Destino

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      Una historia/trasfondo inspirada en Changeling, el juego de rol, por Jorge Arredondo



      "ˇTe odio!" gritó Quentin mientras cerraba la desvencijada puerta con un sonoro portazo. Apretando los dientes con fuerza para contener las lágrimas, empezó a bajar los sucios escalones del pequeño edificio de apartamentos.

      Pisaba cada escalón pesadamente, con rabia e ira mal contenidas, hasta que terminó el pequeño tramo de escaleras que conducía a la entrada. Abrió la puerta de una patada y salió a la calle.

      Su padre había sido excepcionalmente duro esa noche, pero claro, estaba borracho, como últimamente. Desde que había perdido su trabajo, el dinero había empezado a escasear cada vez más, llegando a tener que mudarse a ese mugriento apartamento justo al lado de un ruidoso bar de moteros, en un barrio miserable en las afueras. Y hacía un par de meses que bebía demasiado, emborrachándose casi cada noche. Entonces es cuando se ponía grosero y violento, pero al menos nunca les había puesto la mano encima, ni a él ni a su madre.

      Los insultos de esta noche habían sido especialmente venenosos. De nuevo había vuelto a exigirle a gritos que buscase un trabajo, que todo el poco dinero que le quedaba se iba en darle de comer al inútil saco de grasa que tenía por hijo.

      Y es que Quentin era gordo. Extremadamente gordo. Para un muchacho de 16 años, su físico era tremendo. Medía sobre el metro ochenta pero su peso superaba con mucho los 100 kilos, con piernas y brazos rollizos en extremo, cuello de toro y amorfos rollos de grasa por todo el abdomen. Sus ojos y nariz eran pequeños en proporción a su rostro, pero al menos los mechones de su pelo negro azabache ayudaban a ocultar sus rasgos menos agraciados.

      Quentin enfiló la dirección opuesta al bar de motoristas, dirigiéndose a un descampado que había cerca de casa. Era su lugar de refugio, dado que nadie se atrevía a acercarse allí por la cantidad de ratas que había. Aunque extrañamente nunca le habían causado ningún problema, ni siquiera se le habían intentado acercar.

      Una vez llegó allí, no pudo contener su rabia por más tiempo, y la emprendió a patadas con un viejo neumático abandonado, mientras lanzaba maldiciones al viento, como si las dirigiera al mundo entero.

      Lo que más rabia le causaba, era que sabía que su padre tenía razón. Era un saco de grasa, pero no era culpa suya. ˇSiempre tenía hambre...! Desde que era un niño, tenía hambre a todas horas. Al menos antes, cuando aún había dinero, se lo podían permitir. Ahora... parecía una epidemia. Gran cantidad de gente en los últimos tiempos había perdido el empleo, como por ejemplo Bernie, el único vecino que quedaba en su edificio, que había perdido su trabajo en la planta química hacía dos semanas y se había recluido en su piso como un ermitaño, sin salir para nada desde entonces.

      Y se sentía un inútil. No había nada que se le diera bien. No tenía la inteligencia como para llegar a ser abogado como su padre, aunque de tercera, ni la habilidad para ser mecánico, ni nada... y con su físico, ni siquiera en un McDonalds lo habían querido ni ver. Aún no había encontrado su lugar en la vida, si es que lo había para él...

      Su madre sufría con todo ello, pero sin proferir una sola queja. Eso también le causaba a la vez una profunda ira y una admiración por su coraje. Deseaba que por una vez se quejase, se rebelase por su situación, pero ella era una mujer provinciana, humilde y trabajadora, y nunca una queja, un reproche abandonaba sus labios. Y deseaba que él pudiera ser como ella, poder contener su cólera y tristeza tan gentilmente como ella podía hacer.

      Una hora más tarde, en la semioscuridad del descampado, sólo roto por el gemido de la brisa nocturna y el ruido que provenía del bar de moteros, cuando ya pensó que su padre se habría calmado, se decidió a volver a casa. Con paso lento y las manos en los bolsillos del pantalón, se encaminó de nuevo a su hogar roto.

      En el bar, los altavoces empezaron a escupir estridentemente la letra de "Live and let die", cantada por la voz desgarrada del cantante de los Guns & Roses...

      "When you were young
      and your heart was an open book
      You used to say live and let live
      you know you did
      you know you did
      you know you did..."

