Otras distracciones no tan inocentes...


Mentideros

Se trata de lugares de reunión de la gente ociosa de la Villa. En ellos la gente se reúne en pequeños corros, y discuten de los más variados temas. Con palabras de Néstor Luján (que creo que lo define mejor que nadie): ... no solamente los poetas asistían a los Mentideros. Allí se solía ver la turbamulta urbana, la tremenda marea baja del Madrid castizo. Hidalgos de largas espadas y hambres ciertas; estudiantes bufos y tenebrosos, adictos a la sopa boba de los conventos; los galanes de la Corte con más viso; los cómicos, más famosos o más necesitados; los arbitristas, que tenían remedio para los males públicos; los mendigos, que pasaban de tres mil en Madrid, por aquellos años; los forasteros, curiosos de cualquier categoría y linaje; los valientes de mentira y los jugadores de ventaja. Una mezcla curiosa y democrática que, en aquella época en que no existía prensa alguna, era la más viva y más mentirosa gaceta de Madrid...

Nota del autor: ¿Tengo que decir que un Mentidero es un sitio ideal para escuchar rumores... y para difundirlos?

En la Villa y Corte los más importantes son tres:

Casas de juego

Reciben popularmente los nombres de Coimas, Garitos, Leoneras y Madrachos. Para abrir un garito es necesaria una Real Licencia, que el Estado solamente otorga a soldados inválidos de guerra (llamados estropeados) y a oficiales sin recursos económicos. Como las solicitudes eran muchas, en la práctica solamente reciben licencia los que tienen buenas recomendaciones o mejores contactos. En ellos se juega a cartas, siendo los juegos más populares el Hombre, el Faraón, el Siete y Llevar, los Cientos y muchos más. Están prohibidos todos aquellos juegos en los que solamente interviene el azar, como los juegos de cartas en los que se apuesta a carta tapada (Carteta, Parar, Vueltos, etc), y todos los juegos de dados.

Para jugar a ellos existen garitos ilegales, que los alguaciles municipales se encargan de cerrar (especialmente cuando no pagan puntualmente sus sobornos), y otros locales en los que, sin ser exactamente casas de juego, se disuelve más de una fortuna. Se trata de las llamadas Casas de Conversación, similares a los clubs privados ingleses del siglo XIX, en los que se reúnen aristócratas y personalidades distinguidas, y en los que aparte de hacer tertulias literarias (y en ocasiones, políticas) se suele jugar bastante, tanto a los juegos prohibidos como a los legales. También los clientes de las mancebías (burdeles) organizan alguna partidita de dados o de cartas, en especial si hay mucho ajetreo en la casa y se ha de guardar tanda. Igualmente se cruzan apuestas en las Casas de Trucos, donde se juega a una primitiva versión de nuestro billar actual.

Recomendaríamos al forastero que si quiere visitar una Casa de Conversación intente ser invitado a la de la calle del Niño, que es residencia de don Luis de Góngora, eclesiástico y poeta. Si por el contrario desea probar suerte en una Casa de Trucos habrá de dirigirse a la calle del Lobo, donde está el establecimiento de don Luis de Guzmán, individuo delgado, sombrío y peligroso, casado con una noble venida a menos. Si lo que quiere es conocer un Garito con Real Licencia, puede dirigir sus pasos al de la calle Alta del Olivo, propiedad de Antonio Espinosa, ex soldado de la Guardia a caballo.

Por cierto, es interesante advertir al viajero que en el reino de Castilla solamente se puede jugar con la baraja autorizada, que solamente puede estamparse y venderse con licencia real. Aquel que sea sorprendido jugando con una baraja catalana o francesa puede ser fuertemente multado por la Real Hacienda.

Prostitución

Se calcula que hay más de ochocientos prostíbulos en el Madrid de los Austrias. Reciben diferentes nombres (Casas públicas, Casas llanas, Casas de Mancebía, Berreaderos, Dehesas). El responsable de la Casa ante las autoridades es un hombre al que se le conoce como padre, y que tiene que evitar en lo posible que haya disturbios dentro del local. Le ayuda a regentar el mismo una mujer de cierta edad, muchas veces una puta vieja, a la que llaman tapadora. Esa mujer debe ser nombrada por el dueño de la Casa (muchas veces, un cortesano o comerciante enriquecido), y su nombramiento es ratificado por la Villa de Madrid, que las usa así como confidentes: Deben avisar al Consejo tan pronto como alguna de las chicas contrae una enfermedad infecciosa, para que se la aparte del negocio hasta su curación. Un médico del Consejo reconoce a las prostitutas cada cierto tiempo. Si descubre a alguna enferma, y la tapadora no ha dado parte de ello... pues el Consejo anula su nombramiento y la pone de patitas en la calle. Algunas de las mancebías más caras se usan también como discretas casas de citas.

Cuatro son las más importantes mancebías de la Villa y Corte. Los cortesanos y aristócratas frecuentan la de La Solera, situada en la calle de los Francos, la más cara de la ciudad. Comerciantes enriquecidos, forasteros con la bolsa llena y estudiantes ricos visitan las dos mancebías de la calle Luzón. Por último, la casa de putas más popular entre el pueblo llano está situada en la plaza del Alamillo, y está siempre llena. El bullicio era allí constante, y a veces hay que esperar hasta un par de horas para poder conseguir una chica.

