HOLA,
PEREGRINO VIRTUAL.
Aquí Guillermo, el Peregrino Despistado.
Si quieres, puedes ir directamente a ver las fotos.
Nota: las fechas son las del sello.
El pasado mes de agosto pude, por unos días, volver a sentir lo que viví hace unos años, al embarcarme de nuevo en el Camino de Santiago. Hice una ruta corta, desde Roncesvalles (día 2) a Burgos (día 10). En Logroñó (día 6) sufrí una pequeña sobrecarga, pero eso no me detuvo, aunque al principio llegué a desilusionarme bastante.
Como la vez anterior, que hice desde León a Santiago en 9 días, lo que más me ha emocionado ha sido la gente que he conocido. Los dos primeros días (el viaje hasta Roncesavalles y el camino hacia Larrasoaña, día 3) coincidí con Fran, Ramón y Marga, todos de Barcelona (saludos a todos). A pesar de todo yo iba a mi ritmo, y al salir de Pamplona me perdí y acabé pasandome del albergue en el que habíamos quedado (Cizur Menor), por lo que decidí seguir hasta Puente la Reina (día 4).
Allí volví a encontrarme con dos amigos, ambos de Barcelona, Raimon y Jorge, con quien llegué a coincidir hasta Burgos. De camino a Estella, topé con Josep María, de Gerona, que sería la persona que más me ha marcado en este Camino. Volví a encontrarme con la pareja anterior y comimos en Estella, poniéndonos el objetivo de llegas hasta Los Arcos (día 5). Me volví a adelantar y llegamos destrozados, menos mal que nos chivaron que había piscina...
Después de la paliza, quisimos tomarnos un día "de descanso". Por la mañana volví a encontrarme con Josep María y tuvimos una charla bastante animada, hasta que volví a coger mi ritmo y separarme. Forcé tanto la marcha, por acompañar a un italiano, Corrado, que la rodilla me dió el aviso. Llegué al albergue de Logroño (día 6) bastante desilusionado. Allí, por fín encontré a una pareja de madrileños, Rosa y Jose María, que me sirvieron de apoyo moral. Un buen plato de pasta para cenar, un tremendo desayuno, dejar dos kilos en correos, no madrugar, y andar despacio... me sirvieron para volver a andar otros 35 kilómetros hasta Azofra (no me quedé en Nájera porque me pasé el albergue sin darme cuenta). Allí tuvimos una agradable y divertida conversación con tres chicas, María (Austriaca), Marina (Brasileña) y Gisselle (de Sudáfrica), Pedro (que venía andando desde París) y varios más.
El nuevo día me trajo la idea de dejar de correr ¿para qué? Burgos estaba cerca y todavía me quedaban 7 días... Una vez más, fui acompañado por Josep María, que me hizo andar descalzo y me hizo SENTIR mis pies. Paramos en Redecilla del Camino, pero yo quise seguir hasta Belorado (día 8). Allí hallé de nuevo a Rosa y Pedro, y cenamos juntos.
A la mañana siguiente, me encontré con Andere, una chica de Vitoria, que andaba un poco perdida para salir del pueblo. Nos acompañamos mutuamente hasta Villafranca Montes de Oca, donde yo me quedé. La conversación fue bastante interesante, y afianzaba mi teoría, forjada en mi anterior Camino, de que quienes lo hacemos, tenemos, casi siempre, gustos muy parecidos, y formas de pensar semejantes. Quise quedarme, pensando en esperar a mis primeros acompañantes, Ramón y Marga (Fran lo tuvo que dejar en Nájera, por lo que me enteré posteriormente). Al ver que Josep María y Jorge habían decidido continuar, volví a coger mis cosas y avanzamos hasta San Juan de Ortega (día 9). También coincidimos con Rosa y Jose María, por lo que la velada fue una pequeña fiesta entre amigos.
Tenía pensado, al día siguiente, quedarme a ver el yacimiento de Atapuerca, pero hice todo el camino con Andere y decidí no hacerlo. Eso sí, nos salimos del camino otra vez, y tuvimos que ir a través del campo. Por fín llegamos a Burgos (podrían habilitar un albergüe más cerca de la entrada, collons). Allí me quedé (día 10).
Al día siguiente me desperté tarde y solo. Deambulé horas por la parte antigua. Ya estaba resignado a no ver a nadie conocido, cuando volví a ver Josep, que estaba tomando algo con Marianne, una francesa que conoció en Montes de Oca. En eso que me llama Jorge al móvil y me dice que está en Burgos descansando... y quedamos todos para charlar un poco antes de volver a separarnos.
Josep María y Marianne siguieron su camino, y Jorge y yo comimos por la zona. Luego, cogí el tren hacia Madrid. Me dejé la credencial por descuído, y hoy, día 29, la he recibido, enviada por Jorge desde Santiago, donde llegó el día 24.
Aquí tenéis las fotos que tomé:
Página casera hecha en un momentito por Guille, de Madrid. Agosto 2001.