ENTREVISTA CON CARLOS GIMÉNEZ

  por Jordi Juanmartí

Tres imágenes de Carlos Giménez durante su charla en el Salón del Cómic del Principado de Asturias... 

        Hacía bastante tiempo que uno andaba detrás de una entrevista con Carlos Giménez... aunque es un autor muy estudiado, y con un fondo bibliográfico de crítica y análisis aceptable -siempre dentro de los exiguos parámetros de nuestro país, claro-, consideraba que cualquier aportación suya, incluso repitiendo cosas dichas anteriormente, no era nada desdeñable. Así que aprovechando su estancia en Gijón para el Salón del Comic Principado de Asturias de 2004 les solicité a él y la organización dicha entrevista, recomendándome estos últimos que aprovechara el encuentro del autor con la prensa que tendría lugar el sábado 16 de octubre, y tomándome el tiempo que me hiciera falta siempre que Carlos no pusiera inconvenientes... cosa que el historietista no hizo, y aquí se lo agradezco públicamente.

        Así que al final dispuse de más de hora y media de charla con EL AUTOR (así, con mayúsculas) de tebeo español por excelencia... Estuve en el encuentro con Luis Ordóñez y V. Guillot, periodistas de La Voz de Asturias y La Nueva España, respectivamente, cuyas preguntas he decidido incluir (las iniciales del periódico van delante de la pregunta) porque las respuestas de Giménez me parecieron interesantes. Gracias a Guillot por permitirme reproducir sus preguntas, y como con Luis Ordoñez no tuve ocasión de hablar al final, espero que no le importe que haya puesto aquí su intervención.

        Por tanto, señoras y señores, aquí tienen ustedes a Carlos Giménez en estado puro. Seguro de sí mismo, fiel a una ideología que le ha acompañado toda su vida, desengañado y pesimista acerca de la industria y la sociedad pero al mismo tiempo orgulloso e ilusionado con su trabajo, castizo y directo en su forma de expresarse.... Hablando de todo, de política, de la sociedad, de su obra, de nuestra historia... Con opiniones, seguro, controvertidas, pero nunca basadas en una impresión superficial, sino en muchos años de experiencia y trabajo. 

    Nota: cualquier comentario que quieran ustedes hacer a esta entrevista, son bienvenidos a hacerlo en la entrada correspondiente a la misma dentro de La bitácora de El Gatu. Un acceso directo a la página de dichos comentarios lo tienen aquí.

    Fotos: Jordi Juanmartí. Ilustraciones © Carlos Giménez / Ediciones Glénat, S.L.

— Ayer mencionaste, comparando El Papus y El virus mutante, que en esta última os comentaban que cierto tipo de cosas no se podían decir, que igual ofendían a la gente.... ¿Crees que el público de ahora está preparado para ser ofendido, que es como el público de hace treinta años?

— Las revistas sociopolíticas viven el momento en el que están. Por ejemplo, en la transición, donde había una convulsión de tipo político, se acaba el franquismo y empezaba la democracia, era lógico que tuvieran un tono mucho más alto que el que tienen ahora, porque se trataba de ir acabando con el franquismo, con la dictadura, y empezando la democracia. En estos momentos una revista del mismo estilo, como El Jueves o El virus mutante... son revistas para lectores de periódico, y estos tienen una amplia gama. Se trata de no ofender a nadie, opinar, hacer humor, criticar, pero teniendo en cuenta que la gama de lectores es más variada... No está hecha para gente de extrema derecha o extrema izquierda, sino para gente que lee el periódico, que vive la actualidad, y que le hace risa ver una crítica sobre el momento que estamos viviendo...

— Pero ¿no estás de acuerdo con que las parodias ahora son más amables, que el parodiado o criticado acaba cayendo simpático, como si la gente ahora no quisiera jaleos?

