El Reflejo malévolo

© Albert Wilmarth

 

Todo ocurrió en una tarde de Otoño. Me encontraba haciendo uno de mis paseos matutinos entre la arboleda de los bosques que rodeaban mi casa, alejada de la gran ciudad de Massachusets. El sol iba en declive convirtiéndose en un punto anaranjado al tiempo que se escondía tras los árboles.

El viento comenzaba a azotar y el frío se tornaba más fuerte. Abrigado con mi gabardina caminaba por el sendero que atravesaba el bosque. Las hojas caían en lluvia otoñal al tiempo que los árboles agitaban sus ramas acompañados por el viento. Después de más de media hora de caminar por el sendero, decidí desviarme . Y así que salí del estrecho camino y comencé a bajar por una pequeña ladera.

Al término de esta la arboleda daba a su fin dejando ver un lago rodeado por el bosque. Aquello era un paisaje cautivador. El agua cristalina hacía reflejar todo el paisaje en sus aguas, de modo que me senté a contemplar el reflejo del paisaje. El lago no tenía unas dimensiones muy grandes, pero si las suficientes como para dibujar aquel paisaje que me evocaba sensación de tranquilidad.

Como punto y final de mi caminata siempre paraba en aquel lago a descansar unos minutos, antes de volver a mi acogedora casa en el bosque. Pero ese mismo día, antes de irme, decidí bajar hasta las cercanías. Avancé varios metros por la ladera hasta un pequeño promontorio, que se encontraba a un par de metros sobre el agua. Me asomé y contemplé mi limpio y claro reflejo. Era como si mirarse en un inmenso lago de cristal, me veía a mí mismo, flotando sobre el agua. En ese preciso momento una ráfaga de viento hizo mover las ramas de los árboles circundantes y las hojas empezaron a desprenderse y caer al lago. Una de ellas voló desde la arboleda que había detrás de mí, y la hoja fue conducida por el viento hasta mi reflejo en el lago, donde se posó . Seguidamente las ondas producidas por la caída de la hoja hizo ondear mi otro yo del lago que onduló por unos segundos hasta que volvió a su estado normal o eso me pareció en un primer momento, porque cuando volví a mirar noté algo extraño. La expresión facial de aquel reflejo era ahora diferente. Tenía una extraña sonrisa sádica y sardónica que me miraba con la cabeza ligeramente ladeada y sus ojos refulgían con un color rojizo sacado de las mismas cuencas del averno.

Al ver esto me aterroricé, caí sentado sobre el promontorio y permanecí ahí durante unos segundos intentando tranquilizarme. Me temblaban las piernas y respiraba entrecortadamente, pero no podía quedarme mucho tiempo allí ya que la noche estaba al caer y no era conveniente que anduviera por el bosque cuando la oscuridad hubiese caído por completo. Además, algunos animales salvajes bajarían hasta el lago. Así que hice acopio de mi valentía y me levanté. Durante unos segundos permanecí de pie mirando fijamente al otro lado, sin molestarme en ver si varios metros abajo continuaba aquel reflejo de pesadilla. Aún así respiré profundamente y miré, pero para mi sorpresa no había reflejo alguno, ni el mío ni el de aquel que me miraba con aquella sonrisa sádica y con ojos de fuego, solo había agua.

Aquello ya hizo desmoronarme por completo. Rápidamente ascendí por la pequeña ladera y cogí el sendero. La noche ya había caído casi por completo y yo continuaba andando a paso ligero mientras echaba pequeñas y cortas miradas hacia atrás y a mi alrededor. Tenía la impresión de que alguien me seguía. No es que hubiera oído o visto algo, sino que tenía un extraño sentimiento de presencia, como si supiera que alguien estuviera por los alrededores sin necesitar verlo ni oírlo.

El viento se alzó con más fuerza y las ramas de los árboles se movían sinuosamente, como si quisieran alcanzarme. El camino parecía infinito y cada minuto me parecía una eternidad. La luna llena se había alzado proporcionándome algo de luz. Pero a la vez esto lo hacía mas terrorífico aún. Veía al astro entre toda aquella arboleda ,que flanqueaba el camino, y que se extendía mas allá de la oscuridad donde mis ojos no alcanzaban a ver. Solo faltaba que un búho comenzara a ulular.

Mientras continuaba caminando por aquel interminable paraje oí un chasquido tras de mí. Frené en seco mi acelerado paso y me volví lentamente. Comenzaba a estar cada vez más intranquilo.

- ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? - dije tímidamente.

En aquel momento mi voz me pareció extraña y confusa. Me quedé unos segundos escrutando entre la oscuridad flanqueada por los inmensos árboles, pero no conseguí ver nada. Solo árboles, arbustos y oscuridad.

Seguí caminando con pasó aún más ligero, hasta que después de unos segundos me encontré corriendo por el sendero, apartando las ramas y hojas que a veces se cernían sobre mí. Ya no podía más , mi corazón golpeaba mi pecho como si quisiera salir de él y mis pulmones no podían más. Al fin decidí pararme y reponerme durante unos segundos.

En ese momento, de nuevo, escuché algo detrás de mí. Me giré rápidamente oteando entre los árboles y la oscuridad, y escuché una sonrisa burlona. Seguidamente unos ojos con fulgor rojo aparecieron entre los árboles. Caminaba hacia mi sin molestarse en apartar las ramas y demás vegetación que se interponía en su camino y lo único que oía era una profunda respiración y una risotada espeluznante que cada vez se acercaba más.

