EL DÍA DE LA PARTIDA
“Las incursiones son mi especialidad. ¡Dejadme a mí!" JULIUS SEREG, asesino imperial
SOLDERAI, 1 de septiembre del año 3287 después de la Gran Guerra
La
extraña visita de los demonios el día anterior ha dado mucho de qué hablar.
¿Alianza con Alanster? ¿Qué se podría conseguir a cambio? Nadie puede fiarse de
la palabra de un demonio, eso sí que es cierto.
Pero
todo ahora parece irracional. Es verdad que Alanster y su hermano, NAAGRUM
ARGOH, son dos Señores Demonios enfrentados, de poder casi idéntico. Es verdad
que la fuerza bruta de los Juggernauts es imparable, pero ante la burla a la
muerte de los Alados Transformistas y la astucia de los Cazadores de Almas, la
lucha se igualaba.
Pero
algo que lleva más tiempo en boca de todos los ciudadanos deja en un segundo
plano lo referido a los demonios matadores: hoy, 1 de septiembre, es el día en que
los Cuatro Ejércitos y sus aliados partirán hacia Ghidnaar, en busca de aquél
que pretende iniciar una segunda Gran Guerra. Es deber de esta enorme fuerza
ofensiva evitar que ello ocurra. Un nuevo conflicto... pero esta vez con unas
fuerzas enemigas muy superiores a las que se dicen en los relatos sobre la Gran
Guerra, aun sin tener una división de no-muertos que vuelvan una y otra vez al
combate hasta que sus invocadores caigan.
La gran
avenida de Solderai se ha empezado a llenar de gente. Todos salen hacia las
afueras de la ciudad, miles de personas no quieren perderse cómo los valientes
soldados llegados desde las tierras de los elfos, el Oriente y todo el Imperio
Soldeví, apoyados por los sitherianos y los guerreros de Nan-Sûlkhelek, parten
en pos de dar cierre a un episodio de maldad que nunca debió haber ocurrido...
¿Y
nuestros aventureros? Bueno, todos están ya casi listos. Ahora mismo todos
están ocupados viendo qué división de los ejércitos les viene bien en la
batalla. ¿Apoyar a los magos con sus devastadores hechizos? ¿Correr velozmente
a lomos de un elegante y poderoso caballo? ¿O a pie, avanzando como apoyo?
Da
igual en qué división vayan. Los aventureros saben que han de acompañar a los
héroes en su viaje expedicionario hacia Ghidnaar, una misión suicida en busca
de supervivientes, aliados y el final del conflicto.
Hay
quienes dudan. Los finales felices, para algunos, sólo existen en los cuentos;
la realidad, para ellos, es cruel y no acepta los errores cometidos, haciendo
que su autor pague las consecuencias del fallo. Pero viendo su éxito en varias
misiones, los jóvenes aventureros confían en que con empeño podrán vencer y
devolver la paz al mundo.
SATOSHI
habla con sus chicos. Parecen estar nerviosos, comentando algo con su líder.
SATOSHI asiente y se acerca a donde están los demás. Mira a
AKASHA, quien luce de nuevo su
traje de líder Yojimbo, bien remendado en una sastrería de la zona comercial.
- Ha
llegado la hora de que sepas la verdad, AKASHA -, dice el semielfo -. Tu
clan...
- ¡Se
ha dividido! – grita alguien, interrumpiendo a SPIKE.
Con
gran rapidez, una figura bastante alta y corpulenta llega hasta AKASHA. Junto a
este personaje, aparecen de la nada diez personas más, todos ellos vestidos con
las ropas típicas de los ninjas, dejando sólo que sus ojos y los dedos
sobresalgan de los oscuros y ajustados trajes.
La
figura más corpulenta mira a AKASHA y le saluda cortésmente.
-
Señorita AKASHA, ha sido toda una suerte encontrarla – dice el hombre -. No sé
si me recordará... Soy Goro Kanzaki, usted me dejó al cargo del clan mientras
estaba fuera.
AKASHA
recuerda a Kanzaki. Le saluda igual que él había hecho.
- Me
alegra verle, Goro – dice AKASHA -. ¿Y qué es eso de que “se ha dividido”?
-
Sensei – sigue Kanzaki -, la ciudad de Malkadian ha sido tomada por las fuerzas
demoníacas. Pero antes de ello, recibimos la visita de DREADLIN... Ese bastardo
se ha llevado a todos aquellos que sirvieron lealmente al sensei Yahiko, con su
lengua bífida los ha puesto en nuestra contra y ahora sólo quedamos nosotros
once... y usted.
La
verdad es que el asunta pillar de sorpresa a AKASHA, pero también a SATOSHI:
parte del clan Yojimbo había decidido ponerse del lado enemigo, sin importarles
qué le pasará al mundo. Sólo están interesados en ayudar al amigo de su antiguo
y corrupto líder.
- No
sabía que quedaran aún tantos fieles a mi padre – murmura la semielfa.
- ¿Ha
dicho algo? – pregunta, extrañado, Kanzaki.
- No,
Goro, no pasa nada, sólo que me ha pillado de sorpresa... Pero dígame, ¿dónde
podemos alistarnos? Porque ya sabe que hay guerra y al menos los clanes
Kusanagi y Yojimbo participan...
- Irán
a las milicias orientales, aunque también harán las veces de exploradores –
responde SATOSHI -. Iremos vestidos con atuendos guerreros, hay que guardar las
ropas de ninja. Recuerda que somos hijos de las sombras.
AKASHA
asiente, sonriendo.
- Pues
entonces... ¡A las milicias!
En esta
última hora, se han dado los últimos toques al ejército, se ha procedido a los
alistamientos de última hora y se han comprobado las provisiones. Todo
correcto.
- Las
milicias son lo mejor para mí, a caballo pierdo mucho – comenta KHANWULF a sus
compañeros -. Voy a ir con las milicias enanas, junto a algunos de mis
compadres de las Tierras Bárbaras, así que nos veremos poco.
- A mí
me vas a tener que ver bastante, chaval – replica XENAR -. Estoy también en ese
destacamento, de mí no te libras.
KHANWULF
le da una palmada en la espalda a su compañera. Poco después, los dos se van a
reunirse con unos cuantos guerreros altos y fornidos, bárbaros que han viajado
por las tierras de Salk y que han llegado hasta aquí, uniéndose a la división
de los enanos. A los occidentales les interesa mucho entrar en la guerra, pues
Ghidnaar se encuentra en una zona cercana al Protectorado de las Tierras
Bárbaras, al igual que muchas ciudades tomadas.
GRONFORL también toma la misma
dirección que los dos bravos guerreros.
ÁURON y
LLOYD se han unido a LOTHAR para luchar en la caballería de asalto. CAITLIN,
sin embargo, no se ve tan capacitada y se va con la caballería de apoyo,
acompañada por LAMBERT.