— Yo no hablo de la gente, hablo de mí. A mí me gustaría colaborar en revistas mucho más extremas, con arreglo a mi ideología, que no es extrema pero sí crítica, muy crítica. Lo que pasa es que tú trabajas donde trabajas. Si trabajas en una revista de fútbol, haces chistes de fútbol... si no te gusta el fútbol, no colabores en ella. La revista en la que trabajas es la que es y tu material debe ser adecuado a esa revista. No te empeñes en buscar productos que en estos momentos no existen... en este momento no hay ningún editor que quiera hacer una revista muy de izquierdas, o muy crítica... Son revistas de una izquierda un tanto... incluso los colaboradores de revistas de humor trabajan también en revistas y periódicos de diferentes tendencias... No puedes pretender que el conjunto de diferentes tendencias dé una tendencia concreta.

— Y ¿por qué crees que ocurre esto ahora? En principio, parece que la gente tiene ganas de protestar cuando algo va mal, ahí está lo que pasó con el Prestige, la guerra de Irak...

— Nunca sabremos de qué tiene ganas la gente, porque la gente se enchufa delante de la televisión y se ve toneladas de basura... Yo dudo mucho de que la gente tenga ganas de nada mas que lo que le echan, si le echan basura, come basura. Eso de que la gente tiene ganas es una concepción muy personal y muy idealizada de lo que a nosotros nos gustaría que fuera el mundo. Y hay otra cosa: aparte de lo que la gente tiene ganas, está lo que el editor quiere. Para que una revista funcione, tiene que tener unos planteamientos industriales: a qué publico va dirigido, como es ese público... hay unos planteamientos industriales de costos, de tendencia... el editor, que es el que tiene claro lo que quiere, busca unos colaboradores adecuados a su proyecto. Es como en el cine, el director hace la película y el resto sigue las indicaciones de los demás.  

... y otras cinco durante la entrevista: vehemente, seguro de si mismo, con las ideas claras...  

— (LVA) Has mencionado que, comparando los setenta con esta época, antes había una mayor efervescencia política, con el cambio de la dictadura a la democracia... pero en los últimos dos años recuperado hay una presencia de lo político en los medios mucho más grande... Ahí están las películas de Michael Moore o aquí la película Hay motivo... es como si de repente se recuperara la abandonada práctica de una creación artística de ánimo político evidente.

— Sí... Pienso que estamos viviendo un momento político mundial terrible. En el mundo es imposible no mirar a la política porque lo que está ocurriendo en el mundo es terrible. Es un mundo convulso, lleno de sangre y terror. Pero no olvidemos que esto ocurre dentro de una sociedad donde el capitalismo ganó. Tras la caida de los paises socialistas, el capitalismo creó este mundo convulso. En los 70 el socialismo de los paises socialistas era tan vigente y prometedor (aunque luego la cosa resultó ser muy diferente de lo que pensábamos) que era otro momento... Decíamos frases esperanzadas que luego resultaron falsas, como "El mundo camina inevitablemente hacia el socialismo"... Cuatro días después estamos en el capitalismo más duro y más brutal que hemos vivido en los últimos años.

Ahora se mira la política, pero no olvidemos que mientras nos horrorizamos por las bombas, el terrorismo... nuestra vida diaria es enchufarse a una televisión completamente estulta y chuparse cantidades de programas nocivos, incultos, zafias... No hay inquietud por la política, hay miedo al terrorismo, que no es lo mismo, y no hacemos nada por prepararnos. Cuando votas, votas lo que te parece más... No se puede decir que el pueblo español sea de una tendencia determinada. En unas elecciones sale un gobierno y en las siguientes sale otro.

— (LNE) Esta manipulación televisiva ya la reflejaba la película Network, hace veinticinco años, mucho antes de la caida del muro de Berlín, ya se veía venir...

— No conozco la película, pero cosas que antes eran parodia de la realidad, algo tan exagerado que pensábamos que nunca sería verdad ahora es la televisión normal y corriente... Decíamos "Cuando el destino nos alcance"... pues ya nos ha alcanzado.

Hoy comentaba con Berardi una anécdota del actor Totó, en una película intentaba vender el coliseo romano a un turista, algo que quiere hacer Berlusconi. Cosas que antes eran inauditas ahora son la realidad.

— (LNE) Lo cierto es que parece que el capitalismo asume, devora valores que tenía la izquierda por un interés económico...

