¿Monjes futbolistas? ¡Anda
ya!
Empezamos
con un flash-back para ir haciendo boca. "Pierna dorada" Fung,
la estrella nacional del fútbol accede a amañar un gol cantado.
Dispara... y pierde. La multitud se lanza como caníbales sobre
él y un par de desaprensivos con un bate le parten su mágica
extremidad ante la sonriente mirada del tipo que le ofreció el
soborno. Años después, Fung es un simple recogepelotas inválido
y amargado que vive de la caridad de su sobornador... hasta que conoce
a Sing.
Sing
es un monje shaolin errante (al estilo del Kung Fu de David
Carradine), que intenta por todos los medios que la gente implante
el modo de actuar shaolin en la vida real (sirve para todo, de verdad).
Pero en lo único en lo que no había pensado era en aplicarlo
al fútbol. El chute de Sing es incluso mejor
de lo que fue nunca el de Fung, y éste le come la cabeza al muchacho
para formar un equipo. Lo siguiente es conseguir a los demás
jugadores (los otros monjes de la hermandad
de
Sing, que han seguido caminos diferentes en la vida y hay que recuperarlos
uno por uno, en el estilo Granujas a todo Ritmo-Blues Brothers).
A esta panda de perdedores (ente ellos, un reponedor de supermercado bulímico,
un brocker de la bolsa arruinado y un clon de Bruce Lee), se añaden
varios miembros de la pandilla de matones de barrio contra los que juegan
un partido de entrenamiento (los más tramposos, por cierto). Pero
el camino hacia la gloria es largo...
Fung
consigue inscribir al "equipo" en la liga nacional, ante la
mirada incrédula del villano Hung (el tipo del soborno, que
posee su propio equipo:
"El
equipo de los Malos"). Con la ayuda moral de la pobrecita Mei (una
panadera con serios problemas de acné, pero que usa las tácticas
de Tai Chi para conseguir los pastelitos perfectos), nuestros amigos irán
ganando partido tras partido (incluyendo a las Mujeres Rastafari Bugotudas...
no preguntéis). Sing se convertirá en el "hado padrino"
del patito feo Mei para convertirla en un bello cisne, pero entre tanto
interludio, hay algo se les olvida... y es que puede que Hung tenga preparado
algo que no han visto todavía...
Shaolin Soccer: El fenomenal
(¿o era el fenómeno?)
No
sé lo que tiene esta película, la verdad. Si hasta los norteamericanos,
que no cogen ni papa del "balompié" bien entendido, están
tan enganchados que la han comprado para su distribución (en realidad,
lo que han hecho es mutilarla, cambiar el doblaje y ponerle música
moderna, ¡¡Socorro!!). En el continente asiático, las cosas son
diferentes. El protagonista (y co-director, y co-guionista, y productor...)
Stephen Chow es el equivalente chino a Jim Carrey (¿es eso
algo bueno?), y el tipo en cuestión resulta que es una auténtica
estrella en su país.
Aquí,
en España, la cosa ha ido aumentando en proporción exponencial
gracias al boca-oreja. No está editada en nuestro país así
que se consigue por cauces, digamos "extraoficiales",
la ves, te gusta, la recomiendas, y, o la pasas o la buscan como locos.
Es
la mejor manera de pasar una tarde de risas con tus colegas (es una peli
de ésas para ver en manadas). Shaolin Soccer es la sensación
del verano, aunque no aparezca en ella ni Zhang Ziyi (Tigre
y Dragón), ni Jet Li (ElÚnico) ,y mucho
menos Jackie Chan (Hora punta1, 2, y... ¿Hace
falta que las diga todas?).