
¡Mirad a los frany! Ved con qué encarnizamiento se baten por su religión, mientras que nosotros, los musulmanes, no mostramos ningún ardor por hacer la guerra santa... (Yusuf ibn Ayyub, el Salah al-Din)
Fue en el año 477 de la hégira (1099 según el calendario de los infieles) cuando Alláh, el único, el justiciero, el vengador, descargó su ira contra los árabes del Cercano Oriente, expulsándolos de la ciudad santa de Iliya. Y para ello se valió de los frany, esos bárbaros infieles de Occidente, que al igual que los rum de Bizancio adoran a Ismail (al que ellos llaman Jesús el Cristo), el último profeta antes de la venida de Mahoma. Sin embargo, aunque con frecuencia luchan como mercenarios en sus ejércitos, parece ser que estos bárbaros frany no aceptan la soberanía del Basileus de Constantinopla, sultán supremo de los rum.
Fue el sultán Kiliy Arslan de Nicea el primero en presentar batalla a los frany. El primero en derrotarlos, el primero en subestimarlos... y el primero en sufrir amarga derrota en sus manos. Los espías de Kiliy en Constantinopla le informaron que miles de frany habían llegado siguiendo a un falso profeta, y que pretendían exterminar a todos los musulmanes. Se trataba de una tropa andrajosa, formada por decenas de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos, que avanzaba sembrando la destrucción a su paso. Demasiados saqueadores, pocos soldados, escasos caballeros y ninguna organización. Los frany fueron exterminados sin dificultad por las disciplinadas tropas del sultán en la mañana del 26 de octubre de 1096, 474 años de la hégira. Pero esta fácil victoria, última señal del buen Alláh, no será escuchada. Killiy Arslan cree que los frany no son un enemigo a tener en cuenta, y cuando en la primavera del año siguiente se le informe otra vez de una nueva invasión frany, no se molestará en lanzar contra ella el grueso de sus ejércitos, en campaña en el interior de Asia Menor. Pagará cara su soberbia: En Junio los frany, auxiliados por los rum del basileus, tomarán su capital, Nicea.
Pues esta vez la expedición de los frany no está formada por varios miles de desharrapados, sino por caballeros y soldados cubiertos de armaduras de metal y armados con afiladas espadas. A Nicea seguirán Edesa, Antioquía, Maarat... y finalmente, Iliya, a la que los doctores de la ley dan el sobrenombre de al-Quds, Beit-el-Maqdes o al-Beit al-Muqaddas, el lugar de la santidad. Es la tercera ciudad santa del Islam, después de Medina y la Meca, pues allí fue donde Alláh condujo milagrosamente a Mahoma, para que se reuniera con Moisés y con Ismail. Los frany la llaman por su nombre judío: Jerusalén.
Celebrarán su victoria con una matanza indescriptible, en la que asesinarán a millares de musulmanes indefensos y a casi todos los judíos, a los que quemarán vivos en su sinagoga. Tras ello, saquearán salvajemente la ciudad que dicen venerar. Como ya se ha dicho, tan triste hecho sucedió en el año 477 de la hégira, siete días antes de que acabara el mes de Shabán.
Por suerte, no todas las notícias eran malas: tras la caída de la Ciudad Santa, la mayoría de los frany volvieron a sus tierras. Solamente unos pocos cientos de caballeros se quedaron junto a su principal adalid, al-Bardawil, llamado entre los frany Balduino, que se hará coronar rey de Jerusalén. Como es lógico, las conquistas se interrumpirán. Por un tiempo.
En 1101 los espías musulmanes en Constantinopla informan que se está concentrando nuevamente un numeroso contingente de frany, dispuestos a cruzar el Bósforo. Es la hora de la venganza para el sultán Kiliy Arslan, que manda envenenar todos los pozos a lo largo del camino que siguió la anterior invasión. Luego, prepara sus tropas y friamente espera...
No son una, sino tres las expediciones que, en escasas semanas, son víctimas de la encerrona musulmana. Caballeros, soldados y la abigarrada muchedumbre que les acompaña caerán, enloquecidos por el calor y la sed, bajo las armas de los musulmanes, sin apenas poder ofrecer resistencia. Nunca, bendito sea Alláh, se recuperarán los frany de esta triple matanza. Los recién llegados, combatientes o no, les hubieran permitido colonizar los territorios conquistados antes que los musulmanes se repusieran. A partir de ahora su número será siempre escaso, y habrán de proteger sus fronteras construyendo una serie de fortalezas en las que un puñado de defensores puedan mantener en jaque a ejércitos enteros.Así pueden concentrar sus escasos efectivos y proseguir sus conquistas: Haifa, Jaffa y, en 1104, el importante puerto de Acre, el único en la zona en el que, gracias a su rada natural, los barcos pueden atracar tanto en invierno como en verano. Bautizado como San Juan de Acre, se convertirá en la joya más preciada de los dominios Frany. Tras ella empezarán a caer las grandes ciudades de la zona: En 1109 Trípoli, tras dos mil días de asedio, en 1110 Beirut y Saida, en 1124 Tiro. La ciudad-fortaleza de Ascalón es la única en toda la costa que aún no ha caido en poder de los frany... Parecía que los bárbaros ocuparían toda Siria. Y fue entonces cuando Alláh, en su infinita bondad, se apiadó de los musulmanes.