— Lo malo que tiene el capitalismo es que tan egoista que termina devorándose a sí mismo. Al ser tan despiadado e insaciable termina creando situaciones insoportables para los devorados, y termina creando unos problemas tan grandes como los que tenemos ahora, problemas basados en la incomprensión de los países que menos tienen, los que son minorías poderosas... ¿Por qué vienen aquí los moros, y los sudamericanos? Porque no se les está dejando nada, y vienen donde hay algo. Si el capitalismo se preocupara de que en cada país se explotaar en su propio favor lo suyo, podrían trabajar en su país y no tendrían que emigrar.

— ¿Cual es la labor de un historietista ahora? Hace años, a través de un personaje de Rambla arriba, Rambla abajo, decías que cualquier persona que hiciera un trabajo creativo tenía un mensaje que dar...

La cita que Carlos no recordaba... como se ve, sigue pensando lo mismo sobre la labor de un historietista...

— No recuerdo esa cita, yo a lo largo de mi vida he escrito muchas cosas... pero creo que no nos debemos ceñir al historietista. Toda persona que trabaja en los medios de comunicación y tiene un altavoz, debería usarlo con consciencia de lo que está haciendo y responsabilizarse de sus actos. Todo intelectual debe ser consciente de que los medios modifican al individuo por la repetición constante del mensaje. Si tu cuentas chistes racistas, la gente se reirá de otras razas, pero si transmites una preocupación por el racismo, terminarás haciendo que la gente reflexione sobre ello.

Así que supongo que sigo pensando lo mismo que dices que escribí en su momento. Hay que responsabilizarse del mensaje que da cada uno... No puedes decir "yo, como soy un profesional hago lo que me echan"... yo pienso que antes que profesional, eres una persona con un criterio y una actitud ante la vida, y tu trabajo profesional deber ir en relación directa con tu criterio.

— Acabas de sacar un nuevo Los Profesionales... ¿cuál es la posición actual de Carlos Giménez en la industria?

En primer lugar, yo no creo que en estos momentos se pueda decir que hay una industria. Hay una industria editorial, es verdad que se editan tebeos, pero se editan tebeos extranjeros, manga... empieza y termina en el editor, no es una industria en la que participe el autor. Los autores españoles prácticamente no están integrados en la industria, no están trabajando para la industria española porque la industria española desde este punto de vista prácticamente no existe. Hay excepciones, entre las cuales puedo estar yo, que cada cierto tiempo publico un álbum, y alguno más. Pero de hecho no hay revistas en las que los dibujantes españoles colaboren asuidamente, no hay un proyecto editorial en el que podamos crear un equipo de redacción con una tendencia determinada, no existe ninguna revista. Los autores de mi generación, muchos de ellos de gran valía, o han dejado de dibujar porque no tienen donde y se dedican a otra cosa, o están trabajando otra vez como en los malos tiempos para editoriales extranjeras en paises como Francia o Italia donde sí hay una industria. Hablar de la industria del tebeo en España, si por industria entendemos traducir al español superhéroes americanos o manga japonés, pues hay una industria "industrial" pero no hay una industria de autoría... se intercambian fotolitos, se hacen unas tiradas, se vende y siempre hay un tipo de lectores que lo compra... pero es una industria en la que el autor español está ausente, salvo raras excepciones.

 Los tebeos eran antes algo muy popular, con tiradas muy grandes que se distribuían por quioscos. Ahora los tebeos son tiradas muy pequeñitas que no permiten la distribución por quioscos, porque hay más quioscos que ejemplares tiene la tirada, y se distribuyen en lo que yo llamo las catacumbas, las librerías especializadas, de las que hay tres en cada ciudad importante, una en las menos importantes... Con lo cual los tebeos ya no es una cosa popular, es para minorias, para coleccionistas, para entendidos... al ser las tiradas tan reducidas, el beneficio es también reducido. Es una industria muy pequeñita, el editor gana poco, el autor prácticamente pierde el tiempo... y está condenada a desaparecer. Siempre habrá manga o superhéroes americanos que se traduzcan y se publiquen, pero cada vez en tiradas más pequeñitas porque se venden en las catacumbas, y son muy pocas...

— ¿Se te ocurre alguna razón para esto que está ocurriendo?

