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El Evangelio
según San Lucas
Alguien dijo una vez que se puede medir la calidad de una película por el tiempo que permanece en la memoria tras abandonar la sala de proyección. Si eso es así, entonces Star Wars, que ha permanecido más de dos décadas viva en el corazón de los aficionados, es definitivamente una obra maestra. Esto no es algo casual. Si la Trilogía de las Galaxias original sigue vigente hoy, es porque la historia que narra funciona a varios niveles. Aparentemente no es más (ni menos) que un excelente relato de aventuras y fantasía. Pero en la trilogía original hay más de lo que se ve a simple vista. Bajo la superficie, la saga nos dice mucho sobre la personal filosofía vital de su máximo artífice: George Lucas. A continuación, echaremos un vistazo a algunas de las ideas que Lucas ha ido dejando caer a lo largo de la saga. PEQUEÑO GRAN HOMBRE
Sin embargo, con los años, me fui dando cuenta de lo atinado de ese comentario. El proceso de maduración es una constante en la trilogía original: Muchos de los personajes sufren una evolución en su personalidad. Han Solo pasa de ser un mercenario únicamente preocupado por su propio beneficio, a unirse a la Alianza Rebelde para defender una causa altruista. La Princesa Leia empieza mostrandose como una persona altiva, insufrible y arrogante, para terminar bajando su caparazón emocional ante un sinvergüenza como Han. Hasta Darth Vader, el último personaje del que uno esperaría que evolucionara, termina redimiéndose al final de su vida. Pero si hay un personaje que madure durante la saga, sin lugar a dudas ése es Luke. Al comienzo de La Guerra..., Luke se nos presenta como un chaval totalmente sometido a la voluntad de sus padres adoptivos, Owen y Beru, que le revientan una y otra vez sus planes de unirse a la Academia. Cuando sus tíos son asesinados por el Imperio, Luke se aferra a Obi Wan, la única figura paterna que tiene a la vista. Sin embargo, el comportamiento de Ben será completamente distinto al de los tíos de Luke. Donde estos imponían su punto de vista, Ben se limita a hacer el papel de consejero, guiando a Luke para que descubra sus habilidades latentes, pero siempre desde el diálogo, respetando su criterio. Incluso al principio, cuando Luke se muestra reacio en acompañar a Obi Wan, éste se limita a contestar (eso sí, de mala gana) "Por supuesto, debes hacer lo que tú creas correcto". Así, cuando Ben muere, Luke ha desarrollado la suficiente autoconfianza como para tomar sus propias decisiones. Resulta especialmente significativo el momento en que Luke, completamente sólo en el corredor de la Estrella de la Muerte, debe decidir si dispara sus torpedos de fotones usando la computadora de blancos, tal y como hace la mayoría, o se la juega y confía en su propia intuición. La destrucción de la estación de combate no supone sólo el triunfo de la Rebelión, sino una victoria personal de Luke, que saldrá de la experiencia con una fortalecida fe en sí mismo. GENERACIONES
Finalmente, El Retorno... supone la llegada a la madurez de Luke, que no idealiza ya a su padre, pero al que ha dejado de considerar un monstruo. Luke ya no ve en Vader ni a un héroe ni a un villano, sino sencillamente a un hombre. De hecho, su definitiva conversión en jedi -es decir, en adulto- se deberá, no tanto a su victoria en el enfrentamiento físico entre él y Vader, sino al hecho de que sea capaz de mantener su convicción en la redención de Anakin Skywalker hasta el final, a pesar de las presiones no sólo del propio Emperador Palpatine, sino de Obi Wan y Yoda, sus mentores y amigos, que dan por perdido a Anakin en el Reverso Tenebroso de la Fuerza. A propósito de ésto, dos comentarios: En primer lugar, es interesante hacer notar el valor que Lucas da en la trilogía, y especialmente en El Retorno... a los lazos familiares: Será la relación padre-hijo entre Luke y Anakin la que permitirá la redención de este último. En segundo lugar, es significativo que para regresar al Lado Luminoso de la Fuerza, Anakin tendrá que salvar a su hijo a costa de su propia vida. Este concepto de "perdón de los pecados" a través de una "penitencia" tiene mucho que ver con la religión cristiana. La idea no es un hecho aislado en la trilogía original: Como veremos a continuación, la temática mística y religiosa tienen un peso muy importante en el universo de Star Wars. LA FUERZA DE LA RELIGION, LA RELIGION DE LA FUERZA
VOLUNTADES DE HIERRO Otro aspecto a destacar en la primera trilogía es el enorme valor que Lucas da a la voluntad, a la capacidad de autosuperación. El exponente más evidente de esto es el durísimo entrenamiento al que Luke se ve sometido por Yoda en el planeta Dagobah para convertirse en un Caballero Jedi. Luke posee la capacidad de dominar la Fuerza, pero esta habilidad debe ser trabajada, pulida, entrenada, para que pueda llegar al culmen de sus facultades. O, dicho de una forma más sencilla, el talento no sirve de nada, si uno no lo trabaja. No es de extrañar que el artífice de la saga galáctica valore tanto ese espíritu de trascender las limitaciones, de superar los obstáculos: George Lucas sufrió un grave accidente por el que podría haber perdido el uso de las piernas, y fue gracias a su esfuerzo personal que pudo volver a andar de nuevo. No es de extrañar que fuera durante esta época que Lucas empezara a idear el concepto de la Fuerza, que en el fondo no es sino una metáfora del poder de la mente sobre la materia, del triunfo de la voluntad sobre las dificultades.
