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Así NO son las cosas

 

 

Algunos medios de comunicación en habla castellana obvian la calidad informativa y la ética periodística a la hora de informar sobre el horrible descuartizamiento de un joven  sueco a finales del año 2002

La revista ‘Así son las cosas’ se hizo eco en su número 36 del horripilante asesinato de Marcus Noren, un joven sueco de 22 años cuyo cuerpo apareció descuartizado en un lago de la ciudad sueca de Halmstad a finales del año 2002. En la información de la página 12, la revista titula “Descuartizado en un juego de rol”. Sin embargo, durante la lectura del artículo no se hace referencia a ningún juego de estas características y ni siquiera se los nombra. Además, en el texto se duda incluso de la posibilidad de que el crimen tuviera relación con ellos.

Por tanto, caben dos posibilidades a la hora de valorar la cabecera del artículo: que sólo se hiciera por mero sensacionalismo o que se tradujeran algunos teletipos extranjeros sin contrastar sus datos demostrando un total desconocimiento de lo que son los juegos de rol.  Las dos posibilidades constituyen una grave falta de ética periodística, ya que el titular no se justifica en el texto y todo indica que no se han comprobado la veracidad de las fuentes ni se conoce qué son los juegos a los que se les vincula con este terrible crimen.

Otra de las características que muestra el artículo es una evidente redacción sensacionalista que “decora” las informaciones procedentes de medios de comunicación extranjeros. Una de las premisas de la ética periodística es citar las fuentes. En el texto no se hace referencia a ninguna de ellas; por tanto, debería suponerse que la redactora ha tomado de primera mano la información, desplazándose a Suecia a comprobar la historia. Sin embargo, la gran cantidad de errores que se denotan de la lectura de la información hacen suponer que no ha debido ser así.

La redactora llega a afirmar, sin base alguna y sin citar ninguna fuente, que Marcus Noren “llegó a beber sangre humana y pagó por ello”. Esa afirmación, sobre todo desconociendo el móvil real del asesinato y quién lo cometió, es gratuita y es imposible de corroborar, mucho menos si no lo ha podido comprobar en persona la redactora. Además, apunta que “la afición del joven sueco por los videojuegos le llevó a ponerse en contacto con la secta satánica Goth y a adoptar la personalidad de un vampiro”. En primer lugar, la “secta satánica Goth” a la que se refiere no parece existir como tal. Si se buscan en Internet las palabras ‘Goth Sect’ o ‘Goth Cult’ nos encontramos con páginas que se refieren a la tribu urbana de los ‘góticos’.  Los ‘góticos’ son aficionados a música  de grupos como ‘The Cure’, ‘Depeche Mode’, ‘New Order’ y ‘The Sisters of Mercy’, entre otros, a los que les gusta identificarse con estéticas siniestras y ocultistas y tienen preferencias por el negro a la hora de vestir. Un somero vistazo a la página http://planetx.htmlplanet.com/goth.html le habría hecho pensarse mucho a la redactora dar credibilidad a las declaraciones del portavoz de la policía sueca Lars Hamrem: “Los de Goth adoran a Satán, tienen atracción por el sexo y la muerte, y se creen invencibles mientras se alimenten de sangre humana [..]”. Eso sería como decir en España que los componentes de la tribu urbana de los góticos están habituados a beber sangre. Las declaraciones del policía sueco son algo absurdas a todas luces, sobre todo considerando que existen enfermedades de transmisión por vía sanguínea tan peligrosas como el sida o la hepatitis. Los góticos tienen una estética extraña y siniestra, pero no es juicioso creer que beban sangre humana y se expongan a ese tipo de peligros “para creerse invencibles”.

 Sin referencias a los juegos de rol en el texto.