— No se me ocurre ninguna, porque no soy un industrial y si se me ocurriera alguna no sé si serían buenas, no he hecho estudios de mercado... Simplemente creo que esto es como la madre, la quieres mucho, pero se hace mayor y se muere. Es lo que está pasando con los tebeos, se han hecho mayores y se mueren. No veo que haya alguien que se interese por ellos... Todo aquel movimiento que hubo por parte de los que empezamos a ser autores en los setenta, de hacer un tebeo diferente que no fuera el clásico del oeste o de aventuras, si no de hombres y mujeres o concepciones más libres... todo esto ha desaparecido, no ha tenido ninguna continuidad. En estos momentos los tebeos que vuelven a existir son de héroes, superhéroes, y encima se hacen fuera de España. Es como si despues de inventar el cine y hacer grandes películas ahora volviéramos al cine mudo. Se acaba, y creo que si nadie lo quiere, no hay que lamentarlo. Si nadie quiere oirte cantar, es una tontería que te empeñes, deja de cantar. Cantar en el desierto es una gilipollez.

 

Los años cincuenta... tiempos de hambre, de pobreza... y de quioscos llenos de la fantasía de los tebeos.

    — (LNE) El tebeo español está muy vinculado al quiosco, y los quioscos desaparecen, quizá a causa de las nuevas tecnologías e Internet... ¿no deberían los autores españoles adaptarse a las nuevas tecnologías para conseguir una difusión mayor?

    — El autor español, como el actor de cine español, no tiene ninguna posibilidad de modificar la industria. Por mucho que quiera un actor hacer una película, si no hay un productor que le contrata no hay película. Esto no es una cuestión de los autores, es cuestión de los directores de periódicos, los propietarios... que son los que invierten. Lo de Internet yo lo he intentado, no es cuestión de hablar mucho de ello, y ha sido un experimento demasiado complicado, caro, lento y difícil.

    Los tebeos eran antes populares, destinados al gran público, el Capitán Trueno llegó a tener de tiradas de 400.000 a la semana, El guerrero del Antifaz 250.000... estas cantidades permitían la distribución en quioscos en la calle, que era donde las encontraba el público al que iban destinadas, el público de la calle. En estos momentos ediciones de 2.000 o 3.000 ejemplares es imposible distribuirlas, excepto en "tiendas del gourmet", se vende como el caviar, en sitios pequeñitos, porque hay muy poca gente que lo compra. No sólo esto, hay poca gente que lo ve, con lo cual la gente no sabe ni siquiera que existe.

— (LNE) El manga quizás sea un tipo de cómic que intenta armonizar un poco la cultura occidental con las costumbres japonesas, la asunción del capitalismo por una sociedad feudal, y sin embargo ha tenido un éxito terrible en el resto del mundo...

Más que esa definición del manga, que puede que sea correcta, yo creo que el manga es a la historieta lo que la comida rápida a la cocina. Es una forma de cómo leer mas tebeos en menos tiempo. La acción es muy dilatada, hay poco diálogo, donde en una viñeta uno dice "hola", en la otra viñeta el otro dice "hola", en otra otro dice "siéntate"... , el otro dice "¿qué"?... y a todo esto han pasado ya ocho páginas. Es una cosa para leer muy deprisa, para consumir... Es como la comida rápida, "mira, no tengo tiempo de comer, ponme una hamburguesa". Para mí el cómic es todo lo contrario. Es una comida muy lenta, para saborearla... "oye, estas aceitunas tienen tomillo y laurel, qué ricas... " "pues prueba el resto de la ensalada..." A mí me encantan los tebeos que leo muy despacio e incluso los leo varias veces, una vez para enterarme de la aventura y luego para fijarme en los dibujos "fíjate el príncipe Valiente, como ha dibujado la armadura, y el castillo de Camelot"... para disfrutar. Que la historia tenga un contenido artístico, de documentación... que no sea un lenguaje básico "hombre entra en barco", sino "vikingo del siglo nosecuantos con la ropa destrozada y el cansancio reflejado en la cara entra en el agua chapoteando para entrar en el drakkar..." A mi el lenguaje "hombre entra en barco" no me sirve de nada, tengo ya sesenta y tres años, ya no como las patatas crudas, como las patatas como guarnición de otras cosas muy elaboradas, con especias, con guisos, con salsa... A mi me gustan los productos sofisticados, y pienso que en arte los productos tienen que estar sofisticados, porque el mensaje básico no tiene ningún interés.

