EL PRIMER ENCARGO DEL TEMPLARIO NEGRO
"Mi deber es servir a Ghidnaar, pero lo que lleva ese paladín debería pertenecerme, al ser yo de mayor rango" EL TEMPLARIO NEGRO
GHIDNAAR, 29 de mayo del año 3287 después de la Gran Guerra
"Deberás proteger a JEAN-LUC RAGNUS, paladín de nuestra orden, que actualmente se encuentra en Khan, para que llegue sano y salvo a Ghidnaar y pueda realizar sus pruebas en pos de convertirse en un Templario."
Las palabras del abad aún retumban en la cabeza del misterioso protagonista
de esta historia. Lo poco que se sabe de él es que todos lo conocen como el
TEMPLARIO NEGRO, y que pertenece a la orden de Ghidnaar, la más importante
junto a la orden Tempus de Solderai. Sólo quedan unas horas para llegar a la cordillera
de Ertdail, pero lo mejor es descansar: está anocheciendo y no es muy saludable
ir de noche por un bosque, por lo que acampa en el camino. Sabe perfectamente
que no puede dormir toda la noche, así que sobre las tres de la madrugada,
inquieto por ciertos sueños, se levanta, se pone su reluciente armadura negra y
se queda vigilando.
- Los pensamientos sobre ese tal RAGNUS no me han dejado dormir - se dice el
guerrero religioso -. Por lo que se ve, ese tipo tiene un objeto mítico y le
van a asignar la preciada Armadura Templaria de Ghidnaar en cuanto se ordene
Templario... - se queda pensativo unos momentos y sigue con sus pensamientos -.
Mi deber es servir a Ghidnaar, pero lo que lleva ese paladín debería
pertenecerme, al ser yo de mayor rango.
Mientras piensa en todo esto, unas pisadas se oyen desde el bosque. El
Templario deja sus pensamientos y se levanta. Oye unas risas chillonas...
- ¿Goblins? - piensa el TEMPLARIO NEGRO -. ¡Malditos trasgos, seguro que vienen
a robarme! Y vendrán seguro que con sus parientes...
Y como preveía, una banda de orcos y goblins sale al paso. El líder, un orco
corpulento, se dirige al Templario:
- No te alterez, chavalote - dice con una sonrisa burlona -. Zomoz unoz zimplez
azaltadorez con ganaz de conzeguir un poco de pazta. Komo erez uno de ezoz
guerreroz religiozoz, te vimoz que debíaz tener mucho dinero. Ahora, por favor,
danoz todo lo tuyo. Zi lo hazez, zólo te cortaremoz unoz pocoz dedoz, tú por
ezo no te azuztez, tío. Zi no, podemoz llegar a mucho máz...
El Templario coge una alabarda y se prepara para el combate. Aun superado en
número, no pierde la esperanza... Corre hacia los orcos mientras las flechas de
los goblins rebotan en la armadura, rompiéndose en el impacto. Los orcos rodean
al Templario, mientras él los golpea sin problemas... hasta que uno de ellos le
tira la alabarda.
- Así que queréis más juego - dice el Templario -. Os daré lo que buscáis... -
y diciéndolo, retrocede hasta su equipaje y coge una enorme espada templaria:
el Mandoble Templario.
Los orcos ignoran el detalle de la espada y siguen la lucha. La enorme espada
va destrozando los cuerpos de los orcos a medida que los alcanza. La oscura
sangre de los orcos impregna la espada, que cada vez hace más daño, incluso con
simples roces.
El líder de los orcos no se mueve aún. Está preparado con una espada bastarda y
un hacha mientras sus guerreros caen en combate.
Los goblins, al ver sus reservas de flechas agotadas, deciden avanzar con
dagas, aun sabiendo que no servirán de nada. Los cuerpos de los orcos se
amontonan frente al TEMPLARIO NEGRO y con un súbito ataque, acaba con todos los
goblins... pero se le escapa uno de ellos.
- ¡Tú no! - dice enfadado el Templario, que suelta su espada y coge la
alabarda, lanzándola contra el goblin, que acaba en el suelo con el arma
atravesándolo.
