"El servicio militar sólo sirve para descubrir el porcentaje de cafres que cotiza en el censo. Y eso se descubre a las dos primeras semanas, no hacen falta dos años. Ejército, matrimonio, Iglesia y banca: los cuatro jinetes del Apocalipsis."
"La televisión es el Anticristo y le digo yo que bastarán tres o cuatro generaciones para que la gente ya no sepa ni tirarse pedos por su cuenta y el ser humano vuelva a la caverna, a la barbarie medieval, y a estados de imbecilidad que ya superó la babosa allá por el pleistoceno. Este mundo no se morirá de una bomba atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además un chiste malo."
Todo esto lo dice un personaje llamado Fermín, al cual es un deleite leer. Me encantó este libro y, al igual que la vida misma, termina con un tono agridulce, recordando aquello que no llegó al final, y también celebrando lo nuevo, lo que recién comienza, así como la esperanza, esa triste furcia que sólo sabe consolar. Al final, la vida misma es triste y solemne porque no es vida en su totalidad, a cada segundo va muriendo algo, dentro de nuestro ser y también afuera. Envejece, muere, o deja de existir, lentamente, de a pocos; y esa nostalgia y tristeza, cuasi existencial, no es más que lágrimas de duelo en este perenne funeral que es la vida humana.
|
|