EL EXTRAÑO TRÍO
“Hmmm... Matanza... sangre... carnicería..." Las reflexiones del enano aniquilador
PRADERAS DEL PROTECTORADO DE SOLDERAI, 20 de agosto del año 3287 después de la Gran Guerra
Habíamos dejado a LLOYD y VIRUS, los
compañeros de KHANWULF, vagando por las praderas
Las luces de la casa se pierden en
la oscuridad y el humo es el único indicador de la situación justa de la casa.
La preocupación de LLOYD y VIRUS es la de encontrar un sitio donde pasar la
noche y que tenga techo, ya que si VIRUS está en lo cierto, al día siguiente
estarán empapados.
Mientras caminan justo al lado del bosque, LLOYD oye unos ruidos. Le pide a
VIRUS que se detenga y que preste atención. VIRUS también lo oye.
Parece como si algo o alguien
estuviese golpeando piedras. No es un sonido muy fuerte, pero bastante notable.
Tras varios segundos, los sonidos paran y se oye a alguien exclamar: “¡Por fin
ha salido ya el maldito fuego!”
- Parece que aquí hay alguien – dice LLOYD -. A lo mejor tiene un sitio donde...
- ¡Ah no, de eso nada! – VIRUS está, como se ve, totalmente en desacuerdo con
su compañero -. Mira, ya por haber ido donde había gente un poco más y nos raja
un no-muerto o nos engulle un insecto gigante. No quiero saber qué otra clase
de aberración puede haber en este lugar, y...
Pero VIRUS ve, sorprendido, cómo LLOYD se interna de nuevo en el bosque. El
semielfo, maldiciendo mil veces a su compañero matabestias, no tiene más
remedio que meterse también.
Los dos aventureros se encuentran de
golpe con un claro y una fogata. No salen de entre los árboles, observando a su
alrededor.
Dos orcos muertos en el suelo y dos tiendas de campaña cerca de la fogata. Los
orcos parecen haber muerto hace poco, o al menos eso le parece a LLOYD.
- Tal vez los mataran mientras estábamos en la casa – dice LLOYD -, porque si
no habríamos escuchado cómo los mataban mientras íbamos a la casa o mientras
nos acercábamos hasta aquí.
- ¿Y no podía haber sido muchísimo antes de que nos acercáramos por aquí,
cuando vimos el humo de la casa y...?
- No, VIRUS – corrige el matabestias -. La sangre de los orcos es fresca.
- ¿Cómo puedes saberlo a la distancia que...?
- Soy un matabestias, recuérdalo – dice LLOYD -. Además, la voz que escuchamos
no era la de un orco, no era ronca. Más bien era una voz nasal, como la de
un...
- ¿Mediano? – pregunta el semielfo.
- Sí, VIRUS, como la de un mediano. Pero no lo veo por ninguna parte... A
ver...
- Shh... – VIRUS calla a su compañero. Una de las tiendas se mueve.
De la tienda sale un ser de poco más
de un metro de alto, algo regordete, calvo y con los pies grandes y peludos. Lo
que más les sorprende a los aventureros es que el sujeto tiene la piel azul.
Además, observan en su mirada una extraña maldad, una mirada cargada de odio y destrucción.
El pequeño ser mira los orcos, se acerca a ellos y los arrastra a un lado del
claro, en concreto al opuesto de VIRUS y LLOYD.
Cuando el ser deja los dos muertos, se acerca de nuevo a la tienda y se vuelve
a meter. De ella saca una espada normal y una armadura.
Por su aspecto, la armadura debe
pertenecer a una Orden del Caos. A la luz de la fogata, VIRUS puede identificar
las grotescas runas de la Orden de Nandlith. Unas pequeñas púas en los
pectorales son lo poco destacable además de las inscripciones en toda la
armadura.
La espada, a ojos de ambos aventureros, parece una espada normal como
cualquiera que se vende en las armerías.
El ser se da cuenta de que lo
vigilan. VIRUS y LLOYD se dan cuenta de que los han descubierto. Intentan huir,
pero nada más volverse, el extraño está justo enfrente, apuntándolos con la
espada.
La luz de la fogata, aunque algo lejana, revela runas del Caos sobre la espada.
- Habéis visto la piel de SOLMYR, ¿eh? – dice el extraño.
- ¿Qué... qué clase de bicho eres tú? – pregunta LLOYD -. Diría por tu tamaño y
tu forma que eres un hobbit...
- Madre hobbit y padre mediano – responde SOLMYR -. Pero para ti simplemente
soy SOLMYR, ¿entendido? – y acerca más la espada.
- Pero, ¿dónde se ha visto a un mediano o a un hobbit con la piel azulada? –
pregunta VIRUS -. Podría decirse más bien que eres un pitufo sobrealimentado...
