Logan nació en Irlanda hace más casi 200 años. Con apenas 25 años conoció la muerte y la no vida defendiendo a su familia de las hordas de vampiros irlandeses. Las luchas eran cruentas y encarnizadas. Los cazavampiros irlandeses se veían eliminados por un poder creciente en las huestes de vampiros. La causa, la reducida duración de los días en aquel lugar, y las continuas nubes de tormenta que alargaban la vida activa de un vampiro común.
Con el paso del tiempo, el territorio irlandés pudo frenar el ataque de los vampiros, gracias a los continuos pactos que mantenían las clases aristócratas de éstos con las políticas de los humanos.
Pero Logan no es un vampiro convencional. Antes de darle la No Vida, antes de regalarle el Abrazo, los vampiros encerraron a un Logan moribundo en unas catacumbas aisladas del sol, la vida y la realidad. Una vez convertido en no-muerto, Logan sobrevivió más de 80 años en esas catacumbas, aislado de todo y de todos. Hasta que al final, un príncipe vampiro, tan viejo como la misma Luna, rescató a nuestro personaje de tan fatal agonía.
Como producto de todo esto, Logan vio alterada su capacidad sensorial, aumentando increíblemente, más allá de cotas vampiricas, su visión nocturna, su olfato, y sobre todo su capacidad de supervivencia. Durante su vida de aislamiento, Logan llegó a expulsar a ese espíritu demoniaco que posee a todo ser de la noche, perdiendo así su lado oscuro y agresivo, su ansia, pero manteniendo pautas comunes con los de su raza, la no vida a la luz del día, la sangre como único alimento (pero con mayor asimilación para la sangre no humana), y los poderes sobrehumanos.
Logan, junto con este príncipe vampiro, Dracul, inició una vida de ostracismo y soledad. Pero éste, harto de ver como los de su propia raza manchaban de sangre y dolor todo lo que poseían, decidió actuar en firme, reclutando a humanos que habian perdido todo a causa del poder violento de los vampiros. Se habia iniciado la resistencia vampírica, ironicamente, a manos de un vampiro.