Héroes míticos
En este mundo, la Gran Guerra ha dado a conocer a varios personajes que en un principio aún se encontraban en el más absoluto anonimato, pero por ser aquéllos que libraron al mundo del Mal ahora son conocidos como grandes héroes. He aquí sus nombres:
CASIUS DERRICK (Templario de la orden de Tempus y fundador del Imperio Soldeví)
Criado en una familia noble, se convirtió en un excelente espadachín que llegó a ser uno de los muchos grandes guerrero humanos de Salk. Más tarde, cuando se fue de casa en busca de aventuras, pasó a ser el discípulo de un Sacerdote de la Guerra llamado Eidan Tempus. Tempus fue el fundador de la Orden de Templarios que llevaría su mismo nombre y creó tres objetos legendarios: las Armaduras Templarias de Tempus y del Grifo y el Mandoble Divino. Su mejor alumno fue Derrick, a quien le dejó portar uno de los objetos. Casius eligió la Armadura de Tempus.
Portador también de la Primera Espada, que se convirtió en el tesoro de su familia, luchó en la Gran Guerra contra las hordas del Caos junto al resto de los Héroes Míticos. Proclamado Rey y más tarde Emperador de los humanos de Salk, constituyó un sólido y poderoso reino que más tarde daría lugar al actual Imperio Soldeví. Es una desgracia que su hijo echara por tierra los grandes logros de su padre, pero sus sucesores pronto llevaron el reino al imperio que conocemos en la acutalidad.
NAUGLORD GLIÂNTEK (Enano berserk, primer enviado divino y Dios de la Guerra)
Un guerrero enano reconocido por los demás de su raza como un luchador impresionante, que sabía cuándo ser compasivo y cuándo no tener piedad. Criado entre herreros, Nauglord aprendió el oficio de la herrería desde niño y, alcanzada su mayoría de edad, forjó una poderosa hacha y un escudo resistente. Conocía también a influyentes rúnicos de la comunidad enana, quienes le otorgaron grandes poderes a sus armas. Fueron estos rúnicos, junto a algunos clérigos, los que descubrieron la realidad sobre Nauglord: era un enviado de los Dioses, alguien que tenía una misión que cumplir. Fue con su presencia lo que hizo que varios profetas vieran cercano el día de la Gran Guerra.
Conduciendo sus ejércitos junto a los de los elfos, Nauglord Gliântek combatió sin descanso contra todo tipo de bestia que se le pusiera delante. Luchó duramente incluso contra Argoh, el Señor de los Demonios Alados, en un combate junto a los demás Héroes Míticos en el que cayó muerto. Su muerte supuso la ruptura definitiva de las relaciones entre elfos y enanos, que ya por entonces estaban en una precaria situación. Pero también su muerte, acontecida en un momento de valentía, honor y deseos de paz, hicieron que los Dioses acogieran su alma como a uno de ellos, convirtiéndose así Gliântek en Dagor, el Dios de la Guerra).
SYLVESTER ELADAMRI (Héroe élfico y fundador del Reino de los Elfos)
De familia humilde, Eladamri estudió tanto la esgrima como la magia. Convertido en una especie de hechicero guerrero y conocedor del arte de las runas gracias a sus buenas relaciones con rúnicos enanos, Sylvester Eladamri se ganó el respeto de la mayor parte de la comunidad élfica del momento. Su carácter decidido y aventurero no fue impedimento para que, durante la Gran Guerra, surgiera el amor entre él y una semielfa llamada Sheila Mirtand. Ambos se casaron en medio de una cruenta guerra que parecía que nunca se acabaría.
Llegado el tiempo de paz, los elfos tuvieron mala suerte en el reparto de Salk durante los Acuerdos de Maelgaddia. Eladamri, que había perdido a su amigo Nauglord en la Gran Guerra, rompió sus relaciones con los humanos y se fue con su mujer y todos los elfos y algunos semielfos al Norte, a las tierras designadas por los Acuerdos de Maelgaddia, donde debería ser el Rey de toda la comunidad élfica. Fundó Eladamri, la capital, y prometió prosperidad a sus fieles. Unos orcos acabaron con su vida días antes de su coronación y le robaron su armadura rúnica. Únicamente se conservó su espada, la Ira Sangrienta, y fue su hijo, también llamado Sylvester, el primer Rey de los Elfos.
SHEILA MIRTAND (Guerrera semielfa y esposa de Eladamri)
Huérfana y cuidada por su abuela, Sheila vivió atormentada por las injusticias que sufrían los semielfos, que en los tiempos anteriores a la Gran Guerra tenían muy mala reputación. Sheila trabajó como cazarrecompensas para varios grandes señores humanos. Varios cazadores de recompensas, los que la admiraban, se unieron a su grupo y le ayudaron en la lucha contra las hordas del Caos en la Gran Guerra. Se casó en medio de la contienda con el elfo Sylvester Eladamri y compartió con él su destino de irse a las peligrosas tierras del Norte para fundar el Reino Élfico.
A la muerte de Eladamri, Sheila se convirtió en la Reina Madre, mientras su hijo Sylvester gobernaba a una población sin esperanzas. Falleció seis años después de la muerte de su esposo, con el corazón destrozado después de años sin su amor y con lágrimas que brillaban como la plata de las mallas élficas a la luz de la luna. Su muerte, acontecida en medio del sufrimiento, fue motivo de un gran tiempo de luto en todo el Reino Élfico, casi tan largo como el que hubo tras la muerte de Eladamri.
MINOS TOLAREM (Gran archimago fundador de las ciudades mágicas de Minos y Tolaria, compañero de aventuras y consejero de Casius Derrick I)
Estudioso de la magictecnología, Tolarem fue compañero de Tempus durante varios años, hasta que, a la muerte de su amigo, poco tiempo antes del estallido de la Gran Guerra, se uniera a Casius Derrick en la lucha contra el Caos. Fue en la Gran Guerra donde los lazos de amistad entre ambos se estrecharon. Quedando gravemente herido en la lucha final contra Argoh, Minos Tolarem se recuperó y colaboró con su sabiduría y su poder mágico a constituir el precedente del Imperio Soldeví.
Tolarem había fundado en el círculo mágico del Dragón Verde la ciudad que llevaría su nombre, Minos. Más tarde, en una expedición hacia el noreste de la nueva capital, Solderai, encontró un ojo de dragón de gran poder. Este ojo atrajo a varios estudiosos de la magia y por ello el sabio archimago creó la ciudad de Tolaria. Se dice que la muerte le sobrevino en una de sus visitas a la cámara subterránea donde se encontraba el ojo del dragón y que su alma se fusionó con el poder del ojo; las creencias cuentan que desde entonces, Tolarem es el guardián de la ciudad de Tolaria.