Mientras
tanto, el resto de guerreros siguen reagrupándose. KENSOU ha conseguido
convencer a ATHENA para que los dos vayan junto a los hechiceros. Se han unido
a las fuerzas tolarianas, por tanto estarán cerca del arrogante FLADNAG. PHILEASS, en cambio, se queda en la ciudad,
cuidando de Ana.
DEEDLIT,
NATHAN y ASSOTH se dirigen al ejército élfico, donde ocuparán sus debidos
puestos.
Volviendo
de nuevo con los orientales, algunos de los miembros de los clanes Urusei,
Minami y Makoto se han unido a las milicias orientales como simples guerreros.
AKASHA saluda a RODEAD y sigue caminando junto a SATOSHI y a los miembros de su
clan.
De
repente, detiene su mirada en un trío peculiar. Uno de ellos es un félido con
una larga cabellera castaña y desordenada, vestido con unas semiplacas y
llevando a la cintura una espada larga, mientras sobre su espalda descansa...
¿una bandurria metálica?
Junto
al félido, una chica con los atavíos de juglar, con un carcaj a la espalda, una
espada ancha en la cintura y un arco en mano.
Los dos
están hablando con un hombre, con el pelo largo y recogido en una coleta alta,
vestido con ropas orientales. La mirada de este hombre parece pasiva ante lo
que comentan sus compañeros y no se dibuja en su rostro sonrisa auténtica
alguna, sólo la de su orgullo.
AKASHA
y SATOSHI le reconocen y se acercan a él.
El
ronin se sorprende al ver a AKASHA y a SATOSHI.
-
¿Qué... qué demonios hacéis aquí? – pregunta el ronin.
- ¿No
podemos hablar con un compañero... TAKAHASHI SETO? – dice SATOSHI -. Al menos
vemos que ninguno de nosotros se ha olvidado de los otros.
-
TURMORAK, CZIKO, me alegro de veros – dice, mientras, AKASHA.
- Y
nosotros, nena, y nosotros – responde TURMORAK, levantando su peluda mano -. Al
fin encontramos un sitio donde se garantiza acción.
-
Bueno... ¿y no erais cuatro? – pregunta de nuevo la semielfa -. ¿No iba una
asesina con vosotros?
- Unos
bandidos nos tendieron una emboscada. RAISA quiso hacerse la heroína y atacarles
ella sola – cuenta CZIKO -. Pero un montón de flechas atravesaron su cuerpo al
instante y una daga arrojadiza se clavo en el centro de su frente. Tuvimos que
huir... SETO estuvo días y días dándole vueltas al asunto... No por la muerte
de RAISA, sino por haber abandonado una clara oportunidad de combatir... ¡qué
insensible, si no es por TURMORAK hubiese dejado abandonado a ese engreído!
- Por
si no lo sabes, te oigo, maja – dice SETO.
- ¡Pues
óyeme y a ver si rectificas de una vez! Ella era nuestra amiga, y...
- Fue
imprudente, y punto – TAKAHASHI hace un gesto con la mano para que nadie
continúe la discusión -. El ejército partirá pronto, así que si queréis
alistaros, hacedlo ya.
- Nos
vamos a quedar aquí – responde TURMORAK -. Tú te sentirás listo para una guerra
mundial, pero chico, nosotros dos no. Así que nos quedaremos en la ciudad.
Cuando hablaba de acción me refería a que habrá que defender la ciudad de una
supuesta invasión goblinoide, y eso no me lo pierdo. Pero una guerra contra
demonios... Demasiado, la verdad.
TURMORAK
y CZIKO se despiden del ronin y de los demás, dirigiéndose hacia Solderai.
Mientras
tanto, FËADRAUG se dirige hacia la parte del ejército elfo donde van a situarse
los sacerdotes. Mientras camina, se cruza con una muchacha con blusa blanca y
larga falda azul. Por debajo de su ropa se puede notar una cota de anillos. Lo
que sorprende al elfo es el bordado que lleva en la capa, también de color azul
oscuro: un grifo, el símbolo de Ghidnaar.
FËADRAUG
se acerca a ella.
-
Disculpa... ¿eres de la Orden de Ghidnaar? – pregunta el elfo.
- Sí...
bueno, yo...
- Si
vas a alistarte, debes irte hacia allí – el elfo señala hacia delante, donde
están los efectivos soldevíes -. ¡Date prisa!
Ve a la
chica bastante preocupada.
- Si
quieres te acompaño – dice al fin DRAUG.
La
muchacha no dice que no y al final acepta irse con el druida.
Mientras
avanzan, observan cómo el ejército se va reordenando y todos ocupan sus
puestos. FËADRAUG se va acercando junto a la chica hasta la zona de los
sacerdotes. Justo en ese momento, aparece RAGNUS.
- Ho...
hola, RAGNUS – saluda DRAUG -. ¿Qué haces tú por aquí? ¿No deberías comandar
unas de las escuadras de la caballería soldeví?
- Estoy
comprobando que todo esté en orden – responde el Templario -. ¿Y tú por qué...?
– pero no termina la frase al ver a la muchacha.
Ella
baja la cabeza. Parece no querer decir nada. Está como avergonzada.
ÁURON, LOTHAR y LLOYD interrumpen la escena.
- Oye,
RAGNUS, ¿vas a tardar mucho? – dice ÁURON -. Todas las escuadras están a punto
de partir y esperan a que la nuestra también se mueva.
El
semielfo se da cuenta de que RAGNUS se ha quedado impresionado ante la chica,
quien sigue con la cabeza agachada.
- MI...
¡MINT! – exclama RAGNUS, pero de nuevo es interrumpido, ya que un objeto
circular cae del cielo y se queda justo entre él y la chica. Al lado de
FËADRAUG cae otro objeto. Y al lado de LOTHAR, otro de esos objetos cae.
Pero lo
increíble es que estos objetos caen en lugares muy específicos.
Junto a
DEEDLIT y NATHAN caen dos; otro ante KENSOU y ATHENA; LAMBERT, quien estaba
hablando con CAT, descubre también ese objeto justo a su lado. Y también
aparecen junto a JADE, JULIUS, SARAH, MAGNUS, SATOSHI, AKASHA, SANDHURST,
XENAR, ARGUS y FLADNAG.
Curioso
que hayan caído cerca de ellos.
Pero la
curiosidad termina. Cada uno de esos objetos brilla. La tierra, de pronto,
empieza a resquebrajarse. El organizado ejército multirracial se vuelve a
desordenar, para que nadie caiga en las fosas que se han creado al instante.
De cada
fosa aparece un enorme cuerpo, de unos cuatro metros, totalmente rocoso, de
brazos largos acabados en puños enormes de piedra maciza. Figuras de piedra
robustas se levantan ante los asombrados efectivos militares. En cada uno de
esos seres hay una H estilizada grabada en su dura y grisácea “piel”.
-
Parece que HERUWATH nos ha enviado unos amiguitos para calentar – comenta
RAGNUS mientras echa un vistazo al cielo: diecisiete cuervos vuelan sobre el
ejército, dando vueltas en círculo, como esperando un final que creen previsto.
