Los Hombres

Organización de la piratería en el siglo XVIII


"No llevan más que un calzón y una camisa, el calzón muy ajustado y la camisa de fuera. Las dos piezas tan empapadas de sangre y grasa que parecen de hule. Una cintura de piel de buey con el pelo les aprieta la camisa y en ella, por un lado, una vaina con tres o cuatro cuchillos como bayonetas y, por el otro lado, una canaca."
(Padre Labat)

La situación de la piratería en el siglo XVIII

Si el siglo XVI representa para la piratería americana una época heroica (un puñado de hombres solos y libres enfrentados al mundo) y el siglo XVII su edad dorada (cuando recibieron el apoyo de las potencias europeas) el siglo XVIII es el de su leyenda: Conseguidos sus propósitos, Inglaterra y Francia retiran su apoyo a los piratas, cierran sus asentamientos o los reconvierten en pacíficas colonias, les obligan a cambiar su forma de vida o a perecer. Las grandes acciones conjuntas de los piratas no vuelven a repetirse. Y, sin embargo, es en este siglo dónde aparecen las grandes individualidades de la piratería: Avery, Roberts, Lafitte, Barbanegra... hombres que harán honor a la traducción latina de su nombre: ladrones de mar.

El marco de sus operaciones no es ya el caribe (poco seguro para los piratas desde la Paz de Utrech) sino las colonias inglesas de América del Norte. Los piratas se convierten en contrabandistas, burlando el monopolio inglés, o se hacen de nuevo corsarios, con patentes de corso expedidas por los propios gobernadores americanos. (4)

Las Leyes piratas

La organización pirata se basa en unos principios democráticos, que hacen del pirata un hombre libre: Es él quien elige al capitán que lo mandará, pudiendo deponerlo en caso necesario. Tiene una participación directa en los beneficios del viaje, normalmente estipulada en un contrato por escrito, y recibe una compensación monetaria en caso de pérdida de algún miembro (5)

En un barco pirata, el mayor órgano de gobierno es la Asamblea, en la que cada tripulante tiene igual voto. Una decisión aprobada por la mayoría de la Asamblea debe ser acatada por todos, incluso por el capitán. Éste, sin embargo suele (y debe) inspirar confianza entre sus hombres, y saber imponer una disciplina que los haga eficaces en el mar y en el combate. Una falta leve (una pelea, o el incumplimiento de una orden) suele castigarse con un número determinado de azotes. Una falta más grave, como el robo, el asesinato o la delación se castiga con la ejecución, la amputación de nariz y orejas o el "marooning" (6)

Vida y costumbres de los piratas

El pirata come normalmente dos comidas al día: a las 10 h. de la mañana y a las 16 h. de la tarde. rechaza (cuando puede elegir) mariscos y pescados, prefiriendo las comidas pesadas: "Ragout" de buey o de cerdo salvaje; "Salmigondes" muy condimentado, etc. Para las largas travesías se alimentan de carne de tortuga, las cuales mantienen vivas en los barcos, colocadas patas arriba y regándolas con agua de mar.

La bebida habitual del pirata es el ron. Pero se trasiegan igualmente gran cantidad de licores: Tafia (aguardiente de caña), Arak (aguardiente de arroz), Ponche (Tafia mezclada con agua o leche de cabra, yemas de huevo y aromas), Sangría (Vino de Madeira, azúcar, limon, canela, clavo, nuez moscada y una corteza de pan tostado), Limonada a la inglesa (Vino de Canarias con esencia de Ambar) (7)

El pirata es, paradojicamente, un hombre creyente. Como dice Alexandre Olivier Exquemelin (8) , se reza siempre al empezar las comidas: Los católicos cantan el Magnificat, el Miserere y el Cántico de Zacarías. Los protestantes leen un capítulo de la Biblia, o recitan salmos. Antes del combate, los piratas suelen pedirle a Dios éxito en su empresa. Piratas como Misson pretendían luchar "por Dios y por la libertad". Otros, como barbanegra, afirmaban haber hecho un pacto con el Diablo.

En combate, el pirata lucha salvajemente, sabiendo que si es hecho prisionero será ahorcado sin compasión. Lleva armas contundentes y pesadas: Coutelas, hacha, pica, varias pistolas... Enfrentado normalmente a tripulaciones de mercantes, poco avezadas a la lucha, hace verdaderas carnicerías.

Los piratas heridos en el combate son atendidos por un cirujano-barbero, que toda tripulación lleva consigo. Las heridas se desinfectan con alcohol; los miembros amenazados por la gangrena se amputan con la sierra del carpintero.

Las imagenes convencionales de piratas mancos, cojos o tuertos responden perfectamente a la realidad. Aunque según las leyes de la piratería los tullidos recibían una compensación monetaria sustanciosa, en la práctica intentaban volverse a rembarcar, a menudo después de haber dilapidado en juergas y borracheras dicha compensación.

Y es que la romántica aventura del pirata solía terminar con la mutilación, la muerte o la pobreza...

Notas:

(4) Los gobernadores, sin embargo, siempre procuraron guardar una relación de ambivalencia con respecto a los piratas que portegían. Tal es el caso del governador de Louisiana, Claiborne, que pasa en pocos años de poner precio a la cabeza del pirata Jean Lafite a solicitar su ayuda en la guerra contra Inglaterra.

(5) "...Después estipulan las recompensas y premios de los que serán heridos o mutilados de algún miembro, ordenando, por la pérdida del brazo derecho seiscientos pesos o seis esclavos, por brazo izquierdo quinientos pesos o cinco esclavos, por pierna derecha quinientos pesos o cinco esclavos, por pierna izquierda cuatrocientos pesos o cuatro esclavos, por un ojo cien pesos o un esclavo, y por un dedo tanto como por un ojo..." (Alexandre O. Exquemelin, Piratas de América)

(6) Marooning: Abandonar al condenado en una isla desierta, con una botella de agua, un saquito de pólvora y un arma.

(7) Según cuenta Rafael Abella un pirata del siglo XVII llamado Swan, regresó de una expedición de vacío, sin haber hecho una sola presa, ya que la mayor parte de su tripulación estuvo durante el viaje totalmente ebria.

(8) Alexandre O. Exquemelin, obra ya citada.


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