Pero
si el señor tenía dudosa fama,
Más temida y odiada era su noble dama;
Tan siniestra como él, de facciones salvajes y firmes,
Dotada de una gracia oscura y sobrenatural,
La altiva señora desdeñaba el ambiente rural
Y a los que trataban, en vano, de averiguar su origen.
Las comadres decían que sus ojos brillaban demasiado
Y los chiquillos temblaban al escuchar su risa;
Richard, el enano (sujeto poco creíble),
Juraba que se movía como una serpiente,
Mientras que el viejo Pierre (la edad provoca desvaríos)
Decía que era más perversa que su marido.
Pero aún eran más absurdos los chismes
A los que se entregaba gratuitamente el populacho,
Las mentiras y murmuraciones sibilinas,
Los cuchicheos... Historias difíciles de probar
Pero que las comadres creían a pies juntillas,
A pesar de llegarles de segunda mano.
Y así, se fue extendiendo la leyenda que aseguraba
Que la señora De Blois echaba mal de ojo;
Incluso, furtivamente, llegaban a sugerir
Que en su pecho anidaba el germen de la brujería.
La vieja Mere Allard (medio bruja también) decía
Que la dama tenía extraños tratos con la muerte.