- ¡¡No te burles de mí, idiota!! – y SOLMYR acerca peligrosamente su espada
hacia el abdomen de VIRUS -. Si tenéis buenas razones para que no os mate, decídmelas.
Ya veré qué hago.
- ¡¡Vale, vale, lo siento...!! –
replica VIRUS - ¡¡Joder, qué carácter!! Oye, venimos de una casa llena de
bichejos y ahora estamos buscando un sitio donde pasar la noche para mañana
temprano marchar a Solderai.
SOLMYR se queda pensativo...
- ¿Y tú qué haces por aquí? – prosigue el semielfo -. ¿A dónde te diriges? ¿Nos
podrías hacer un favorcillo dejándonos pasar la noche aquí?
El mediano mira a los dos aventureros. Se vuelve hacia las tiendas.
- Demasiadas preguntas, demasiadas preguntas – dice SOLMYR -, pero como sólo
estaréis una noche y nada más que dormiréis... Podréis quedaros. Tenéis suerte,
porque normalmente mato a todo aquél que se cruce en mi camino.
LLOYD y VIRUS, aunque dudosos ante
el comportamiento del azulado mediano, lo acompañan hasta las tiendas. Aún ven
que hay sangre de los orcos en el lugar donde estaban los cuerpos e incluso se
veía un pequeño “camino” de sangre que llevaba hasta donde había colocado
SOLMYR los cadáveres.
Las tiendas de campaña están hechas en piel. LLOYD sabe de qué clase de piel
están hechas, aunque prefiere no decírselo a VIRUS, para ahorrarse una sesión
de vómitos. Aun siendo semielfo, VIRUS no soportaría saber que va a dormir
dentro de una tienda de campaña hecha con piel de elfo.
Antes de que SOLMYR pueda entrar en su tienda, ya que no quiere que nadie
duerma con él, VIRUS le detiene.
- Oye... esto... SOLMYR – dice el semielfo -. No me has respondido a mis
preguntas.
- Y no te las responderé, ¿sabes? – contesta SOLMYR -. Tú duerme y déjame
tranquilo, ¿quieres? Haz como tu amigo, que no dice nada, y entonces podrás ver
el amanecer – y cerrando la tienda, SOLMYR se aísla.
VIRUS se va a meter en la tienda,
pero se da cuenta de que no va a ser suficientemente grande para los dos. Y convencer
a SOLMYR para que él duerma con el mediano en la tienda y LLOYD en la otra no
va a ser tarea fácil.
- Deja que me quede aquí fuera, si lo que te preocupa es el espacio – dice
LLOYD a su compañero.
- ¿Estás seguro? Aquí puede venir cualquier tipo de bestia y...
- ¡No hay bestias por aquí! – exclama SOLMYR desde el interior de su tienda.
- ¿Cómo puedes estar seguro? – pregunta LLOYD.
El mediano al fin sale de la tienda y mira a los dos aventureros.
- Vosotros os habéis encargado de unos bichos en una especie de casa del terror
de la feria – comenta el mediano -, y yo me he cargado a los dueños de estas
tiendas – lo dice sabiendo que VIRUS y LLOYD le vieron cargar con los orcos -.
Además, un grupo de aventureros que al igual que yo estaba por esta zona acabó
con una treintena de orcos, aunque tuve que ayudarles, porque donde haya que
matar yo me apunto. Los dejé por ahí perdidos...
- ¿Dejaste tiradas a las personas que te ayudaron con los orcos? – pregunta
VIRUS.
- ¿No escuchas? ¡Yo ayudé a esos aventureros, no ellos a mí! Además, lo he
dicho, era por el placer de matar, sobretodo a esos pieles verdes.
- ¿Y por qué te atacaron? – vuelve a preguntar VIRUS -. ¿Tiene algo que ver con
mis preguntas aún sin responder?
- ¡Y dale con las preguntas! – SOLMYR parece cansado de tanto interrogatorio -.
Mira, si te quedas contento si te las respondo y cierras la boca, pues te
respondo y listos.
” Yo sólo voy recorriendo el mundo, sin rumbo, haciendo reinar el Caos allá por
donde vaya y tuve la mala suerte de encontrarme un territorio dominado por
orcos y demás fauna rondando por aquí y en gran número. Además, si tengo razón
con lo del número, estad seguros de que los aventureros que antes mencioné
habrán muerto.
LLOYD mira a VIRUS. Parece haber
recordado algo.
- Oye, ¿y si esos aventureros son los que estaban en la cueva a la que iban los
ogros? – pregunta el matabestias -. Recuerda que se oía a un burro y...
- Uno de los aventureros, un enano, tenía un burro, aunque lo dejó apartado en
la lucha – interrumpe SOLMYR.
