Trasfondo de un personaje para un juego de fantasía que nunca llegó a utilizarse... por Jorge Arredondo
Nota: Siamosel, Bellantia, y los nombres de los reinos de Arcadia, son todos nombres sacados de Faeries, guía sobre lo faérico de Ars Magica.
Recuerdos... del pasado, del presente, żo del futuro? Quien sabe... żacaso importa, de todos modos, para un inmortal? Para uno de los hijos de Dana, una de las criaturas de Arcadia, la tierra de las leyendas más allá de toda leyenda.
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Una humilde cuna de madera era su limitado universo, y una oportunidad para rejuvenecer, y de seguir su inmortal estudio de los humanos. Años tras año, simulando lo que no era, fingiendo, observando, aprendiendo... poco después (żo mucho después?) recuerdos de su madre "adoptiva" mortal deshecha en lágrimas cuando su padre "adoptivo" le expulsaba de la humilde choza con una herramienta de hierro, una vez descubierta la mascarada... cuántos sentimientos contradictorios... dejarles disfrutar por unos años de la compañía de un saludable changeling, en vez de un bebé mortal enfermo... fue un favor darles el cambiazo...
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Somniare... la tierra de las leyendas, tan conectada con el mundo mortal. Un pueblecito mortal... o casi. Una copia perfecta pero distorsionada de una pequeña población de campesinos humanos... pero las casas no habían sido fabricadas... habían crecido del mismo suelo, de las rocas, de los árboles. Y su población... casi idénticos a los mortales en los que se habían inspirado... pero distintos... sus ojos no eran humanos en lo más mínimo... era una mascarada de campesinos con ojos dorados, o verdes profundos, o de pupilas rasgadas como las de un gato, o con orejas lupinas, o con colas caninas, saludándose entre sí, arando los campos de cebada con herramientas de madera... y magia. Una representación esperpéntica y al mismo tiempo exacta... los buenos vecinos... siempre en su representación eterna.
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Uno de ellos... Siamosel... con ojos marrón-dorado ligeramente de gato y orejas puntiagudas más como los nobles Daonie sidhe, y con cola vulpina de color rojo brillante, trabajaba con una azada de madera un campo al lado de una choza de material vegetal... palpitante con vida. Frustrado se rascó la cabeza y se preguntó qué fallaba... porqué no conseguía entender el ridículamente simple comportamiento de los humanos... "hay demasiadas cosas que aún no sé porqué hacen... tengo tanto que aprender..."
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Fuego, fuego por todas partes. El pequeño pueblecito ardiendo, los gritos de los campesinos, su dolor por la pérdida de todas sus exiguas posesiones, los heridos, los vivos intentando apagar las llamas con escaso éxito, el llanto... y un observador... un Tylwyth Teg observando desde el bosque la representación de los humanos, con las llamas reflejadas en sus grandes ojos, ahora más que nunca inhumanos, dilatadas las pupilas en la noche dantesca. Observando y asintiendo, aprendiendo, sin malicia...
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El palacio de roca de Lady Bellantia, la dama Daonie Sidhe del bosque, cuya palabra era ley en la época luminosa del año, repleto de hadas de todos tipos y clases... goblins de las cavernas, enorme trolls con rasgos pacientes, enanos gruñones, sprites despreocupados, pwcas curiosos... todos aguardando en las paredes rocosas del castillo el juicio de Lady Bellantia.
"Por tu acción serás castigado, Siamosel de los Tylwyth Teg" dijo la dama conuna expresión terriblemente seria en sus rasgos élficos.
"Mi señora" replicó el apabullado duende "sólo quería aprender más de los humanos"
"En ese pueblo de los mortales se guarecía un artista mortal con sangre faérica pura que nos había deleitado con su presencia en anteriores ocasiones... con tu acción hemos perdido a ese trovador..."
"No sabía que se guarecía allí, mi señora" replicó Siamosel, cada vez más nervioso.
"Esperaba allí a que requiriera su presencia para entretenernos de nuevo, pero gracias a tu estupidez se le ha perdido para siempre!"
Siamosel trató de hacerse más pequeño y liberarse de la atención de todas las hadas presentes.
"Por tu acción serás desterrado de este Regio, y proclamo una Geas sobre ti... por los bosques de Somniare, por los océanos ilimitados de Atlantium, por las cavernas infinitas de Antrum, por las estrellas de Caelum, por el renacimiento perpetuo de Barathrum, y por el misterio irresoluble de Tartarus, no volverás a disfrutar del cálido sol de Arcadia hasta que encuentres otro artista de sangre faérica que tome voluntariamente el lugar en nuestra corte del que nos has arrebatado..."
Siamosel se retorció de dolor en el suelo mientras la magia de la Geas le golpeaba con toda su fuerza. Las lágrimas corrieron libremente por sus mejillas al perder la posibilidad de regreso a su hogar... "Noooooo...." alcanzó a murmurar.
"Has traído la desgracia a esta Corte... ya que deseas tanto observar a los mortales deberás pasar con ellos una eternidad hasta que expíes tus culpas... y nos devuelvas lo que nos has robado... no pasarás más de una luna en ningún regio a riesgo de ser expulsado para siempre de las tierras del verano, y dejado a tu suerte en las tierras de los mortales para morir"...
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Siamosel observó los bosques. Bosques ordinarios, mundanos, su hogar actual. Gracias a su glamour aparentaba ser un joven no muy alto de tez bronceada y vestido como un cazador o un hombre de los bosques. Su escaso equipo le delataba, no obstante. Un arco corto con remaches de metal, las cabezas de sus flechas, su espada corta y su daga, todos de bronce... no podía tocar el hierro sin exponerse a un dolor agudo y a una quemadura... al menos ahora sabía muchas más cosas de los humanos, aunque le molestaba profundamente el que por más cosas que aprendía seguía sin hacerlo perfectamente... con su mente no humana no se podía dar cuenta de que era tan sencillo como que no podía entenderles... sólo imitarles.
Estaba harto de vagar por el frío mundo de los mortales... sin encontrar más que bastos campesinos... la gente tenía un pánico renovado a las hadas, lo cual era bueno porque mostraban una reverencia recuperada a las viejas costumbres, pero en cualquier caso tenía que ocultar su presencia o arriesgarse a que lo quemaran en una hoguera por brujería... qué gran cantidad de rituales raros tenían los mortales... religión... una cosa débil que no obstante resultaba perjudicial a su naturaleza faérica, política, guerra, superstición, moralidad... tendría que pasar mucho más tiempo hasta que lo dominara todo...
Y estaba harto de que de vez en cuando otras hadas vinieran a molestarle por su pequeño error del pasado... recordándole que la corte de Lady Bellantia había cambiado a su aspecto invernal y que así seguiría mientras no cumpliera con su geas. Y más aún, estaba furioso de que cada vez que encontraba a un humano prometedor las hadas de la corte oscura se... deshicieran de él... para impedirle devolver la corte a su aspecto de verano... no era juego limpio... cómo echaba de menos Hibernia...