A estos
diecisiete cuervos se les unen algunos más. Un decimoctavo baja en picado cerca
de los regimientos enanos y lanza uno de esos objetos. Se repite la misma
escena y un nuevo golem surge del suelo. La pregunta es: ¿para quién es este
monstruo pétreo?
Siete
cuervos más vuelan sobre los golems y los soldados, como buscando a alguien.
Tras vueltas y vueltas, se marchan, en dirección oeste.
- ¡Van
en dirección oeste, entonces nuestro paso hasta Ghidnaar ha de ser rápido! –
exclama RAGNUS al ver el vuelo de los cuervos que abandonan el lugar, al tiempo
que esquiva el ataque del golem que le han “asignado”.
Aparta
a la muchacha, MINT, muy lejos de los golems y se apresura para darle una
estocada al Elemental. Si no fuese por el carácter semi-místico del Mandoble
Divino, la espada de RAGNUS ahora sería un montón de trozos de acero esparcidos alrededor del golem. Pero
no sufre ni la más pequeña mella, aunque el golem resiste muy bien los ataques.
- ¡Que
nadie del ejército acuda en nuestra ayuda a menos que haya complicaciones! –
grita el Templario -. ¡¡No podemos permitirnos baja alguna, este asunto es
solamente nuestro!!
FËADRAUG
apoya su mano sobre la tierra, aprieta con fuerza y provoca con su magia un
pequeño temblor, pero lo suficientemente potente para que los tres golems
retrocedan e incluso uno de ellos, el de RAGNUS, caiga al suelo.
ÁURON
salta hacia atrás para que ninguno de los golems no le alcancen. No quiere
acabar casi tan mal como en la lucha contra PHALNAX.
“ Que
RAGNUS y FËADRAUG se encarguen, aunque la señorita misteriosa quizá nos
sorprenda con algún movimiento”, piensa ÁURON.
Pero
rápidamente se da cuenta de algo: los fosos que han dejado los golems mientras
salían.
-
¡Tengo una idea, creo que deberíamos devolver a ese golem por donde ha venido,
vamos a empujarlo hacia una fosa! – exclama a LOTHAR.
LOTHAR
sabe que sus armas no son efectivas contra los golems: ni el filo de Isïlme ni
la punta de sus virotes podría hacerle nada a la dura piedra de estos seres.
Sabe
que con magia sería la cosa más fácil, pero no dispone de magia y los magos
están lejos de los soldados. La idea de ÁURON es buena, pero tendrá por ahora
que conformarse con esquivar, esperando conseguir también un arma contundente,
algo así como una maza o un martillo, ideal para destrozar la piedra. Mientras,
LLOYD intenta ver los puntos débiles de los Elementales. Había estudiado mucho
acerca de cómo enfrentarse a seres de los Planos Elementales y sabe que en los
Elementales de Tierra siempre hay zonas de escasa dureza, donde un arma de filo
podría ser efectiva.
- ¡Oye,
LOTHAR, ¿no tienes tú una ballesta?! – pregunta LLOYD.
- ¿Y
qué quieres que haga con una ballesta? – responde el semielfo con otra pregunta
-. ¿Pretendes que malgaste virotes estrellándolos contra esa mole?
- Si le
aciertas en las articulaciones, no habrás malgastado virotes – responde el
matabestias -. Sé que es difícil, pero confío en tu puntería.
- Me pides
un imposible – es lo que se atreve a contestar LOTHAR, mientras coge su
ballesta y carga un virote.
LOTHAR
apunta a la “axila” del golem más cercano y dispara. El virote acierta en esta
zona y el Elemental parece como se retorciera de dolor, dando varios pasos
hacia atrás.
LLOYD
corre, saca su espada y golpeando también en esa zona, arranca el brazo del
golem, el cual cae al suelo y se rompe en varios pedazos.
-
¡Bien, sabía que funcionaría! – exclama LLOYD, pero para su desgracia del
agujero que había creado el golem empiezan a salir tierra y piedras que se van
acercando hasta el golem. Se funden con el monstruo en la base de los pies y
parecen como si subieran por el Elemental hasta el muñón, regenerando en pocos
segundos el brazo.
Pero no
sólo se regenera el brazo, sino que incluso llegan más rocas, que van uniéndose
en una gran esfera, hasta quedarse bajo el golem. Éste baja su nuevo brazo y un
montón de tierra envuelve la mano del golem, haciendo que se una al brazo la
enorme bola de rocas. El golem así ha perdido velocidad, pero ha ganado mucha
fuerza.
DRAUG
advierte el cambio de ese golem, al tiempo que esquiva el ataque del Elemental
que tiene más cerca. Su espalda lo nota.
-
¡Tened cuidado con esos golems! – grita el elfo -. Si encontramos su joya
invocadora y la destruimos, podremos deshacernos de ellos.
- Pero,
¿dónde está esa joya? Y yo creo que con lo de tirarlos a los agujeros... –
intenta decir ÁURON.
-
Volverían a levantarse, así que tendremos que buscar y destruir la joya antes
de que todos sean ya imposibles de destruir... ¡Arg, lo que daría por tener la
Ira! – y el elfo se aleja lo suficiente para evitar que los golems le ataquen,
aunque su espalda sufre ante el movimiento, bastante brusco -. ¡Venga, he
practicado la invocación todos estos días y ya me la sé de memoria!
El elfo
comienza a susurrar unas palabras incomprensibles. Idioma Antiguo, tal vez.
Al poco
de terminar la invocación, de uno de los fosos de donde surgieron los
Elementales aparece una corpulenta figura de brillo cristalino. El golem de
diamante de FËADRAUG se tira hacia uno de los golems.
LOTHAR
y LLOYD esquivan la maza del golem muy ajustados.
-
¡LOTHAR, otro virote! – exclama LLOYD.
- No
nos hará falta – responde el semielfo, observando a uno de los soldados más cercanos
-. ¡Eh, tú, tienes que dejarme un arma contundente cuanto antes!
El
soldado se acerca y le da una maza pesada. LOTHAR la observa, ve su cabeza, lo
suficientemente grande y resistente para poder aguantar los impactos
contra la roca.
-
¡Venga, bonita, hoy vas a alegrarme el día! – y con estas palabras, LOTHAR
levanta la maza, listo para golpear al golem.
La maza
impacta sobre el abdomen del Elemental, la única zona a la que puede llegar de
cintura para arriba al golem, pero éste se mantiene en pie. Sólo unos pequeños
trozos de piedra saltan de la panza del golem.
“Si lo
de los agujeros no funciona... ¿tal vez agua?”. ÁURON mira a su alrededor, pero
se da cuenta de que están lejos del mar (habría que atravesar toda la ciudad
para llegar hasta los puertos) y que el río Solderai se encuentra a dos horas y
media andando. “¿Entonces qué?”.
