PRUEBA DE AMOR
"Lo que más odio en este mundo es que dos personas que se quieran no puedan besarse por culpa de un orco mirón." JADE AREWEN, heredera del condado de Wooden
WOODEN, 12 de junio del año 3287 después de la Gran Guerra
Ya han pasado bastantes días desde que FËADRAUG y JADE se reencontraran.
Ahora están en Wooden, donde viven felices mientras JADE intenta preparar la
boda.
- Pero... esto... JADE... es que... todavía... - intenta decir DRAUG bajo un
montón de ropas elegantes.
- Vamos, DRAUG - replica JADE -. ¿No me irás a decir que vas a ir con esas
semiplacas el día de la boda? Deberías ponerte algo más elegante... Y para
empezar, debes ponerte ropa normal y corriente. Se ve que durante años vagando
en busca de aventuras te has puesto únicamente dos camisetas... ¡y encima son
iguales!
- No es eso - dice DRAUG -. Si a mí no me importa vestir de una forma u otra,
¿pero no crees que te estás precipitando con esto de la boda con eso de que se
celebre dentro de tres días? ¿No crees que habría que esperar al período de
paz?
- Oye, ¿se casaron Eladamri y Mirtand después de matar a ARGOH? No. Entonces,
¿por qué nosotros debemos esperar hasta que acabemos con ese bastardo?
- No, si no es por eso, JADE, querida - contesta DRAUG -. Sólo estoy dando mi
opinión acerca de esto. Ciertamente, no estamos en una Gran Guerra, pero lo que
va a venir sí que es gordo.
- ¡Gordo va a ser el cabreo de mi padre como se entere de que va a hacer tantos
preparativos y se va a gastar tanto dinero para que tus estupideces echen abajo
nuestra boda! - JADE está muy alterada y no puede contener su ira. Empieza a
soltar palabras que mejor no comentarlas, ya que son de muy mal gusto, incluso
en élfico.
DRAUG sale de la habitación, algo estresado. Después de olerse
disimuladamente una axila (y de medio desmayarse), se va al salón principal.
Allí está el padre de JADE, Rudolf, quien se encuentra con su hija Mariah
hablando de los preparativos de la boda. Ambos observan que el druida ha
entrado en el salón.
- ¡Ah, hola, futuro yerno! - dice muy contento Rudolf.
- Eh... hola, futuro... suegro - responde algo entrecortado FËADRAUG.
- Mi hermana me comentó que eras algo tímido - dice Mariah -. ¡Pero no te
preocupes, aquí estás como con tu familia! Bueno, dentro de poco seremos de tu
familia.
- Ah... pues sí, es verdad, ¡qué cosas! - dice DRAUG, con una sonrisa algo
forzada -. Bueno, no es cosa de... mi timidez el que ahora esté... así, sin
saber qué decir. Es que...
- ¿JADE se ha vuelto a cabrear? - pregunta Lord Arewen.
- Pues debo decirle que así es, señor - responde DRAUG -. Parece molesta con
que le haya dicho que es algo precipitado el que nos casemos ya, que podemos
esperar, sabiendo que ARGOH puede resucitar por completo en cualquier momento,
y...
Rudolf y Mariah miran a DRAUG con una expresión bastante poco amigable.
Parece que es verdad eso de que la boda ya está casi lista y que el padre de
JADE ya se habrá gastado un buen pastón para ver a su hija unida al elfo de su
vida... Y el "elfo de su vida" lo va a arruinar todo.
FËADRAUG se despide cortésmente de Lord Arewen y de Mariah. Confuso, decide
consultar el oráculo...
Un anciano elfo se encuentra observando unos posos de té cuando el druida
entra en la sala del oráculo.
- Oh, bienvenido seáis, joven TURMELLYRN - dice sin inmutarse el anciano.
- Oráculo, os tengo que hacer una pregunta sobre mi futuro - le comenta DRAUG -.
¿Qué me puedes decir sobre mi relación con la hija del conde de Wooden, JADE?