Ojo, los japoneses tienen historietas maravillosas, te puedo decir unos cuantos autores japoneses que son plato especial. Cuando hablo del manga me refiero a esa forma de construir tebeos, el tebeo rápido. No hace mucho he leido que se han hecho estudios en Japón que dicen que un lector de manga lee no se cuantas páginas en no se cuántos segundos. Eso a mí no me interesa, es como si me pusieran una película acelerada para verla antes. No, yo quiero que se tomen su tiempo en contármelo... Es como con las novelas, no me haga usted una novela muy comprimida, como las Selecciones del Reader's Digest... no,  déme la novela entera, si me está contando usted El conde de Montecristo, démela entera, con todas las descripciones y espacios creados por Dumas... La comida rápida, el tebeo rápido... todo eso no me interesa. Me interesa el producto bien hecho, sofisticado, lleno de detalles y matices, que al dibujarlo el autor y leerlo el lector, entran en esa complicidad de los pequeños detalles que uno ha colocado para que el otro los encuentre.

— (LNE) A lo que yo me refería con la pregunta anterior era cómo una cosa propia de los japoneses tiene éxito no sólo en Japón sino también en Occidente, mientras que la historieta española, mas cerca de nuestra idiosincrasia, no tiene ese arraigo.

Bueno, en España lo tuvo, pero se cortó. Por las razones que fueran los modelos que tenían los editores no funcionaron, los que podrían haber funcionado no los tenían, y el público se dedicó a otra cosa, igual que se dejaron de vender carros tirados por caballos y se empezaron a vender coches...

Se crean corrientes... en el momento en que ciertos productos desaparecen del mercado y aparecen otros. Es lo que decía antes, la gente no como lo que quiere, come lo que hay. En un restaurante comes de lo que hay en la carta. La industria española ha desaparecido y no hay nada que ofrecer... no es que a la gente le guste o le deje de gustar, es que no hay carta. No te olvides de que los productos de más exito en España han sido productos españoles. No hay ninguna publicación que haya tenido el éxito de El Capitán Trueno, ni tebeo de humor con el éxito de Mortadelo y Filemón, ni Asterix ni nada de nada. Eran productos españoles, pero había una industria.

— (LNE) Muchos dibujantes españoles se van a la Marvel...

...sí, a América, a Francia, a Italia... donde hay trabajo.

— ...y siguen la línea del superhéroe...

— ...eso los que van a Estados Unidos, pero por ejemplo los que van a Francia hacen historietas de corte francés, los que van a Italia siguen la línea de los Tex... los grandes dibujantes españoles están trabajando para Italia, para Bonelli, haciendo el Tex... Jordi Bernet, Alfonso Font, Manfred Sommer... Ortiz, Blasco cuando vivía... ¿por qué? Porque allí hay un editor con unas colaboraciones... en España no pueden trabajar porque no hay ninguna publicación. Los artistas también emigran.

— En este mundo audiovisual en el que vivimos, las adaptaciones de tebeos al cine ¿pueden ayudar? Pensemos por ejemplo en una adaptación de Paracuellos...

— ¿Por qué no? Pero no solo mis historietas, sino también de otros tantos autores, Sommer, Font, las historias de Beá, imagínate... las de tanta gente. En un mundo donde las ideas no sobran, como el cine español, podrían ser excelentes ideas para una película. Pero yo dudo mucho que, salvo rarísimas excepciones, los productores y directores de cine lean tebeos, con lo cual no lo conocen, y como no lo conocen no tienen ningún interés. Y si lo conocieran, en esta España donde todo es tan chiquititito, y la industria del cine también es chiquitita, no hay un director de cine que no haga sus propios guiones o colabore con el guionista... todos quieren asegurarse sus derechos de autor... Y así nos va, salvo dos o tres personas con talento, que las hay, lo demás son mediocridades.