En aquel momento me quedé totalmente paralizado mientras aquello seguía avanzando hacia mí. Ya casi se encontraba en los lindes del sendero, y pude verle con mayor claridad. ¡Era el reflejo que había visto en el lago, aquel que era similar a mí! En su rostro llevaba dibujada aquella sonrisa sádica, y de vez en cuando ladeaba la cabeza. Finalmente reaccioné y continué corriendo mientras a mis espaldas escuchaba aquella sonrisa burlona.

No podía creer lo que estaba ocurriendo, mi mente no era capaz de dar una explicación racional de lo que estaba ocurriendo. Lo único que podía hacer era seguir avanzando por el sendero hasta mi cabaña y ya allí encerrarme hasta que la luz del día volviera. Pero eso , en aquellos momentos, me parecía terriblemente lejano. Solo habían pasado unos minutos desde que cayera la noche por completo, pero a mi me había parecido una eternidad. Me preguntaba si sería capaz de aguantarlo.

Seguí huyendo apresuradamente, como alma perseguida por el diablo. Quizá era el mismo diablo el que me perseguía, que había salido del lago a por mí... No, no creo que fuese así, aunque tampoco sería muy difícil de creer dada las circunstancias y los hechos. Bueno, no quisiera desviarme con divagaciones que no llevan a ninguna parte, continuaré. Aunque estaba cansado y desequilibrado mentalmente, en aquellos momentos veía amenazas por todos lados; los árboles me parecían gigantes que intentaban cogerme con sus ramas; las pequeñas zarzas que se arremolinaban a veces en el camino me parecían serpientes que siseaban y se arrastraban en mi busca, pero aún así seguía avanzando con la esperanza de poder llegar a mi cabaña.

Mientras, seguía escuchando aquella horrible risa que me seguía de cerca . Sabía que mi pequeña cabaña no debía andar muy lejos, así que continué desesperadamente. El bosque comenzaba abrirse , lo que indicaba que dentro de poco daría a su fin dejándome ver el claro donde estaba mi pequeño hogar, el cual ansiaba terriblemente en aquellos momentos. No tenía otro sitio donde ir y no podía tirarme toda la noche corriendo por el bosque, a espera de salir de él o quedarme allí , perdido y atrapado entre la inmensidad de árboles.

El camino se iba haciendo más ancho y visible. Ya no era un pequeño sendero abierto entre la maleza. Ahora sabía con certeza que estaba a unos pocos pasos de mi destino. Solamente debía cruzar el claro que se veía a lo lejos flanqueado por un par de árboles enormes. A veces me daba la impresión de que el propio bosque me cerraba el paso dificultando mi apresurada huida. Parecía que las ramas de los árboles se volcaban por el camino entorpeciendo mi avance.

Dios mío!, en esos momentos oía aquella enorme risotada cada vez mas cerca de mí. No me atrevía a mirar atrás y ver aquellos ojos reluciendo fuego y aquella sonrisa infernal que se reía de mi , como la sonrisa sardónica de un loco.

El claro se abría a unos diez metros delante de mí. La cabaña era fácilmente visible por la claridad que la luna lanzaba sobre el lugar. Mis esperanzas se reavivaron y comencé a correr más deprisa. No podía más, pero el ansia de llegar me impulsó a hacer un esfuerzo sobrehumano para alcanzar mi refugio, donde me sentiría seguro y a salvo. Atravesé como un rayo el claro y entré. Cerré la puerta tras de mi y dejé caer el postigo que la atrancaba.

Me puse de espaldas a la puerta, apoyándome en ella, mientras recobraba el aliento. Mis pulmones me pedían oxígeno. Respiraba cogiendo grandes bocanadas de aire como si tuviera miedo de que me lo fueran a quitar. Había estado al límite de mis fuerzas después de haber recorrido la mitad del bosque corriendo. Ahora que estaba en la cabaña me sentía mas seguro, aunque no por mucho tiempo. Sabía que "aquello" estaba fuera, y que era cuestión de tiempo de que volviera de nuevo a por mi.

Decidí ir a la cocina a tomar un vaso de agua. Estaba sediento, aquella carrera a contrarreloj me había dejado la garganta como un estropajo, seco e inservible. Pero, cuando me disponía a entrar en la cocina un fuerte golpe abatió la puerta y volví a oír aquella maldita risa. En ese momento mis piernas empezaron a temblar y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Ya estaba aquí de nuevo, golpeando mi puerta para poder entrar. Venía a por mi...

Ahora me encuentro aquí sentado escribiendo este estúpido testimonio y con un rifle encima de la mesa. Acabaré con él , antes de que él acabe conmigo. No tengo otra opción, si esto no resulta estoy perdido. Le dispararé hasta que su cuerpo quede inerte, le llenaré de plomo. Voy a hacerlo...

¡OH NO, DIOS MÍO!, ¡¡ NO QUEDAN BALAS!! ...

Epílogo.

Varias semanas después las autoridades recibieron la denuncia de su desaparición. Su nombre era Eduard Horthon. Como bien sabían las autoridades, gracias a los datos facilitados por familiares, su ultimo lugar conocido donde podría haber estado era aquella extraña cabaña donde solía pasar los días de otoño.

Al llegar allí observaron que la puerta había sido derribada por una descomunal fuerza. Pero allí dentro no había nada más, no había cadáver ,ni ninguna pista que condujera al posible culpable. Así que después de buscar en los alrededores del lago sin encontrar nada decidieron dar el caso como secuestro, ya que todas las pista que tenían apuntaban hacia este hecho. Pero si hubieran mirado mas detenidamente; si se hubiesen acercado al lago y hubieran visto sus aguas se hubieran dado cuenta de que en interior de las aguas cristalinas había un extraño reflejo , el de una persona atrapada por la eternidad...

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