PRIMER POEMA
PARA UN AMOR DESENTERRADO
© Dogon [*]
Desentierro de Amor I
© 2003, Jorge R. Ogdon (a) Dogon
No descansaré
hasta que estés
yaciendo a mi lado
sobre el frío mármol
donde el amor es hielo
y la vida no ha despertado
de su letargo
de eones extraños,
que a la Muerte
han matado.Me ¿pensarás? corrupto
y cubierto de gusanos
que guardan el secreto
de un corazón
de antaño,
¡sí!
de otros años,
idos,
idos...
por donde no vinieron
tus helados labios
a besarlo.Me ¿querrás? descarnado
y supurando fluídos
que arrastran lágrimas
de sangre y alma
en un cuerpo derrumbado,
¡no!
no esperes que me levante
del cofre tan bien guardado,
creyendo que regresaré
del más allá a tu lado;
¡no!
eso sólo significaría
que el muerto
ha retornado
para hincar
sus dientes afilados
en tu cuello marfilíneo
y blanco...
pero que mi amor ha muerto
y nunca ha despertado.Es otra la razón
de mi presencia esta noche
junto a tu lecho moribundo;
he venido a decirte
que detrás del velo oscuro
te aguarda tu amor antiguo,
entre el hongo y el musgo,
entre muertos y vampiros;
en el fondo de la tumba,
entre huesos y mortajas.
entre nichos y lápidas,
entre demonios y arcángeles...
que te abren el camino
a la eternidad en la que
tu amor yace.
Atravesando los muros de Eryx
Jamás de los jamases podría omitirla por descuido o por ninguna otra causa o razón, ninfa de mis sueños y vampirella de mi sangre. Muy por el contrario, ha sido su figura evanescente la que me ha conducido a salir de los oscuros umbrales de Perséfone... Le debo más de mi poesía y no era momento oportuno para pagarle a Caronte el viaje al otro lado... Aunque estuve en dimensiones inhumanas, distantes páramos en donde se agitaban los lirios a flor de agua y las cenefas guardaban la sangre de los sacrificios. Allí, en alguna parte, me encontré contigo... sí, ya conozco tus rasgos luminosos, tu cadencia acompasada al caminar, tus vaivenes y todos tus secretos, que me fueron entonces revelados. Tomaste mi mano, oh, sí, querida dama del lago, y me condujiste de nuevo a esta orilla, en tanto Caronte se negaba a devolver el pago: él había cumplido, el resto no era de su incumbencia. Me despediste en la boca somnolienta de esa gruta primitiva, allí en donde sombras renegridas se agitaban bailando al ritmo del bramido del Mamut, reflejos distorsionados de las almas de este mundo. Y con una suave brisa, me dejaste volver. Volver para insistir en verte de nuevo, atravesando los muros de Eryx.
*****
El saber que mi pasión es correspondida desde el lejano nicho en que te encuentras, ha inflamado las ya de por sí vivaces llamas de mi corazón muerto. Que mis sentimientos te lleguen rápidos como sombras, veloces como jaurías, y se asienten sobre tus hombros como buitres de un cadalso, y se afiance en tí la confianza reiterada de mi amor "literario" por tí, desde, para y por siempre.
[*] Texto e imagen © 2003, Jorge R. Ogdon (a) Dogon. Queda hecho el depósito que marca la Ley N° 11.723 de Registro de la Propiedad Intelectural de la República Argentina. Es propiedad.
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