CAP.IV – LA SIMIENTE DEL INNOMBRABLE

 

odo estaba en perfecto orden cuando Armitage e Iranon entraron en el despacho de Hee Hoo.

Era una pieza de unos diez o doce metros cuadrados repleta de estanterías y alguna que otra cajonera de metal, donde Hee Hoo solía archivar papeles y disquetes.

Contra una de las paredes, en donde había un ventanal, se hallaban un escritorio rústico, una pequeña mesa con un PC y una mesa de dibujante. Sobre el escritorio reposaban dos carpetas y algunos libros prolijamente alineados contra la pared.

En cuanto a las estanterías, estaban todas cargadas de libros, carpetas y antiguas piezas dignas de un museo impecablemente etiquetadas. Iranon echó un vistazo a algunas de ellas: Collar de obsidiana y esteatita verde cimeriano, Valle del Danubio - Austria siglo VII AC, Cerámica micénica, Peloponeso - Grecia, Edad de Bronce circa 1100 AC, Spatha romana, Sevilla - España, circa 25 AC, estatuilla esculpida en cuerno de ciervo, cultura Vendel Goteborg - Suecia siglo V de nuestra era.

El profesor y el detective se pusieron inmediatamente a la obra en busca de cualquier indicio que pudiera ayudarles a resolver el enigma. Armitage fue inmediatamente al escritorio y tras ojear rápidamente las carpetas, concentró su atención sobre los libros. Algunos títulos como The Magic of the ancient Scotts and Gaels (La Magia de los antiguos Scotts y Gaeles) o Los Altos Sitios y su misterio no le llamaron la atención puesto que de una manera u otra estaban ligados con su profesión. En cambio, la presencia de algunos tomos de paleontología como La explosión de la vida en el Cámbrico Medio y Wonderful life: The Burgess Shale and the Nature of History le dejaron perplejo ya que, a su entender, nada tenía que ver con su ciencia.

Armitage observó que Hee Hoo había marcado una página en particular en uno de los libros de paleontología. Al abrir la obra en dicha página notó con más asombro aún que había englobado con rojo la ilustración de una antigua forma de vida que por nombre llevaba Halucigenia. Al pie de la imagen Hee Hoo había anotado a la mano Madre portadora.

Distintas reconstrucciones de Halucegenia

Armitage estaba ensimismado en sus reflexiones cuando oyó a Iranon que lo llamaba mientras apoyaba sobre el escritorio una gran caja de cartón.

 

- Debería ver esto profesor - le dijo - está lleno de libros, papeles, disquetes, cintas video y fotos, y creo que está todo relacionado con sus «investigaciones». Ambos se pusieron a vaciar cuidadosamente el contenido. - ¡Aja! creo que aquí tenemos la famosa primicia que le obsequió ese Dogon - dijo el detective mientras tendía al profesor un libro con tapas forradas en terciopelo negro, abierto en la primera plana.

El libro llevaba por título Forbidden Æeons (Eones prohibidos) escrito en MDCIV por un tal Joseph Bannock. En la misma primera plana, por debajo del título, el profesor observó que había una escritura manuscrita: Para mi amigo Mr Herman Hoover, Hee Hoo, esta exclusividad antes de su edición. Dedicado con aprecio de Dogon.

Armitage puso de lado el volumen para estudiarlo con detalle luego y siguió revisando el resto del contenido. Poco después se topó con un grueso volumen en tapas de cuero fino y, tras leer la primera plana exclamó:

 

- ¡No! ¡No me digas que se atrevió a publicarlo!

- ¿Que? - Preguntó Iranon levantando la cabeza.

- Esto - respondió el profesor mientras le mostraba la primera plana del volumen que rezaba:

Necronomicón - Traducción del Doctor John Dee - Publicación limitada y exclusiva de Ogdonson Editions & trade.

- Ahora comprendo porque no insistió Hee Hoo aquella vez que le negué el Necronomicón. Porque sabía que en el peor de los casos, no tenía más que procurarse un ejemplar.

El profesor se puso entonces a estudiar el material contenido en el cartón. Iranon de su lado se sentó frente a la computadora y mientras ésta se ponía en marcha sacó de su maletín un par de disquetes que contenían diversos hackers y programas que le permitirían de acceder a los ficheros confidenciales y recuperar mensajes borrados.

Una vez que la computadora se puso en marcha, ingresó a la cuenta de Hee Hoo utilizando los datos que el ingeniero Funes le había facilitado.

