PONER PALABRAS EN OTRAS BOCAS

por  

 

MIKE  CAREY

Como guionista, esto es (desde luego) lo que hago para ganarme la vida. Bien sea cuando trabajo en un guión de cómic, bien sea en uno de TV o cine, la mayor parte del trabajo tiene que ver con escribir diálogos para ser hablados por otra gente; o, al menos, para atribuírseles a ellos en forma de bocadillos de diálogo y textos de apoyo. Pero el ser invitado a escribir esta columna de alguna manera me ha hecho ver el proceso bajo una luz diferente.

            Lo que originó esta particular cadena de pensamiento es el hecho de que tu estás leyendo palabras que yo nunca escribí. No hablo español; me enseñaron algo en el instituto, pero teníamos un muy anticuado sistema donde la única lengua moderna obligatoria era el francés, y la mayoría continuaban estudiando latín y griego. Podría conversar razonablemente bien con un antiguo romano, si alguna vez me encuentro alguno, pero cuando estuve en Asturias en Septiembre para el Salón de Avilés, ni siquiera pude pedirme un café sin tener que señalar y gesticular. ¡Otro triunfo para el sistema escolar inglés!

Así que lo que estás leyendo es una traducción al español de una columna que yo escribí en inglés. ¿Es una buena traducción? Probablemente, porque en el equipo editorial de Dentro de la Viñeta son bastante espabilados y, al contrario que yo, tienen una amplia educación liberal. Pero, como cualquiera que haya traducido te dirá, toda traducción es un acto creativo. Muchos modismos no tienen correspondencia directa de un idioma a otro: muchas frases tienen diferentes matices, o inapropiadas asociaciones. El filo de los chistes se puede embotar, las alusiones pueden perderse y dobles significados se abren como abismos bajo palabras perfectamente inocentes.

            Así que en este contexto me siento como un personaje en un cómic, con Germán escribiendo mi diálogo. Espero que me haga sonar inteligente e ingenioso y perspicaz. Si no lo hace, simplemente tienes que aceptar mi palabra de que en inglés era una pasada.

 

Una cuestión que se convierte en muy seria para mi es cuando estoy leyendo un cómic que me gusta y –por cualquier razón- hay un cambio de guionista. Siempre me acerco al trabajo del nuevo escritor con una mezcla de curiosidad y absoluto pavor porque se que me tambaleo en el filo de la navaja. Nada destruye tanto un comic para mi como alguien dándole a los personajes las voces equivocadas. Estaré felizmente leyendo y entonces, salida de la nada, - ¡CLUNK! – una frase que aterriza en el suelo a mis pies como plomo frío: una frase que en mi corazón siento que ese personaje no habría dicho nunca ni en un millón de años. Y ya está: la ilusión desaparece, y el placer desaparece. Estoy fuera de la historia y de regreso en el mundo real.

Todos los ejemplos que puedo ofrecer van a ser altamente personales, pero, de todas formas, daré uno para sostener mi argumentación. Tras la finalización de la serie “The Sandman”, Caitlin Kiernan usó muchos de los personajes de Sandman en un título Vertigo llamado “The Dreaming”. Me gustaba un montón, y creo que ella consiguió bastante bien dar voces adecuadas a la mayoría del reparto. Pero hay una escena hacia el final de la serie en la cual Sueño rehúsa sofocar una rebelión de pesadillas en la tierra del sueño porque (y cito textual) “actuar contra ellos sería convertirles en mártires”. Bien, ahí lo tienes; una frase imposible y un sentimiento imposible. Y no importa lo que pasase después de esto, para mi la historia ya estaba estropeada. Simplemente no puedo imaginarme a Sueño diciendo eso, o pensándolo, con lo que tomo conciencia de que es el escritor el que está “hablando” por Sueño en ese momento.

No estoy tratando aquí de mofarme y sentirme superior; como escritor que usa creaciones de otros, yo he estado al otro lado de esa valla más de una vez. Por ejemplo, cuando Muerte de los Eternos apareció como personaje en “Lucifer”: se encuentra con Lucifer en una especie de limbo donde este se debate entre la vida y la muerte, y él asume que ha venido a recoger su alma. “No tienes derecho sobre mi”, le hice decir, y ella replicaba (originalmente) “Nunca dije que lo tuviera. De todas formas, no tendría ningún lugar donde ponerte”. Neil Gaiman vetó esta línea, con bastante razón. Señaló que Muerte no tiene reino en el sentido en el que Lucifer lo tiene: ella lleva a los muertos a cualquiera que sea su último destino, pero no tiene poder sobre ellos o determina su sino. Frase imposible, sentimiento imposible.

No es la parte más difícil de la escritura, pero, de muchas maneras, creo que es el eje sobre el cual todo lo demás gira: encontrar una voz para tus personajes y dejarles después hablar con ella. En este caso, por extensión, estoy encontrando una voz para mi mismo, y después Germán está también encontrando una voz para mi. Ambas tienen que funcionar: ambas tienen que ser lo bastante convincentes para hacerte creer en la historia, y lo bastante consecuentes para mantenerte en ella.

            Así que esta no es una columna tal cual: es más como esas dos voces sintonizando, encontrando un acorde que ambas puedan alcanzar.

            Pero, por favor, recordad, esto no lo he dicho yo.

Mike Carey

                                                                                    Traducción: Germán Menéndez

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