LOTHAR
vuelve a golpear en el abdomen al golem. Mientras golpea, tiene la sensación de
que ese golem está ahí precisamente para matarle, específicamente a él. ¿Por
qué? ¿Sería por esa HERUWATH? ¿Él que le había hecho a ella?
El
golem levanta el brazo y se dispone a aplastar con su maza al semielfo. LOTHAR
consigue apartarse a tiempo de evitar la maza, que cae sobre el suelo, saltando
grandes trozos de tierra y rocas tras el impacto. Pero en la esquiva, a LOTHAR
se le cae la maza. Intenta recuperarla, pero el golem intenta detenerle con el
otro brazo. De nuevo, LOTHAR evita que un montón de piedras acaben con su
existencia.
Llega a la maza y la coge. Golpea repetidamente al Elemental, esquivando los golpes que le intenta propinar el ser de piedra. Todos os impactos de LOTHAR se centran en el abdomen del monstruo.
Tras
varios golpes, LOTHAR se aleja unos metros. Mira fijamente al golem. Busca a LLOYD,
quien sigue en guardia ante el Elemental. LOTHAR hace un gesto a LLOYD, como
señalándole algo.
Y
efectivamente, está señalando al abdomen del golem, que empieza a
resquebrajarse. LOTHAR intenta dar un
nuevo golpe a la barriga, pero esta vez se queda corto y a pocos metros del
golem. El Elemental vuelve a la carga y LOTHAR vuelve a esquivar el golpe,
propinándole un buen mazazo al Elemental.
LOTHAR acierta de lleno en la zona
resquebrajada y trozos bien grandes de piedra salen disparados.
En el
hueco que ha quedado, el objeto que había caído del cielo brilla con gran
intensidad.
-
¡¡Elfo, ahí está tu joyita!! – exclama LOTHAR. Se vuelve hacia LLOYD -.
¡¡Ahoraaaa...!!
LLOYD
corre con la espada apuntando hacia la joya. El golem levanta la maza, pero falla
en su intento de acabar con LLOYD. El matabestias incrusta la punta de su
espada en la joya, haciendo que ésta se rompa debido al impacto.
El
matabestias saca la espada cuando nota que el golem tiembla. Acto seguido, las
piedras que lo formaban se desmoronan, formando un montículo pedregoso.
RAGNUS
vuelve a esquivar a su enemigo. Pero ello no le ha impedido observar lo que han
hecho LOTHAR y LLOYD. Mira al golem, que se prepara para seguir atacando. Antes
de que el golem pueda atacar, RAGNUS levanta la espada por debajo del eje
vertical del golem, haciendo que el Mandoble Divino corte transversalmente gran
parte del Elemental.
La
bestia de piedra, al igual que le pasó a la otra, se desmorona.
Mientras,
el golem de diamante de FËADRAUG sigue golpeando al Elemental que sigue en pie.
ÁURON, como sintiendo que el elfo va a necesitar más ayuda que la de su
invocación, corre hacia LOTHAR.
- ¡Dame
la maza!
LOTHAR
se la alcanza y ÁURON corre a gran velocidad hacia el golem de piedra que
queda. LOTHAR no entiende qué se propone su compañero. Se fija en cómo el golem
de diamante está haciendo saltar trozos de roca de su rival, mientras su
diamantina superficie sigue intacta. Puede que al final el elfo no necesite
tanta ayuda, pero siempre se dice que más vale que sobre...
En
cuanto ve que gran parte del tronco del golem de piedra ha sido destrozado,
busca desesperadamente la joya. Sabe que con la lucha que está librando, el
golem de piedra no le hará caso. Así que en cuanto ve la joya, golpea con la
maza.
Esta
joya también se rompe y el golem de piedra también queda inutilizado. Pero las
piedras empiezan a caer sobre ÁURON.
-
¡¡ÁURON, cuidado!! – grita FËADRAUG, al ver que su compañero puede ser
sepultado por las piedras.
Pero en
ese momento, MINT, que no ha podido soportar que alguien pueda morir, corre y
saca a ÁURON de la avalancha. El semielfo se sorprende de la velocidad de la
muchacha.
MINT
ayuda a ÁURON a levantarse, se sacude el polvo y mira al montón de piedras que
antes fue un Elemental.
- Como
Sacerdotisa de la Guerra admiro tu valor, semielfo... Pero como persona
racional que soy, has ido muy a lo loco, deberías controlarte.
- Sí,
lo sé – responde ÁURON -. Gracias por salvarme.
- No
hay de qué – MINT se vuelve y mira a RAGNUS -. Pero de todas formas, en cuanto
nos pongamos en marcha, tendré que resolver unos asuntos con JEAN-LUC.
"No
me voy a dejar derrotar antes de comenzar la guerra."
Está
claro que lo que piensa AKASHA es lo mismo que pensarán sus compañeros.
- ¡Ataquémosles
antes que les dé tiempo a reaccionar! – dice a SATOSHI, quien ya tenía su
Segadora de Doble Filo lista. Mira a SETO -: Si quieres seguir con vida, será
mejor que aprendas a trabajar en equipo, chaval - y dicho esto, ataca con una
ninja-tô, mientras que su daga está en la otra mano, observando claramente que
hay algo que brilla en un pequeño hueco en el abdomen del golem que se le ha
encarado.
El
golem ha advertido el ataque de la semielfa. La intenta apartar de un manotazo,
pero la semielfa es rápida y esquiva. AKASHA ataca al abdomen, pero su espada
choca contra la piedra. Un pequeño trozo de acero, casi minúsculo, salta de la
ninja-tô. AKASHA retrocede.
- ¡No
puedes golpear a un golem con armas de filo así sin más! – exclama SPIKE -.
Necesitas armas contundentes o especiales. Así no le podrás hacer ni
cosquillas.
El
semielfo de pelos de punta tiene mucha razón. Tal vez su arma legendaria sí que
sea efectiva, pero las simples ninja-tô no harían más que mellarse hasta
romperse o incluso quedar completamente destruida en el primer ataque.
- ¡Pero
no tenemos armas especiales además de la tuya tan cerca! ¿Cómo quieres...?
-
¡AKASHA, aquí mismo ya hay dos armas legendarias! – SATOSHI señala a TAKAHASHI.
El
ronin sonríe, orgulloso.
-
Cierto, las dos Segadoras, la espada y el arma ninja, están aquí – comenta SETO
-. Aunque prefiero mi no-dachi, si no hay otra opción...
SETO
saca la espada legendaria de la funda. El filo es parecido al de una katana,
pero hay algunos salientes, parecidos a ganchos, sobre la afilada hoja de la
espada oriental. Así, no parece impresionante, pero las apariencias engañan,
como pasa muchas veces.
El
ronin propina un terrible tajo al golem al que ha atacado AKASHA. El abdomen
del Elemental empieza a romperse. Es algo increíble, no sólo que haya sido un
golpe con un arma cortante, sino que encima de un único golpe haya dejado al
golem tan gravemente. Ciertamente, estos objetos legendarios parecen escapar a
la lógica.
