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STAR TREK: Un vulcano anda suelto en Hollywood. Cuando convencí a los poderes fácticos de HiperEspacio -o séase, a Mr. Qarralero- sobre la conveniencia de dedicar un artículo sobre Star Trek en el cine, argumenté que quedaba muy apropiado ahora que estaban haciendo la octava y todo eso. Es cierto, pero no deja de ser una excusa. Hace tiempo que me apetecía escribir algo sobre las películas Trek. Puede que los actores salgan un poco achacosos, y que los efectos especiales sean algo baratos. Pero resulta que mi primer contacto con el Universo Trek fue en mi tierna infancia, con estas películas, y claro, les tengo cariño. ¿Pasa algo? Así que permitidme que me ponga nostálgico mientras acompañamos a nuestra tripulación favorita durante su aventura en Hollywood...
Las buenas noticias eran que iba a haber una segunda parte de Star Trek. Las malas, que solo se dispondría de una cuarta parte del dinero. Estos recortes condicionaron en gran medida el eje argumental de esta secuela: Khan (Ricardo Montalban), un arquetípico villano recuperado de la serie original, y poseído por un monomaníaco odio hacia la persona de James Kirk, toma "prestada" una nave de la Federación con la poco saludable intención de dar caza al Enterprise y reducirlo a confetti cósmico. Si el grueso de la película se reduce a un juego del gato y el ratón entre el Enterprise y su adversario, se puede rodar casi todo el metraje en el puente de mando, y ahorrarse un pastón ¿no? Con una historia tan pobre y un presupuesto tan precario se diría que no había muchas posibilidades de sacar una película medio decente. Y sin embargo, La Ira de Khan es la película más querida entre el fandom trekker. ¿La razón? Que ante la penuria económica y argumental, el director Nick Meyer se centró en el único valor seguro que le quedaba: los personajes. Sacando partido del deterioro físico que han sufrido los protagonistas desde la época de la serie clásica, nos presenta a un James Kirk aterrado ante su propio envejecimiento -su actitud el día de su cumpleaños es más propia de un velatorio- que, en su puesto de almirante, se está convirtiendo inexorablemente en un mediocre burócrata. Kirk sabe que la solución a sus problemas es volver a la acción y recuperar el mando de una nave estelar, pero tiene miedo de no dar ya la talla. Solo cuando las circunstancias le obliguen a volver a capitanear el Enterprise, logrará recuperar la fe en si mismo. Otros apuntes, como su tenaz determinación por ganar al coste que sea -"no creo en el escenario invencible"- o la aparición de su antiguo amor, la doctora Carol Marcus, una dama de armas tomar, muy distinta a las hermosas cabecitas huecas a las que Macho Kirk gustaba de conquistar en sus continuos viajes, nos presentan a un capitán con más matices que los que nunca tuvo. No es este el único punto de interés de La Ira de Khan. También merece la pena destacar la notable interpretación, como la tripulante vulcana Saavik, de Kirstie Alley -antes de que se dedicará a cuidar de bebés parlantes-, una secuencia inusualmente gore en la que meten una especie de lombrices caníbales por el oido de Chekov, y unos diálogos cargados de humanidad (la secuencia en la que Spock devuelve el mando del Enterprise a Kirk, por ejemplo) con algunos toques de humor ("¡Usted mintió!","Solo exageré..."), que ya nunca abandonará la saga. Pero no olvidemos el plato fuerte: la muerte de Spock. Incluida en el guión como una forma de atraer a un Leonard Nimoy harto del personaje, la secuencia en la que el vulcano, agonizando tras haber salvado el Enterprise, se despide de Kirk, es una de las mejores escenas de muerte que yo recuerde en el cine de ciencia ficción -con permiso de Roy Batty y Anakin Skywalker-. Pero que no cundiera el pánico. La Paramount no iba a prescindir de su gallina de huevos de dilithium así como así. STAR TREK III, EN BUSCA DE SPOCK La verdad es que la premisa de En busca de Spock bordeaba peligrosamente el ridículo. Que Spock hubiera conseguido transferir su espíritu a McCoy, mientras su cuerpo era regenerado en el planeta Génesis, sonaba molestamente a una de esas resurrecciones tan típicas de los comics Marvel. Pero Leonard Nimoy, que había impuesto a la productora la condición de dirigir si querían que volviera a calzarse las orejas de elfo, coge las riendas de la película con una sorprendente destreza, para un director novato. De hecho, resulta irónico que sea nuestro vulcano favorito quien consiga la película más emotiva de toda la saga: Aprovechando que el personaje de Spock no aparece hasta el final de la película, Nimoy carga las tintas en el sentimiento de pérdida, en el vacio que deja entre sus compañeros, y en