CAP. II - ENIGMA GEOMÉTRICO

l profesor Armitage estaba ya instalado en un rincón solitario del restaurante docente de la Universidad Miskatonic cuando llegó Iranon. Ambos hombres se saludaron y tras hacer el pedido intercambiaron sus impresiones sobre el extraño caso.

El Profesor Armitage empezó primero:

- Obtuve, como había prometido, la lista de todos las llamadas que hubo desde y hacia su teléfono de la Universidad en los últimos tres meses. Casi todos son llamadas corrientes y ninguno tiene, en apariencia, nada de excepcional. Son llamadas que siempre hace en el ámbito de su trabajo tanto de docente como en el ámbito de sus investigaciones. Investigaciones siempre hizo, así que haría falta determinar cuáles son las llamadas que corresponden a las últimas suyas, sobre las que hay tanto misterio.

- Discúlpeme Profesor, pero olvidé hacerle una pregunta fundamental: ¿que titulación tenía el Señor He?

- El profesor He es Doctor en estudios Indo-Europeos y tiene a cargo la enseñanza de varias asignaturas: Lenguas celtas, historia de la filosofía y la ciencia en la antigua Grecia y Roma, Sánscrito, Runologia e Introducción a las civilizaciones eslavas. Hace más de un año empezó a interesarse en lo que llamaba los Pueblos Viejos de Europa. Así denominaba a todas aquellas civilizaciones que florecieron en Europa entre el mesolítico-neolítico y las postrimerías de la edad de bronce. Entre estos se interesaba particularmente por las civilizaciones de los túmulos y de los campos de urnas, pero más que nada a la civilización de los monumentos megalíticos. Hasta hace cinco o seis meses le gustaba comentarme las conclusiones que iba sacando a medida que sus estudios de campo y sus investigaciones avanzaban. Pero un buen día dejó de hablar del asunto y empezó a guardar el silencio más absoluto, como si hubiese descubierto algo especial o hubiese decidido conducir sus investigaciones futuras en una dirección particular.

- Si dejó de hablar del tema, fue tal vez porque abandonó sus famosas investigaciones ¿no? - opinó Iranon de Aira.

- No. Fue a partir de entonces cuando empezó a dedicarles más energía que nunca. Lo veía siempre ir y venir a su despacho cargado con toda clase de documentos. Empezó a multiplicar sus viajes, a Carnac, Stonehenge y otros sitios. También multiplicó sus llamadas telefónicas solo que... lo sorprendí muchas veces llamando desde cabinas públicas del rencinto universitario en vez de llamar desde su despacho. Como si quisiera que nadie se enterase de a quien estaba llamando. Pero, lo que más me extrañó de todo este asunto, es que me pidió unas cuantas veces autorización para que le dejara consultar el Necronomicón. Es un libro que fue escrito en el siglo VII de nuestra era por un Yemenita completamente loco. Este volumen pretende contener revelaciones que volverían loco a todo aquel que lo leyese del principio al fin. Es verdad que, de tomar en serio todo lo que dice, uno podría perder la razón. Es por ello que, a pesar que no doy fe en lo que dice, prefiero conservarlo bajo llave. Solo unas pocas personas saben que poseo un ejemplar.

- Entre ellos He, supongo.

- Exacto. Jamás dejo consultarlo a nadie sin que antes me haya presentado, por escrito, motivos válidos. La primera vez, He me explicó que había un pasaje en el libro donde era cuestión de "erguir piedras" para ciertos rituales y que creía haber hallado cierta similitud entre las instrucciones que daba el libro y la disposición de ciertos círculos de menhires, así que accedí a su solicitud. Me pidió consultar une segunda vez al Necronomicón pero en aquel entonces ya había empezado a callar sobre sus investigaciones y como esta vez fue además incapaz de presentarme motivos válidos para dejarlo que lo consulte, me vi obligado de negárselo.

- ¿Tan terrible es ese libro como para que tenga que guardarlo en secreto?

- Créalo o no, señor Iranon, hubo miles de casos de gente que se volvió loco por haber leído tan solo un pasaje del maldito volumen. Pero, ¿por qué no me cuenta usted un poco lo que averiguó?

- Como le dije, luego de indagar sus cuentas bancarias y sus líneas de teléfono, fui a ver a sus parientes. Su madre, que es una protestante creyente y practicante – sin llegar al fanatismo - me confesó que últimamente He andaba en cosas que ella calificó de medio satánicas. Luego me acompaño a visitar la casa del desaparecido y constaté que había cerrado las llaves generales del agua y del gas. Había también desconectado los fusibles de la luz. Su madre me explicó que siempre hacía esto cuando se iba de viaje para evitar todo riesgo. No obstante, cuando me mostró el tablero de fusibles me hizo notar que el fusible correspondiente al enchufe donde está su nevera seguía conectado. Me explicó que nunca deja la nevera funcionando, cuando se ausenta más de dos semanas. En ese caso consume antes todos los alimentos perecederos porque no está seguro que estén todavía buenos a su regreso, y desconecta luego todos los fusibles, incluso el de la nevera.

