Gala Lovecraft

 

LOS JARDINES DE YIN (H.P. Lovecraft, Hongos de Yuggoth, XVIII)

CIUDAD ONÍRICA

 

Al otro lado de la muralla, cuya antigua mampostería
Llegaba casi al cielo con torres cubiertas de musgo,
Debía haber jardines colgantes, llenos de flores
Y aleteos de pájaros, mariposas y abejas.
Debía haber paseos, y puentes sobre cálidos estanques
Sembrados de lotos donde se reflejaban cornisas de templos,
Y cerezos de ramas y hojas delicadas
Contra un cielo rosado donde se cernían las garzas.
Todo debía estar allí, pues ¿no habían mis viejos sueños
Franqueado la puerta de aquel dédalo de linternas de piedra
Donde arroyos somnolientos trazan sus cursos sinuosos
Guiados por verdes sarmientos de parras colgantes?
Corrí hacia allí... pero al llegar a la muralla, sombría e inmensa,
Descubrí que ya no había ninguna puerta

 

BESTEZUELAS NOCTURNAS (H.P. Lovecraft, Hongos de Yuggoth, XX)

LÍVIDO

No sabría decir de qué criptas salen arrastrándose,
Pero cada noche veo esas criaturas viscosas,
Negras, cornudas y descarnadas, con alas membranosas
Y colas que ostentan la barba bífida del infierno.
Llegan en legiones traídas por el viento del Norte
Con garras obscenas que cosquillean y escuecen,
Y me agarran y me llevan en viajes monstruosos
A mundos grises ocultos en el fondo del pozo de las pesadillas.
Pasan rozando los picos dentados de Thok
Sin hacer el menor caso de mis gritos ahogados,
Y descienden por los abismos inferiores hasta ese lago inmundo
Donde los shoggoths henchidos chapotean en un sueño dudoso.
Pero ¡ay! ¡Si al menos hicieran algún ruido
O tuvieran una cara donde se suele tener!

LA COLINA DE ZAMÁN (H.P. Lovecraft, Hongos de Yuggoth, VII)

CONRAD


La gran colina se alzaba junto al viejo pueblo,
Una mole contra el final de la calle mayor;
Verde, alta y boscosa, dominaba sombríamente
El campanario del recodo de la carretera.
Doscientos años antes corrían rumores
Sobre lo que ocurría en aquella ladera evitada por el hombre...
Historias de ciervos o pájaros extrañamente mutilados
O de niños perdidos cuyos padres habían abandonado toda esperanza.
Un día el cartero no encontró el pueblo donde solía
Y nadie volvió a ver sus habitantes ni sus casas;
La gente venía de Aylesbury y se quedaba mirando...
Pero todos decían al cartero que a buen seguro
Estaba loco por contar que había alcanzado a ver
Los ojos glotones de la gran colina y sus fauces abiertas de par en par.



Rolando de Gilead

Ruinas camino a la Torre

Escrito por Gala Lovecraft fusionando la Torre Oscura de Stephen King y los Mitos de Chtulhu, incluido en la Sección Taller Lovecraft.

Todo ocurrió con la nitidez de un sueño muy vívido, mas no dejaba de ser un sueño. Y, sin embargo, había algo en ese aire que me produjo alarma. Esa región semiinconsciente de mi cerebro, la misma que guiaba la muerte al corazón de mis enemigos, me advertía del inmenso peligro que estaba corriendo en ese lugar.


Ruinas camino a la Torre

 

Corrí, consciente de cada uno de mis movimientos entre aquellos peligros, hacia el exterior, me rodeaban un sinfín de monolitos de piedra escalonada y templos erosionados y verdosos, residuo de los muertos mares. [...]
La cosa que brotó a mis espaldas, semejante a una montaña de carne momificada, asombrosamente, no estaba ni viva ni muerta. El rugido ensordecedor me hizo mirar hacia atrás, y contemplé a la gran criatura que se alzaba por última vez de entre las ruinas ciclópeas que constituyeron su refugio tantos eones atrás. Y mientras el viento del desierto bramaba con voz atronadora, alejándome cada vez más de esa ciudad de pesadilla, se llevaba con él los restos secos de aquel colosal dios marino.

 

Alejandría © Gala Lovecraft

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