 El artículo, sin referirse en ningún momento a ningún juego de rol, sí que se refiere a un juego llamado ‘The Prophet’s Game’  [www.theprophetsgame.com]. Éste está incluido en una página web dedicada a una película de Hollywood que no se refiere en ningún momento a los juegos de rol en su argumento. Este juego por Internet es similar a, por ejemplo, los juegos que incluyen los desarrolladores de páginas web en películas como ‘AI, Inteligencia Artificial’ de Steven Spielberg, o 'Mátrix'. Es decir, tiene tanto que ver con un juego de rol como un libro de misterio, un programa de ajedrez o uno de simulación por ordenador en primera persona como ‘Return to castle Wolfenstein” o en tercera persona como si uno fuera Lara Croft en ‘Tomb Raider’. La redactora afirma que Marcus Noren estaba “enganchado a los videojuegos más sangrientos’. Es de todos conocido que un videojuego simula la realidad, pero que no es más que una recreación por ordenador. Un videojuego puede ser violento, pero con dificultad sangriento -a menos de que se busquen palabras morbosas y sensacionalistas-, ya que se simula en un ordenador y no en la vida real. El deber de un periodista está en informar, no en añadir adjetivos truculentos; la colocación de este adjetivo, además de errónea, es gratuita y poco ética.

 El juego del sitio promocional de esta película de Hollywood, protagonizada por Dennis Hopper, introduce a los internautas en el argumento de la película. Un argumento de pura ficción hollywoodiense. Por tanto, el juego también lo es. En resumen: ‘The Prophet’s Game’ no es un videojuego -es un juego por Internet sin los elementos básicos de programación para considerarlo así- y no es “sangriento” -puesto que es harto imposible que navegar en Internet pueda provocar sangre-. Pese a ser de temática algo siniestra y violenta, es bastante poco estricto suponer que una película o un juego provoquen actitudes peligrosas o delictivas tanto en sus espectadores como en sus practicantes; en todo caso, deberían observarse otro tipo de cuestiones externas a ellos para encontrar los elementos culpables de ello. Afirmar que “los fanáticos del juego deben pasar un entrenamiento sanguinario y letal”, hablando de un juego mostrado por Internet y simulado en ordenador, es algo que sobrepasa todo sentido común. Además, en el juego propuesto por este sitio promocional no hay interacción, es decir, no hay ningún sistema de foro o similar en el que se puedan dar órdenes de ningún tipo. Por tanto, es imposible que nadie pueda entrenarse con él.

 

Un videojuego que no es tal.

 La única referencia cercana a los juegos de rol del artículo, siempre sin nombrarlos en el cuerpo del texto, es la supuesta afición de Marcus Noren por el “videojuego” ‘Washington DC by Night’, que es  el “entrenamiento sanguinario –aunque en apariencia inofensivo- y letal” del que habla con anterioridad. “Marcus se había aficionado tanto a este videojuego que bajo el sobrenombre de Jastor se había integrado en un subgrupo denominado La Secta del Vampiro”. En primer lugar ‘Washington DC by Night’ no es un videojuego. Es una ambientación de un juego de rol llamado ‘Vampiro: la mascarada’ que nada tiene que ver con la página ni el juego de ‘The Prophet’s Game’. Además ni siquiera se puede jugar con la ambientación ‘Washington DC by Night’ sin las reglas básicas del juego de interpretación de roles ‘Vampiro’, publicado por la empresa estadounidense White Wolf [www.white-wolf.com]. ‘Vampiro’ es un juego de ficción para interpretar roles vampíricos (ficticios, por tanto) del que se han vendido decenas de miles de ejemplares en el mundo. Es uno de los juegos de algunos componentes de la tribu urbana de los góticos y de muchos otros aficionados a los juegos de rol que no comparten la forma de ser de éstos ni su estilo de vida. ‘Vampiro’ es un juego de rol que se suele jugar tanto en mesa como “en vivo”. Los juegos de rol son actividades lúdicas no competitivas de interpretación de roles ficticios que, en general, se juegan en un sitio cerrado sobre una mesa, aunque hay una modalidad “en vivo”. En esta última los jugadores interpretan el argumento como si fuera una obra de teatro. Para hacerse una idea, las reglas de la empresa White Wolf para los juegos de rol “en vivo” prohíben “tocar a las personas, correr, gritar, mezclarse con gente ajena al juego y usar objetos peligrosos que puedan hacer daño”. Entre los aficionados a ‘Vampiro’ se utiliza mucho la modalidad “en vivo” y por ello existe la costumbre de recrear un ambiente nocturno vampírico de sus ciudades. En España existen varias ambientaciones ficticias de este tipo referentes a ciudades como Madrid y Barcelona, al igual que en todas las capitales europeas y del mundo occidental.  En segundo lugar, la afirmación de que ‘Washington DC by Night’ es un videojuego con el que se efectúa un “entrenamiento sanguinario y letal” es absurda a todas luces porque ni es un videojuego ni se lleva a la realidad, ya que es una ambientación ficticia en la que se  contextualiza la interpretación de roles no reales en un Nueva York nocturno literario y fantástico, no real. Si la periodista de ‘Así son las cosas’ hubiera navegado un poco por Internet hubiera detectado todos estos errores que, al no citar la fuente de donde ha sacado la información, se han de atribuir a su nefasto trabajo.