 

- Nombre de usuario: hoovehe... Contraseña: Ivana ... ¡Ah! ¡Pobre Hee! - se decía a sí mismo - hay amores que se olvidan difícilmente ¿verdad? ¿Que como lo sé? ¡Vamos hombre, no por nada soy detective! El otro día la estuve interrogando y... creo que le hice buena impresión... ¡Que trabajo más apasionante tiene usted señor Iranon! me dijo, y después, cuando me pidió con ese tono meloso por favor, téngame al tanto de sus investigaciones, tenga, mi número de móvil... ¿sabes Hee? es una ocasión única, sería una lástima no aporvecharla... ¡ah no Hee Hoo! ¡No hay reproche que valga, tú ya tuviste tu oportunidad, ahora me toca a mí! ¡Que el mejor gane!...

La verdad que Iranon empezaba a encarar seriamente la cosa aunque, por otro lado, le parecía muy jovenzuela la doncella - hasta diría que todavía es virgen - pensó, y eso le hizo cambiar rotundamente de opinión ya que le rememoró lo que decían los hermanos Wayan en la película Scary Moovie:

 

Regla Número Uno para sobrevivir en una película de terror (o cuento de terror en este caso): Nada de sexo con Vírgenes...

Mientras el Señor Iranon de Aira buscaba indicios en el PC de Hee Hoo el profesor Armitage se había entregado a la lectura de los papeles y libros de Hee Hoo, la cual lo sumergió en un universo aterrador lleno de revelaciones insanas. Al abrir y ojear con más detalle el libro intitulado Forbidden Æons encontró al interior un trozo de papel en el cual el desaparecido había traducido del viejo inglés al castellano cierto pasaje del capítulo segundo (cuyo título es La Simiente del Innombrable). He aquí el texto tal como aparecía en la traducción:

 

Antes que el Innombrable fuese confinado a su prisión de la oscura Hali, del lado de las Pléyades, él recorría libremente las dimensiones del espacio y del tiempo. Y aconteció que sus vagabundeos lo condujeron hasta nuestro planeta Tierra. Entonces el Innombrable vio cuan prolífica y abundante era en aquellos tiempos la vida bajo las aguas de nuestros mares, y ello le gustó. Tanto le gustó que decidió plantar su simiente en nuestro mundo y buscó entre la infinidad de seres que poblaran entonces nuestros mares aquel que pudiera servirle de madre portadora y en el cual plantare su semilla de la que nacería el genitor de su estirpe.

El profesor asoció inmediatamente lo que acababa de leer con la ilustración que Hee Hoo había seleccionado en el libro de paleontología y comenzó a temer lo peor. ¿Su amigo había realmente creído lo que afirmaba este Sir Joseph Bannock, que otrora había existido una raza de seres generados por el apareamiento de una entidad sobrenatural con una antigua forma de vida animal? Es más, ¿Creía realmente haber hallado la antigua forma de vida a partir de la cual esa entidad había fundado su estirpe? La imagen en el libro de paleontología, las extrañas aseveraciones pronunciadas aquella noche en lo de Sir J. Curwen bajo efecto del alcohol, la lectura del Necronomicón... todo parecía indicar que sí pero ¿es que él solo se había auto convencido de todo ello? Armitage pensaba ahora como Iranon, que detrás de este embrollo había posiblemente sectas esotéricas que se autoproclamaban herederas de un culto secular y prehumano.

Halló luego en una de las carpetas que Hee Hoo había dejado sobre el escritorio otro pasaje traducido que correspondía al capítulo final del mismo libro. Así decía el pasaje en cuestión.

 

Escasos y nulos son los vestigios que quedan hoy de aquellos tiempos inmemorables, de aquellos eones prohibidos al ojo de hombre. Las cuatro esplendorosas ciudades que edificó la estirpe del Innombrable han sido borradas de la superficie del Globo, como si se hubieran tratado de tumores malignos que la propia Madre Tierra habría querido extirpar. Los vestigios que he visto bajo insondables profundidades de Capadocia y de Inishmore corresponden ya a una fase terminal y decadente. Aún así, guardo esperanza en cuanto a lo que pienso descubrir en África Ecuatorial, y tengo la íntima convicción que en alguna parte de lo que hoy es el nuevo mundo las ruinas de la Nueva Hykhtheron aguardan pacientemente a que las descubra. Mientras tanto, la gloria pasada de los Antiguos y de aquellos que Ellos engendraron parece estar condenada al olvido y a la desaparición.