- Una
espada cualquiera podría haberse roto en mil pedazos con semejante tajo – dice
SATOSHI -. Pero con éstas armas no – y poniendo su arma con las hojas unidas
como una sola, atraviesa el abdomen casi destrozado del golem, rompiéndolo por
completo y atravesando también la joya de su interior.
El
golem cae, desbaratándose en decenas de pedruscos. Pero no hay tiempo para
descansar, aún queda otro ser de piedra que abatir. El Elemental que queda
empieza a reunir piedras y tierra de la fosa de donde salió y sus dos brazos
ahora presentan dos grandes mazas.
- ¡¡Que
todos retrocedan, esto es cosa nuestra!! – exclama SPIKE. Todos los allí
presentes le hacen caso y los tres guerreros se enfrentan al golem.
El
golem levanta ambos brazos y estrella las mazas contra el suelo, provocando un
temblor que hace que los tres se tambaleen, como los demás a su alrededor. Trastabillando, AKASHA rodea al monstruo,
intentando ver algún punto débil por el cual atacar. El golem la sigue, dándose
la vuelta pesadamente mientras levanta sus mazas.
TAKAHASHI
corre hacia el Elemental y le golpea en toda la espalda. El golem se inclina un
poco. Una nueva remesa de tierra y rocas llega desde el agujero.
-
¡Rápido, SETO, antes de que nos sorprenda con algo más! – exclama AKASHA.
Pero
TAKAHASHI simplemente pone una postura fardona ante el golem, el cual se ha
dado la vuelta tras recibir el golpe. Es como si el ronin se divirtiera
haciendo enfadar a un ser rocoso mucho más alto que él.
- ¡¿Qué
haces, presuntuoso?! – grita SPIKE -. ¡¿Crees que esto es un juego?! Lo tienes
listo, ¡¡ataca!!
Se van
reuniendo piedras y más piedras, que se van mezclando con tierra, a veces más
bien barro, subiendo por los costados del golem.
SETO se
lanza a la carga y da un tajo en todo el abdomen al golem. Pero el ser
pedregoso ni se inmuta. SATOSHI corre hacia la bestia de piedra y se tira a
ensartar de nuevo la barriga del monstruo. Otra arma se hubiese partido en el
intento, pero la Segadora de Doble Filo consigue perforar el abdomen del golem,
pero sin llegar a tocar la piedra.
Mientras,
las piedras y la tierra forman dos nuevos brazos en el cuerpo del Elemental.
- Ahora
que se ha recuperado, lo tenemos complicado, chico – dice SATOSHI -. ¡Pero hay
que acabar con esto!
El
semielfo coloca las dos hojas de su arma separadas. Observa al golem, que
también acaba de convertir sus nuevas manos en dos mazas. Mira a TAKAHASHI,
luego a AKASHA. Ve que su compañera está demasiado cerca, pero confía en los
reflejos de la pelirroja.
Mira en
el agujero que le ha hecho al monstruo. No observa resplandor alguno. Tal vez
no haya llegado tan hondo como pensó o simplemente esta joya no está en el
abdomen.
- SETO,
impúlsame – dice al final SATOSHI.
-
¿Impulsarte? ¡Ja, ni loco! Entonces estaré desarmado y ahí es donde el señor
cara de piedra me machacará...
- ¡¡Haz
lo que te digo, vamos!!
El
grito de SPIKE hace que al final, mientras murmura toda clase de insultos y
maldiciones contra el semielfo, TAKAHASHI colabore y coloque sus manos juntas y
con las palmas hacia arriba. SATOSHI pone el pie izquierdo sobre las manos.
El
golem se dispone a atacar.
-
¡¡Ahora!!
SETO
impulsa a SATOSHI, quien da un salto de algo más de dos metros mientras gira en
el aire. El semielfo calcula bien y su arma golpea duramente el pecho del
golem. Antes de empezar a caer, vuelve a golpear con su arma dos veces, en un
movimiento casi imperceptible. Debido a los impactos, el Elemental empieza a
caerse hacia atrás. Si ya era increíble hacer daño con armas no contundentes,
más lo es que un semielfo de algo más de metro ochenta de alto pueda tumbar de
unos pocos golpes a un golem de cuatro metros.
AKASHA
se aparta rápidamente, evitando la mole en caída.
El
golem se queda tumbado. No hace nada más que intentar levantarse, pero sin
éxito.
SPIKE,
tras su “aterrizaje”, vuelve a colocar las hojas juntas y clava el arma en todo
el pecho del golem. Segundos después, todas las rocas del monstruo se separan
de la forma original.
AKASHA,
tras lo ocurrido, sólo puede enfurecerse. Observa su ninja-tô, se da cuenta de
la pequeña mella y ya piensa en no usarla más, un arma así no duraría mucho en
un combate real. Recuerda la lucha, veía cómo intentaba hacer algo, pero
TAKAHASHI y SPIKE fueron los que realmente hicieron algo, cortando a los
monstruos de piedra como si fueran de papel; y se ve a sí misma, destrozando la
ninja tô, sin pensar en lo que le podría pasar. No puede comparar su simple
espada con las increíbles armas de sus compañeros.
-¡¡¡Ni
siquiera he podido matar a un golem!!!! – el grito de AKASHA hace que muchos la
miren. Ella se calla y se aleja un poco del grupo -. No soy útil - dice
mientras empieza a llorar en silencio -. Si no puedo matar a un golem, ¿cómo
impediré que le pase algo a mis amigos?
Pero
una voz le tranquiliza: "AKASHA, cálmate. Cálmate e intenta ayudar a la
gente si le pasa algo, ahora vuelve con SATOSHI y SETO."
AKASHA
se acerca a los dos.
- No volverá
a pasar, lo siento...
-
¡ATHENA, teletranspórtanos al otro lado de la fosa, rápido! ¡Desde allí le
lanzaremos un par de Psycho Balls a las piernas!
ATHENA
sigue el consejo de KENSOU y los dos desaparecen tras un óvalo rojizo, saliendo
por otro óvalo justo detrás del golem.
-
¿Funcionará? – pregunta ATHENA -. Ya sabes, lo de que ataquemos con nuestros
poderes. He oído decir que los golems son muy difíciles de destruir, incluso
con magia. No sé si el Psicopoder...
-
Depende – responde SIE -. Más que nada es el grado del golem lo que determina
su resistencia. Un golem de madera resulta ser un rival Elemental patético,
mientras que un golem como éste puede ser más difícil. Pero hemos de insistir.
- Vaya,
no sabía que supieras tanto sobre Elementales... ¡y eso que los Psycho Soldiers
no manejamos ese tipo de magia! Y mira que tocarnos a nosotros un bicho de
estos – la Psycho Soldier observa al golem -. Pero está claro que va a caer...
Aunque, ¿no estamos acaso rodeados de magos? ¿Y sí...?
