpió de golpe al darse cuenta que estaba hablando demasiado.
Más tarde, cuando la entrevista con Dogon hubo terminado, regresó al hotel y se puso en contacto con Armitage e Iranon para comentarles las minutas de la reunión.

La verdad que Curwen se había hecho una opinión ambigua del barón. Por un lado lo encontraba la mar de agradable y simpático pero por el otro, había algo en el que le causaba un cierto malestar. Sobretodo, había un detalle que le molestaba en particular: cuando el barón se puso en un momento a reírse a carcajadas ¿porque lo había imitado? ¡Si no se había dicho nada de particularmente gracioso! Como si por un momento el barón hubiese ejercido cierta influencia sobre el - ¡Bah! ¡Trabajas demasiado!- se dijo- unas vacaciones no me vendrán mal- Aún así, se prometió redoblar su prudencia.

*****

Una vez solo, el barón Dogon se quedó pensativo varios minutos. Tomo luego su móvil y envió un mensaje escrito: CABINA
Varios minutos después recibió otro mensaje en respuesta al que había mandado diciendo: si, 45 minutos.
Tomó pues su Rover Montego gris y se dirigió hacia el sur, hacia el barrio de Wandsworth.

Una vez que llegó a su destino se introdujo en la cabina de donde solía pasar ciertas llamadas "confidenciales" y marcó el número de una cabina pública en Hamburgo.
-Hallo.
-Soy yo. El momento ha llegado. Algo está pasando y estoy seguro que en estos instantes se está produciendo un "despertar".
-Es lo que estaba sospechando desde hace tiempo ya. Lo he visto en las noticias, pero la gente no le da importancia, la gente no tiene la menor idea de lo que está sucediendo bajo sus propios pies y sobre sus mismas cabezas. En el Congo, en Turquía, en Virginia, en Vermont, en varios lugares más suceden cosas extrañas desde febrero e incluso antes pero los medios de comunicación no le dan importancia. Irak, Palestina & Israel, las futuras elecciones presidenciales en los Estados Unidos, el torneo Euro que se avecina, la Liga de Campeones, los nuevos miembros de la U.E. y la TV-realidad los tienen demasiado ocupados y creo que nos es ventajoso que así sean las cosas. Pero si algo esta realmente sucediendo es necesario que alguien lo haya provocado. Alguien debe de haber logrado liberarlos. ¡Espero que no hayas sido tú y que no me hayas dicho nada!
-No, no, tranquilízate. Yo creo que la profecía de Brenna se cumplió. Estad alertas por que la desgracia no vendrá por mano de aquel que procura provocarla, sino por mano del inocente, de aquel quien por su curiosidad excesiva les abrirá la puerta. Me refiero a Mister Hoover, Hee Hoo ¿recuerdas? Aquel profesor de la Miskatonic que venía siempre a consultar mis libros y hacerme preguntas sobre mis ancestros. Fíjate tú que hace ya un buen rato que ha desaparecido y por lo que se me comentó, se cree que sus indagaciones tienen que ver con ello. Todo esto lo se por que un amigo suyo que está de paso en Londres vino a verme para ver si podía proporcionarle pistas.
-¿Así que realmente crees que lo que los nuestros estuvieron intentando durante siglos sin lograrlo, aquel mequetrefe diplomado lo logró en un año?
-Estoy más que convencido.
-Realmente increíble. Debemos actuar rápido. Es importante saber en donde es que desapareció Hee Hoo porque allí será el epicentro de lo que se avecina. ¿Crees poder guardar contacto con ese amigo suyo y sacarle esa información?
-Tal vez, pero no será fácil. Traté de controlarlo e inducirlo a que largue lo que sabía pero no pude. Es muy astuto y para nada de mente débil. No me daré por vencido igualmente. Mientras tanto…creo que el momento de invocarla ha llegado. Es hora de desenterrarla
-La verdad que en eso no te apruebo…no sabemos si la encantación sigue activa luego de tantos siglos…y mismo si fuera el caso…¿sabemos como va a reaccionar?
-La encantación sigue activa, te lo digo yo. Está al corriente de todo. Desde mi adolescencia nos comunicamos en sueños. Conoce casi hasta las últimas chismerías de nuestros días.
-Bueno, si tu lo dices… ¿cuando procederás, entonces?
-Dentro de 2 o 3 noches talvez.
-Perfecto. Pienso que debemos organizar un simposio. Voy a estudiar la posición de los astros para los próximos días y el fin de semana te llamaré para darte el día y la hora…y para ver como te fue.
-Perfecto. Nos mantenemos al tanto
Al salir de la cabina Dogon vio una banda de jóvenes que iban en la misma dirección que el y oyó que le llamaban -¡Io man!

Ignoró por completo la interpelación y siguió su camino pero pocos instantes después oyó a sus espaldas la misma voz que le decía -¡Che fierita! ¡Danos un mango pa'tomar una birra!-
Dogon miró por encima de su hombro y con desdén le dijo al líder de la banda -Si quieren dinero, no tienen más que trabajar, parásitos- y siguió caminando. Pero dos segundos después oyó detrás de él un ¡clic! Esta vez se dio vuelta y vio al cabecilla que le apuntaba con una pistola automática.
-¿Qué te pasa, flaco? ¿Querés mierda?
Dogon replicó calmamente -La gente como ustedes son verdaderamente un cáncer para la sociedad. Mi abuelo solía decir curar al mal con su propio mal. ¡Que así sea!- Y pronunció una frase incomprensible. Entonces el rostro confiado y burlón del cabecilla se descompuso sin transición en una expresión de atroz sufrimiento más allá de lo humanamente soportable, mientras sus dedos se aflojaban dejando caer su arma. De su boca comenzó a salir una sustancia pútrida y semilíquida que evocaba carnes licuadas, y que no era otra cosa más que sus órganos digestivos devorados por un cáncer fulminante. Cuando sus camaradas se dieron cuenta de lo que sucedía pegaron un estridente alarido de pánico y emprendieron la huída. Pero era demasiado tarde para ellos, pues la transformación del barón había comenzado ya. Antes que hubiesen alcanzado la extremidad de la callejuela, lo que había sido Dogon era ahora una criatura que combinaba la forma humana con el cuerpo poderoso y grácil de quien sabe que género de carnicero. La abominable hibridación corría detrás del grupo que se dispersaba y no tardaría en alcanzarlos uno a uno.

*****

-Tome Rees, amigo mío- decía el barón una vez que regresó a su casa y mientras entregaba al mayordomo un bulto envuelto en papel de diario.- tenga la amabilidad de darle esto a Mrs Hopkins y pedirle que me prepare un kidney pie.


[1] Earl; Antiguo título de nobleza anglo-sajón, que deriva de la palabra sajona Eoldorman. El Earl gobernaba entre uno y varios condados en los cuales cumplía una función de Virrey. Tenía a cargo la administración de los mismos y, en tiempos bélicos, le incumbía organizar la leva de tropas en su/s condados/s y dirigirlas.
Junto a los Athelings (príncipes), los obispos y arzobispos, los Earls formaban parte del Witan o Consejo de Líderes.

 

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