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Hay mitos en el mundo del cine que
reviven una y otra vez, reinventándose en cada década. El conde
Drácula, la magistral creación del novelista británico Bram Stoker,
es probablemente uno de los iconos más fuertes en este sentido (probablemente sólo otros
dos personajes literarios, Sherlock Holmes o Tarzán pueden presumir de haber tenido tal
cantidad de apariciones en la gran pantalla). Por tanto, era lógico que el personaje
fuera nuevamente retomado en pleno siglo XXI, en esta ocasión bajo la tutela de uno de
los nombres más celebrados (y polémicos) del fantástico moderno: Wes Craven,
el artífice de las sagas de Pesadilla en Elm Street y de Scream.
DRACULA 2000
(¿Una odisea vampírica?)
SINOPSIS
La acción comienza a finales del siglo pasado, con el encarnizado
enfrentamiento final entre el conde Drácula y el Doctor Van
Helsing, que se saldará con la victoria de este último. Sin embargo, la
victoria de Van Helsing no es definitiva: El cuerpo del conde no puede ser destruido por
los procedimientos habituales para tratar con un vampiro (es decir, que nada de estacazos
en medio del corazón). Para impedir que el conde vuelva a alzarse, Van Helsing se las
arreglará para esconder su cuerpo en un ataud oculto en una cámara secreta de la Abadía
de Carfax. Y para asegurarse de que nadie trasteará con lo que no debe, el doctor
utilizará la sangre del propio rey de los vampiros para, merced a un tratamiento a base
de sanguijuelas que no voy a reproducir aquí, asegurarse la inmortalidad y el puesto
vitalicio de guardián de la tumba de Drácula.
Salto en el tiempo al presente: Una banda de
ladrones organizados descubren la existencia de un avanzado sistema de seguridad en los
niveles inferiores de la abadía de Carfax, llegando a la conclusión de que ahí dentro
debe de haber un tesoro que les permita jubilarse anticipadamente para el resto de sus
días (lo cual, como sabemos, es inexacto, excepto por la jubilación anticipada). Así
que ni cortos ni perezosos, esta pandilla procede a saltarse los sistemas de seguridad
informáticos de Carfax y procede colarse en la Abadía con el propósito de hacer su
agosto. Como es previsible, el que hará su agosto es el bueno del conde Drácula, quien
tras procurarse un suculento desayuno a costa de los incautos malhechores, quedará libre
de su reclusión para llevar a cabo sus malévolos planes...
... que pasan por procurarse una nueva novia. Y según el parecer de Drácula,
su pareja perfecta le está esperando en los USA: la hija del doctor, Mary Van
Helsing (sin parentesco con Buffy). Así que, ni corto ni perezoso, Drácula se
plantará en Nueva Orleans, donde trabaja Mary, con la sana intención de tirarle los
tejos. Un plan que a primera vista no parece malo, pero que no deja de tener alguna
laguna: Para empezar, Mary es una chica muy moderna (baste decir que trabaja en un Virgin
Megastore, toma generación MTV....) y no le va eso de la moda retro, menos cuando viene
acompañada de tan agudos colmillos. Y además, el bueno del doctor no verá con buenos
ojos eso de echarse encima semejante yerno, por lo que instará a su ayudante
cazavampiros, Simon Sheppard, a qué de su merecido definitivo al chupasangre.
Además de esto, la historia nos plantea algún que otro giro argumental
inesperado, alejandose del origen, digamos, "oficial", de Drácula, justificando
su aversión a los símbolos religiosos y vinculándolo a la tradición y mitología
cristiana. ¿Que que quiere decir eso? Ah, tendréis que ver la película, a nosotros no
nos gusta destriparle el final a nadie....
PRECEDENTES
Como puede verse, la película
es un intento de integración de dos corrientes, por llamarlas de alguna manera, del
género vampírico. Por un lado tenemos la vertiente, clásica, donde se presenta al
vampiro en un universo decimonónico y victoriano, un rígido ambiente de época en el que
el vampiro se adapta perfectamente, dadas sus raices clasicas, pero en el que también
hace de elemento transgresor. Las películas de la Hammer sobre vampiros, y Drácula en
particular, encajan perfectamente en esta categoría, así como acercamientos más
recientes en el tiempo, como el Drácula de Francis Ford
Coppola, o la Entrevista con el Vampiro.