— En algún sitio he leido sobre una propuesta para llevar Paracuellos al cine...

— Sí, todos los años, o cada dos años, la hay. Pero el que la quiere hacer no encuentra dinero ni productora... y en parte es lógico, porque dice "Oiga, que quiero hacer una película sobre unos niños muy pobres" y le dicen "Huy, no, ¿salen tías?" "No" "Pues nada..."

Tres momentos diferentes de nuestra pasado, tres décadas en la memoria de nuestra historia... Ahora el recuerdo es una moda, pero Carlos Giménez ya llevaba muchos años contando lo que pasó...

— (LNE) Hablando de cine, ¿qué le parece la última película de Jose Luis Garci, sobre el Madrid de los años cincuenta...?

— No la he visto, pero lo que me da a mí cierta... iba a decir amargura, pena,... no, lo que me hace es darme cuenta de lo poco transcendentes que somos autores como yo es que cosas que yo llevo haciendo miles de años casi... llevo escribiendo Los Profesionales, que es una historia de los años sesenta desde hace veinte años, y de repente sale en televisión una serie recreando esa época... Llevo haciendo Paracuellos, recreando los años cuarenta, desde hace no se cuanto tiempo y todavía tiene que venir Guillermo del Toro a hacer una película con niños de postguerra... llevo no se cuantos años haciendo Barrio, un reflejo de los años cincuenta... y de hecho es lo que estoy haciendo ahora, y tiene que venir Garci a hacer una película... y dices, coño, si esto yo lo llevo haciendo mucho tiempo, las ideas estaban ahí, nadie las ha visto... si nadie las ha visto, nadie puede interesarse, es una cosa que desconocen...

— Y con todo este panorama que describes, a un artista tan rompedor como tú ¿le quedan todavía ganas en cuidar tanto el aspecto formal de tus historietas?

— A mi se me acaba el dinero, se me acaba la salud, se me acaba la belleza, se me acaban muchas cosas que van con la naturaleza y con la edad, pero no se me acaban las ganas. Es lo único que no se me acaba. Sigo dibujando con gran afición, me lo paso muy bien. El día que no me voy de viaje, o de boda, o a no sé donde, me alegro mucho porque me digo, "hoy, sólo dibujar". Soy como aquel hombre tumbado al sol al que le dicen "¡Qué buena vida te das!" y responde, "Si buena vida me doy, buen hambre me paso". Trato de seguir enganchado a una profesión que me gusta mucho y sin la cual no podría vivir, pero que lógicamente no me da otras cosas. Es como una novia que no te quiere, sigo enamorado de ella aunque ella no se lo merezca. Mientras pueda seguir dibujando, viviré, y si no puedo por lo que sea, se habrá terminado. Como ya me pilla a una edad en la que los ciclos principales ya están cubiertos, pues ya está. Tengo hijos, me he casado dos veces, tengo nietos... he escrito mi libro... no he montado en globo pero prácticamente lo que hay lo tengo hecho. Me gustaría seguir publicando mis trabajos con cierta repercusión, aunque si no la tienen ya estoy acostumbrado...

— (LNE) Decía Manuel Alcántara que los años cincuenta fueron años muy difíciles pero que fueron los años más nuestros...

— Yo pongo el ejemplo del ascensor. El ascensor siempre está a una altura, el piso quinto o el 32... pero me he dado cuenta de que la altura no importa, lo que importa es si está bajando o subiendo. Si esta en un piso bajo pero está subiendo, estás lleno de ganas de hacer cosas, vas a más, el pais va subiendo... Pero si el ascensor está bajando, aunque estemos en lo alto, perdemos las ganas, vamos a menos... Creo que ahora estamos en un piso alto, comparado con otras épocas, pero es evidente que el ascensor está bajando a una velocidad de vértigo y ganas de llorar.

— (LNE) Pero, ¿comparte usted esa opinión?