Cuando vi que el auto de He se encontraba en el garaje de su casa descarté la hipótesis que haya viajado. Pero la madre me explicó que cuando viajaba iba al aeropuerto o a la estación ferroviaria en taxi o metro, porque el aparcamiento le costaba muy caro

Luego me dejó el terreno libre para que pueda revisar a gusto su casa.

En cuanto a sus líneas telefónicas, aunque todavía no logré identificar todos los números que aparecen en las listas he llegado casi a la misma conclusión que usted. Hasta ahora los números que he podido identificar por diversos medios, pertenecen a amigos y parientes, a instituciones y empresas tanto públicas como privadas. He hallado no obstante dos o tres llamadss al extranjero que me resultaron curiosos. Dos a Inglaterra y otra a Irlanda.

Dos de ellas (una de Brighton y otra de Dublín) pertenecen a una tal Lady Margaret Trevor.

- ¿Lady Margareth Trevor? Ya he oído hablar de ella. Es una pintora y escultora abstracta de cierto renombre.

- Curioso. ¿Cree usted que se trata de alguna relación personal, o tiene que ver más bien con sus "investigaciones?

- La verdad que lo ignoro - respondió Armitage.

- Y luego, como le dije, había un segundo número desde Inglaterra y tras mucho buscar, resulta que se trata del observatorio astronómico de Greenwich…

- Eso no me extraña en absoluto. Se sabe que muchos sitios megalíticos tienen un significado astronómico. El ciclo lunar, el solsticio de verano, la posición de ciertas constelaciones.

- Si, eso ya lo sabía y se me ocurrió que podría ser una pista interesante, porque a lo mejor estaba buscando datos astronómicos sobre algún sitio megalítico en particular. Aquel donde pensaba dirigirse, tal vez. Así que estaba pensando contactar a Greenwich y tratar de averiguar qué es lo que He estaba buscando allí, cuando un pequeño detalle de último minuto pareció darme la respuesta…Ya había recorrido toda la casa en busca de indicios y se me ocurrió que una última revisión antes de irme no estaría de más. Al pasar por la cocina vi sobre la puerta del congelador unos papeles sujetados a la misma con pequeños imanes a los cuales no había dado importancia antes. Esta vez se me ocurrió echar un vistazo por las dudas. Eran todos tickets y listas de compras pero, en el dorso de una de ellas, me encontré con un croquis muy interesante, aparentemente de la mano del propio Hee Hoo. Parece ser una especie de enigma geométrico o algo así, vea y juzgue usted mismo.

Iranon sacó entonces de su portafolio un papel que exhibía el siguiente gráfico:

 

- En efecto - dijo el profesor - parece que Hee Hoo estaba tratando de calcular la sombra que proyectaría cierto menhir al recibir los rayos de sol en un ángulo determinado, o algo así. Le aconsejo que vaya a visitar al ingeniero Funes en la cátedra de matemáticas e informática. Él podrá explicarle mejor que yo, conoce además a Hee Hoo muy bien porque pasaban discutiendo horas enteras sobre las matemáticas en la Grecia Antigua. Recuerde que entre otras cosas, Hee enseña la historia de las ciencias en la antigua Grecia. También es posible que le haya consultado para sus últimas investigaciones.

- Excelente idea. Sobre todo que no creo que quisiese calcular la sombra de cualquier menhir, si no de un menhir en particular. Otra cosa que estaba pensando…si se pudiese ingresar en sus direcciones e-mail, tal vez pudiésemos obtener datos suplementarios.

- Eso debe hablarlo con el ingeniero Funes también, él es quien administra el sistema informático de la universidad. Tal vez pueda entrar en su e-mail universitario, pero en su e-mail personal, dudo que pueda hacer algo.

- Si, lo sé, pero ya sería algo. En cuanto a los otros números que identifiqué, hay dos que han atraido mi atención. Según su familia son dos amigos suyos, los Sres. Curwen y Abdul Alhazred.

- Al señor Alhazred lo conozco bien porque es también amigo mío. Fue además estudiante mío y mi mejor alumno en lengua y literatura árabe.

- No me extraña, puesto que sin duda se trata de su lengua materna.

- Ah no, no. En realidad es más castellano que Isabel la Católica. Resulta que al terminar sus estudios se fue seis meses a Túnez, Argelia y Marruecos para preparar su tesis profesional. Fíjese usted que al término de su estadía se nos había convertido al Islam y cambiado su muy castellano nombre de Juan José Ordóñez Peña y Peñalosa por el de Abdul Alhazred. Lo que ignora es que sin saber, se ha dado el mismo nombre que el infame autor del Necronomicón.

Ahora se le ha pasado la manía islámica pero ha guardado el nombre por razones artísticas y todavía sigue dentro de la onda mística, solo que mezcla un poco de todo; cristianismo, judaísmo, Islam, budismo, espiritismo. Trabaja como periodista en el Brattleboro Evenstar (sus crónicas políticas son muy apreciadas por su tono irónico) y es poeta es sus momentos libres. Dotado de gran sensibilidad, está sujeto a frecuentes flash de visiones y sueños premonitorios. Es un poco vidente también, tal vez debería consultarlo, quien sabe si no le sería de alguna utilidad.