¿Y qué consecuencias puede traer?
El anciano coge unas hojas y las lanza sobre un fuego. Las hojas arden y un
agradable olor inunda la sala. Aunque DRAUG sólo nota el olor, el anciano
comienza a entrar en trance. Se queda con los ojos en blanco y habla en un
extraño lenguaje que el druida no logra entender. Minutos después, el anciano
deja de estar en éxtasis y vuelve a la normalidad.
- ¿Qué podéis decirme? - pregunta DRAUG, curioso y nervioso a la vez.
- Vi una batalla... Muchos orcos y trolls... Elfos que acababan con ellos... Y
en medio de la lucha... Dos elfos, de distinto sexo, luchaban entre ellos...
Ninguno moría, ni tan siquiera recibían daño físico... Pero sus mentes estaban
perturbadas, confusas... Algo malo va a suceder entre vos y la hija del conde.
Pero no sé qué tiene que ver la lucha contra orcos y trolls. Tiene que haber
algo en ello...
- De todas formas, gracias, oráculo. Os pagaré gustoso cuanto queráis...
- ¡No! - replica el anciano -. Dejad el dinero para adivinos de poca monta que
estafan a sus clientes. Yo sólo adivino el futuro para ayudar a la gente. Pocos
hacen esto. Cuando los Dioses te dan un don, debes saber utilizarlo para que tú
y todos los demás lo disfrutéis.
- Bonitas palabras - dice DRAUG, conmovido por la actitud del adivino -. Os
vuelvo a dar las gracias por vuestro servicio. Adiós.
Aunque parece sereno, en el fondo DRAUG está preocupado. Le han predicho malos
tiempos para su relación entre él y JADE.
- Tal vez no debí haber consultado al oráculo - piensa el druida mientras le
viene a la cabeza el cabreo que cogió JADE hacía poco más de una hora.
En el palacio, JADE ha terminado de arreglar la ropa para su novio. De
repente, el consejero del conde, Angorth, entra en la habitación.
- ¿Os interrumpo, Lady AREWEN? - pregunta el consejero.
- No, Angorth - le contesta ella -. Ahora mismo he terminado con lo que tenía
que hacer. Estoy libre. Si quieres hablar de algo.
- Bueno... sí, la verdad es que sí. Es sobre vuestra boda... ¿creéis que
merecéis casaros con un simple druida? ¿No os convendría mejor alguien más
noble y que sea un Alto Elfo?
- La mayoría de los elfos de esta ciudad son Silvanos. Creo que deberías estar
más que acostumbrado.
- ¿Vos no lo entendéis? - pregunta con algo de ira Angorth -. ¿Cómo es que un
Elfo Silvano procedente de familia tan humilde va a casarse con vos, una Alta
Elfa de sangre azul?
- Tal vez porque lo que une a humildes y nobles es el amor - responde JADE.
Parece como si Angorth enmudeciera de repente. Pero en verdad pensaba en lo que
diría a continuación...
- Bueno, Lady AREWEN - prosigue el consejero -. Ya que os casáis por amor y no
por dinero ni poder, ¿puede ese amor superar la corrupta vida de vuestro
amante?
- ¡¿De qué hablas?! - exclama JADE, incrédula.
- ¿Vos acaso no os habéis dado cuenta de ello? FËADRAUG TURMELLYRN es, en
realidad, un traidor de la Corona Élfica.
- ¡No te creo!
- Pues deberíais hacerlo - sigue Angorth -. ¿Por qué creéis que se fue al
Imperio Soldeví?
- Es un aventurero - responde JADE -, y los aventureros recorren el mundo,
independientemente de quien gobierne la parte del mundo donde esté. La aventura
mueve al aventurero y decide su rumbo.
- Una excusa perfecta para planear un golpe de Estado - dice Angorth -. Vos no
lo sabéis, pero el Imperio Soldeví, desde siempre, ha deseado acabar con
nuestra raza. Y como sabéis, vuestro prometido ofendió a los Dioses. Alguien
que hiciera eso es el perfecto traidor, alguien dolido por algo que hizo y que
quiera vengarse de alguna forma...