 

Sectas “peligrosas” sin identificar.

Respecto al grupo La Secta del Vampiro, la periodista o la revista deben conocer de primera mano a qué se refiere, puesto que otra vez no hay más fuentes de ningún tipo que certifiquen qué o quiénes forman ese grupo y de qué clase es. Tal vez se refiera a un club de rol, de los cuales existen más de un centenar en toda España. Para poner un ejemplo, en León existió durante unos años el Club Juvenil de Juegos de Estrategia y Rol El Círculo del Nigromante, inscrito de forma pública en el listado de asociaciones de la Junta de Castilla y León. Pese a su nombre rimbombante y extraño, ninguno de sus asociados era siquiera de la tribu gótica y jamás se ha visto envuelto en un delito. Inferir este tipo de circunstancias en un grupo sueco similar -del que no se aporta prueba alguna ni de su existencia ni hay más fuente fiable que lo corrobore que la propia redactora- es, cuando menos, arriesgado. Para colmo, la declaración del portavoz de la policía sueca indica que “no termina de cuadrarle que la supuesta “secta Goth” esté detrás del crimen de Noren” ya que, aunque éste afirma de forma bastante gratuita que “adoran a Satán” y “beben sangre humana”,  apunta que “de ahí a descuartizar a alguien hay un largo camino que ni siquiera el asesino protagonista del videojuego les induce a seguir”. Primero, el juego ‘The Prophet’s Game’ no se puede definir como videojuego -todo lo más un juego por Internet-; segundo, el “asesino protagonista” no lo es del juego, sino de la ficción fílmica; y, tercero, el propio policía dice que no le cuadra la historia con lo cual la única fuente citada desmonta la hipótesis del artículo. ¿Con qué base entonces se redacta el titular que la encabeza?  Esta declaración del agente de las fuerzas de seguridad del país nórdico invalida de por sí la hipótesis de que un juego, y menos uno de rol, esté vinculado al asesinato, si se comprueba que él mismo no sabe muy bien de qué está hablando. Por tanto, no hay base alguna para afirmar lo que se dice con rotundidad en el titular, ya que Marcus Noren no parecía estar jugando un juego de rol en el momento de su muerte. En todo caso, era aficionado a una ambientación para interpretar roles ficticios, pero ‘The Prophet’s Game’ –en el que se basa la hipótesis de todo artículo- no era un juego de rol ya que sus limitaciones técnicas no permiten interpretar ningún papel. Además, afirmar de por sí que a alguien le pueden descuartizar en un juego es zafio y de nulo sentido común. Un delito o un asesinato no tiene nada que ver con un juego. Y menos aún con un juego de rol, cuando éstos se juegan sobre una base argumental de ficción que sólo se lleva a la realidad como se lleva un libreto a un escenario teatral.

 Contradicciones.

 A partir de ahí el artículo, sin citar fuentes de nuevo, saca dos posibles hipótesis: “que un asesino psicópata se haya mezclado en el juego para elegir a sus víctimas” y que “algún amigo de Marcus se identificase tanto con su personaje que matara de verdad a los jugadores”. Si el juego no es de rol, puesto que es un juego por Internet sin capacidad interactiva,  no hay base para titular como se ha hecho a menos de que se usen de forma sensacionalista los juegos de rol -por su mala imagen social- para buscar morbo y conseguir más lectores. En todo el artículo es aplicable el viejo dicho irónico periodístico “no dejes que la realidad te estropee un buen titular”.Además, termina ese párrafo con la frase: “Todas las respuestas de este crimen son igual de escalofriantes”.  Colegir que esas dos hipótesis son todas las respuestas de ese crimen es aventurado e inexacto. Las últimas informaciones llegadas de Suecia apuntan a que fue asesinado por miembros de su familia que no tienen nada que ver con los juegos de rol. Afirmar cuestiones como esas con tanta ligereza no benefician nada a la periodista que, al no citar fuentes, asume como propio ese juicio de opinión que prohíbe cualquier ética periodística informativa.