especial en Kirk, y como más tarde estos compañeros estarán dispuestos a jugarse sus vidas y sus carreras para rescatar al camarada que se sacrificó por ellos. Pero no todo el mérito es de la dirección de Nimoy. Si la película consigue transmitir tan bien esa emotividad, es también por la meritoria labor de William Shatner, en una de sus interpretaciones más intensas. El capitán Kirk de En busca de Spock transmite todo tipo de emociones: Desolación, durante su fusión mental con Sarek, al revivir la muerte de Spock; horror e impotencia ante el asesinato de su propio hijo a manos de los klingons; torva resolución al tomar la decisión de hacer estallar el Enterprise para escapar de la situación sin salida en la que se encuentran él y sus hombres... En todo caso, la humanidad de la película no descansa solo en Shatner. Para variar, Nimoy aprovecha a todo el reparto de secundarios, dándoles intervenciones mucho más jugosas que sus habituales "Orbita estándar, señor" y lineas de diálogo plagadas de humor. (Con mención especial a Nichelle Nichols -Uhura- y su escena con un repelente niñato recién salido de la Academia) También deben destacarse las inesperadas dotes de Leonard Nimoy para crear suspense: Por ejemplo, toda la secuencia en la que el Enterprise escapa del dique estelar perseguido de cerca por el Excelsior, resulta una de las escenas más emocionantes de toda la saga. Pero sobre todo, la película juega con las expectativas del público de ver aparecer a Spock en cualquier momento, engañándole continuamente: Una presencia en el camarote precintado de Spock, que termina siendo McCoy; la silueta de un vulcano al pie del apartamento de Kirk, que resulta ser Sarek; la detección de vida en el interior del ataud de Spock, en realidad unas cuantas babosas superdesarrolladas... Para terminar, hay quien dice que recuperar a Spock después de matarlo en la segunda parte era poco serio. Puede. Pero, digámoslo así, hay dos tipos de personas en el mundo: Las que odian el final de La Misión (Cuentos Asombrosos), y aquellas a las que les encantó. Yo soy de estas últimas. STAR TREK IV, MISION SALVAR LA TIERRA
STAR TREK V, LA ULTIMA FRONTERA No es ningún secreto que Bill Shatner siempre tuvo sus enganchones con Leonard Nimoy por ver quien era la mayor estrella de la serie. Así que cuando Nimoy consiguió que le dieran la dirección de En Busca de Spock, Shatner forzó a la Paramount a aceptar una cláusula en su contrato, según la cual él también tendría la opción de dirigir una futura entrega de la serie -¡faltaría más!-. Así que, cuando empezó la producción de La Ultima Frontera, Bill dijo "Esta es la mía". Más nos valdría que se hubiera quedado en casa. Kirk será un capitán estupendo, pero como director de cine, demostró no aclararse demasiado. Para empezar, La Ultima Frontera vuelve al planteamiento patafísico que tan pobres resultados había dado en la primera parte: El nuevo Enterprise es secuestrado, con toda su tripulación, por un mesiánico iluminado que tiene la intención de llevar la nave al encuentro... ¡del mismísimo Dios en persona! Pero el auténtico problema es el tono de la película: Shatner parece tener la intención de dar un tono de comedia a la película, al estilo de Misión Salvar la Tierra. Sin embargo, en esta última, el humor se basaba en poner a los protagonistas en un entorno desconocido para ellos y ver como se comportaban. De esta forma, Kirk y su banda podían meter la pata continuamente, pero comportándose de acuerdo a como son los personajes, y siempre manteniendo su dignidad bien alta. Sin embargo, en La Ultima Frontera, lo que se hace es ridiculizar continuamente a los protagonistas, de tal manera que en algunos momentos parece que uno esté viendo El Semáforo: Uhura marcándose un strip-tease con su medio siglo de edad, Kirk despeñándose por un acantilado en el más puro estilo de Wile E. Coyote ,o Scotty quedando inconsciente tras darse un coscorrón con el quicio de una puerta de un Enterprise, que por cierto parece que sea de segunda mano, a juzgar por todas las averías que tiene. No son estas las únicas pifias de la película. Que a estas alturas se saquen de la manga un supuesto hermanastro de Spock, el llamado Sybok, resulta traída de los pelos, y suena más a culebrón venezolano que a otra cosa. Por otra parte, el look retro que se intenta dar a la ambientación -Kirk con tejanos o dirigiendo una carga de caballería al más puro estilo general Custer- no acaba de funcionar. Y el ritmo de la película esta repleto de altibajos, con un clímax final que se resiente de haberse quedado cortos de presupuesto. Entre los pocos puntos a favor de la película, por otro lado, debe destacarse el esfuerzo en sacar partido a las relaciones entre personajes, que se manifiesta en momentos como el de Kirk, McCoy y Spock en torno al fuego de campamento asando salchichas, una de esas escenas que o la amas o la odias. En resumen el balance final de La Ultima Frontera es más bien flojo, tanto que aquí en España es la única película de la serie que solo se ha estrenado en vídeo, y de tapadillo. Hubiera sido una lástima que esta hubiera sido la despedida de la tripulación de la serie clásica. Afortunadamente este no fue el caso. STAR TREK VI, AQUEL PAÍS DESCONOCIDO