- ¡Lo que dices no tiene sentido! - dice JADE -. ¿Qué tienen que ver los Dioses
con una invasión soldeví?
- La mayor ofensa fue para muchos elfos cuando este druida orinó sobre la
estatua de Siffrit. Es comprensible el enfado de la gente, pero no que vuestro
novio se tenga que vengar de nuestras críticas y dar información valiosa sobre
el Reino.
- ¡¿Qué?!
- Sí. Nuestro Reino se caracteriza por la gran cantidad de bosques, y bueno...
¿quién no conoce mejor un bosque que un Elfo Silvano? Además, ha estado en
contacto con otros traidores y no me extrañaría que la invasión ya estuviese
lista... Pero voy a dejar de decir todo esto, vaya ser que os quedéis
intranquila. Buenos días.
Angorth abandona la habitación. JADE se sienta en la cama y se queda
pensando... No sabe qué pensar...
Una mujer de gran belleza entra en la habitación. Aunque no lo parezca,
tiene más de 120 años. Su larga cabellera pelirroja cae hasta allá donde la
espalda pierde su nombre. Sus ojos, de un azul que ya el mar querría para sí,
miran a JADE. La madre de la heredera del condado, Elloise, se acerca a su
hija.
- ¿Te ocurre algo, hija mía?
- No... no creo que sea conveniente hablar de ello, madre - le explica JADE -.
Son cosas entre FËADRAUG y yo. No creo que os interese.
- Vamos, JADE, tú sabes que puedes contarme lo que sea - dice Elloise, con una
voz dulce -. ¿Ha ocurrido algo malo entre los dos?
- Eso es lo que me gustaría saber... Por favor, madre, dejadme sola. Me
encuentro mal y no me gustaría que os empezarais a preocupar por lo que pasa...
Por favor...
Elloise deja a su hija, quien se tumba en la cama y rompe a llorar.
FËADRAUG sigue pensando en las palabras del oráculo. ¿Qué puede hacer que su
relación con JADE se fuese al garete? Mientras entra en palacio, los guardias
lo paran en seco.
- Maese TURMELLYRN - dice uno de ellos -. El consejero Angorth quiere veros
inmediatamente.
El druida no pone pega alguna, aunque la idea no le agrada. Desde su juventud
había odiado al consejero del conde, un elfo que, aun perteneciendo a la
variante Alta, no tenía nada que ver con los Altos ni los Silvanos.
Llega al despacho del consejero, acompañado por los dos guardias, que lo dejan
en la entrada. DRAUG llama a la puerta.
- Adelante - dice Angorth.
DRAUG abre la puerta y entra en el estrecho pero bien iluminado despacho de
Angorth. Montones de papeles se amontonan sobre la mesa y algunos incluso han
sido vencidos por la gravedad y han caído al suelo. El consejero se queda unos
instantes como si pensara en lo que va a decir y se dirije al druida:
- Bueno, bueno, maese TURMELLYRN. ¿Cómo van los preparativos para vuestra boda?
- Oh, van bien - dice DRAUG -, aunque todo me parece precipitado. De todas
formas, ahora que lo pienso es mejor que nos casemos cuanto antes mejor, porque
¿quién sabe si podremos tener boda después de la nueva invasión del Caos?
- Yo en vuestro lugar no estaría tan seguro con lo de la boda, ni después del
Caos... ni tan siquiera antes.
- ¿Qué queréis decirme, Angorth?
- Tal vez no lo sepáis, pero corren rumores de que vuestra prometida cree que
vos sois un traidor.
- ¿Cómo? - DRAUG queda sorprendido -. Es imposible que JADE piense eso de mí.
Ella y yo siempre hemos confiado el uno en el otro. Deben haberte engañado.
- ¿Que Lady JADE AREWEN me ha engañado, queréis decir?