      Quentin empezó a subir las escaleras lentamente. Con un poco de suerte su padre estaría durmiendo la borrachera y no tendría que hablar con él de nuevo esa noche...

      "But if this ever changing world
      in which we live in..."

      No tardó mucho en notarla. La sangre. Había mucha, en la barra-mostrador de la cocina. Un gran charco que había salpicado alrededor con violencia. Avanzó lentamente, con miedo y otros sentimientos que no era capaz de identificar, y miró tras la barra.

      "Dios" fue lo único que fue capaz de decir.

      "Makes you give in and cry
      Say live and let die
      Live and let die..."

      Su madre yacía en un gran charco de sangre, sangre que cubría del todo su rostro y cabeza. Parecía como si le hubieran aplastado la cabeza contra la barra, con una violencia inhumana. Ni siquiera se acercó a su cuerpo. Sabía, instintivamente, que estaba muerta... por un momento todo lo que podía ver se tiñó de rojo. Pestañeó hasta que su visión se aclaró de nuevo, e intentó ordenar sus pensamientos y sentimientos de forma coherente en medio de semejante carnicería.

      żDónde estaba su padre? Si había sido él el que había matado a su madre, le mataría con sus propias manos... pero no, no había nadie más en el pequeño apartamento. Echó un vistazo rápido, con el corazón palpitándole fuertemente en el pecho, y confirmó que no había nadie escondido. Sólo encontró una botella de licor barato caída y parcialmente derramada en la entrada de la casa, aún envuelta en el papel típico del bar de al lado. Su padre solía comprar ese inmundo brebaje por lo barato que salía, debía haber salido a comprar durante la noche y luego dejarla en la entrada...

      Había más huellas en el suelo... huellas de sangre, con lo que reconoció las zapatillas de su padre, y otras que parecían de pies descalzos. Volvió a la cocina y observó gran cantidad de huellas alrededor del cuerpo de su madre. La mayoría eran de esos pies descalzos, y luego unas pocas de las zapatillas de su padre cerca del cuerpo... parecía como si...

      Abriendo uno de los cajones de la cocina, cogió el cuchillo más grande que pudo encontrar y volvió a la entrada. Miró al suelo y vio esas mismas huellas, aunque no tan nítidas. Las huellas descalzas subían hasta el piso de arriba, żel piso de Bernie?... les seguían las huellas aún más difusas de las zapatillas de su padre.

      Empezó a subir las escaleras lentamente, blandiendo el cuchillo. De nuevo reinaba el silencio excepto por la música del local... eso era lo más extraño.

      Llegó al piso superior, y la puerta de Bernie estaba entreabierta, pero no había sido forzada. La empujó suavemente con el pie, y se abrió con un ligero chirrido. Entró con el cuchillo preparado para lo que pudiera pasar... y por un momento de nuevo su visión se torno roja... como la sangre que acababa de contemplar.

      El apartamento de Bernie era aún más oscuro que el suyo. Las ventanas estaban claveteadas con tablas de madera que apenas dejaban entrar unos rayos de luz del local de abajo, y no había ninguna luz encendida. A tientas intentó encender la luz, pero el interruptor no hizo el menor caso de sus intentos.

      Así pues avanzó en la semipenumbra hasta la habitación principal... olía a sangre, de nuevo...

      Había otro cuerpo en el suelo. Retorcido, como roto, en un creciente charco de sangre. Parecía un maniquí que hubiese sido atropellado, con los miembros y la columna vertebral rotos y en ángulos imposibles. Al lado del cuerpo, estaba el bate de béisbol de su padre. Tampoco en esta ocasión hizo ademán de comprobar si aún estaba vivo. Sabía que era su padre, y también que estaba muerto...

      Algo se movió sigilosamente a su espalda, y la puerta del apartamento se cerró de golpe... algo que musitó palabras que no pudo entender.

      Quentin se dio la vuelta todo lo rápido que pudo, pero sólo acertó a ver algo enorme pero delgado que se movió rápidamente de una habitación a otra. Cuanto más miedo sentía, más rojiza se tornaba su vista...

      El muchacho no estaba preparado para vislumbrar a lo que se enfrentaba, aunque el terror no le hizo retroceder. La... criatura... debía medir más de dos metros y medio, con largos miembros nudosos y delgados, rematados con garras salvajes, ancho pecho con las costillas muy marcadas y delgado abdomen. Vestía apenas con harapos, que no ocultaban un enorme apéndice tentacular que le brotaba de debajo del brazo izquierdo. Pero lo peor era su rostro, una mueca deforme y grotesca de una cara humana, con una boca circular plagada de dientes como garfios.