 Errores garrafales.

Por último, el mayor y más destacable error del artículo de ‘Así son las cosas’ se destaca en un paquete informativo titulado “Bajo la amenaza de la fuerza”. Es aquí donde es más evidente que en ningún sitio que la periodista que ha traducido y redactado la información ha obviado la ley de la comprobación de lo que se escribe hasta el punto de cometer un error garrafal y de chiste si no se estuviera refiriendo a los juegos de rol, que practican de manera honrada e inofensiva miles de jóvenes en España y cientos de miles en el mundo, como provocantes de un descuartizamiento.

 “Una de las páginas de Internet a través de la cual  Marcus contactaba con sus siniestros amigos es Kraften, que en sueco significa ‘La Fuerza’. Navegando por ella se encuentra la ficha del chico, conocido por Jastor en el videojuego, junto con la de otros jugadores que están siendo investigados”, dice el artículo. La página, que se puede consultar en la dirección http://kraften.burken.nu es, ni más ni menos, que un fancine electrónico informativo de las películas de ‘La Guerra de las Galaxias’ –el nombre de “la Fuerza” se refiere a la que usan los caballeros Jedi de ese universo de ficción-. Es más, según se visita se observa que la última noticia es de agosto de 2000, fecha desde la que no se actualiza su contenido. ¿Cómo puede afirmar la periodista que ha navegado en esa página y no haberse dado cuenta de que es harto difícil conectar el mundo de La Guerra de las Galaxias (Star Wars) con sectas satánicas? Es evidente que no lo ha hecho. Más bien parece que se ha limitado a traducir una noticia de un teletipo extranjero sin comprobar lo que dice ni contrastar los datos que extrae de él. Doble error y además más que criticable: no comprueba las fuentes y, para colmo, se arroga la autoría de un texto que no es suyo. A eso último, por cierto, se le llama plagio. Plagio además con errores tan peligrosos como asegurar en la última frase del artículo que “Kraften es una página más de los cientos de ellas que fomentan la violencia en Internet”. Es para preguntarse qué opinaría George Lucas si leyera esa frase propia de terminar en una querella por difamación, daños y perjuicios.

Información de ABC.

 Otro artículo de ABC publicado el 3 de enero de 2003 también se refiere al suceso del decapitamiento y descuartizamiento de Marcus Noren. En esencia es un artículo similar pero más reducido al de ‘Así son las cosas’ –que intenta ser más literario y peca de sensacionalista. El texto incurre en errores similares al ya criticado, pero sí que indica que el juego ‘The Prophet’s Game’ está basado en una película, apunta que “al parecer” existe una Secta del Vampiro, habla de la “cultura de Goth” –mal traduciendo la cultura urbana gótica confundiéndola con un “juego”-, y define ‘Washington DC by Night’ como un juego de Internet “sangriento y letal” –errando de nuevo en la definición, mostrando una preocupante falta de comprobación de los hechos y un nada ético desconocimiento de lo que se habla-. Por último, la corresponsal no habla de ningún juego de rol en el cuerpo del artículo con lo que no es lícito de ninguna de las maneras vincular este tipo de ocio de ficción con este crimen, sea titular de la redactora que lo firma o producido por la edición del texto en la redacción de Madrid. El artículo está firmado por la corresponsal de ABC en Suecia y no cita que haya sido extraído de los medios de comunicación suecos –es práctica habitual en ABC no citar a otros medios de comunicación para que el lector crea que la información es de primera mano-. Sólo la frase “como publican los medios de comunicación suecos” –que no se incluye- trasladaría la responsabilidad de los errores a los periódicos, radios, televisiones y sitios informativos de Internet del país nórdico. Sin embargo, deben atribuirse a la periodista, que sí ha comprobado algunos datos pero no todos y que titula por unos juegos a los que luego no se refiere en todo el cuerpo del artículo y confundiéndolos con otro tipo de juegos demostrando que no conoce qué son los juegos de rol. Además, también se incluyen una serie de juicios de valor como que “alguno de los estudiantes, amigos de Marcus, se identificaron tanto con su personaje, que terminaron cumpliendo las órdenes de matar a «su jefe y señor»”, cosa que después la investigación ha demostrado como falsa. Este artículo se publica íntegro en el periódico en línea argentino ‘Crónica y Análisis’, fechado en Estocolmo y sin firma, lo que indica que procede de agencias. En este caso, aunque los dos textos coincidan, es posible que la corresponsal de ABC lo sea también de una agencia de información y que el único error del medio argentino sea no firmárselo a la agencia.