- ¿Os lo ha dicho ella en persona? - el druida se siente más confuso que antes
con la predicción del oráculo. Parece que todo se cumple: no hay daño físico,
pero sí en su mente, su alma... su corazón.
- Intenté hacerle entrar en razón y decirle que vos no sois un traidor -
prosigue Angorth -, pero ella decía que ya no estaba dispuesta a casarse, a
menos que revelaseis todo lo que habéis contado a los soldevíes.
- Yo nunca traicionaría a mi pueblo. ¿Cómo pudo JADE llegar a tales
conclusiones?
- Vuestra ofensa a los Dioses, el enfado de muchos elfos y el hecho de que
marchaseis al Imperio Soldeví en busca de aventuras... para ella, todo conducía
a que érais un traidor.
- ¿Todas esas razones te ha dado para decir semejante barbaridad? - su corazón
está dolido. Despidiéndose tristemente de Angorth, sale del despacho. En el
pasillo se encuentra a Elloise.
- ¿Qué te pasa, FËADRAUG? - dice la condesa.
- Vos no lo entenderíais, Lady Elloise - contesta DRAUG -. Es algo entre
vuestra hija y yo. No me gustaría que os pusierais triste, vos, una mujer tan
hermosa y alegre.
- No entiendo nada de lo que ocurre... He dejado a JADE llorando en su
habitación por algo entre vosotros. Tú estás apenado por algo entre vosotros.
Las palabras de Elloise hacen que FËADRAUG se ponga a pensar. ¿Por qué lloraría
JADE si ya no quiere saber nada sobre él?
- En tu lugar, joven druida - prosigue Elloise -, iría a hablar con ella. Tal
vez así podáis ver qué es lo que ocurre y podáis solucionarlo para antes de la
boda.
- Así... lo haré - le responde DRAUG, pensando en las palabras del oráculo, de
Angroth y de la condesa. Se inclina y besa la mano de la condesa. Acto seguido,
ambos caminan por el pasillo en sentidos contrarios. En el camino, un guardia
pasa por al lado de DRAUG, a toda prisa.
JADE sigue llorando. Para ella, todo esto le resulta confuso. No comprende
cómo su amado, alguien a quien siempre había considerado como la mejor persona
del mundo, se ha vuelto en contra de los suyos. Oye pasos raudos en el pasillo.
Alza la cabeza, se limpia sus lágrimas con la manga del vestido y sale de la
habitación.
Un guardia corre hacia donde esta JADE. Se detiene delante de ella y la saluda
a la manera militar; JADE responde con un saludo idéntico.
- Tenemos noticias del sur, Lady AREWEN - le comenta el guardia.
- ¿De qué se trata? ¿Acaso los orcos han vuelto a por más?
- Desgraciadamente así es - responde el guardia -. Las hordas han arrasado
varias granjas al sur y ya han matado a varias familias. Llevan trolls,
chamanes y hombres-lagarto en sus filas - una larga pausa, que parece eterna,
separa esta frase de la siguiente -. Lady AREWEN, ¿tiene algún plan?
JADE ha olvidado por un instante lo que pensaba sobre FËADRAUG; pero el hecho
de la invasión le ha vuelto a llamar la atención.
- ¿Los orcos están aliados con los soldevíes?
- ¿Perdonad? - pregunta el guardia, sorprendido con la pregunta.
- Esto... - JADE rectifica lo que ha dicho -. Lo siento, me he liado un poco
con soldevíes y hombres-lagarto... Bien, lo que haremos será más o menos lo de
siempre. Saldremos esta tarde en dirección sur con los mejores lanceros,
jinetes y arqueros silvanos que tengamos. Esos bastardos verdes deben aprender
que no podrán con el ejército de la general JADE AREWEN.
El druida sigue sin explicar por qué corría el guardia. Empieza a oír
rumores sobre una nueva batalla entre elfos y orcos. Decide ir rápidamente al
cuarto de JADE.
Va a entrar, pero la puerta está cerrada. Llama y sólo puede oír un "Ya
voy, ya voy.". Al abrir la puerta, ve a JADE con la armadura de Eladamri y
un guante de cuero entre sus dientes. Al ver que es FËADRAUG, cierra la puerta
de golpe.
