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RECAST
¿MITO O DELITO?
(ARTÍCULO EXTRAIDO DEL NÚMERO 8 DE FANTPLASTIC)

Estimado y astuto lector que con buen criterio has comprado esta publicación: hoy vamos a tratar un tema peliagudo; un asunto polémico, sin duda. Si te has dejado los cuartos que tanto esfuerzo te cuesta ganar en adquirir Fantplastic, supongo que ya estarás enterado del término «recast». Para los recién llegados (¡bienvenidos, chavalotes!) merece la pena definir esta palabra para comenzar a hablar del tema con propiedad. Un recast es la copia de una pieza realizada a partir de otra copia, y no de los moldes originales de dicha pieza. Expuesto así, podríamos decir que estamos ante una actividad francamente pirata y a todas luces ilegal.

«Fusilando» kits a tutiplén.

¿Cómo se fabrican las copias piratas? La cosa es más o menos así: grupos de «despabilados» aprovechan un modelo ya existente en el mercado para sacar de él tiradas con un fin únicamente lucrativo. Los recasts más peligrosos son los que van destinados a las tiendas de modelismo. A menudo su acabado y presentación están tan cuidados que su comprado —sea éste comerciante o particular— puede no saber que le están dando gato por liebre. Provenientes principalmente de Corea y de otros países asiáticos (aunque también se hacen por estos lares nuestros), la mejor forma de estar prevenidos contra estos productos desvergonzados es informarse sobre ellos en publicaciones especializadas (¡como esta!) o estudiar bien la caja en la que viene el kit y observar si aparece alguna dirección clara de su supuesto fabricante (si no, mala cosa). En algunos casos, la calidad de las copias es tan irregular que las piezas están deformadas o desproporcionadas o, en el caso del vinilo, los componentes son muy finos y casi transparentes. Muchos otros recasts (principalmente figuras de resina de una sola pieza) también encuentran salida a través de mercadillos, tiendas de regalos y otros establecimientos como comercios de todo a cien (o todo a un euro, o todo a 0´60 euros, o... ¡yo que sé!). Las copias elaboradas por estos piratones son de una bajísima calidad, tienen un pintado mas que pésimo y están peor facturadas que una película de Jesús Franco. Como podréis imaginar, acumulando todas estas «virtudes», su precio es muy barato. Hace ya un tiempo era relativamente sencillo encontrar una serie de figurillas bastante cutronas de temática caspa-fantasi-heroica; ya sabéis: bárbaros, esqueletos guerreros, dragones... Este vuestro humilde juntaletras pudo verlas en el escaparate de una tienda de ropa de segúnda mano y ambiente jevimetalero. No entré a preguntar el precio de aquellas figuras tan toscamente pintadas, por lo que desconozco su valor, pero espero que nadie pagara por aquello. Es más: los propietarios del comercio deberían pagar a los clientes para que se las llevasen... ¡Dios, qué feas eran! Los modelos originales a partir de los que se hacen las copias son sobre todo norteamericanos (esta es la principal razón por la que las casas de dicho país no quieren vender sus magníficos trabajos a Europa y Asia). Una vez comprados los kits en su lugar de origen, viajan hasta al país asiático correspondiente (pongamos por caso China o Taiwan), se realizan los moldes, y de aquí se van sacando las copias piratas que una vez pintadas y acabadas –o sin pintar y empaquetadas, si se trata de un kit- se distribuyen por todo el mundo. De esta manera, estas organizaciones no se gastan un duro (perdón, un euro: es que no logro acostumbrarme) en comprar una licencia o en pagar a una empresa creadora de la figura original. Estos actos, absolutamente ilegales, están consiguiendo que desaparezcan algunas de las pequeñas e incluso grandes compañías que se dedican a fabricar este tipo de modelos, o haciendo que pasen serias dificultades económicas. Imaginad que estas casas fabricantes elaboran un kit, lo sacan al mercado y, al poco tiempo, nuestros simpáticos amiguetes de Taiwan ya tienen dispuesta en las tiendas la misma figura y a un precio más que asequible. ¿Algunos ejemplos de víctimas mortales de la delincuencia modelística?: gigantes como Horizon, Screamin´ , Halcyon o, más recientemente, Geometric... Lamentable.

¡Todo barato, oiga! ¡Que me lo quitan de las manos!

¿Y cómo narices puede conseguir esta gente que el precio de estas figuras robadas sea de risa? La respuesta es bastante sencilla. Fijaos: las tiradas que hacen son muy grandes, los materiales son de bajísima calidad, y por lo tanto muy baratos... Vamos, que si comparas la figura original con la copia puedes detectar infinidad de defectos. Y, ya se ha dicho, tampoco pagan ningún tipo de derechos. Y, ¡ojo!: ¿os imagináis el mosqueo que puede pillar el escultor, sea este de Wisconsin o de Viladecavalls, si se da la casualidad de que encuentra por ahí una figurilla casualmente calcada a una suya?. No me gustaría estar cerca del artista en cuestión en ese momento de furibundo cabreo.

¿Hay alguna solución para acabar con esta actividad fraudulenta?