En el 1128 es nombrado gobernador de Alepo y Mosul un atabeg turco llamado Imad al-Din Zangi (o Zengi). Es un jefe militar de negrísima barba enmarañada, que rompe los preceptos de Mahoma para emborracharse con frecuencia, y que es capaz de desplegar una implacable y feroz crueldad contra sus enemigos... sean los que sean (de hecho, ha conseguido el cargo ahogando en un baño de sangre una revuelta popular en Bagdad). Pero hay algo en él que lo diferencia de otros generales turcos: no llega al frente de unas tropas ávidas de saqueo y botín, que serán en el mejor de los casos licenciadas tras un par de batallas: Zangi, el que será llamado el regalo de la providencia divina contra los infieles, es un guerrero que vive solamente para la batalla: en lugar de establecer su residencia en alguno de los numerosos palacios de la zona y rodearse de lujos, recorrerá la región incansablemente, a la cabeza de sus disciplinadas tropas, luchando con unos, pactando con otros, intrigando contra todos. Su séquito no está formado por cortesanos y aduladores, sino por consejeros políticos e informadores. Su ejército no es un conjunto desorganizado de emires con sus seguidores, sino una tropa estructurada en base a una ferrea disciplina que castiga despiadadamente la menor desobediencia. Toma varias fortalezas frany, los vence en cuantas batallas campales le presentan (en una de ellas, la de Baarin, captura a Foulques de Anjou, tercer rey de Jerusalen). Sus accciones empiezan a dar miedo a los infieles, y provocan una alianza entre los frany de Occidente y los rhum de Bizancio: Pero Zangi derrotará a los dos ejércitos aliados en la batalla de Shayzar, (1138). La más importante de sus hazañas, sin embargo, es la toma de Edesa el sábado 23 de Diciembre de 1144. Pues Edesa es la capital del más antiguo de los cuatro estados frany, y su conquista significa el primer peldaño de la escalinata que conducirá a los musulmanes a la victoria frente a los infieles. Sirios y Armenios son respetados, los Cristianos, sin embargo, son sin excepción ejecutados o convertidos en esclavos. Zangi empieza a preparar una nueva campaña militar, esta vez contra Jerusalén. Sin embargo, es asesinado en Junio de 1146 por un esclavo de origen frany. Su nombre era Yaran-kash. Que Alláh lo maldiga.
Zangi dejó dos hijos, Sayf al-Din y Nur al-Din Mahamud. El primero heredó Mosul, el segundo Aleppo. Entre ambos hay buena armonía, y se ayudarán más de una vez: Pues Nur al-Din es un hombre santo, un asceta, casi un monje. Tiene todas las virtudes de su padre y ninguno de sus defectos, y llevará la yihad (guerra santa) contra los frany hasta sus últimas consecuencias: Ante la noticia de que llega una nueva invasión frany, prepara al mundo árabe para una nueva batalla. Tiene buenos aliados. El hijo de Kiliy Arslan, Masud, les tiende una serie de emboscadas a su paso por su reino. Sin embargo, la invasión frany es especialmente grande (algunos hablan de hasta un millón de combatientes) y no puede detenerlos. El sábado 24 de julio de 1148 el ejército frany llegaba a las puertas de Damasco, tan seguro de conquistar la ciudad que sus dirigientes ya se habían repartido el supuesto botín. Pero, ante la llamada de la Yihad, turcos, kurdos y árabes olvidan sus diferencias y acuden a defender a sus hermanos en el Islam. El martes 27 por la mañana los frany han de levantar el campo y huir hacia Jerusalén.
Nur al-Din muere en 1174, tras haber unificado bajo su mandato a toda la Siria musulmana. Alláh ilumina entonces a uno de sus lugartenientes: Yusuf Salah al-Din, Sultán de Egipto. Ese mismo año se apodera de Damasco, y en 1183 logra entrar en Alepo. Siria y Egipto están unidas bajo un mismo gobierno, y eso será fatal para los frany: el año 583 de la hégira (1187 según los frany) es el año de la victoria del Islam. Salah al-Din aplasta a un ejército de doce mil hombres, la flor y nata de los frany, en la batalla de Hattina, ante el lago Tiberiades. Sin dejar que los infieles se recuperen de la derrota, conquista sin apenas esfuerzo San Juan de Acre, Jaffa, Saida, Beirut, Gaza... y finalmente Jerusalén, el 27 de rayab del año 583 de la héjira, 2 de octubre de 1187.
