Durante mis viajes me he cruzado en múltiples ocasiones con estas criaturas, de hecho algunos individuos llegaron a despertar algún interés en mí. Ciertas experiencias propias me han llevado a elaborar este informe. Se trata de un documento no excesivamente exhaustivo, y desde luego nada científico. Tampoco es excluyente, por lo que ni mucho menos ha de ser tomado como una guía de sexualidad Garou, sino más bien como unos rasgos comunes observados independiente y repetidamente en cada una de las tribus sujetas a estudio. Desde luego no quiero que esto se interprete como un alarde amatorio, pues no quisiera ni muchos menos suplantar el rol que acertadamente desempeñan en esta sociedad miembros de la talla de Rodrigo de Luca. Sin más preámbulos y con cierto cariño al recordar algunas de las experiencias que sirvieron para elaborar el citado informe, comienzo.
"He afirmado ser un
asceta, mas nunca he hablado de castidad.
Astophineus de Creta.
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ara los Garou, el sexo es vida. Como ocurre con su relación con la naturaleza, el sexo Garou es natural. No hay nada en su manera de percibirlo que se parezca (remotamente) a las, a veces enfermizas, situaciones de los vástagos. El amor y el sexo forman una parte de la vida de los cambiaformas en general, una parte extremadamente importante. Los Garous deben procrear con seres humanos o lobos (o con otros Garou, si están dispuestos a romper la Letanía), para continuar con sus linajes. Pero en realidad y por lo que he podido estudiar, cada una de las tribus, ve las cosas de manera diferente.
Las Furias negras pueden ya de por sí, protagonizar todo un estudio de la misoginia. Quizá alguien diría que con una conciencia violentamente feminista, las Furias Negras pueden ser las aprovechadas definitivas.
"Ámalos y déjalos". "Después de todo, los hombres tan sólo sirven para una cosa".
Sin embargo hay más de un puñado de cariñosas y protectoras madres entre las Furias, teniendo en cuenta el dato de que las crías merecedoras de esas atenciones son siempre hembras. Esas actitudes han llegado a generar dos apodos para la tribu, el de "viudas negras" y el de "madres animales", una buena recomendación es que ninguna de ellas pueda oírte nunca usarlos.
De todas formas, las Furias son seres muy sexuales. Son muy conscientes de la importancia del sexo para la supervivencia de la Tribu. Sobre todo si se tiene en cuenta que tan sólo las crías hembra son aceptadas, aunque sí puedan ser aceptados metis varones. La actitud de las Furias hacia el sexo puede parecer fría, eso sí, esto no excluye la existencia de ciertos sentimientos genuinos. Quizá la solución estriba en que los compañeros masculinos debieran aceptar simplemente que la Furia asume la parte dominante de la relación.
Los Roehuesos son intensamente apasionados. Su dura vida en las calles les ha proporcionado un singular aprecio por la vida, que puede ser a la vez corta y brutal. Un handicap es que los miembros de esta Tribu comienzan todas sus relaciones con cierto abandono. En cambio la unión sexual es para ellos una celebración de la vida y un bienvenido descanso en su lucha contra el Wyrm. Pese a que los Roehuesos son mal vistos por el resto de las tribus, pocos pueden albergar la esperanza de encontrar unos amantes más apasionados (y olorosos).
Los Roehuesos son extremadamente leales a sus parejas y cuando la pasión decae y alguna de las partes decide seguir su propio camino, las rupturas raramente son tensas o duras. Y es que estos Garous no suelen olvidar los buenos tiempos. Los Roehuesos se desvían de su camino para ayudar a antiguos amantes, y los ataques sobre su gente no suelen quedar sin ser vengados. De igual manera, los Roehuesos pueden contar con ayuda e información proveniente de sus ex amantes.
Los Hijos de Gaia se toman de manera muy relajada todas sus relaciones físicas. Son Compasivos y cuidadosos, consideran el amor como una fuente de salud física y mental. Asumiendo su propia sensualidad, los Hijos de Gaia no tienen miedo de expresar sus sentimientos. Contemplan su intimidad como recompensa, disfrutando siempre al máximo de sus relaciones.