- Vaya - piensa DRAUG - realmente debe estar pasando una crisis para estar así
conmigo.
DRAUG no desiste y vuelve a llamar a la puerta. No recibe respuesta.
- Si hay una batalla, siendo ella la general, saldrá en un momento u otro -
piensa el druida.
JADE se pone el guante que le faltaba y coge su escudo alto y la espada
larga. Sabe que FËADRAUG está detrás de la puerta y no piensa saltar la
ventana, sobretodo estando en un segundo piso (si fuese un primero tal vez no
pensaría igual). Decidida, abre la puerta e intenta ignorar al druida, pero
tiene unas ganas terribles de volver a meterse y esperar a que los soldados se
las arreglen sin ella. Pero DRAUG se lo impide y la agarra del brazo.
- JADE - dice DRAUG -, no sé qué te he hecho.
- ¡Suficiente has hecho para romperme el corazón, malnacido! - grita JADE
mientras consigue liberar su brazo -. Y ahora apártate si no quieres recibir,
sucio traidor.
- Espera un momento, por favor - continúa FËADRAUG -. Esta mañana he hablado
con el oráculo y me ha contado algo. Dijo que vio a dos elfos, un varón y una
mujer, luchando entre ellos en medio de una batalla contra los orcos. Los elfos
no se herían entre ellos físicamente, pero sus almas estaban confusas. No te
parece raro que...
Pero la mano enguantada de JADE cruza la cara del druida. La elfa, enfadada,
sale llorando hacia el pasillo y sale al encuentro con sus tropas. FËADRAUG
sólo puede tocarse la mejilla, colorada a causa del bofetón, y quedarse
pensativo.
- Debo volver a hablar con el oráculo. Él sabrá cómo solucionar esto.
Los soldados elfos tienen sus monturas listas. La general AREWEN se monta en su corcel y se planta delante de sus hombres. Los anima a la lucha, y con su espada larga en lo alto, y sus ojos llenos de lágrimas, dirige a sus tropas hacia la batalla.
Por su parte, DRAUG vuelve a ver al oráculo.
- Dos visitas en un día - comenta el anciano elfo -. Es raro que esto me
ocurra, pero por lo general pasa cuando las cosas van peor de lo que uno
esperaba.
- Así es, oráculo - dice FËADRAUG, casi sin aliento después de correr para
hablar con el viejo -. Vuestras predicciones eran ciertas. Hay problemas entre
JADE y yo; además, creo que la batalla...
- Sí, la batalla simplemente servía para situar en el espacio-tiempo los
fatales sucesos - explica el oráculo -. Me he dado cuenta hace poco... Pero
decidme, ¿tal vez buscáis cómo solucionar esto?
- Cierto, oráculo. Decidme, ¿podéis ayudarme?
- Como ya os dije, cuando los Dioses te otorgan un don como la adivinación,
debe ser provechoso tanto para el que recibe el don como para el prójimo. Yo
tal vez no encuentre en el futuro la solución... pero os ayudaré gustoso.
El anciano coge unas hierbas, las echa al fuego y a los pocos segundos entra en
trance. Otra vez las extrañas palabras. En poco tiempo, el oráculo vuelve a la
normalidad se dirige a FËADRAUG.
- He visto el Caos... El Caos debe ser el responsable de todo esto... Tanto lo
de los orcos como lo de vuestra relación.
- ¿Podéis ser más preciso, oráculo?
- Sí, joven druida, puedo serlo. Alguien parece que está dispuesto a que
vuestra relación no llegue a buen puerto. Parece que ese alguien pretende minar
vuestra moral para que así sea fácil...
- ¿Sea fácil qué? - pregunta DRAUG, nervioso.
- ... eliminaros.
- ¡¿Quééééé...?! - FËADRAUG no puede creerlo: alguien quiere acabar con su amor
para poder matarlos. Pero se queda pensando un poco. Las palabras de Angorth le
parecieron extrañas y poco coherentes. Entonces parece caer en la cuenta -.