Solamente Tiro, Trípoli y Antioquía quedan bajo el poder de los frany.
Esto provocará la tercera invasión frany, y esta vez vendrán en mayor número si cabe que las veces anteriores. Pues como ya se ha dicho Jerusalén era su ciudad santa, y la tenían en gran estima.
La invasión llegó por dos caminos: Por la ruta terrestre (Constantinopla, Bósforo y Siria) llegan más de doscientos mil Alman (alemanes), los más feroces de los frany, mandados por su Sultán en persona (Federico Barbarroja). Pero una vez más Alláh se apiadará de los musulmanes, ahogando al jefe de los infieles en un riachuelo donde el agua apenas le llega por la cadera. Su ejército, sin dirigente, se dispersa.
Por el mar llegan numerosos barcos, que se unen a los frany de Tiro para atacar Acre. Entre ellos está el valeroso Malek al-Inkitar, conocido por los suyos como Ricardo, Corazón de León. Tras un duro cerco de dos años, el 11 de Julio de 1191 Acre vuelve a manos cristianas. Pero, por mucho que se esfuerzan, los frany no logran avanzar hasta Jerusalén. A principios de Septiembre de 1192 se ven obligados a firmar una tregua con los musulmanes. El territorio de los frany se limita ahora a la franja costera que va de Jaffa a Tiro. Es la última victoria de Salah al-Din, que muere en Damasco al año siguiente.
Durante unos años, la situación se mantiene en un tenso equilibrio: los frany organizan una nueva invasión en 1204, pero prefieren saquear Constantinopla, la capital de los rum, antes que entrar en territorio musulmán. No será hasta 1228 que llegue por mar Federico de Hohenstaufen, señor de los Alman y los Frany. Llega con un reducido ejército, unos 3.000 hombres, de los que apenas 500 son caballeros. A diferencia de otros frany, es respetuoso con los musulmanes, y además es amigo personal del sultán Al-Kamel. Por una ocasión, la diplomacia sustituye a las armas, y ambos bandos llegan a una solución de compromiso: Los frany consiguen Jerusalén, Belén, Nazaret, Saida y la fortaleza de Tibnin. Sin embargo, los frany quedaron muy descontentos con el canje, pues consideraron indigno que su sultán negociase con los musulmanes sin pelear. De hecho, su hombre santo en su ciudad sagrada lo excomulgó. Respecto a los musulmanes, no supieron apreciar que se les aliviasen las cargas de una guerra penosa y difícil, y manifestaron que era un escándalo haber entregado sin lucha la tercera ciudad sagrada del Islam. ¡Así de injustos son los hombres ante los favores de Alláh!
Los frany permanecen en Jerusalen hasta 1244, cuando son expulsados por hordas de turcos-jawarizmanos, que han llegado a Siria huyendo de los mongoles e intentan crear un nuevo estado. Al poco las hordas son exterminadas por los de Damasco... que evidentemente se niegan a devolver la ciudad a los frany. Nuevamente se prepara una invasión contra los musulmanes, que en 1249 desembarca en Egipto tomando Damieta y Mansurah. En el saqueo de esta ciudad son sorprendidos por un ejército de mamelucos turcos, que extermina a muchos de ellos sin dificultad. Los frany aún resistirán en el camino a Damieta unos meses más, hasta que en Mayo de 1250 son derrotados definitivamente, siendo hecho prisionero su jefe, Luís de Francia. Liberado tras pagar un fuerte rescate, volverá nuevamente a tierras musulmanas para morir en Túnez en 1270.
Todo lo que pasa en la tierra sucede por voluntad de Alláh, el piadoso, el benevolente, y es inútil luchar contra su dictado. Y así sucedió lo que estaba escrito: las últimas plazas frany cayeron como cae la mies madura bajo la experta hoz del segador: En 1268 es tomada Antioquía, en 1289 Trípoli. Finalmente, el viernes 17 de junio de 1291, decimoséptimo día del segundo mes de yumada del año 690 de la héjira, cayó Acre. Todos los frany fueron expulsados de la tierra musulmana, y el sultán Jalil ordenó destruir a lo largo de la costa cualquier fortaleza que pudiese servirles para hacerse fuertes si decidían volver a Oriente.
¡Quiera Alláh que nunca vuelvan a pisar nuestro suelo!
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