STAR TREK VII, LA SIGUIENTE GENERACIÓN
STAR TREK VIII, PRIMER CONTACTO
Y es una pena, porque sobre el papel, el guión de Primer Contacto contiene buenas ideas como para parar un tren: Teníamos a la amenaza más letal de Star Trek, los borg; teníamos un planteamiento a lo Aliens, con los tripulantes de la Enterprise combatiendo desesperadamente el abordaje borg; teníamos viajes en el tiempo, al momento crítico de la creación de la Federación; teníamos el flamante y recién estrenado Enterprise-E; y teníamos, naturalmente, a Picard, Data y cia. Todo lo cual, mezclado adecuadamente, daba para hacer una pequeña obra maestra del cine de ciencia ficción. En lugar de eso, tenemos una película que hace parecer estupenda a Star Trek: Generations. Y ya es dificil... El problema es que aunque los elementos son los buenos, no terminan de casar bien: Por ejemplo, la invasión de los borg en las cubiertas del Enterprise daba para hacer una especie de Jungla de Cristal Trekker ("yip-yip-ki-ay borg cabrón"), la primera gran película de acción de la saga. Por desgracia, Johnathan Frakes no es Richard Donner ni John Woo, y donde debería haber un ritmo trepidante, nos encontramos con secuencias lentas, sin garra, casi soporiferas. A esto contribuye tanto la falta de experiencia de Frakes, como la banda sonora que acompaña las secuencias de acción (escrita, aunque no lo parezca, por Jerry Goldsmith, probablemente bajo los efectos de un valium) y el comportamiento de los borg (que estos necesiten minutos para reaccionar cada vez que se topan con la evidente amenaza que suponen Picard y su panda resulta de juzgado de guardia. ¿O es que la Reina es como el Windows 95, que va a paso de tortuga cuando tiene muchas aplicaciones abiertas?). Otro punto negro de la película es la Reina Borg. El empaque visual del personaje es innegable y Alice Krige (Sonámbulos) lo interpreta con brillantez, eso no puedo negarlo. El problema es que hacer un borg tan atractivo, tan sensual, tan... humano, va precisamente en contra de lo que convierte a los borgs en los adversarios más aterradores que jamás hayan pisado el universo trek. Porque mientras que klingons, cardasianos o romulanos eran, en el fondo, básicamente humanos, con las diferencias propias de un entorno cultural distinto, los borgs carecen de humanidad. Son alienígenas en el sentido más literal del término. Es posible razonar con un romulano, o hasta con un klingon (no es facil, pero se puede), pero no hay manera razonar con un borg, de la misma forma que no puede razonarse con un tiburón. La gracia de todo este planteamiento se pierde al introducir al personaje de la Reina Borg. ¿O es que alguien se imagina a la Reina Alien intentando convencer a Ripley por las buenas de que se deje colocar un facehugger en la carita, que eso no duele? Pues eso. También resulta desconcertante la forma en la que se desaprovecha el esperado enfrentamiento entre la flota de la Federación y el Cubo Borg, despachado en un par de minutos de la forma más tonta, nada más empezar la película: Unos torpeditos bien colocados, y el Cubo a hacer puñetas. Es comprensible que los guionistas quisieran acabar con la batalla espacial rápidamente para poder pasar cuanto antes a la trama del viaje en el tiempo y a los borg asimilando el Enterprise, pero acabar con un adversario supuestamente tan formidable de manera tan chusca me produjo una cierta sensación de estafa: Fue como si se hubieran cargado a la Estrella de la Muerte al comienzo de La Guerra de las Galaxias (Y luego me dicen que porque me gusta más Star Wars...). Además no termina de surgir la química entre los personajes, la chispa que sí aparecía en las películas de la serie clásica. Las situaciones supuestamente graciosas en las que intervenga la nueva generación pueden contarse con los dedos de una mano (por mucho que Riker insista en sonreir a diestro y siniestro, normalmente sin venir a cuento), con algunos momentos de pura vergüenza ajena, como el de la borrachera de la consejera Troi. Pero el mayor insulto guionístico lo sufre nuestra bienamada doctora Crusher, a quien la recién llegada Alfie Woodward le roba el papel de hacer de interés romántico de Picard primero, y de cantarle las