El exorcismo del Hechizado

(o cómo entre todos mataron a Carlos II y al final él solito se murió)




Carlos II, hijo de Felipe IV el grande y de su esposa (y sobrina) Mariana de Austria, ha sido posiblemente el rey más patético de cuántos han sentado su real culo (con perdón) en el trono de las Españas. Su padre tenía en el momento de engendrarlo cincuenta y cinco años, y padecía una larga lista de enfermedades producto de una vida de excesos: enfermedades renales, gota, arterosclerosis, hemorroides, posiblemente sífilis y con seguridad blenorragia. Según confesó más tarde, el niño fue producto de la última cópula conyugal de su vida. La madre, aunque más joven (veintinueve años), no andaba mucho mejor de salud, después de ocho embarazos y cinco abortos.

El parto en sí ya fue un espectáculo grotesco, pues auxiliaron a la reina buen número de médicos (que nada hicieron, solamente mirar, pues un médico de la época no re rebajaría jamás a intervenir en un parto, ni aunque fuera el de la reina) y una auténtica legión de curanderas y parteras, que más se estorbaban unas a otras que otra cosa. La reina, pues, solamente contó con el auxilio de las porquerías... perdón, de las reliquias sagradas que le pusieron alrededor de la cabecera de la cama: tres espinas de la corona de Cristo, un diente de San pedro, un pedazo del manto de María Magdalena, una pluma dorada de las alas del arcángel san Gabriel y mil cosas más... No se me extrañen, que documentado está que cien años antes al infante Carlos, hijo de Felipe II, estando enfermo de fiebres le metieron en la cama el cadáver incorrupto de San Isidro para que sanase... No es de extrañar que el pobre príncipe muriera finalmente loco de atar...

Bueno, volvamos al Carlos que nos interesa. Según las crónicas oficiales, nació “con las facciones hermosísimas, cabeza proporcionada, grandes ojos y un aspecto saludable en general”. El embajador francés hizo una descripción que creemos se ajusta más a la realidad: un niño débil, raquítico y cabezón, con flemones en las mejillas, costras en la cabeza y llagas supurantes en el cuello. Carlos II no gozaría de buena salud en su vida, pese a los esfuerzos de sus trece (otras fuentes dicen que catorce, el número es lo de menos) nodrizas que lo amamantaron con sus pechos durante más de cuatro años. Tardó muchísimo en aprender a caminar, en las recepciones las damas de la corte tenían que sujetarle con cordones para mantenerlo derecho, a los nueve años no sabía leer ni escribir, hasta los diez no empieza a hablar con claridad, nunca demostró energía, ni interés por cosa alguna que no fueran los pasteles que le preparaban los reposteros de palacio (y en eso se incluyen detalles tan nimios como su propio aseo personal). Toda Europa esperaba que este rey (que lo fue a los cuatro años de edad) se muriera o muriese, pero, para sorpresa de todos, sobrevivió...

Así que se intentó casarlo, para que tuviera descendencia que continuara la línea dinástica del trono español... Así que lo unieron en matrimonio con Maria Luisa de Orleans, sobrina del rey francés. Pasan los años y la reina no queda embarazada. En la corte española dicen que sin duda la francesa es estéril. Los espías franceses organizan complicadas intrigas para apoderarse de unos calzoncillos del rey, supuestamente manchados con sus poluciones nocturnas, para determinar si es impotente o no. La reina tiene finalmente el buen gusto de morirse de una apendicitis, y los cortesanos aprovechan para casar al rey de nuevo, esta vez con doña María Ana de Neoburgo, que tiene ventitrés hermanos, por lo que, al ser tan fértil su madre, tiene que serlo por fuerza la hija.

Pero el tan deseado embarazo sigue sin producirse.

Se sospecha entonces que pueden haber hechizado al rey (y lo cierto es que con ese sobrenombre pasará a la historia). El inquisidor general manda llamar a un fraile asturiano llamado Antonio Alvarez de Argüelles, de quien se dice que ha practicado exorcismos con éxito y que es capaz de hablar con demonios. Le traen a un muchacho austriaco, famoso en toda Europa por llevar el demonio dentro, y el fraile practica sus rituales y exorcismos para doblegar al diablo y poder interrogarle. En su informe dice (cito textualmente): “Dijome el demonio anoche que el rey se halla hechizado maléficamente para gobernar y para tener hijos. Se le hechizó cuando tenía catorce años con un chocolate en el que se disolvieron los sesos de un hombre muerto para quitarle la salud, envenenarle los riñones y corromperle. Los efectos del bebedizo se renuevan cada luna y son mayores cuando las lunas son nuevas”. Siempre según el diablo y fray Antonio, la que lo hechizó fue nada menos que su madre, Mariana de Austria, para así poder gobernar a su antojo dada la incapacidad de su hijo. (Como daba la casualidad de que Mariana llevaba muerta diez años, no podía defenderse, lo cual no dejaba de ser muy oportuno).

Para anular la hechicería que sufría el rey se mandó llamar a otro fraile, Mauro de Tenda, un napolitano con gran fama en la lucha contra el demonio. Fray Mauro ordena, antes que nada, que la misma reina robe al rey un saquito que éste lleva siempre al cuello, colgando de una cadena de oro. La reina así lo hace, y en el interior del saquito se descubren trocitos de cáscara de huevo, uñas de los pies, cabellos, y otras cosas similares... vamos, los típicos ingredientes de un hechizo de protección personal, pero al parecer estas gentes no habían leído las Clavículas de Salomón). No se sabe quién le dio el saquito al rey, posiblemente una de las mujeres que lo crió.

Sea como fuere, libre ya de influencias externas, se procede a liberar de su hechizo al rey. Para ello se le hace tomar aceite bendito en ayunas. Como esto no funciona, se le unta todo el cuerpo con ese mismo aceite. Finalmente, y al ver que el hechizo está ferozmente insertado dentro del cuerpo del rey, que ni siquiera bajo los santos óleos consigue una salud y una virilidad que nunca tuvo, se le administra el aceite en forma de purgas y de lavativas (eccsss) Pero ni por esas.

Finalmente el napolitano lleva a cabo una prolija ceremonia de exorcismo ante el rey y la reina, ambos completamente desnudos y de rodillas frente a él, revestido con el traje talar y con todas las honras sacerdotales.

Sea por el frío que pasó desnudo sobre las losas de la cripta, sea porque su cuerpo ya no aguanta más, el resultado de todo ello es que Carlos II cae enfermo y muere poco después...


Sin comentarios.

Texto de la ceremonia de exorcismo practicada por fray Mauro (fragmento)

Exorcísoos, espíritus impuros, enemigos del género humano y de las disposiciones divinas, en el nombre de la singular Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Conjúroos por aquél que, habiendo de nacer de una Virgen, para honrar con su nacimiento el estado matrimonial, eligió principalmente por madre a la que ya estaba desposada con varón. Conjúroos por el mismo Jesucristo que vino a este mundo a deshacer las obras diabólicas y a borrar la escritura de la sentencia que nos era contraria, fijándola en la Cruz, para que desligueis y remováis de estos cónyugues todo cuanto por encantamiento o ligadura o cualquier otro hechizo de vuestras armas malignas les impide abrazar el santo estado del matrimonio y practicar las cosas propias de ese estado (...) Así pues, en virtud del mismo Dios Nuestro Señor, os mando que dejeis de perturbar el orden establecido por Dios.



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