¿Os
estabais preguntando dónde se escondía Robert Rodríguez? No se sabía nada de él desde
The Faculty, aquella película sobre marcianitos escolarizados. Pues el
"mariachi" de las películas de acción ha vuelto, pero esta vez, con una
película familiar (espero que no sea una cursilada tipo Disney, por favor...). Con
Antonio Banderas como protagonista (debe ser uno de sus actores favoritos), Rodríguez nos
introduce de cabeza en una familia muy especial. No porque sean particularmente amables;
los padres siguen enamorados, lo cual es raro en el cine actual, pero su peculiaridad es
el trabajo que tienen: El espionaje. Si, queridos. Son espías como los de antes...

Spy
Kids
Espías del EGB (¿o era del KGB?)
La
familia que espía unida...
Los Cortez parecen normales por fuera.
Ingrid y Gregorio son la pareja perfecta, empalagosa, tal vez. Sus hijos, Carmen y su
hermano Juni, son los típicos y tópicos hermanos que se tiran los trastos a la cabeza
cada dos por tres. Una auténtica oda al "American Way of Life", ¿no?. Pues no
señor. Gregorio y esposa se dedicaban en sus años de soltería al espionaje, pero al
casarse, lo dejaron (como quien deja de fumar). Los pequeñuelos crecieron pensando que
papá y mamá eran los seres más aburridos del universo, sin saber nada de su pasado...
... hasta que, un buen
día, una pequeña consulta sobre espionaje sin importancia, que los Cortez padres habían
decidido contestar, acaba convirtiéndose en el caso más espinoso de su carrera. Han sido
secuestrados por el maléfico (y hortera) Fegan Floop, un presentador de programas
infantiles. Si creíais
que los Teletubbies eran letales, los planes de Floop son aún peores: crear un ejercito
de duplicados robóticos infantiles directamente a sus ordenes. A todas estas, los críos
no se han enterado de nada. Se siguen peleando como siempre, pero en compañía del
hermano de Gregorio, el tío "Machete" (¡¡menudo canguro!!). Éste, que
también se peleaba de crío con su hermano, les dará una lección sobre lealtad fraterna
(¡Uy!, que me emociono...).
En cuanto sepan de los problemas de papá y mamá
Cortez, Juni y Carmen, con un poco de ayudita de Machete, podrán en su sitio a Floop y
sus compinches, salvarán al mundo y tendrán una parentela que les planchará las
camisas, les dé asignación semanal y les cuente batallitas sobre misiones en Siberia
hasta por lo menos los dieciocho años...
Con un poco de ayuda de mis
amigos...
Si hay algo curioso en el reparto de Spy
Kids, es la cantidad de amiguetes del director que aparecen en ella. Como las de Torrente,
pero en mejor, vamos. Antonio Banderas ya es un viejo amigo desde Desperado;
su hermano en la ficción, el tío Machete, es Danny Trejo, que hacía de barman
vampírico en Abierto hasta el Amanecer, y se está ganando a pulso el título de
"mejicano malo" en cualquier película que se precie. Robert Patrick,
nuestro Terminator 1000, al que Rodríguez convirtió en profesor de
gimnasia/ultracuerpo en The Faculty, tiene también un papel... si hasta George
Clooney, el matavampiros más molón (Buffy, muerde el polvo...) tiene un cameo
aquí...
Pero parte del reparto
no había trabajado con Robert hasta ahora: Carla Gugino, la pedazo señora
del El Beso de Judas y Snake Eyes, es la señora Cortez, y levantará algún
complejo de Edipo por ahí, seguro. Alan Cumming, que salía en Romy y Michelle,
es Fegan Flopp, el villano seguramente más glam desde Rupert Everett en el Inpector
Gadgett, y como guinda, está Teri Hatcher como la señora Gradenko (que debe
ser un poco espía rusa en sus ratos libres...). La Hatcher es conocida por ser la
Lois Lane de la serie Las Aventuras de Lois y Clark (y por hacerme echar de menos a
Margot Kidder...)
En fin. Estamos frente a una película familiar, con
moralina, sin sexo, sin alcohol, sin palabrotas y con la violencia justa para no ir
traumatizando críos por ahí. Pero es una película que, si la firma Robert Rodríguez,
eso significa que la ha hecho a conciencia y estará llena de acción desde el principio
hasta el final. ¿Tendremos suficiente con sólo noventa minutos? |