- ¡Pues entonces KHANWULF está con esos aventureros! – exclama LLOYD -. Espero
que no les haya pasado nada.
- Y si les ha pasado, peor para KHANWULF, por no querer venirse – responde
VIRUS.
El sol empieza a despuntar tras las
colinas. Sus rayos tardan en poder alcanzar el bosque y penetrar en su profundo
y espeso manto de hojas y ramas. La luz incide sobre las tiendas de campaña.
LLOYD, que ha estado durmiendo fuera
toda la noche, alternando el sueño con algunas guardias, es el primero que se
despierta. Respira profundamente y se alegra de que el sospechoso mediano les
haya dejado con vida, como había prometido el propio SOLMYR. Se levanta y mira
a su alrededor.
Viendo que todo está bien, se va a despertar a VIRUS. Una vez lo hace, ambos
preparan sus cosas para ponerse en marcha y llegar a Solderai.
- Oye, ¿y el mediano? – pregunta
VIRUS -. ¿Crees que seguirá durmiendo?
- Pues me temo que sí – contesta LLOYD, echando un vistazo a la tienda donde
estaba SOLMYR -. El muy... ¡ni se digna a decirnos adiós!
- Creo que lo raro hubiese sido que sí se hubiese dignado – dice VIRUS, todavía
molesto por el comportamiento del mediano.
Así, los dos aventureros salen del
bosque y van a buscar la carretera que les llevará directamente hacia la
capital. LLOYD calcula que en poco más de tres horas habrán llegado, aunque lo
mejor es darse prisa, tal y como él mismo aconseja.
- Y como las cosas van de mal en peor – prosigue LLOYD – quiero llegar cuanto
antes a la capital. Así podremos descansar, comprar y ver lo que ocurre allí.
- Hablemos sobre la marcha – dice VIRUS, poniéndose la mochila a la espalda -.
¡Andando! Mientras no haya peligros, podemos ir tranquilos. ¡Aprovechémoslo!
Cuando los dos se van alejando más y
más del bosque, oyen pasos. Ambos se vuelven y observan, a lo lejos, a una
distancia de unos cien metros, un grupo caminando en dirección hacia el bosque.
En pocos segundos, LLOYD reconoce a una docena de orcos, acompañados por dos
trolls.
Parece que no les han visto a ellos dos y eso es, al menos, una buena noticia
para VIRUS y LLOYD. El extraño grupo se va a internar en el bosque, cuando un
seguro y tranquilo SOLMYR sale de entre los troncos de los árboles, en
dirección hacia donde se habían ido los dos aventureros.
Los orcos se quedan extrañados al
ver cómo un mediano, totalmente cubierto, dejando sólo los ojos expuestos a la
luz, sale sin preocuparse por lo que hay a su alrededor, ni tan siquiera del
peligro que se ha presentado de repente.
Uno de los orcos se acerca a él.
- Tú, retaco, ¿qué haces aquí? – pregunta el orco, en un perfecto Común.
- Vaya, ¿un orco que no cecea? Esto es nuevo para mí – dice SOLMYR, sarcástico
y provocador -. Es cierto que todos los días se aprende algo.
- ¡Déjate de estupideces, imbécil! – exclama el orco -. Te he hecho una
pregunta y me la vas a responder.
- ¡¡No me da la gana!! ¡¿Pasa algo?! – grita SOLMYR, intentando intimidar al
orco.
El verde ni se inmuta, es más, en su
opinión el grito de SOLMYR no ha sido más que un susurro para él. Se acerca a
él y le repite la pregunta, pero esta vez agarrándolo y levantándolo del suelo
casi metro y medio.
- Bueno, pequeñajo – prosigue el orco -, no quieres decirnos nada, ¿eh? Pues
entonces vas a tener que morir por invadir los territorios de LORD PHALNAX.
SOLMYR sonríe.
- Sois los segundos que me dicen eso – responde el mediano -. Los otros treinta
que me dijeron lo mismo están ahora criando malvas, así que será mejor que tú y
los tuyos me dejéis en paz, o si no...
- ¿O zi no ké? – pregunta uno de los orcos que están por detrás.
- Mis compañeros acabarán con vosotros – y señala a donde están VIRUS y LLOYD.
Parece que el mediano sabía desde un principio dónde estaban los dos
aventureros, a pesar de la distancia.
Por supuesto, la reacción de VIRUS y
LLOYD no se hace esperar: huyen desesperadamente.
El líder orco manda a cinco de los
suyos a perseguir a los dos aventureros mientras él va a tratar con SOLMYR. El
mediano azulado sonríe todavía e incluso se atreve a reírse en toda la cara del
orco, quien saca una espada bastarda con la mano libre.