El jefe orco decide luchar al fin. Corre con sus armas en ristre, pero nada más llegar al Templario se percata de que no siente las piernas... Cae al suelo y ve que lo han partido por la mitad. Lo último que ve es cómo el Templario limpia sus armas, las guarda y se va a dormir...
Afueras de KHAN, 2 de junio del año 3287 después de la Gran Guerra
Después del incidente con los orcos y de escalar las montañas de Ertdail, el
TEMPLARIO NEGRO llega a la ciudad de Khan. En la entrada de la ciudad observa
que hay alguien. No un guardia, sino una especie de caballero. Es un hombre
alto, rubio y con perilla, de constitución fuerte. Su armadura imperial reluce
con un brillo plateado y posee una especie de mandoble con una extraña
empuñadura a la espalda. El Templario se acerca.
- JEAN-LUC RAGNUS, supongo.
- Supones bien, Templario - dice RAGNUS -. Bueno, ¿listo para volver a
Ghidnaar?
- Tal vez preferiría tomar algo para el viaje - le contesta el Templario.
Ambos guerreros religiosos entran en Khan. Después de tomar un almuerzo y
reponer las provisiones, deciden irse. Antes de llegar a la puerta, encuentran
a una juglar con su bandurria, un arco y su carcaj, y una espada barda. Es una
chica joven, de unos 20 años, morena y de complexión media. La muchacha no
parece muy contenta.
- ¿Te ha ocurrido algo, muchacha? - pregunta RAGNUS.
- Nada - contesta ella -, que soy un fracaso. Nadie quiere oír mis historias.
Nadie cree que unos aventureros entraron y salieron de los bosques de Xion.
- Pues yo sí te creo - le dice RAGNUS -, porque yo estuve con ellos. Soy el
paladín JEAN-LUC RAGNUS. Y tú, ¿cómo te llamas?
- CZIKO es como me conocen - contesta la barda -. Nunca doy mi verdadero nombre
- pero se queda pensativa -. Un momento... ¿ha dicho que usted es RAGNUS?
- El mismo.
- ¡Qué emoción! ¡Oh, vaya, esto es increíble! ¿Se va de viaje? ¿Puedo ir con
usted?
- Éste... - dice el Templario - no sé si Sir RAGNUS querrá...
- ¡Pues claro que sí! - responde RAGNUS -. No está mal ir con una admiradora.
Además, así podremos escuchar tus canciones y ayudarte un poco con lo que sea.
- ¡¡Muchísimas gracias!! - dice la juglar, desbordada de la alegría.
El trío sale de la ciudad, rumbo de nuevo a las montañas de Ertdail. Ahora
parece que todo irá bien, pero aún es pronto para decirlo...
Deben hacer noche cerca del camino. A la mañana siguiente estarán en el pie de
la cordillera y todo estará arreglado. La guardia la hace el TEMPLARIO NEGRO;
después estará RAGNUS. Van a dejar que CZIKO descanse. El guerrero religioso,
en su primera guardia, observa celoso el mandoble de RAGNUS. Pero no es momento
de envidias, ya que si el paladín está cerca, las Fuerzas del Caos podrían
merodear por estos parajes para acabar con él.
Un virote cruza ruidoso desde el bosque hasta donde se encuentra el Templario.
Rápidamente, coloca su escudo templario en frente y con bastante esfuerzo
consigue parar el virote. El escudo de los Templarios es de un metal muy
resistente, así que no ha sufrido desperfectos. El TEMPLARIO NEGRO decide
despertar a sus compañeros; RAGNUS presiente que algo malo va a ocurrir y
rápidamente se coloca una cota de anillos que llevaba en su mochila; CZIKO, en
cambio, se levanta con una armadura de cuero tachonado y coge su arco.
Del bosque salen unas figuras, oscuras y con armadura. Son todos Sirvientes de
la Orden de ARGOH. Uno de ellos tiene el grado de Guardián del Caos y se acerca
a los aventureros.
- No hay tiempo para presentaciones - dice malhumorado el guerrero caótico -.
Preparaos para la muerte - y al decirlo saca su ballesta y apunta a RAGNUS.