cuarenta a éste más tarde cuando se le va la olla con su neura con los borgs. De todos modos, no hay película trek, por mala que sea, que no tenga momentos que la rediman, y Primer Contacto no podía ser menos. Entre sus puntos a favor merece la pena destacar al personaje de Zefram Cochrane, junto con Picard el único personaje tratado con una pizca de profundidad en la película. James "Babe" Cromwell hace una espléndida interpretación del inventor del motor de curvatura, un tipo la mar de normal (incluso un poco desagradable a veces) que no se encuentra nada cómodo con el papel de heroe legendario que los viajeros del tiempo se empeñan en adjudicarle. Además, al contrario que los sospechosos habituales, Cromwell sí que consigue aportar humor a la película (con momentos realmente afortunados, como cuando recibe a los viajeros de Vulcano con un disco de rock duro). Lástima que la gracia de algunos de sus diálogos se pierda en la traducción (por ejemplo, "O sea que ustedes son astronautas en una especie de viaje espacial", que en el original es "... in some kind of Star Trek", siendo la única vez que se ha pronunciado el nombre de la serie dentro de la misma). En todo caso, Cromwell se reparte las secuencias más divertidas con dos estrellas invitadas: Robert Picardo, el doctor holográfíco de Voyager ("La Federación advierte que las protesis cutaneas borg pueden producir alergia"), convertido en improvisado tope de puerta, y Dwight Schulz. el loco Murdock en El Equipo A y secundario recurrente en La Nueva Generación, babeando de admiración ante el legendario Cochrane, con una actitud no muy distinta de la que más de uno tendríamos si nos encontraramos por la calle con Bill Shatner o Brent Spiner, por ejemplo. Además, también es justo destacar la brillante caracterización de los borgs (el trabajo de maquillaje de los rostros borg ha conseguido entrar con todo merecimiento en la lista de nominaciones a los Oscars de este año). Los borgs se nos muestran más inquietantes que nunca, encajando a la perfección en un tono inusualmente gore y ciberpunk para una película de Star Trek. A este aire cronembergiano contribuyen numerosas secuencias, como las escenas de pesadilla de un Picard devorado desde su interior por implantes borg, el momento en el que Picard rebusca entre las tripas de un tripulante asimilado o las ímagenes de los borg vampirizando, digo asimilando, a los tripulantes del Enterprise. En resumidas cuentas, Primer Contacto dista mucho de ser la obra maestra que se han empeñado en ver algunos sectores de fans trekkers, pero contiene algunas ideas y momentos interesantes. En todo caso, la película que se merecen los personajes de La Nueva Generación todavía está por hacer. ¿Quizás es hora de ir usando la holocubierta para revivir al bueno de James Tiberius? El tiempo lo dirá. Mientras tanto, me voy a ver otra vez la edición de luxe de La Guerra de las Galaxias... STAR TREK IX, INSURRECCIÓN
Por eso a muchos os sorprenderá mi adscripción -con reservas- a Insurrección y mi afirmación de que es mucho más interesante que Primer Contacto. Pero Primer Contacto, a pesar de una producción bastante cuidada, resume su argumento en "Los borg contra el Enterprise". Insurrección, sin embargo, ahonda en lo que ha convertido Star Trek en un clásico de la ciencia ficción audiovisual: Traspasar las fronteras del mero western galáctico y plantear un conflicto ético y/o un tema de actualidad, presentandolo en un entorno de ciencia ficción, en este caso la violación de los derechos de una minoría en pro de los intereses de una gran potencia. Sobre el papel, el guión de la película proporcionaba una historia de interés humano, con un desarrollo gradual y elaborado, y con grandes posibilidades dramáticas, y si esto no ha quedado reflejado en pantalla, se debe a la falta de garra en la dirección de Jonathan Frakes, que debería ser desterrado de las películas trek (y traer de vuelta a Leonard Nimoy o a Nicholas Meyer, a ser posible...) Y no olvidemos a un inspirado Patrick Steward, comiendose nuevamente con patatas a todo el resto del reparto habitual, así como a un afortunado elenco de estrellas invitadas, incluyendo a una acertada Donna Murphy como interés romántico de Picard y a F. Murray Abraham haciendo del villano Salieri... ¡digo! Ru'afo. Añadamos unos cuantos momentos para el delirio, como Picard, Worf y Data montándose un karaoke; Data comparando el rasurado de Riker con su propio trasero; o ese grano purulento en las narices de Worf (puro Cronemberg)... En fin, que sinceramente creo que Insurrección será recordada dentro de unos años con más aprecio del que ahora tienen de ella de los fans. Que así sea. Lu |
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