- Se me ha ordenado interrogar a todos los intrusos... e incluso matarlos –
dice el líder orco -. Y si es un mediano engreído que se cree un Dios, más
razones tengo.
SOLMYR sigue riendo, mientras el orco se dispone a clavarle la espada en el
pecho.
Pero rápidamente, y para su desagradable sorpresa, el mediano, con una
velocidad casi rival a la de la luz, saca su extraña espada, le corta el brazo
al orco y clava el arma en el abdomen del verde. Sacándola rápidamente, tarda
segundos en acabar también con los seis sorprendidos orcos que le quedan.
Los dos trolls observan al mediano enfurecidos. Levantando sus delgados pero
increíblemente fuertes brazos, se lanzan hacia el ataque. SOLMYR les esquiva y
corre hacia el interior del bosque. Los dos trolls corren tras él y también se
pierden entre los troncos de los árboles...
Los cinco orcos que persiguen a los
dos aventureros están a punto de alcanzarles.
LLOYD y VIRUS corren todo lo que pueden. El matabestias consigue avistar ya el
camino imperial.
- ¡Qué suerte, está ahí mismo! – exclama LLOYD.
- ¿Y qué tiene de seguro? – pregunta VIRUS, escéptico -, si hubiese
guardias imperiales vale, ¡pero yo no veo...!
Y entonces, al volverse hacia donde está el camino, VIRUS ve que alguien va por
el camino, y no precisamente dando un paso.
Parece que alguien se acerca al
galope. Un caballo blanco, bello y fuerte a la vez, corre por el camino que
había señalado LLOYD y, de repente, sale de él, en dirección hacia donde están
ellos.
El jinete parece ser un caballero, pero lleva una impresionante armadura
dorada, con muchas runas. Lleva puesto un yelmo de igual color que el resto de
la armadura y, aunque no tan trabajado, también impresiona a los dos
aventureros.
VIRUS se fija que hay una enorme espada colgando de uno de los costados del
caballo. Se pregunta cómo un caballo puede llevar un arma de, según él, algo
más de dos metros sin que ello le canse ni repercuta en su velocidad.
El jinete desenvaina la espada, que
reluce ante los tempranos rayos del sol, cegando a LLOYD y VIRUS. Los dos creen
que quien podría ser su ayuda va a acabar con ellos... Pero el caballo pasa
raudo a su lado y unos segundos después se oyen los gritos de los orcos,
primero de batalla y luego de dolor.
Cuando los aventureros recuperan la vista, ven que el jinete vuelve hacia
ellos. Ya no saben qué pensar.
Cuando se queda a unos dos metros de
VIRUS y LLOYD, el caballo se detiene y su jinete, a pesar de la armadura, de
apariencia pesada, baja sin dificultades tras haber guardado de nuevo la enorme
espada en su funda. Una vez en el suelo, el jinete se quita el casco y al fin
los aventureros ven su cara: un hombre rudo, rubio y con perilla, y con una
cicatriz vertical en el ojo derecho, aunque no es tuerto.
El hombre se acerca a ellos tranquilamente.
- Podéis estar tranquilos, esos orcos no os molestarán ya – dice el extraño -.
Permitid que me presente: soy JEAN-LUC RAGNUS, Templario de la Orden de
Ghidnaar.
- ¿Templario decís? – pregunta LLOYD -. Mi abuelo fue paladín y nunca me dijo
que viera Templarios con armaduras doradas, que todas eran oscuras e incluso
negras.
- Lo mío tiene su historia – responde RAGNUS, sabiendo que ellos no han oído
hablar de él -, pero ahora no puedo contárosla. Debo ir en busca de un amigo.
- ¿Un amigo? – pregunta VIRUS -. Espero que no sea un mediano azul que...
bueno, mejor ni nombrarlo.
- ¿Mediano azul? – RAGNUS se queda extrañado -. ¡En absoluto! Además de que no
he visto medianos azules en mi vida, claro... No, yo busco a un felino. Es
alguien importante, y no lo digo sólo porque es mi amigo, sino porque es
importante para que nuestro mundo no conozca un terrible final.
A VIRUS le extraña un poco la última frase, pero no dice nada. LLOYD, sin
embargo, empieza a pensar que RAGNUS está loco.
RAGNUS se dirige hacia su caballo, se pone el yelmo y sube. Mira a los dos
aventureros.
- Bueno, ¿tenéis algo que hacer? Si es así, hacedlo, y si no pues podéis venir
conmigo. A mí no me importa que vengáis, cuantos más seamos, más posibilidades
tendremos de vencer a los raptores...
Ambos aventureros aceptan la proposición de RAGNUS, sobretodo VIRUS, quien ya deseaba que ocurriera algo que, a su criterio, fuese importante.