— Los años "muy nuestros" dependen de quien diga la frase. Los años realmente importantes de mi vida son los sesenta, no en vano la llaman la década prodigiosa. Los cincuenta eran todavia años de demasiada penuria económica, fealdad, pobreza, violencia... Los sesenta fueron años de cierta esperanza... empezamos a vestir de colores, como los Beatles, Joan Baez, los hippies... toda estos movimientos que enriquecieron el mundo. Los años sesenta fueron los importantes. Los buenos fueron los setenta, donde todo lo que se había planteado en los sesenta había crecido... en los ochenta la cosa empezó a marchitarse, la cosecha estaba dada, nadie sembraba nada... los noventa fueron grises y los dos mil el caos.

Giménez y la verdadera historia de la transición...

—(LNE) ¿No ha tenido ganas de ver reflejada en el cómic la transición?

— Yo lo he hecho, creo que el trabajo más completo que se ha hecho sobre la historia de la transición lo he hecho yo, España Una, Grande, Libre. Es una bonita crónica de la transición, que no hice proponiéndomelo... En aquella época yo tenía una colaboración semanal en El Papus que me obligaba a tocar el tema de la semana. Un año y medio o dos después te das cuenta de que inadvertidamente has hecho una historia de los dos últimos años.

Yo creo que era una crónica de la transición vista desde el peatón, el soldado raso... Normalmente cuando se cuenta la historia de la transición se cuenta desde el punto de vista del automovilista, el general... Suárez, el rey... como en la serie de Victoria Prego... parece que los políticos lo hicieron todo, y no. Lo hizo la gente de la calle, en las manifestaciones, yendo a la huelga, abriendo el Partido Comunista cuando estaba ilegalizado... diciendo y dando a entender que se acabaron las cosas... los políticos bastante tuvieron con correr detrás de lo que decía la gente... porque la que marcó la transición, los movimientos y los tiempos era la gente. Cuando lo ves en los documentales, como solo salen los jerifaltes... Lo bueno que tiene mi historia de la transición es que está contada desde la gente de las cárceles, la gente torturada, la que luchó contra la Triple A, la que moría, la de las pintadas en la calle, la que trabajaba... la gente como yo, porque nunca oirás decir en la historia de la transición la labor que hicieron los dibujantes de humor, no, eso no consta. Los dibujantes de humor fuimos unos agitadores tremendos, como los periodistas... Los grandes conductores de la agitación, de masas, fueron los periodistas, eran la prensa más evolucionada de Europa en ese momento, y los dibujantes de humor, que eramos la gente más audaz... Por eso nos pusieron bombas y nos mataron, por eso la Triple A nos puso una bomba y nos voló El Papus. No pusieron una bomba a un ministro, el ministro no hacia daño a la Triple A, los que hacíamos daño éramos nosotros, los dibujantes de humor de El Papus... eso no consta. Eso es lo que me gusta de mi historia de la transición es que está contada desde el suelo, sin hablar sólo de caviar... patata, también había patata.

— Hay muchos Carlos Giménez... se habla del Giménez combativo, el que cuenta su vida... él que me gusta mucho a mí es el Giménez romántico, el de Sabor a menta, por ejemplo, los Romances de andar por casa...

El Giménez "romántico"... pero a contracorriente, con historias de gente real

    — Hay demasiada sencillez o ingenuidad al leer las cosas... El Giménez que cuenta Sabor a menta es quizá tan combativo o más como el que hace crónicas políticas... En un momento en que se estaban dibujando historias románticas en los tebeos, que todas eran de la secretaria que se enamora del jefe y cosas así... yo hago historias desgarradas, de hombres y mujeres de la vida real... Eso era tan subversivo como un panfleto, tan nuevo y tan diferente que no se ha vuelto a hacer, ni se había hecho antes ni se ha vuelto a hacer. O sea que es mentira que ese Carlos Giménez no sea combativo, es un Carlos Giménez muy cabreado y muy combativo, pero contando el amor y el sexo desde el punto de vista que él conoce y quiere contar... ese hombre casado que se enamora de una mujer y luego la vuelve a encontrar y está destrozada... Esas historias de la chavalita de dieciocho años, secretaria que se enamora de su jefe, joven y guapo es un amor edulcorado, falso... El amor de verdad suele ser una cosa en la que vas dejando jirones del pellejo y te vas llevando mordiscos, no grandes raciones en bandeja, y enseguida pasa el momento.