EDITAR  FROM HELL


        Para todos aquéllos que, además de comprar From Hell, lo hayan leído íntegramente, con detenimiento y el aliento contenido, la obra ha acabado convirtiéndose en una obsesión. La experiencia de lectura de este título se aleja, posiblemente, de cualquier experiencia lectora que se haya tenido antes, y no sólo en el ámbito del cómic, sino en el de la narrativa en general.

 Lo intrincado de la trama argumental, de la caracterización de William Gull, el personaje principal de la obra, así como de la representación gráfica del Londres victoriano va unido a una meticulosidad con respecto a la documentación utilizada para ambientar la obra correctamente que raya, otra vez, lo obsesivo.

Y a eso se debe la complejidad de la lectura de tamaña creación. Y, sin embargo, comparado con el proceso de edición, la lectura es un agradable pasatiempos. Pero vayamos por partes:

Traducir:
         Independientemente de los problemas habituales de cualquier texto a la hora de ser traducido, y de lo que eso supone cuando el texto es de un autor como Alan Moore, From Hell es una historia que se publicó ­y se escribió- en diez años, un plazo de tiempo poco habitual incluso para una novela. Si uno se para a estudiar el texto ­un texto anotado número a número por el propio autor- entonces comienza a entender parte del por qué: además de la complejidad estructural de From Hell, existe otra complejidad nada despreciable. Para escribir su ­hasta ahora- obra magna, Alan Moore parte de
una teoría concreta sobre la identidad y las motivaciones de Jack el Destripador, el asesino de Whitechapel. 

Lo importante no es con qué teoría se queda el escritor, sino mediante qué proceso decide quedarse con esa teoría y cómo, dentro de la historia, sirve de motor para ésta, haciendo que el resultado final sea un todo creíble. Y este efecto se consigue gracias a una documentación exhaustiva y contrastada. Y esa documentación que es de esperar que para el lector pase de forma solapada, no funciona igual con el traductor. 

Tomemos un único ejemplo: William Gull es francmasón. En un episodio concreto, podemos ver parte de su ceremonia de iniciación a la orden, en otros se hace referencia y, en general, toda la historia está bañada de símbolos y significados masónicos. La masonería utiliza una serie de códigos y un cierto vocabulario que le es propio y que, por supuesto, no aparece en ningún diccionario inglés-español. Si la traducción desea ser fiel, debe encontrarse la equivalencia de estos términos en nuestro idioma ... y las ayudas son pocas, porque apenas existen textos realmente académicos sobre el tema en nuestra lengua, la mayoría son textos de divulgación con un criterio muchas veces dudoso. Por supuesto, éste es sólo un ejemplo, general, entre un millón. Pero ilustra bastante bien la labor de documentación que debe llevar a cabo el traductor en este proceso.

Afortunadamente, para la presente edición, hemos contado con el inestimable apoyo del propio Alan Moore, disipando dudas y compartiendo documentación. 

Rotular:
        La rotulación original de From Hell es manual, y está realizada por el propio Eddie Campbell, el dibujante de la obra. Es una letra que, como es de suponer, le va muy bien a la obra, y ayuda en la estética general de la obra. Pero también es cierto que Campbell se salta muchas reglas. El espacio
de aire que deja en los bocadillos es siempre escaso y el tamaño de la letra varía en función de sus necesidades. A esto se le añade el hecho de que un texto traducido del inglés al castellano siempre crece en esta última lengua, por lo que se imponen diversas decisiones.

       1-¿Recortamos el texto, que es el procedimiento habitual? Teniendo en cuenta que la prosa de Moore nunca suele ser sólo retórica, sino que es informativa y juega con dobles sentidos y gran cantidad de matices, no parece la mejor solución. 

      2-¿Qué tipografía utilizamos? ¿Una manual o una mecánica? Solo por la enorme cantidad de texto que hay en From Hell, ya se descarta, a priori, la rotulación manual. Además, el proceso de traducción obliga a retocar constantemente el texto y eso, para un rotulista manual, es una mala jugada. Una vez tomada la decisión a favor de la rotulación mecánica, hay que encontrar la tipografía adecuada, que pueda reducirse sin perder legibilidad y que estéticamente no se dé de tortas con el producto. Y, por supuesto, hay que rotular.

      Los Materiales:
      Después del cierre de Kitchen Sink, uno de los problemas que ha surgido es el de la desaparición de los materiales de reproducción. Efectivamente, no existen, y la edición en tomo que ha hecho el propio Eddie Campbell ya lo resiente. En el caso de nuestra edición, la situación no es mejor, por
supuesto. Afortunadamente, gracias a la calidad de las actuales filmaciones, el problema se puede resolver, pero por supuesto, hay que tener un cuidado extremo. Los resultados aún están por ver, pero las pruebas que hemos realizado son muy positivas.

      El Empaque:
     En un país en el que cada vez se leen menos cómics y donde el cómic de autor ha desaparecido virtualmente, decir que una obra de Alan Moore y Eddie Campbell, y más concretamente, From Hell, una obra de lectura tortuosa y complicada, no será un éxito en ventas no es tarea de oráculo. Con más razón, la elección del empaque, de la presentación del producto se hace mucho más importante. Queremos llegar no sólo a un público lector de cómics, que ahora mismo es escaso, sino también a un público lector en general, y eso exige alejarse de estéticas comiqueras, pero dejando la pista para el
lector tradicional de cómics.

      En resumen, editar un producto como From Hell requiere esa obsesión de la que hablábamos más arriba unida a un gran respeto por la obra. Ahora sólo queda cruzar los dedos y esperar que todo salga bien y que el público tenga también la piedra de la obsesión bien cosida en el interior de su cráneo.

Volver a la  PÁGINA PRINCIPAL


            ddLV POR  NÚMEROS         ddLV POR  SECCIONES          NOTICIAS              E-MAIL