La libertad con la que estos Garou conducen sus relaciones, lleva a muchos que las observan, a pensar que son libertinos o sibaritas. Pero nada más lejos de la realidad. Los Hijos se respetan a sí mismos y a sus parejas. El sexo es una expresión de amor. Para los Hijos de Gaia ambos son inseparables. Si el sentimiento es recíproco no hay nada malo en estar con alguien. Ser posesivo o celoso no es algo que vaya con esta tribu, por lo que las relaciones múltiples son comunes.
Los Fianna son románticos incurables y no suelen ser de los que hacen las cosas a medias. Los momentos de felicidad les elevan hasta las más elevadas alturas mientras que los desesperados les arrojan hacia las más profundas depresiones. Pero todo pasa.
Los Fianna siempre parecen estar enamorándose o desenamorándose. Un Garou de esta tribu que esté enamorado es el vivo retrato de la total devoción. Mientras una relación se prolongue, un Fianna no se separará del lado de su amante, precisamente por ello estas relaciones no se suelen prolongar demasiado.
Sólo enamorado, un Fianna es realmente feliz, aunque sea rechazado. El amor es un juego y los Fianna juegan muy bien. La emoción de la caza es lo que enciende sus pasiones. Una conquista fácil tiene poco mérito.
Desde luego a nadie sorprende que los Fianna hayan cosechado una sólida reputación de Pero cuando un miembro de la tribu encuentra su amor verdadero, se convierte en monógamo de por vida. Todo hay que decir, que si esa clase de amor fuese muy común habría mas bien pocos Fianna. Mientras que todos parecen desesperarse en encontrar el amor verdadero, en realidad disfrutan con la emoción de la búsqueda.
La Camada de Fenris es una tribu extremadamente física y violenta, algo que se refleja directamente en sus conductas sexuales. Revelan en su obteniendo gran placer en el acto sexual. De hecho, su entusiasmo puede aparecer a menudo teñido de conductas violentas. Raramente son crueles o sádicos, pero sus juegos amorosos pueden resultar sumamente extraños a aquellos no familiarizados con las costumbres de la Tribu. De hecho hay quienes han sugerido que las habilidades y condiciones físicas de la Camada no están exigidas únicamente para el combate...
Desde luego a nadie le gustaría encontrarse entre uno de la Camada y su amante. No existen advertencias o piedad, los celos y la rivalidad son estereotipados. La Camada de Fenris es una de las tribus con una estructura más familiar, tener un problema con uno de los suyos suele ser un grave error.
Muchos en la Camada se mueven de un breve pero intenso escarceo amoroso al siguiente, no porque no puedan comprometerse sino porque un amante debe tener el respeto de la Camada si la relación elegida es la definitiva, una vez lo cual, un Camada de Fenris se compromete hasta el fin.
Si existe una tribu que pueda comparar sus artes de seducción a las de los vampiros, esos son los Moradores del Cristal. Los miembros de esta tribu son urbanos, sofisticados e increíblemente encantadores. Pero al contrario que los vástagos, los Moradores no están interesados en fingir. Pueden ser libertinos y depredadores sexuales, pero su interés es genuino. La sexualidad en estos Garous es natural, mientras que los cainitas (al menos en la mayoría de los casos que conozco) la cultivan artificialmente.
Los Moradores, se exigen mucho a sí mismos y por ende a sus parejas. Suelen ser vanidosos y difícilmente se entregan totalmente, sin embargo sus relaciones no suelen ser breves. Cuando un Morador se interesa realmente en un amante y tras un tiempo decide cambiar, la relación no tiene que necesariamente haberse acabado. Los miembros de esta Tribu suelen regresar a las antiguas relaciones de tanto en cuanto. La habilidad de los Moradores para mantener varios amantes simultáneamente solo es comparable a la de los Hijos de Gaia. De hecho, muchos Moradores reciben de sus amantes muchos de los mismos beneficios en términos de ayuda e información que los Roehuesos (aunque no recomendamos exponer estos paralelismos a los Moradores). Sin embargo los Caminantes del Cristal difícilmente sienten una mínima lealtad hacia sus parejas. Quizá en eso sí recuerden (desgraciadamente) a los vástagos.
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