      No pudo evitar quedarse paralizado por el espanto durante unos segundos... demasiado tiempo.

      La criatura masculló de nuevo lo que había dicho antes... "Wyrm... Wyrm... ˇWyrm!". Y en ese momento se abalanzó sobre Quentin intentando derribar a su oronda víctima y despedazarla a mordiscos.

      Mientras la cosa caía sobre él con una fuerza sobrehumana, Quentin pudo reaccionar en el último momento y recordando el cuchillo que blandía, se lo clavó con todas sus fuerzas en el cuello. La cosa chilló con un rugido infernal, y de un golpe de su nudoso brazo derribó a Quentin al suelo, aturdiéndole. Acto seguido cogió el arma por el mango y se la arrancó, rugiendo de dolor y salpicando el suelo con la infecta sangre negra que brotaba a borbotones de la herida.

      Desde el suelo, Quentin lo veía todo rojo...

      Con su tentáculo, la criatura inmovilizó a Quentin y levantó su enorme corpachón hasta el nivel de sus ojos. Quentin pudo apreciar con horror como la herida que le había causado estaba cerrándose por sí misma por momentos... pero no tuvo mucho más tiempo, la criatura le rodeó con sus brazos y empezó a apretar con sus tres miembros, intentando aplastar al muchacho como había hecho antes con su padre. El dolor era insoportable, Quentin sabía que iba a reventar o que le iba a fracturar todos los huesos de su cuerpo... pero no podía hacer nada, aunque era fuerte, la criatura era sobrenaturalmente fuerte... todo se tornó rojo...

      Mientras la música seguía rugiendo...

      "What does it matter to ya
      When ya got a job to do...
      Ya got to do it well
      You got to give the other fella hell..."

      "ˇˇˇNoooooo!!!" acertó a gritar Quentin, y por un momento se vio rodeado de un halo de luz dorada... al mismo tiempo empezó a metamorfosearse en una pesadilla tan atroz o más que Bernie-la criatura. Su piel se tornó gris, como la un cadáver, sus ojos porcinos empequeñecieron y se hundieron en su calavera, inyectándose de sangre y refulgiendo con un brillo rojizo antinatural. Sus orejas se hicieron puntiagudas, su pelo negro se tornó rojizo y se enmarañó como la hoguera de un campamento. Su físico pareció hacerse más robusto, pero lo peor del cambio fue su boca. Se distendió horriblemente y gran cantidad de dientes afilados como los de una sierra brotaron de su mandíbula.

      Quentin dejó de ser solamente Quentin.

      Por un momento fue la criatura la que fue asaltada por una ola de terror incontrolable. Quentin echó su cabeza contra el monstruo, clavando salvaje y profundamente sus dientes en el hombro de la criatura. De nuevo su sangre brotó a mares, salpicando a la recién despertada pesadilla, que mordía y mordía con furia y miedo.

      La criatura chilló de nuevo con horror y dolor, y alejó todo lo que pudo de su cuerpo a aquel que la había herido, que incluso se llevó un pedazo de su hombro con su mordisco... por un momento las dos heridas recibidas y la pérdida de sangre hicieron tambalearse al engendro.

      Quentin consiguió liberar uno de sus brazos, y doblándolo hacia detrás fue a coger algo que sabía que llevaba a la espalda. No sabía cómo, pero sabía que estaba con él desde siempre. Sus dedos rozaron el mango y la asió con fuerza. Blandió una de sus dos hachas gemelas, con el filo trabajado en las mismas forjas del caos, y descargó un golpe a la axila del monstruo, justo en la base del tentáculo.

      De nuevo la criatura chilló, un rugido que amenazaba con derribar el edificio. Pero no estaba vencida ni mucho menos. Aflojando su presa, dio un tremendo golpe al muchacho con ambos brazos haciéndole volar por la habitación y estrellarse contra la pared.

      Mientras Quentin yacía en el suelo, totalmente aturdido, la criatura hincó la rodilla en el suelo, tratando de recuperar las fuerzas mientras sus heridas se curaban de nuevo... en su mente instintiva, sabía que tenía que matar al muchacho en cuanto pudiera...