Por otra
parte tenemos la vertiente contemporanea, en la que se trata de introducir la figura del
vampiro en el momento presente. En los casos más afortunados, se continua potenciando ese
aspecto amenazador y transgresor del vampiro, esta vez fusionando su imagen del vampiro
con la de arquetipos modernos que resultan inquietantes para el espectador contemporaneo,
como las bandas de delincuentes adolescentes, u otros grupos de malhechores: Es el caso de
Jóvenes Ocultos o Los Viajeros de la Noche.
En otras ocasiones, se juega con la complicidad entre el público y un protagonista,
normalmente un adolescente cinéfilo y devorador de palomitas, conocedor de la mitología
vampírica tras haber visto cientos de películas, y que de repente se encuentran en la
realidad con estas criaturas. Noche de Miedo o Una
Pandilla Alucinante serían características de esta tendencia. Y
naturalmente, tenemos a aquellas películas que combinan complicidad y amenaza
contemporanea, y de la que Buffy, Cazavampiros resulta un
popular ejemplo.
Es evidente
que Drácula 2000 pretende integrar todas estas tendencias, integrando a los personajes
clásicos de toda la vida, Drácula y Van Helsing, en un universo moderno y enfrentándolo
a un personaje, digamos, modelno, en la figura de Mary Van Helsing. Maniobra que
por otro lado no se puede considerar como nueva: A mediados de los 70, la Hammer, tratando
de sintonizar con los gustos discotequeros de entonces, ya reunió a Christopher
Lee y Peter Cushing en una producción llamada Drácula
73, donde el príncipe de los vampiros despertaba en el Londres setentero y
empezaba a hacer de las suyas, solo para verse perseguido por el descendiente del doctor
Van Helsing. ¡Ah, por cierto, que la hija de Van Helsing era en esta ocasión Stephanie
Beacham, la doctora del Seaquest...!
REPARTO
 Indudablemente, el nombre de más relumbrón en esta película de vampiros es Christopher
Plummer (Asesinato por Decreto, Star Trek VI), haciendo de Van Helsing y
dándole un toque de clasicismo a la cosa. El resto de los personajes principales están
protagonizados por actores bastante menos conocidos, empezando por el irlandes Gerard
Butler como el Conde, Justin Wadell como Mary Van Helsing, y Johnny
Lee Miller como el ayudante del doctor Van Helsing...
Entre los secundarios también hay algún detalle curioso, como el hecho
de que dos de los personajes femeninos convertidos a la fuerza en consortes de Drácula
son Vitamin C, una cantante conocida en su casa (es decir, los USA), como
la compañera de piso de Mary, y Jery Ryan, la mismísima Siete de Nueve
de Star Trek, como una periodista que termina haciendo bueno el
dicho de que "la curiosidad mató al gato"...
Y, por cierto, no nos dejemos engañar demasiado por el hecho de que la
película se presente como "El Drácula de Wes Craven". Aunque es un hecho que
el creador de Freddy Krueger está implicado en la película, lo está sólo a nivel de
producción, (igual que ha hecho con películas como Wishmaster),
dejando la responsabilidad de dirigir a Patrick Lussier. ¿Que qué ha
hecho este señor? Bueno, de momento, en sus créditos sólo destaca la tercera entrega de
Ángeles y Demonios, aquella película con el Arcangel Gabriel en plan homicida y
con la cara de Christopher Walken. Para saber si este señor habrá hecho
sus deberes y habrá tenido éxito en presentar a Drácula en el siglo XXI, o será una de
esas producciones que pasan sin pena ni gloría (como sugieren las críticas aparecidas en
los USA tras su estreno en diciembre del año pasado), habrá que esperar a su estreno
aquí en España...
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