 Conclusiónes.

 El artículo  de ‘Así son las cosas’ es un cúmulo de despropósitos evidente que acusa sin razón ni argumento alguno a unos juegos a los cuales ni siquiera menciona en el texto y que, además, sólo tienen que ver de forma tangencial con una de las páginas web que visitaba el joven asesinado. Habla de videojuegos inexistentes, sin comprobar ni siquiera a qué se refieren y adjudicándoles una serie de adjetivos inexactos y muy flamígeros para conseguir un tono sensacionalista que no se debe permitir ni en una crónica de sucesos. Este artículo no informa, difama a toda una afición y a ambientaciones protegidas por derechos de autor al basarse en prejuicios y no en datos corroborados, puesto que casi la totalidad de los que aporta son inexactos y no están contrastados. Y, para colmo, es un plagio de un teletipo o de informaciones de algún que otro medio extranjero en Internet a los cuales no se refiere la periodista. Habría que suponer que ha estado en Suecia, ha hablado con la policía y ha comprobado qué son los supuestos juegos de rol a los que acusa. El resultado, tan negligente, indica todo lo contrario. Por tanto, la revista es responsable de tildar de peligrosos y sangrientos a unos juegos de los que no habla ni sabe lo que son, de seguir usando el prejuicio imperante contra este tipo de juegos que, según la jurisprudencia española, jamás se han visto envueltos en ningún tipo de delito, pese a las informaciones erróneas de los medios de comunicación. -Los célebres periodistas de sucesos Manuel Marlasca y Luis Rendueles aseguran este extremo en su libro “Así son, así matan”-. Tanto la periodista como la revista no podrán llegar a la altura ni al reconocimiento profesional de los dos redactores de Interviú por este camino; es más, así se ganarán el desprecio de toda su profesión. No es un error, es un cúmulo de errores tan garrafales que hablan por sí solos.

 Respecto a ABC, los errores marcan también un preocupante problema de no citar las fuentes de las que se ha extraído el artículo y un menor fallo de comprobación, aunque sólo el de ‘Washington DC by Night’, el único que podría relacionarse con juegos de rol de forma muy tangencial, desacredita toda la información. La credibilidad del artículo queda muy perjudicada porque también se afirman en él cuestiones que no se han comprobado y otras que no se pueden verificar y que parecen juicios de valor.

 ‘Crónica y Análisis’ se ve llevado a publicar una información incorrecta y mal tratada al confiar en las informaciones de la agencia de información, a la cual debería haber citado, con lo cual tiene menos parte de culpa aunque sus redactores deberían estar para más que cortar y pegar informaciones y contrastar los datos para evitar que se les deje en ridículo.

 La credibilidad de la información de ‘Así son las cosas’ es, por tanto, nula. Y la periodista rompe toda una serie de esquemas éticos evidente. Es posible que la prisa haya provocado que se escriba un artículo tan infame, pero la revista debería tomar nota de que “Así NO son las cosas” ni se hacen de esa manera.

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Jesús María López de Uribe y García es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, ejerce en la actualidad como periodista y trabajó como corresponsal de ABC en León.

 

 


 

 

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Webmaster: Marcos Pastor Calvet / Fecha de Ultima Actualización: 03/10/04