¡Maldito bastardo de Angorth! ¡Juro que acabaré con él!
- Esperad, por favor - prosigue el oráculo -. He descubierto algo más. Vi cómo
el enfrentamiento seguía, pero veía también cómo en medio de la batalla, los
orcos y sus hordas se desvanecían... Hasta el campo de batalla, que era
sustituido por uno de los bosques de Wooden. Todo, incluso la sangre de los
orcos había desaparecido. Después de ello, Lady AREWEN era atravesada... por
una flecha...
- Desaparece la lucha... un bosque de Wooden... y JADE morirá... ¿Insinuáis que
es mentira lo de la invasión orca?
- Exactamente - responde el oráculo -. La misma persona que os ha confundido
tenía algunos contactos que le ayudarían en su labor para acabar con vos y con
Lady AREWEN. Según lo que he visto, el futuro asesino de la hija del conde esta
muy cerca de la ciudad...
DRAUG agradece al oráculo su ayuda. Rápidamente, se quita su armadura, sus
botas y su camiseta; también deja la Ira Sangrienta junto al oráculo.
- Guardad esto mientras estoy fuera - dice el druida y corre hacia la salida,
despidiéndose del anciano a toda prisa.
El oráculo lo ve irse; mira sus pertenencias y vuelve a mirar hacia la puerta:
- Buena suerte... FËADRAUG TURMELLYRN.
Las tropas se adentran en el bosque. Los caballos tienen dificultades para
pasar, pero ya están acostumbrados a estos paseos por el bosque. JADE va al
frente del ejército, que ve cada vez más imposible pasar por entre los árboles.
Se empiezan a alejar los sonidos de los cascos de los caballos. A los pocos
minutos, sólo están JADE y dos jinetes más; el resto han quedado atrás.
De repente, la general oye unos pasos. Nota que alguien tensa una cuerda. Se da
cuenta de que el ruido viene de la derecha. Sin dudarlo, saca su espada y va
directa con su caballo hacia su derecha. Unos pasos más ligeros se oyen también
cerca de la general.
En ese instante, una flecha cruza rápidamente entre los bosques en dirección
hacia JADE. Pero tan rápido como JADE ve la flecha, un lobo salta
increíblemente hasta la altura donde está la flecha y ésta se le clava en el
costado. El lobo cae al suelo. JADE oye a quien ha lanzado la flecha maldecir
al lobo. La general coge rápidamente la ballesta y se queda mirando dónde puede
estar el asesino. Oye una cuerda tensarse. Rápidamente, JADE lanza un virote
hacia la dirección de donde venía el ruido. Un grito y el sonido de un cuerpo
caer al suelo.
- Amenaza eliminada - dice JADE, orgullosa. Se vuelve para ver cómo está el
lobo que le ha salvado la vida, pero no encuentra al lobo. En su lugar,
FËADRAUG, quien sólo lleva sus pantalones y su cinta del pelo, está quitándose
la flecha.
- FË... FËADRAUG... - dice JADE, sorprendida -. ¿Qué haces aquí?
- Je... pues no sé... ¿traicionando a mi elfa? - responde DRAUG mientras se va
aplicando una cura -. Parece que al final me fue útil transformarme en lobo
para llegar hasta aquí... aunque lo de llevarme la flecha... no... me... lo
esperaba... je...
La flecha le ha dado en todo el costado, pero no es demasiado grave. De todas
formas, el druida está muy débil para aplicarse la cura por completo. Cuando
apenas queda una herida poco profunda, DRAUG susurra a JADE -: Angorth... es un
traidor... Todo esto lo planeó él. Nunca... hubo invasión orca alguna. Habla
con el oráculo. Él te contará más... - y en ese instante queda inconsciente, en
suelo del bosque.
JADE, avergonzada de lo ocurrido, llora...