En el fondo, los Ewoks tienen mucho que ver con uno de los mejores personajes de toda la saga: El maestro Yoda. Yoda es presentado en El Imperio... en un primer momento como un personaje cómico, un auténtico energúmeno chocheante más parecido a un teleñeco que a otra cosa. Sin embargo, más tarde, Lucas nos dará a todos con un canto en los dientes cuando Yoda se revele como el sabio, noble y poderoso maestro jedi que es realmente. El mismo Yoda expresa esta idea más tarde, tanto a Luke como a los propios espectadores cuando dice "Me juzgas por mi tamaño. Y no deberías hacerlo", momentos antes de levantar en el aire la nave espacial de Luke con el único poder de su mente. O, por expresarlo en palabras de Disney y su pandilla: "Lo que cuenta es el interior". MILI KK
Esta actitud tampoco es extraña, considerando que George Lucas empieza a gestar Star Wars en los años setenta, en un momento historico en el que hechos como la guerra del Vietnam están despertando las iras de la población más joven de Norteamérica, y provocando entre ellos un militante movimiento pacifista. No es raro que Lucas muestre al Imperio de una forma muy negativa, incluso con inequívocas referencias al Tercer Reich alemán, con esos oficiales tan parecidos a los arquetípicos comandantes nazis de las viejas películas de guerra, o esa música wagneriana que sirve de tema incidental para el Imperio. En los años setenta, y además del movimiento pacifista, la sociedad americana, que venera el concepto de democracia, se verá impactada por los casos de corrupción política y el escándalo de las cintas del Watergate. Esto también cala hondo en la mentalidad de Lucas, que nos presenta una Antigua República que, en manos de políticos corruptos y burócratas sin escrúpulos, ha degenerado para convertirse en el régimen fascista que es el Imperio. De hecho, el propio Lucas comentó en cierta ocasión que se inspiró en el presidente Nixon para la creación del retorcido Emperador Palpatine CON UNA AYUDITA DE MIS AMIGOS...
Así, en Star Wars, la camaradería es una parte fundamental de la saga. En La Guerra..., Han, a pesar de su autoproclamado cinismo, terminará mandando a paseo su sentido práctico y dará la vuelta para rescatar a Luke in extremis de ser desintegrado por su propio padre. En El Imperio..., Luke estará dispuesto a jugárselo todo, incluyendo el destino de la galaxia y la pervivencia de los jedi, y en contra de los sensatos consejos de sus mentores, Yoda y Ben, para rescatar a sus amigos, Han y Leia, de las garras de Darth Vader. En El Retorno..., todo el plantel de protagonistas vuelve en tropel a Tattoine para sacar a Han del congelador en el que el repugnante Jabba el Hutt le tiene en conserva. Y aprovecho para reivindicar a un personaje secundario que en mi opinión, simboliza mejor que nadie el valor de la amistad: El siempre olvidado Chewie, el fiel compañero de Han. Dado su tamaño descomunal y su intimidatorio aspecto, resulta tremendamente conmovedor verle llorar de desesperación e impotencia cuando su amigo es aprisionado en carbonita al final de El Imperio..., y sobre todo su reacción de incontrolable alegría (a pesar de estar en una mazmorra y con escasas perspectivas de futuro en ese momento) al reencontrar a Han al principio de El Retorno... Esta exaltación de la amistad contrasta con la mayoría del cine norteamericano actual, donde predomina un tipo de héroe duro, autosuficiente, que no necesita de nadie. Por eso resulta agradable ver como los héroes de la trilogía son gente fragil, falible y necesitada de apoyarse los unos en los otros. En el fondo, más allá de la parafernalia pirotécnica de los efectos especiales, eso es lo que ha terminado calando en el público, y permitiendo que Star Wars entrara en la historia del cine: La humanidad de sus personajes. ¿Será Lucas capaz de aprotar esa misma cualidad humana a los personajes de la nueva trilogía? El juicio queda a la espera de ver cómo se desarrolla el romance entre Amidala y Anakin, la relación entre éste y su maestro Obi Wan y la corrupción de Anakin por parte de Palpatine, es decir, del Episodio II. Que la Fuerza le Acompañe.
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