- ¿Les
pedimos ayuda? ¡No, los magos tolarianos son bastante orgullosos y no quieren
gastar magia en algo que no sea tan grandioso como una guerra o cualquier
situación en la que sus vidas estén en peligro! Yo he estado unos pocos meses
en Tolaria y sé cómo son. Si estos golems no les atacan, no harán nada.
- ¿Se
quedarán como meros espectadores? – ATHENA no puede creer que haya gente que
actúe tan egoístamente -. Pues entonces sí, no hay más remedio que hacerlo por
nuestra cuenta.
El
golem se da la vuelta. La fosa evita que pueda pasar y atacar.
KENSOU
y ATHENA lanzan sus Psycho Balls justo a las piernas del golem. La bola de ATHENA
apenas si hace que unos pequeños guijarros salten de la pierna del derecha
monstruo, pero la de KENSOU es más efectiva y hace que el golem se tambalee y
parte de su pierna izquierda se desprenda.
-
¡Intentémoslo de nuevo! – exclama ATHENA, lanzando una segunda Psycho Ball,
mucho más potente que la anterior y que casi volatiliza la pierna derecha del
golem.
- ¡Pues
otra vez! – y KENSOU lanza otra Psycho Ball.
La
esfera impacta sobre la pierna izquierda del golem, haciendo que ésta
desaparezca en un estallido de rocas. El golem pierde el equilibrio y cae en la
fosa.
La
caída es tremenda y el golem se deshace en una explosión de rocas, algunas de
las cuales saltan fuera de la fosa y casi impactan en los dos guerreros
psíquicos.
KENSOU
mira en el interior de la fosa. Observa el golem, que ahora parece un
rompecabezas, sin moverse. En el pecho destrozado de éste, observa la joya que
había visto antes, todavía intacta y brillando. Cogiendo su bô-maza, baja y
golpea con fuerza la joya, destrozándola.
Aprovechando
la superficie irregular de la fosa y contando con la ayuda de ATHENA, KENSOU
vuelve a la superficie.
-
Bueno, ya sólo queda el golem del archimago – comenta SIE.
-
Quedaba.
FLADNAG,
disipando el hechizo de su Filo Luminoso, se acerca al borde de la fosa y
señala a una masa de rocas.
- Costó
mucho, pero una de las Lanzas Luminosas le atravesó el abdomen y a partir de
ahí se cayó con todo el equipo. Creo que le he dado a su punto débil.
- Tal
vez haya sido la joya que viste en el monstruo, KENSOU – dice ATHENA.
- Tal
vez no, es, estoy convencido – comenta el Psycho Soldier -. Y menos mal que
hemos acabado con el bicho este... Y por cierto, FLADNAG, dales las gracias a
tus compañeros de nuestra parte – tras esta irónica frase, KENSOU y ATHENA se
alejan.
FLADNAG
saca su pipa del bolsillo, mete un poco de tabaco y la enciende. Sonríe.
“Un
chico con carácter, este KENSOU... Será mejor vigilarlo más de cerca.”
KHANWULF
observa al monstruo de piedra que ha surgido delante de él y de XENAR.
Rápidamente sabe qué hacer:
- Voy a
hacer caer al golem con algo equivalente a una zancadilla, pero a gran escala –
comenta el bárbaro a su compañera -.Necesitaría piedras, toneles, carretas,
mazas o martillos enanos y demás.
- Un
poco exigente, ¿no? – contesta XENAR.
- O eso
o picar – responde KHANWULF.
-
¿Picar?
- Sí,
hemos de encontrar la gema rarísima incrustada en el mostrenco y romperla. Se
supone que si es rota o mellada de alguna forma, el golem será destruido o al
menos, perderá el control por parte de quien sea...
- Jeje, sí, bueno, es un regalito de la dulce HERU, ¡cuánto tiempo que no oía hablar de ella, me temía que se hubiera olvidado de nosotros! - murmura XENAR, haciendo de tripas corazón para enfrentarse con el golem -. Oye, estos bichos también tienen partes "blandas", ¿no? Vamos, zonas con pocas rocas y mucha tierra y demás. Aunque la verdad es que me dan un poco de grima los monstruos de piedra. De todas formas, buscaré la gema mágica a ver si tenemos suerte y lo destruimos de un golpe de suerte.
KHANWULF empieza a llamar a algunos compañeros para que busquen los útiles necesarios para tirar al golem a la fosa y también solicita varios picos. XENAR, mientras tanto, se acerca al golem, con intención de buscar esos puntos débiles y algún hueco donde esté la joya.
Sacando su espada bastarda, XENAR rodea al golem, buscando alguna parte poco protegida por la piedra.
“Estos bichos tienen tanto piedra como tierra”, piensa la mercenaria, “así que un buen golpe en un montón de tierra le va a sentar mal”.
El Elemental intenta seguir los movimientos de XENAR. La semielfa descubre un punto débil, pero en cuanto va a clavar su espada, el golem le ataca. XENAR ve el puño del golem, pero es demasiado tarde para esquivar y un tremendo puñetazo levanta a XENAR, quien cae a varios metros del golem, moribunda. La espada bastarda se clava en el suelo.
KHANWULF se queda atónito ante la escena.
“Es un montón de piedras lento... ¡pero en absoluto es estúpido, aun siendo un ser sin conciencia! “, piensa KHANWULF, mientras le quita a un enano, que venía por lo de la zancadilla de grandes proporciones y lo de picar la “piel” del golem, un pico de minero.
El bárbaro lanza un potente grito y corre hacia el golem. No puede perder tiempo ya en hacerle la zancadilla al golem. XENAR está al borde de la muerte y él no tiene ganas de perder más compañeros.
Situándose entre XENAR y el golem, KHANWULF ataca, con toda su furia desatada, al monstruo de piedra. El pico se clava de lleno en el abdomen, haciendo que de éste salten piedras del tamaño de un puño.
El Elemental intenta seguir en pie, pero está perdiendo consistencia. Del agujero empiezan a salir piedras y montones de tierra que se arrastran hacia el golem.
- ¡¡De eso nada!! – grita KHANWULF, adivinando lo que va a pasar y vuelve a atacar.
Pero esta vez el golem para el golpe con su puño, que salta en pedazos. Es increíble la fuerza que ha desatado KHANWULF dejándose llevar por la ira, que con un simple golpe ha destrozado una roca casi tan grande como su tronco.
Con un Elemental que se cae a pedazos y un bárbaro furioso, el combate se ve decidido. KHANWULF golpea durante la pierna izquierda del golem, haciendo que pierda el equilibrio y caiga cerca de la fosa. El golem se parte en varios trozos y, de entre las piedras, aparece la pequeña joya que acaba aplastada por uno de los pedruscos, rompiéndose.
KHANWULF suelta el pico, maltratado y a punto de romperse, y se acerca a XENAR. La ayuda a levantarse.
- ¡Espera, XENAR, aguanta un poco, pronto te pondrás bien!
De repente, entre los guerreros enanos se oyen gritos de ánimos y, finalmente, un unísono “¡Bravo!”. Parece que se han estado divirtiendo con algo.
