INVITADOS

Jornadas
del COMIC
Villa de
AVILÉS

 

Tanto América del Centro como América del Sur comprenden un área geográfica que ya desde hace muchos años lleva dando un interesante número de autores de cómic de enorme calidad. Muchos de ellos se engloban dentro de una mentalidad historietística más cercana a la europea (me refiero al cómic de autor), aunque no hay que olvidar que en los últimos años también han nutrido bastante la vertiente americana de la industria. Como representantes de este segundo grupo me vienen a la cabeza autores como José Luis García López, Humberto Ramos, Enrique Alcatena, Eduardo Risso, los hermanos Hernández, y un largo etcétera. De entre los primeros la lista es interminable: Muñoz, Sampayo, Altuna, Juan Jiménez, Breccia, Zentner y el autor que ahora nos ocupa: Felix Vega, que además de ser un joven autor de los que está despuntando con más fuerza, es el más destacado exponente de la escuela chilena, una interesante cantera en un país donde hay bastante más afición por el cómic de la que se tiende a pensar desde España y que, a buen seguro, nos dará más nombres en los próximos años.

Precisamente en revistas chilenas fue donde dio sus primeros pasos como dibujante profesional, y ahora ya consagrado como un autor internacional con obra publicada en varios países y lenguas distintas, sigue publicando ocasionalmente ilustraciones, portadas o historias cortas en editoriales de su Chile natal, siempre que el tiempo se lo permite.

Sin embargo, habría que destacar como primer trabajo verdaderamente de repercusión, al menos de los llegados hasta nosotros, los dos álbumes que realizó con el guionista catalán Enrique Sánchez Abulí, para la revista americana PlayBoy, que además de servirle con un escaparate de lujo demostró que, siendo un dibujante muy completo, sabía plasmar con especial detalle y calidad la figura femenina.

Tal vez por eso, cuando Norma Cómics editó en España  el primer álbum de Juan Buscamares (obra en la que realiza guión y dibujo), nos lo vendió como “el Manara chileno”, algo que si bien indicaba que nos encontrábamos ante un autor que maneja el erotismo con genial soltura, no hacía sino buscar un paralelismo más comercial que artístico. La única similitud entre las obras de los dos autores es que las mujeres de ambos son capaces de levantar las más bajas pasiones. Felix las dibuja más generosas en curvas, mucho menos estilizadas pero más  voluptuosas. Sin embargo aquí el erotismo es un recurso al servicio de la historia y no al revés, que es lo que viene sucediendo en gran parte de la obra del autor italiano.

Juan Buscamares funcionó lo suficientemente bien como para que cuando apareció el segundo tomo (en realidad serán un total de cuatro) Norma Cómics ya no necesitase establecer comparaciones. Incluso entre ambos álbumes se nota una ligera pero sensible evolución, más narrativa que artística y que muestra que el techo de Felix aun no ha sido alcanzado. Nosotros seguiremos con atención la trayectoria de este autor, porque estamos seguros que en la búsqueda de ese techo disfrutaremos tanto en el camino, como lo hemos hecho hasta ahora.

Mientras tanto, aprovecharemos para saber un poco más de lo que es el cómic en Chile, le interrogaremos sobre sus futuros proyectos (que ya los hay), veremos diapositivas de su obra y, con suerte, consigamos que nos dibuje una chica… ¡y es que somos humanos! ¿Os lo vais a perder?

 

Jorge Iván Argiz

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