Bueno, quizá para acabar con ella definitivamente, no, pero sí para combatirla. Posiblemente una solución sería que cada kit tuviese un precio más asequible para el posible comprador. Esto no es fácil, porque la medida que algunos escultores han tomado es hacer tiradas limitadas con certificados de autenticidad y con precios que puedan compensar las pérdidas que ocasiona la piratería en las empresas del sector. Además, estos artistas son legales y pagan importantes cantidades para reproducir las efigies de Boris Karloff, Pamela Anderson, George Clooney o Chiquito de la Calzada. Lo más importantes es que nosotros, los modelistas, nos concienciemos de este problema y consideremos seriamente si vale la pena ahorrar unos pocos euros a cambio de llenar el «cofre del tesoro» de nuestros amigos los corsarios.

Sí, son recast pero lo son menos.

Como ya todo el mundo sabe, tenemos en las tiendas otros tipos de recasts realizados con licencia. En este caso una empresa usa antiguas figuras de otra compañía (previo pago de los derechos oportunos), saca las copias a partir de ellas y las pone a la venta dentro de la más absoluta legalidad. Estos recasts son una gran ventaja para el aficionado, puesto que, gracias a algunas casas fabricantes actuales, salen al mercado modelos ya antiguos y, por supuesto, descatalogados hace ya varios años e incluso décadas. De esta manera el comprador puede adquirir material que en su día le fue imposible conseguir. Un claro ejemplo de estos recasts legales es el de la firma Polar Lights, que desde hace ya unos años saca periódicamente kits de la mítica casa norteamericana Aurora. Varios de los antiquísimos moldes de los años 60 y 70 de esta histórica empresa son actualmente propiedad de Polar Ligths, por lo que los nostálgicos pueden encontrar figuras que de otra manera serían inencontrables hoy día a un precio razonable. En otros casos, Polar Lights ha extraído nuevos moldes a través de figuras originales de Aurora o los han creado ellos mismos. Fantplastic ha ido reseñando en números anteriores varios de los recasts de esta compañía. Algunos ejemplos los tenéis en el kit del dicharachero homínido Cornelius de la saga El planeta de los simios, y que en su momento no fue comercializado por Aurora sino por una empresa llamada Addar (ver artículo en este mismo número), The Forgotten Prisoner (también reseñado en estas páginas), la casa de la familia Munster, los monstruos de la Universal, superhéroes de Marvel y DC, etc. (Los productos de Aurora también han conocido reediciones a través de marcas como Monogram, Python Press y otras.) Esta práctica legal es desde luego algo necesario. Sí, porque ya me diréis vosotros de qué otra manera se pueden encontrar kits de Aurora realizados hace seis o siete lustros. A no ser que la pasta os sobresalga por los bordes de vuestra billetera y no haya suficientes cuentas corrientes en vuestra sucursal bancaria para guardar el parné, ésta es la única manera posible de conseguir material ilocalizable, pasto de coleccionistas y de arqueólogos multimillonarios del modelismo fantástico.

Conclusiones y punto final

Bien: después de haber leído todo esto, el articulista que teclea el presente escrito se ha formado una serie de opiniones (que son tan respetables o no como las de cualquier otro, porque como dijo Harry «el sucio», las opiniones son como el culo: todo el mundo tiene uno) y se ha formulado estas cuestiones: Amigo lector, aficionado a estos menesteres y consumidor de kits de modelismo fantástico, ¿crees que merece la pena comprar una cutre-figurilla recast pirateada, llena de rebabas y malos acabados por cuatro chavos? ¿Vale la pena sacrificar la calidad de un producto en función de lo económico de su precio? Y, aún diría más: ¿crees lícito que un grupo de gente se aproveche del trabajo de un artista que ha invertido una larga serie de horas en realizar una pieza? ¿Es justo que otros ganen dinero a costa de los legítimos propietarios de un modelo? ¿Es el recast un acto totalmente claro de piratería que no respeta el trabajo de los autores?. Por cierto: aquí la legislación, ¿qué dice de todo ello, eh? ¿Qué es lo que opina la ley? Pues en la actualidad esta técnica de plagio o copia de figuras de modelismo, como ocurre también en otros países, parece ser que no se contempla como ilícita. Es decir, que los recasts no son ni legales ni ilegales, ya que existe una laguna legislativa con respecto a esta técnica de piratería. Claro que también podemos pensar que a nuestros gobernantes les da todo igual, o simplemente no están enterados de ello. Bueno, y con respecto a los recasts legales, supongo que mi postura se acerca bastante a la vuestra: son necesarios. Que las empresas punteras del sector sigan reeditando figuras antiguas. De esta manera el aficionado común podrá encontrar los kits que, de no ser por estos recasts oficiales, nunca volverían a ver la luz. Esta es la única manera de acceder a los productos que de otro modo no podrían encontrarse. He dicho. Fin del informe. Llegados a este punto sólo me resta decir que así creo que son las cosas y os las he contado como buenamente he podido. Nos vemos. Hasta entonces, no compren figuras ni kits ilegales, truhanes... ¡Que les vigilo!

Jesús Bernal
Ilustraciones de Francisco Tapias