KHANWULF mira a uno de los enanos que se habían acercado con intención de poner en práctica la estrategia de la zancadilla, aunque lógicamente ha llegado tarde.
- ¡Oye, tú! – dice KHANWULF al enano -. ¡Necesito a un matasanos para ayudar a mi compañera! ¡No te quedes ahí parado, necesitamos ayuda!
El enano asiente y se va corriendo en busca de alguien que pueda salvar a XENAR.
La respiración de la mercenaria es cada vez más entrecortada. Apenas puede hablar, poco más que murmullos. Tose y escupe un poco de sangre. KHANWULF toca por la zona del pecho.
- ¡Maldita sea, ese estúpido Elemental te ha partido varias costillas! – el bárbaro mira a su alrededor -. ¡¡Qué pasa que no viene nadie, me cago en todo lo que se meneaa...!!
El enano de antes llega junto a otro enano, un enano pelirrojo y de larga barba, que llevaba a la cintura un martillo de guerra y a la espalda un Hacha Revienta-Trasgos.
El enano reconoce rápidamente a la muchacha.
- ¡¡Cielo santo, XENAR!! – exclama el enano, mientras saca varias plantas medicinales y vendas -. ¿Has intentado acabar con el golem tú sola o qué?
- ¡Eh, eh, para el carro, barbas largas! – interrumpe KHANWULF -. Primero, ella no pretendía acabar con el golem por su cuenta, sólo intentaba colaborar para cargarse al monstruo. Y segundo, ¿cómo es que la conoces?
- Me llamo JAAS THËRIN y soy amigo suyo – responde el enano -. Has tenido suerte de que acabo de eliminar a otro golem... Estoy agotado, pero creo que...
- ¿Tú has destruido a un golem? ¿Tú solo?
- Cuesta creerlo, pero tras destrozarle las piernas, machacar el resto de su cuerpo fue tarea sencilla – JAAS calla y vuelve al tema de conversación que lo trajo hasta aquí - Por favor, ve en busca de un sacerdote. Tengo experiencia como sanador, pero – y palpa por la zona donde KHANWULF había tocado – sus costillas están rotas. Puedo mantenerla con vida, pero sólo un sacerdote es capaz de curar algo tan grave. ¡Rápido, busca a un sacerdote!
CAT se queda unos segundos observando a la figura, que sigue inmóvil frente a ella y a LAMBERT.
“Si ya me decía mi madre que me dedicara al punto...”
Se pone a distancia del golem. Sabe que con un simple puñetazo ese monstruo podría acabar con ella en el peor de los casos... En el mejor, inconsciente, pero indefensa al fin y al cabo.
“Si tuviésemos un sitio con agua... Se podría hundir... ¿Pero cómo vamos a hacerlo si para llegar al puerto hay que atravesar toda la ciudad?”, piensa CAITLIN. “¡No, debe haber otra forma!”
El golem empieza a moverse. Y va directamente hacia LAMBERT.
El caballo del juglar se echa hacia atrás y consigue evitar el impacto. LAMBERT baja del caballo y se dispone a luchar.
- Esa ‘H’... ¿Será lo que contaron los muchachos de la archibruja? – se dice en voz alta LAMBERT.
- ¿Cómo? – pregunta CAT.
- Esto... no, pensaba en voz alta, siento...
- No, no pasa nada, LAMBERT... Pero, ¿de qué archibruja hablas?
La conversación se interrumpe tras tener que esquivar LAMBERT otro golpe.
- Bueno... ¿Te suena de algo la dinastía Herugurth? – pregunta LAMBERT.
- Sí, son una dinastía de archibrujos... Pero que yo sepa, sólo ha habido tres Herugurth importantes...
- Añádele la hija del tercero – dice LAMBERT, mientras vuelve a esquivar -. ¿Has visto lo lento que es el bicho este?
- ¡No cambies de tema y sigue, bardo!
- Como te decía, HERUWATH, la hija de Neil Herugurth, se ha aliado con DREADLIN...
- ¿El archidruida renegado? ¿Qué tiene que ver con ese vejestorio?
- Pues mucho... ¡Pero ya te digo luego! – y de nuevo esquiva otro golpe -. ¡Maldita sea, que alguien traiga una maza o algo parecido!
Pero un nuevo golpe no lo consigue esquivar y LAMBERT cae al suelo, rodando. Le ha golpeado duramente en el hombro. Intenta ponerse en pie, antes de que el golem vuelva a la carga. Pero CAT actúa rápidamente y se consigue escurrir bajo las piernas del golem. Al situarse por detrás del golem, observa que en la espalda del monstruo hay una zona que no está cubierta por rocas y que sólo es tierra, más bien barro porque se ve como si su superficie fuese viscosa.
Aprovechando la ocasión, CAITLIN mete las dos cimitarras hasta el fondo y como puede, ya que la altura del golem le impide meter las cimitarras más allá de la mitad de la hoja.
De todas formas, su ataque tiene efecto y el golem parece haberlo sentido, ya que rápidamente deja a LAMBERT y se intenta dar la vuelta. CAT saca las cimitarras rápidamente e intenta escabullirse bajo el golem. Y lo hace.
El golem se da la vuelta, pero CAITLIN ya ha conseguido pasarse al otro lado y de nuevo el golem le da la espalda. De nuevo, CAITLIN clava las cimitarras y esta vez parece que ha tenido más suerte.
El Elemental, al sentir las cimitarras clavándose en él, cae de rodillas y provoca un pequeño temblor que por poco hace que la guerrera pierda el equilibrio. Pero CAT sigue apretando todo lo que puede. LAMBERT, mientras se recupera, se queda atónito ante lo que está viendo y da gracias a los Dioses de que el golem fuese, como el piensa, “defectuoso”.
Pero CAT no puede aguantar más y el golem, al levantarse, gira bruscamente. Las cimitarras salen de su cuerpo, pero CAITLIN sale despedida varios metros y cae cerca de LAMBERT.
- Hey, CAT, ha sido muy bueno lo que has hecho – comenta LAMBERT.
- Gracias – dice CAT -, pero ha sido pura suerte que el golem tuviese una zona desprotegida. Pero sigue en pie, es lo malo – y mientras lo dice, el golem se va acercando a ellos dos, dispuesto a rematar la faena.
Pero de nuevo, el golem da la espalda a alguien.
Un jinete, vestido con una cota de mallas y una semiplaca, además de un yelmo que tapa su cara, galopa con una lanza de caballería totalmente paralela al suelo. Con gran puntería, ésta se clava justo en la zona de tierra del Elemental. La lanza se queda clavada y el jinete la suelta. El golem se queda quieto unos segundos; después, cae de rodillas y sus rocas se desprenden. CAITLIN y LAMBERT se arrastran para evitar ser aplastados. CAT puede escapar... Pero no LAMBERT.
El juglar queda atrapado entre varias piedras. No puede moverse y la presión de las piedras va creciendo, haciendo que cada vez respire peor.