¡Incluso la gloriosa R’lyeh, que duerme ahora bajo las aguas del océano parece tener sus días contados! Varias veces he comunicado en sueños con aquellos que moran en las profundidades y me afirman que el suelo oceánico no es fijo ni permanente. Según me dicen, este se renueva constantemente muy por debajo de las aguas en el centro de nuestros océanos. Los fragmentos nuevamente formados empujan a los más viejos por debajo de los continentes donde funden y desaparecen. Así sucederá algún día con la inmemorial R’lyeh y con aquel que en ella mora, cuando el viejo suelo oceánico que durante tantos eones sostuvo sus cimientos la arrastre consigo a las profundidades de la tierra en donde fundirán y para siempre se desvanecerán.

Pero olvidado no significa muerto ¿Acaso, no lo afirmó el Yemenita? él escribió:

Que no está muerto lo que yace eternamente y con los evos extraños aún la Muerte puede morir.

La memoria de los Grandes Antiguos no se ha extinguido aún. En los lugares solitarios las palabras son aún pronunciadas por aquellos que los conocieron en sueños y que en sueños concluyeron alianzas con Ellos. La voz de la estirpe del Innombrable no ha callado del todo. Sus últimos representantes se han marchado ya, pero la voz de sus espíritus puede aún oírse durante los equinoccios, en Lammass, en la noche de Walpurgis y durante las fiestas de Beltane en los sitios donde antes moraron. En las colinas, en los páramos y en los bosques de las regiones inhóspitas e inexploradas se oye aún la voz zumbante de sus antiguos aliados, los visitantes fungoideos de Yuggoth.

Tarde o temprano, el día llegará en que yo, Sir Joseph Bannock, hijo de Sir Nathanael Bannock y de Lady Annabella Melville, quebraré la condena que Deirdre y Brenna pronunciaron hace tiempo en la lengua de los gaeles y restableceré la Estirpe del Innombrable en el esplendor de su gloria pasada

El profesor se dio cuenta que su frente estaba empapada de sudor cuando terminó de leer ese pasaje. El texto contenía un detalle que, en su momento, lo halló sumamente inquietante: ¿Cómo era posible que alguien contemporáneo a Shakespeare hablara en términos tan claros y precisos de un descubrimiento relativamente tan reciente como las Placas Tectónicas? Armitage trató de aferrarse a la primera explicación lógica que se le pudiera ocurrir, y pensó que sin duda Sir Joseph Bannock se habría informado a partir de algún autor de la Grecia Antigua hoy en día olvidado. Después de todo, ¿por qué no? ¿Cuántas veces le habló Hee Hoo de los descubrimientos asombrosos que habían efectuado los griegos de la antigüedad? ¿Acaso Demócrito no había descubierto el átomo hace más de 2500 años? ¿Eratóstenes no había ya medido con una precisión increíble la circunferencia de la tierra 240 años antes de la era cristiana? ¡El mismo sistema heliocéntrico ya había sido planteado 1200 años antes de Copérnico! ¿Y aquella griega de Alejandría, hija de un eminente matemático, que inventó el astrolabio casi mil años antes que los árabes lo introdujeran en Europa? ¿Y el primer reloj hidráulico, no se construyó acaso en Atenas en el siglo II AC? ¿Y qué decir de aquel filósofo cuyo nombre no recordaba pero que, según Hee Hoo, había deducido la existencia de un gran continente alrededor del polo austral para equilibrar la concentración de tantas masas continentales en le hemisferio norte? ¡Antes que ningún Europeo viaje al hemisferio Austral no solo había deducido que le hemisferio norte era mayoritariamente continental y el hemisferio sur mayoritariamente marítimo, sino que además había adivinado la existencia de la Antártida! ¿Pues qué? con semejantes antecedentes ¡No sería asombroso que alguien hubiese ya planteado en aquel entonces las Placas Tectónicas o un modelo similar!

Aunque esta hipótesis no le había convencido del todo, Armitage prefirió contentarse con dicha explicación antes de aceptar las presuntas fuentes de Sir J. Bannock...

Una vez aclarada esta primera duda (de manera artificiosa, por cierto) Armitage se preguntó si su amigo y colega no habría viajado a uno de los sitios mencionados por Bannock, es decir, Inishmore (¿dónde quedaba eso?), Capadocia o algún lugar de África Ecuatorial o de las Américas.

Dio vuelta a la hoja en la misma carpeta y halló unos textos en gaélico que Hee Hoo había trascrito y luego traducido. Cuando apenas hubo comenzado la lectura de esos documentos, oyó Iranon que lo llamaba.

 

- ¡Venga a ver esto que es urgente! ¡Parece que ya tenemos una idea de adonde se marchó Hee Hoo!

 

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