El paladín actúa rápido y, con su Mandoble Divino, destroza la ballesta con un
certero golpe. El Guardián del Caos retrocede rápidamente y ordena a sus
hombres que peleen. Así, cinco Sirvientes del Caos corren hacia el trío que,
hasta hacía unos momentos, descansaba.
CZIKO lanza una flecha contra uno de los Sirvientes, pero la dura Armadura
del Caos hace que rebote.
- ¡Una flecha desperdiciada! - gruñe entre dientes la barda. Saca otra del
carcaj y apunta de nuevo al Sirviente: - Esta vez apuntaré mejor.
La flecha surca el aire entre la juglar y su adversario en dirección hacia la
cara del Sirviente del Caos. La flecha se introduce en el hueco que deja el
yelmo y se clava en la frente del guerrero, cayendo inerte al suelo.
- ¡Vaya con la niña! - dice el TEMPLARIO NEGRO.
Todos los Sirvientes van en dirección hacia RAGNUS. Éste decide lanzar un
hechizo de Luz Divina, que deja cegados a sus oponentes y además, por su
carácter divino, les inflinge bastante daño. Aprovechando la confusión, paladín
y Templario empiezan a reducir uno a uno a los Sirvientes del Caos.
El Guardián del Caos observa cómo sus hombres caen en batalla. Con una bastarda
en su mano, corre como un kamikaze a por el grupo, pero el Mandoble Templario
lo atraviesa.
- Bueno, ¿volvemos a dormir? - dice RAGNUS, una vez ya han apartado los cuerpos
y han guardado sus armas.
Al día siguiente, vuelve la caminata hacia Ertdail. Cerca ya del pie de las
montañas, escuchan una voz:
- Estos chicos no tienen cuidado con sus cosas: todas tiradas aquí... ¡y ellos
dentro de la montaña! Valiente panda de mineros incompetentes...
Curiosos, los tres se dirigen hacia el lugar de procedencia de la voz. Allí
descubren a un enano recogiendo palas y picos, y algunas provisiones, del
suelo. RAGNUS se acerca para hablar con él:
- Disculpe, buen amigo...
- ¡Estoy ocupado! - dice el enano sin mirar a su interlocutor y mientras recoge
la última pala. Luego se levanta y mira al paladín -. Oh, disculpadme, señor.
Estaba tan inmerso en mis asuntos que no os he podido ver, sólo oír. Disculpad
mi grosería.
- No te preocupes - dice RAGNUS -. Sólo una pregunta: ¿quién eres y qué haces
aquí?
- Son dos preguntas metidas en la misma oración, mi señor - contesta el enano
-. Pero gustoso os responderé. Soy Marcus Cararroca, un simple minero. Estoy
con mis compañeros haciendo un túnel que atraviese la cordillera y comunique la
ciudad de Khan con Ghidnaar.
- ¡¿Cómo?! - pregunta sobresaltado el Templario -. ¿Y yo no he visto ese túnel?
¿Cómo puede ser?
- Es que la parte que da a Ghidnaar no está terminada - responde Marcus -. Es
más, es lo último que nos queda. Y resulta que yo recogía las provisiones, las
palas y los picos que los chicos dejaron, porque se les está acabando la comida
y sus picos y palas empiezan a estropearse. ¡Mira que dejarse todo aquí! Un
poco más y nos lo roban.
- Este, señor Cararroca - dice CZIKO -. Lo estoy pensando y... puede parecer
una estupidez, pero... ¿No le importaría llevarnos hasta el final de lo que
llevan del túnel? Es que debemos ir a Ghidnaar. Además, así podremos ser los
primeros en cruzarlo.
El enano se queda pensativo, pero al final les responde:
- Seguidme. Pero os advierto que no hay respiraderos suficientes. Habrá que
darse un poco de prisa.
- ¿Pero eso no es peor? - dice el Templario.
- Puede que sí... y puede que no. ¿No quieren ir a Ghidnaar? Pues o esto, que
son dos días, o a escalar, que serán el doble.
Y con estas palabras, todos se meten en el túnel.
DOS DÍAS DESPUÉS...
