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Hay partes de este libro que son totalmente prescindibles, como todo el Informe sobre Ciegos y todo lo referente a la historia de la Argentina y los movimientos anarquistas, también están de más las conversaciones en el bar de Martín. Es como si Ernesto hubiera querido alargar la novela adrede insertando capítulos que nada tienen que ver en la trama, hay descripciones que son superfluas y las metáforas son intragables. Son el tipo de metáforas que más odio, comparar las emociones que tenemos todo el mundo con hechos extraordinarios y horrendos. Me parece una bajeza. Acá un ejemplo, de cuando Martín recordaba a Alejandra: "Y así Martín trataba de rescatar fragmentos, recorría calles y lugares, insensantemente recogía cositas y palabras; como esos familiares enloquecidos que se empeñan en juntar los mutilados destrozos de un cuerpo en el lugar donde se precipitó el avión; pero no enseguida, sino mucho tiempo después, cuando esos restos no sólo están mutilados sino descompuestos."
Ya les puedo hablar yo de cómo se ve realmente un cuerpo humano hecho pedazos...
Lo que pudo haber sido una excelente novela de suspenso, Ernesto la convierte en un texto desmesuradamente largo y que por ratos se hace aburrido. Si se hubiera concentrado en la absurda familia Olmos, si hubiera narrado los hechos desde el punto de vista de Georgina o el Tïo Bebe, si se hubiera concentrado más en el horror que inspiraba ese malvado tan magnífico como es Fernando... yo ya tendría nueva novela de culto. En cambio lo que leí fué un libro del que me salteé capítulos enteros.
Es una lástima que de la madre de Martín, y la relación que tenía con éste (una madre salida directamente de "las cloacas") no se le dediquen más que dos o tres páginas. Esa relación destructiva y cruel de una mujer que odia al hijo que engendró "por haberse descuidado" es suficiente para llenar una novela de horror.
Alejandra es otro gran personaje. Jorge Luis y yo la diagnosticamos como Borderline a raiz de esos arranques y ataques de nervios y su obsesión por maltratar emocionalmente a Martín. Bruno la diagnosticó como Bipolar, sus etapas de manía era cuando aparecía en la novela, mientras que sus desapariciones (en las que Martín se la pasa pensando en ella) corresponderían a la fase depresiva. Una parte que fué un deleite leer fue la vida de Alejandra narrada por ella misma. Mucho de delirio y desesperación sin razón aparente, es una digna heredera de la decadencia de los Olmos.
La novela tiene varios párrafos rescatables, reflexiones dignas de un tratado de filosofía, pero aquí parecen servir más para rellenar espacio y alargar el libro.
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Y ahora, última lectura: ¡Guardias! ¿Guardias? de Terry Pratchet
:D :D :D
Enlace: Dosis Diarias
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