Iranon lanzó al profesor una mirada incrédula y severa y Armitage le respondió:

 

- ¿Por qué no? ¿Acaso no sospechaba usted que ciertas sociedades esotéricas podrían estar involucradas en el asesinato de Lennon?

- Bueno si pero de ahí a creer en las g@§#£¤das que predican esos energúmenos… pero hábleme del otro amigo de él, ese Curwen, ¿lo conoce usted?

- Ya me lo presentó Hee en una ocasión, es crítico de arte y asesor técnico de diversas emisiones culturales en la televisión. Es todo lo que sé.

- Bueno, ya me pondré en contacto con ambos, mañana tal vez. Aprovecharé también para interrogar a ese Funes.

- De acuerdo, le avisaré que usted pasará a verlo y aprovecharé para pedirle que trate de entrar en el e-mail de Hee Hoo.

Antes que se me olvide, aquí le doy una copia de las llamadas que hizo estos últimos meses desde su línea de la universidad. El único que me parece digno de interés es este número en España, aunque no logré averiguar a quien pertenece.

- Bien – respondió Iranon. Mañana en cuanto tenga la ocasión quisiera inspeccionar el despacho de Hee.

- Ningún problema, arreglaré con el portero para que le facilite una copia de las llaves.

En ese momento llegó el camarero con los pedidos y ambos hombres no hablaron más del asunto durante todo el almuerzo.

 

****

- A Mhorrigan, banríon na dtaibhsí, bean an chogaidh, bandia an fhiaigh dhuibh, saor mé ó mo naimhde, go dtóga do shlua balla idir mé agus iad, mar ghéag chosanta mháthair.

Abdul Alhazred se sorprendió pronunciando estas palabras cuando, empapado de sudor, despertó de un sobresalto de aquella terrible pesadilla.

Sabía que las frases que había estado pronunciando eran una fórmula protectora en gaélico, a pesar que no hablaba dicha lengua. Ahora ¿de donde había aprendido esa fórmula? La verdad que lo ignoraba completamente.

Era ya la cuarta o quinta vez que tenía ese sueño. Se veía bajar por interminables y ciclópeos escalones de piedra que conducían hasta aquella inmensa cavidad subterránea que parecía no tener límites, hacia donde quiera que uno mire. Y ¡Oh! ¡Cuán monstruoso el espectáculo que ofrecía aquella caverna crepuscular! ¡Ante sus ojos se extendía una ciudad fantasma que evocaba una antigüedad inconmensurable, maldito vestigio de épocas que es mejor que ningún hombre haya visto jamás! ¡Y aquellos edificios cuyas formas desafiaban toda lógica y toda geometría! ¡No, aquella ciudad no puede haber sido edificada por manos humanas! ¡Y las fosas! ¡Ay de aquellas fosas desde donde emanaba una especie de sustancia viscosa, repugnante y pegajosa! Pero ¿Qué veo? ¿Será posible? ¿Aquellas substancias estarían dotadas de vida propia? ¡No por favor! ¡Eso si que no!

El corazón de Abdul doblegó su cadencia al rememorar estas imágenes. Pero entonces recordó que esta vez habían aparecido dos elementos nuevos: primero, la imagen de Hee Hoo vestido de harapos, con sus cabellos y sus barbas ahora largos, grises y sucios, pidiendo ayuda desde el fondo de aquella fosa vacía con la mano tendida hacia arriba ¡Oh! Y aquella insoportable expresión de terror que reflejaba su rostro. ¡En qué lío te has metido Hee Hoo, en que lío nos has metido a todos! Ahora estaba convencido que su desaparición estaba relacionada con sus famosas "investigaciones" y que sin quererlo su amigo había abierto la puerta sobre esferas prohibidas del universo. Luego recordó el segundo elemento nuevo. Se encontraba de repente en un páramo húmedo y desierto sumergido en la bruma. Frente a él había una vieja lápida cuyas inscripciones el tiempo había casi borrado. De pronto la tierra comenzó a moverse a sus pies y aunque quería huir, sus piernas no le respondían. El cuerpo inmundo de un antiquísimo cadáver surgió entonces de la tierra. Su rostro cadavérico guardaba aún su piel desecada sobre los huesos y sus ojos vítreos en sus órbitas, lo cual le daba un aspecto más siniestro aún. Su cuerpo estaba atravesado por una espada exageradamente grande cuya hoja solamente debía medir un metro veinte o más. Tras una carcajada burlona el cadáver habló diciendo;

 

- La hora ha llegado para que mi estirpe cumpla con el designio al cual fue predestinado.

Es en ese momento que Abdul comenzó a pronunciar la extraña encantación, y luego despertó.

Abdul empezaba a pensar que su amigo Hee debía de estar muerto ya.

 

– El profesor Armitage, debo hablar con el profesor Armitage. – se dijo - Luego trató de volver a dormirse pero fue en vano.

 

 

 

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