También abundan las mancebías ilegales en el barrio de Lavapiés, y muy especialmente en una calle de nombre tan incitante como calle de la Primavera. Esta tiene la fama de poseer la peor y más peligrosa clientela de la Villa y los escándalos que en ella se daban obligaron a los alcaldes de la época de Felipe III (1628) a diseminar aquellos burdeles más al interior, por la barriadas de San Martín y San Juan.

Para que una joven se haga prostituta legalmente tiene que entregar un documento ante el juez de su barrio, en el que se especifique que es mayor de doce años, que ha perdido la virginidad y que es huérfana, o de padres desconocidos, o abandonada por su familia (siempre que ésta no sea noble). El juez del barrio le suelta entonces un sermón moralista (sin demasiada convicción) intentando que la muchacha se arrepienta de sus intenciones, y se aparte de esa vida de vicio y pecado. De no convencerla, le otorga un documento en el que se la autoriza a ejercer su oficio. A partir de entonces, y según la ley, cuando "esté de servicio" debe llevar una media capa negra, como distinitivo de su profesión. Por eso se las conoce con el eufemismo de Damas de medio manto.

La homosexualidad masculina se castiga con la castración y la muerte en la hoguera, tanto para el que "da" como para el que "recibe", así que los sodomitas o bujarrones tienen que ser (a la fuerza) especialmente discretos.

Batirse en duelo

por Joaquín Ruiz

En la Villa y Corte los lances de honor están a la orden del día. En general caballeros gentilhombres o menestrales, cuando se sienten heridos en su fama, opinión u honor, no vacilan en "Meter mano", cómo expresa el gesto de ponerla en la empuñadura para tirar de ella. A pesar de estar prohibidos por disposiciones reales y por la Iglesia (a partir del Concilio de Trento) se suele hacer bien poco caso de tales edictos. En caso de ser detenidos in fraganti los castigos que dicta el Rey van desde el arresto domiciliario si no ha habido víctimas hasta el destierro de la Corte por un tiempo determinado, la cárcel o incluso el cadalso.

Si a esto añadimos la facilidad con la que los caballeros españoles deciden resolver el más leve roce a cuchilladas y el que las emboscadas son una manera más de eliminar molestos enemigos, nos encontramos con un Madrid cuyas calles a decir de muchos son de las más peligrosas del Reino.

Las razones que llevan a dos individuos a batirse en duelo son numerosas (y algunas ridículas desde el punto de vista del siglo XXI). Por desprecio, cómo ofender a alguien por no mirarle al pasar. Por insolencia, cómo mirarle demasiado. Por herir a un criado de la casa, pues éste es prolongación de su personalidad, etc. La lista sería interminable. De hecho se considera mayor insulto el recibir una bofetada que una sarta de palos, y cómo arrojar el guante a la cara o al suelo equivale a una bofetada es por lo tanto un claro signo de desafío, que ningún hidalgo de sangre caliente dejará de responder.

Por eso en la instrucción de los jóvenes Gentilhombres y Caballeros la esgrima ocupa un lugar destacado y no precisamente como deporte sino como método para defender el honor y por tanto la razón.

Por supuesto son tiempos de grandes espadachines y de notables maestros y tratadistas de esgrima. Entre ellos destacan Carranza y sobre todo Luís Pacheco de Narvaez, que en 1600 publica el notable tratado "Grandezas de la espada". Destacan como lugares donde se suelen producir duelos la Huerta de Juan Fernández, la Alameda del Prado y la Fuente del Acero, aunque muchos son los lances que se dirimen en plena calle, amparándose en la oscuridad de la noche.

Galantear monjas

Aquellos que deseen practicar los refinamientos románticos de la seducción pueden dedicarse a este curioso pasatiempo, muy en boga en la Villa. El galán, vestido con sus mejores galas y haciendo poses gallardas, rondará por el convento exhibiéndose ante las monjas, escuchando misa en su iglesia y mirando de reojo hasta descubrir la hermana o novicia joven que le sea de su agrado. A ésta le hará llegar, mediante el oportuno soborno o amenaza a la criada o celadora del convento, la primera carta de amor, concertando cita. Y si la monjita se adviene, empezará el excitante juego de las entrevistas fugaces y secretas, de cuchicheos a través de enrejados y celosías, de amores platónicos y de ardientes promesas de amor... Un discreto juego sentimental, a la manera del viejo amor cortés de los trovadores, que en ocasiones, no obstante, pasa a mayores. Entonces es cuando se rompe la clausura (en ocasiones espada en mano, como hicieran en su día Calderón o Lope de Vega) y se cometen escalos, fugas y sacrilegios varios. Que ya lo dice la sabiduría popular: Amor de monja, fuego de estopa y viento de culo, todo es uno.

No obstante, conviene recordar que ser galán de monjas es oficio peligroso. La Inquisición los persigue con celo y castiga con dureza, pues, como todo el mundo sabe. el Anticristo vendrá al mundo por los amores sacrílegos de una monja...

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