Agotada y en parte arrepentida por su idea, CZIKO consigue alcanzar a sus
compañeros. Marcus se había adelantado para llevar la comida y las herramientas
a sus compañeros mineros. Cuando la juglar llega, ve que los trabajos de
excavación están avanzando con gran rapidez. Uno de los enanos golpea la roca y
ésta se desprende en parte, dejando un hueco que deja el paso de una tenue luz.
- Jefe, creo que ya está - dice el enano a Marcus.
- Pues seguid hasta el final, mis compadres - contesta Cararroca.
Y los enanos terminan al fin con la pared de roca. Pero tras ella no hay un
cielo azul con un espléndido sol, ni árboles ni pájaros; lo que allí hay es una
especie de cámara mortuoria. La luz provenía de unas débiles antorchas.
- Esto es raro - dice Marcus -. Deberíamos estar fuera. ¿Acaso nos hemos
equivocado?
- No creo jefe - le comenta uno de los enanos. Hemos estado todo el tiempo
siguiendo la misma dirección. Es imposible que nos hayamos equivocado. ¿O acaso
dudas de la habilidad de nuestra raza para orientarse bajo tierra?
- En absoluto - responde Marcus.
De repente, se fija que en la pared de enfrente hay un pequeño hueco que
deja pasar una luz. Pero no una luz artificial, de velas, sino luz natural, del
Sol. Con una gran sonrisa en la boca, Marcus se acerca y examina la pared.
Después de golpearla, se da cuenta de algo:
- Esta pared es muy estrecha - dice Marcus -, una especie de pared falsa puesta
para cerrar una entrada. Chicos, coged los picos y terminemos el trabajo.
El pelotón de enanos, con los aventureros detrás, llegan hasta la pared y
empiezan a golpearla con sus picos. Todo parece estar bien, hasta que RAGNUS se
da cuenta de algo.
- Esto no me gusta nada... - dice el paladín mirando una de las tumbas -. Me
pareció ver la tapa moviéndose, como si...
Sin poder terminar la frase, un esqueleto levanta la tapa y sorprende a
RAGNUS. El paladín reacciona rápido y lanza un duro mandoblazo al no-muerto,
haciendo que todo alrededor se llene de huesos.
- ¡No-muertos! - grita el TEMPLARIO NEGRO.
- No pasa nada - dice Marcus -. Aunque hubiera un terremoto, nosotros
seguiríamos cavando. Ocupaos vosotros de ellos, que nosotros continuamos con lo
nuestro.
Una nueva batalla se avecina. Pero la cámara es grande y las tumbas
numerosas. Docenas de esqueletos y zombies, que han sido despertados de su
sueño, van a acabar con los profanadores. Los tres aventureros hacen todo lo
posible, pero se ven superados en número. RAGNUS observa a los enanos y ve que
éstos ya han conseguido abrir un gran agujero con increíble rapidez. Viendo lo
dramático de la situación, se dirige a sus compañeros:
- ¡Huid con los mineros! Esto dejádmelo a mí.
- No creo que sea buena idea - dice el Templario -. No he recorrido más de 200
km para que mi misión se vaya a pique.
- ¡¡Huid!! - dice RAGNUS desesperado.
Enfadado, el TEMPLARIO NEGRO coge a CZIKO de la mano y se dirige con ella
hacia donde están los enanos, quienes han comenzado a salir. Fuera ya, y
alejados varios metros del túnel, observan una extraña luz procedente del
interior de la cámara. Varios gritos se oyen y luego el silencio.
RAGNUS sale de la gruta, totalmente fresco y sin rasguño alguno.
- Os dije que me lo dejarais - dice RAGNUS -. Tal vez los seguidores del Caos y
los demonios sí, pero los no-muertos no tienen resistencia alguna contra la Luz
Divina.
Y el trío de aventureros, junto a los enanos, se dirigen hacia Ghidnaar. El enorme monasterio que ocupa gran parte de la ciudad es visible desde la cordillera y está a solo cuatro horas de marcha. RAGNUS está deseoso por alcanzar el grado de Templario. Su compañero no está tan contento...