      Quentin sacudió la cabeza y se incorporó lo que pudo. Vio como la criatura flaqueaba, pero también vio como sus heridas se cerraban de nuevo. Maldiciendo, consiguió incorporarse ignorando el dolor de sus múltiples contusiones y echó mano a su arma favorita, que, como siempre, como ahora recordaba, colgaba de su cinto.

      "You used to say live and let live
      you know you did
      you know you did
      you know you did..."

      La criatura pareció volver a poder enfocar los ojos con claridad, y rugiendo a Quentin, se aprestó a la carga final.

      Quentin cogió su arma con la mano derecha, reforzando su presa con la izquierda, y la blandió. Una sierra mecánica, forjada con los mismos materiales del ensueño, con un brazo de un metro largo de longitud, con perversos pinchos en la guarda, y con afilados triángulos móviles como salvajes dientes. Pero permaneció en silencio.

      "But if this ever changin
      in which we live in
      Makes you give in and cry..."

      La criatura, con sus heridas cerradas casi del todo, cargó a cuatro patas contra Quentin.

      "Say live and let die
      Live and let die"

      Entonces Quentin recordó el resto, e imbuyó a su arma con un poco de su propia magia. La hoja pareció cobrar vida, con la alegría de despertar tras largos años de olvido, rugió con la fuerza de una Harley Davidson... en el último instante, el muchacho intentó esquivar el salto de la criatura y golpearle con la hoja...

      Y la hoja mordió, y cortó, salpicando de sangre casi toda la habitación. Cortó limpiamente desde la clavícula del monstruo hasta debajo de la axila del lado opuesto, separando la cabeza del cuerpo... la monstruosidad golpeó contra la pared estruendosamente, hundiéndola en parte, y quedó allí inmóvil mientras su sangre viscosa cubría más y más el suelo.

      Pero Quentin no estaba satisfecho, y con un grito de furia, cortó, y cortó, y siguió cortando, hasta que la criatura no fue más que un montón sanguinolento de carne picada, tendones y huesos...

      Quentin jadeaba con el esfuerzo. Estaba cubierto de la apestosa sangre de la criatura de pies a cabeza, pero cuando volvió a ser sólo Quentin el mortal, gran parte de esa sangre se desvaneció de su cuerpo.

      Se sentó por un momento, observando al cadáver de su padre. Lo había intentado, pero no había tenido ninguna oportunidad. Quizás, si él hubiese estado allí... pero era tarde para lamentarse.

      Se arrodilló junto a su cadáver, y untando los dedos en su sangre, tiñó ligeramente un mechón de su cabello, que en su otra mitad pareció arder brillantemente con la furia de una hoguera. Luego pasó los dedos por la cabeza de su padre, acariciándole suavemente... se levantó y salió, sin mirar atrás.

      Volvió a casa, y se arrodilló frente al cadáver de su madre. Le cogió la mano suavemente, y suspiró pesadamente. De nuevo, con su sangre, se tiñó un mechón de pelo, que como en el primer caso en su otra mitad se tornó de un fiero rojo carmesí. Se incorporó y le dijo adiós con la mirada. Cogió las pocas pertenencias que tenía que aún tenían valor para él, y se detuvo un momento en la entrada, pensativo.

      Recogió la botella de licor barato, y lo derramó poco a poco desde la cocina hasta cerca de la entrada del edificio. Volvió a casa y dejó abierto el gas de la cocina, cogió un mechero y volvió a la entrada.

      Desde la calle, Quentin observó por última vez su último hogar y lugar de su renacimiento. Encendiendo el mechero, lo arrojó sobre el reguero de licor, prendiendo rápidamente con un fulgor azulado. Las llamas se propagaron hacia dentro del edificio con rapidez... Quentin se alejó unos pasos... y poco después el edificio explotó con una nube de fuego anaranjado, que le derribó e hizo temblar el suelo de la calle como un pequeño terremoto...

      Los parroquianos del bar de al lado empezaron a huir en masa entre gritos de pánico, mientras Quentin se incorporaba y se sentaba en el suelo. Mientras observaba el baile de las llamas y cómo el viejo y decrépito edificio empezaba a derrumbarse, tomó un nuevo nombre.

      Ya no sería sólo Quentin. Había recordado, aunque a un precio muy alto, su herencia faérica, y el trabajo que tenía que hacer era mucho, y muy difícil. Esa noche renació Quake el redcap, el cazador de pesadillas... su destino.



      Jorge Arredondo dungeonero < at > gmail com (c) Abril 2001

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