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Al despertase, DRAUG observa en el techo una lámpara de araña encendida
sobre él. En la habitación se encuentra JADE, quien todavía lleva la armadura
puesta, sentada en una silla cerca de él. Mira a su prometido, pero vuelve la
mirada, avergonzada.
FËADRAUG se toca el costado. Se lo han vendado y ya no siente dolor. Decide
incorporarse y hablar con JADE.
- JADE - empieza el druida -, no te sientas mal por lo que ha ocurrido. En
serio, no ha sido culpa tuya. Todo esto ha sido maquinado por Angorth...
- Eso es cierto - dice JADE, sin mirarle -. Por lo que se ve trabajaba para esa
zorra de HERUWATH HERUGURTH. El tipo al que le disparé con la ballesta era el
falso mensajero que trajo esas noticias sobre la farsa de la invasión...
- Esa maldita archibruja no me dejará tranquilo - dice DRAUG -. Pero ya que
todo está descubierto, JADE, debemos olvidarlo. Mira, tenemos una boda
pendiente. No...
- No merezco ser la mujer de un elfo puro como tú - contesta JADE -. Me he
dejado llevar. Estaba enfadada por una estupidez como era tu vestuario... y...
y al final todo eso casi iba a acabar con mi vida... - no lo puede evitar y
llora.
- No... no quiero que llores - le comenta FËADRAUG, quien limpia las lágrimas
de los ojos de la elfa. La ayuda a levantarse y la coge entre sus brazos -. Mi
prometida es una mujer fuerte, con carácter, y que sabe cómo comportarse en
cualquier situación... Por favor... No dejes que la tristeza te inunde... Si al
final has admitido tus fallos y quieres volver conmigo, al igual que yo admito
que fui engañado y que quiero volver contigo, entonces has superado esta prueba
de amor.
Los dos se quedan abrazados. Tras la puerta entreabierta, Elloise observa la
escena. Con una gran sonrisa, vuelve a sus aposentos.
WOODEN, 15 de junio del año 3287 después de la Gran Guerra
Al final la boda se va a celebrar. Para ello, DRAUG se ha puesto unos antiguos pero majestuosos ropajes de Rudolf Arewen. Nervioso y contento, espera a la novia con gran alegría. También están allí sus padres, Neira y Sultz Turmellyrn, orgullosos de que al fin su hijo vaya a casarse. Todos esperan a que la novia aparezca y el sacerdote pueda comenzar la ceremonia.
JADE aparece al fin. Con un largo vestido blanco, con mangas bordadas en
algodón fino y plata, de ricos adornos bordados en hilo dorado y plateado, la
novia hace su entrada agarrada del brazo de Rudolf Arewen, conde de Wooden.
FËADRAUG tiende su mano hacia JADE y ambos se quedan juntos, uno al lado del
otro. El sacerdote comienza las bendiciones...
- Todos aquí estamos reunidos para unir a estos hijos de Siffrit, Gran Dios de
todo lo bueno, en sagrado matrimonio. Como siempre, es un día especial en el
que los enamorados pueden al fin cumplir su deseo de estar juntos por siempre,
porque lo que una Siffrit, que no lo separemos los mortales...
Después de las lecturas de textos sagrados relacionados con el matrimonio,
al fin llegan las preguntas de rigor:
- Tú, FËADRAUG TURMELLYRN II, ¿aceptas a JADE AREWEN como tu legítima esposa,
en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en
la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
- Sí, acepto - contesta DRAUG.
- Y tú, JADE AREWEN, ¿aceptas a FËADRAUG TURMELLYRN II como tu legítimo esposo,
en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en
la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
Expectación en el aire. Pero no dura mucho. De sus labios sale: - Sí, acepto.
- En este caso - prosigue el sacerdote -, y por los poderes que me han sido
conferidos, yo os declaro marido y mujer. Podéis besaros.
Y así hacen. Ambos se funden en un pasional beso mientras todos gritan bendiciones para los novios.
Se ve que, incluso en tiempos difíciles como los actuales, siempre hay sitio para la felicidad...