Reseña de
Germán Menéndez Flórez

BLANCO HUMANO
de
Peter Milligan  &  Edvin Biukovic
publicado por
Norma Editorial

         Con la reciente aparición de Blanco Humano y la publicación – parcial- hace unos meses de The Minx, Norma Editorial nos ofrece de nuevo la posibilidad de asomarnos al universo creativo de Peter Milligan, uno de los escritores con más cosas que decir y más originales formas de decirlas, que ha dado el comic inglés.

         Publicados casi a la vez en USA son sin embargo dos trabajos muy diferentes pero que comparten las obsesiones temáticas del guionista así como su peculiar uso del lenguaje, por lo que hay que esperar que la traducción de Blanco Humano consiga verter al español toda la ironía que sobre la condición humana destilan los textos de este autor.

         Milligan concibió la historia de The Minx como una miniserie cerrada – si es que alguna obra suya puede considerarse cerrada – de cuatro números. Fue anunciada después como serie regular, para acabar terminado en el número 8 -por lo que los tres episodios publicados aquí sólo ofrecen una muy parcial visión de la obra-. Estos cambios e indecisiones editoriales –que por otra parte casan muy bien con el caótico espíritu de The Minx-  son los que explicarían porqué  las historias cortas aparecidas en los Vertigo Winter Edge no parecen engranar en la línea temporal de la serie.

The Minx es una obra a la vez atípica y coherente dentro de la producción de Peter Milligan, carece de la explosiva brillantez narrativa de Girl o de la precisa y demente estructura circular  que convierte a Enigma en una de las obras maestras del comic de los ´90. Lo que The Minx nos ofrece a cambio es una ceremonia de la confusión, una sobrecarga informativa, un torrente de imágenes y sensaciones que nos sumergen en un caos mediático. The Minx comienza con una chica, Anna, que indaga sobre su sexualidad y a la que acompañamos en su proceso de descubrimiento a través de las religiones, la muerte, el sexo, la política .... hasta culminar con un viaje sin retorno al –literalmente- ombligo de Dios; pero por el camino, para descubrir la verdad sobre su origen, Anna ha tenido que transformarse en Minx, una especie de versión de sí misma libre de miedos y complejos. Entra aquí en juego uno de los temas favoritos de Milligan: la Anna que encontramos al principio tan llena de dudas ¿es la misma que alcanza su curación espiritual mediante sexo terapéutico para lanzarse luego al interior del ombligo de Dios preguntándose tan sólo si no habrá dentro mucha pelusilla?

The Minx es una metáfora sobre el descubrimiento y aceptación del sexo y también una fábula sobre el mundo contemporáneo -con múltiples niveles de lectura- que parece decirnos que mantener una actitud cínica y lucida ante los prodigios y maravillas con que los profetas de la ciencia, la política y la religión nos bombardean a cada minuto podría ser la única solución válida para no dejarse arrastrar por la vorágine de este fin de siglo que ya está durando demasiado.

Volviendo al tema de esta reseña, Blanco Humano  es una obra de extraña y perturbadora belleza y, en mi opinión, uno de los mejores comics aparecidos o por aparecer en España en este año. Dejando a un lado la caótica textura  de The Minx, Milligan -al igual que en Enigma y The Face- construye una obra de precisión despiadada. Basándose libremente en el personaje de los años setenta, Christopher Chance, que, según sus propias palabras es el Blanco Humano. Si alguien va a por ti... yo ocupo tu puesto. Soy ingenioso. Un playboy. Un mortífero camaleón humano con un look de actor de cine, Milligan despliega toda una galería de personajes terriblemente complejos. Llegando mucho más allá de los tópicos con que se nos presenta la serie, - giro de tuerca final, dobles personalidades y nada es lo que parece- y sin renunciar nunca a ser también un comic de intriga, un thriller perfectamente disfrutable como tal, Blanco Humano es una profunda  e inquietante reflexión sobre la esencia de la identidad humana. ¿Dónde empieza y dónde termina lo que hace único a un ser humano?, ¿qué es lo esencial en el yo? ¿cuánto podemos quitar de la personalidad de un ser humano y que aún siga siendo esa persona? ¿cuánto tenemos que copiar de otro para convertirnos en él?. Reflexiones en las que todos podemos vernos reflejados, aunque no nos dediquemos a mimetizar el aspecto de terceros como hacen Chance y McFadden en el comic, todos en algún momento adoptamos papeles, representamos roles... y las respuestas a estas cuestiones que se derivan del comic son tan desasosegantes como la imagen de Tom McFadden que sólo se decide a acercarse a su mujer para hacerle el amor cuando está representando el papel de otro hombre, un adultero. Una vez más el sexo juega un papel primordial en la obra de Peter Milligan, y de nuevo el concepto sexualidad normal es un oxímoron en ella.

       Existe otro aspecto bajo el que puede valorarse la obra: Cuando Alex Alonso, el editor, le ofreció a Milligan escribir sobre el Human Target, este se negó alegando no sentir ninguna afinidad por el personaje. Más tarde reconsideró y aceptó la oferta al darse cuenta de que Christopher Chance tiene mucho que ver con el proceso de escribir en tanto es también una forma de imitación y recreación, pero mientras Chance adopta otra identidad para esconder la suya, el escritor se mete en la piel del personaje para revelarse, para contar cosas de mismo.

Dos consideraciones finales: Blanco Humano se abre con una imagen del famoso cartel de las colinas de Hollywood, en un deliberado guiño a la nueva situación de Milligan como guionista de cine -otro mundo de camaleones humanos, por cierto- y su, se supone, momentáneo retiro de la escritura de historietas. Aún deseándole  lo mejor en su nueva carrera, no puedo evitar pensar que el mundo del comic no puede permitirse estar mucho tiempo privado de una mirada tan perturbadora e inquietante como la suya.

Intencionadamente no he mencionado en estas líneas el trabajo del responsable gráfico de Blanco Humano, Edvin Biukovic, remito al lector al artículo aparecido en el número siete de esta revista. Tan solo quiero añadir que Edvin Biukovic encaja perfectamente en mi visión –por lo menos en una de ellas- de lo que debe ser un dibujante de comics. Cualquiera que se asome a las páginas de Blanco Humano y sepa apreciar el sentido del ritmo, la perfecta ambientación y el equilibrio narrativo y expresivo que Biukovic había llegado a alcanzar, comprenderá la magnitud de la perdida que su desaparición representa para los que amamos este medio de expresión.                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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