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Reseña
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EL ALMANAQUE DE MI PADRE
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Creo que si hubiera que definir con una sola palabra esta obra de Taniguchi, la que personalmente elegiría seria “preciosa” (aunque otros elegirían “tostón”). Jiro Taniguchi llego a España de la mano de El Víbora, que publico en sus paginas El Caminante, un “manga zen” de líneas puras, y gran limpieza que impactó a muchos ya por aquella época, y en que a través de la vida del protagonista apreciábamos los pequeños detalles que iluminan el día a día de nuestras vidas. En 1993, Planeta de Agostini publicaba una novela gráfica de género negro, Hotel Harbour View, con guión de Natsuo Sekikawa y dibujo de Taniguchi, sobre las aventuras de una asesina a sueldo, en la que Andreu Martín hacia un interesante prologo. Más
adelante, en la fallida Shonen Magazine, la revista con la que Planeta
intento emular las publicaciones japonesas a través de un surtido
variado de series, con una basta reproducción y un papel de mala
calidad, Taniguchi volvía con Sobrevivir
en la nueva era glaciar, en un manga más cargado de texturas y
sombras. Ahora,
y junto con Monster, El
almanaque de mi padre viene a poner la primera pica de la nueva
Biblioteca Pachinco de Planeta. En esta ocasión, Taniguchi vuelve a
adoptar un trazo fino, limpio y definido, detallista con los fondos y más
simple y expresivo con los personajes, con tramas claras y dispuestas
con definición y maestría, acompañando perfectamente a los dibujos
sin recargarlos. La narrativa, aunque nos encontremos con escenas de
acción, tiende a ralentizarse, ya que el mimo del autor con cada viñeta
hace que nuestra vista se entretenga mas de lo habitual en ellas. Al igual que en El caminante, volvemos a ser partícipes, desde una perspectiva intimista, de la vida de unos personajes anónimos. Yoichi vuelve a su pueblo natal por el fallecimiento de su padre, al que llevaba muchos años sin ver, y en el velatorio encuentra la calidez de los familiares que comienzan a rememorar episodios de la vida de Takeshi, el padre de Yoichi, de su madre, que se casó sin el consentimiento de sus padres y que después se alejó de su marido y sus hijos, y del pueblo durante la ocupación estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial... Todos esos recuerdos se entretejen en la mente de Yoichi, que comienza a hacerlos suyos y a enlazar la perspectiva de sus propias vivencias de infancia con los recuerdos de esos familiares, descubriendo así facetas desconocidas de su padre, al que consideraba un hombre gris y por el que sentía poco apego, de las causas del divorcio de sus padres, de la historia de un Japón ocupado, y de su propia vida en el pueblo, con la que había roto al irse a Tokio. El
almanaque de mi padre
no es una serie para aquellos que esperen un manga de acción, una trama
trepidante o un grafismo cargado de efectos. Taniguchi nos está
invitando, a través de Yoichi,
a través de unos dibujos cargados de sensibilidad, a realizar una labor
de introspección, a hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y las
personas y los acontecimientos que nos rodean y nos dejan grabada
su impronta. |
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