El jinete de antes vuelve y baja del caballo con gran rapidez. Se acerca a LAMBERT y mira a CAITLIN.
- ¡Ayúdame a quitar las piedras! – dice una voz femenina -. Están empezando a asfixiarle, si no nos damos prisa va a morir.
CAITLIN se pone a retirar las piedras que puede, mientras observa cómo la otra guerrera está llamando a algunos compañeros para que le ayuden. En pocos segundos, siete personas se ocupan de evitar la muerte de LAMBERT.
Tras varios minutos de tensión, al final consiguen sacar con vida al juglar, aunque éste se encuentra bastante malherido. Dos hombres se lo llevan, para ir en busca de cura.
La mujer se acerca a CAITLIN y se quita el yelmo. Su pelo castaño cae sobre sus hombros y sus ojos grises observan detenidamente a CAT.
- ¿Tienes algún hueso roto, chica? – pregunta la mujer.
- No, estoy bien, sólo me duele un poco el trasero después del aterrizaje – responde CAITLIN -. Y muchas gracias por lo de la lanza... esto... ¿Tu nombre?
- SANDRA... Me llamo SANDRA JENET.
- Oh, gracias por tu ayuda, SANDRA – CAT se levanta -. Bueno, podemos estar todos contentos de haber sobrevivido, ¿no?
Las dos sonríen.
VARIAS
HORAS MÁS TARDE...
La batalla terminó hace bastante. No se han lamentado víctimas y los únicos que han caído han sido los golems. Sus restos han vuelto a ser introducidos en las fosas. Los druidas sandrianos que habían llegado hace tiempo a la ciudad y que se han unido al ejército han hecho todo lo posible para que el suelo alrededor de Solderai no parezca haber sido agujereado y más tarde chapuceramente “arreglado”.
Tras la lucha, la comitiva siguió avanzando durante varios kilómetros, alejándose de la costa y acercándose más a la cordillera de Ertdail.
Son casi las once de la noche. El campamento se ha instalado a unos doscientos kilómetros de Solderai. Bueno, en realidad son cuatro campamentos, pero todos juntos, como si fueran uno solo, casi como una muestra de la alianza que une a los cuatro pueblos de Salk.
En una de las tiendas de campaña, la más grande de todas, de escasa decoración interior excepto unos taburetes y una pequeña mesa en el centro de la tienda, situada en la zona soldeví del campamento, los héroes y varios de los aventureros que se han ofrecido voluntarios para alistarse en los ejércitos, discuten.
- Aunque muchos de los golems fueron eliminados, JULIUS y yo tuvimos complicaciones y varios guerreros armados con mazas y martillos intervinieron, machacando a los golems, junto a los magos de varias órdenes, excepto la de los arrogantes tolarianos – y SARAH mira con desprecio a FLADNAG.
- ¿Cuántas veces he dicho ya que a mí no me podéis comparar con el resto de los magos de mi orden? Además, a mí me había enviado esa maldita zorra otro de esos golems, así que...
- ¡Pero podríais haber intervenido, ¿no?! – exclama ARGUS -. Menos mal que SANDHURST y yo somos dos guerreros felinos con años y años de experiencia y casi hemos vivido para el combate. Pero viendo que SARAH y JULIUS no son tan poderosos como muchos de los presentes, ¿cómo puede ser que Tolaria no haya apenas colaborado? ¡Me avergüenzan los magos de la ciudad!
- ¡Calla, que tú tienes que ver con Tolaria! – responde FLADNAG.
- Los Templarios no tienen nada que ver con los magos, ¿entiendes? – contesta el félido -. Además, fueron muchos los Templarios de Tolaria los que ayudaron a SARAH y JULIUS.
- Eso es cierto – afirma SARAH.
- Bueno, también he de protestar – dice JADE -. Aunque yo sola podría haberme encargado de uno de los golems, la verdad es que tanto DEED, SILVER-RAIN y yo hemos tenido que recurrir a los más expertos magos elfos, que no se han quejado para colaborar.
- Pero los magos tolarianos no quieren gastar sus energías hasta la guerra...
- FLADNAG, esa excusa estúpida no nos sirve – vuelve a hablar ARGUS -. La magia se recupera descansando. Además, ¿crees que un golem de piedra requiere mucho esfuerzo? Vale que fuesen fruto de esa archibruja, ¿pero crees que una decena de magos con varios hechizos de nivel medio no habría hecho nada? Creo que si hubiesen colaborado los tolarianos, ahora ni LAMBERT ni XENAR estarían en el estado que están.
- ¿Y cómo se encuentran? – pregunta LOTHAR.
- Se recuperarán – responde ARGUS -. Un enano amigo vuestro consiguió que XENAR sobreviviera. Un sacerdote se ocupa ahora de ella.
- ¿JAAS? – pregunta AKASHA.
- Sí, creo que el enano se llamaba así – dice ARGUS -. Y por otra parte, LAMBERT tiene las dos piernas rotas... bueno, las tenía, ya deben habérselas curado... y el hombro dislocado, pero la magia cura esas cosas con rapidez, así que mañana por la mañana podremos seguir el viaje sin ningún contratiempo. Hemos de ir rápido.
ARGUS se despide de todos y se vuelve a su tienda. También lo hace FLADNAG, que está harto de la discusión y no quiere hablar más del tema.
Unos minutos más tarde entra MAGNUS en la tienda y saluda a los presentes. En su mano lleva una de las misteriosas joyas invocadoras. La coloca sobre la pequeña mesa en el centro de la tienda.
Todos observan la piedra.
- Sí, ya sabemos lo que es, una joya invocadora, la responsable de lo de esta mañana – comenta KHANWULF -. ¡Ya sabía yo que sería la culpable!
- Ciertamente, chico, es una joya invocadora – dice MAGNUS -. Ahora bien, mirad por detrás – le da la vuelta a la joya, mostrando una cara totalmente plana, nada que ver con la forma semiesférica que habían visto antes. En esta parte, hay una escritura mágica, una escritura en el idioma del Caos.
- ¿Qué pone ahí? – pregunta CAITLIN.
- “Magnus Emperor” – lee RAGNUS. Todos se quedan sorprendidos. MAGNUS asiente.
- Como me temía – dice LOTHAR -. Esa bruja nos quería asignar a cada uno un asesino de piedra. Parece que no esté interesada en que lleguemos con vida.
- Ciertamente no – dice DRAUG -. Pero hemos tenido suerte y seguimos vivos. Pero... RAGNUS, ¿no viste más cuervos, además de los que nos dejaron estas joyas?
- Sí, eran dieciocho cuervos los que nos sobrevolaban – comenta RAGNUS -. Tal vez el decimoctavo fuese el que se cargó JAAS, ¿no, KHANWULF?
- Sí, el enano decía que se lo había cargado el solo... Seguro que estaría mintiendo.
- Pues bien, además de esos cuervos, vi siete más. Es fácil saber para quiénes eran, ¿no, DRAUG? – mira al elfo -. ¿Quién más estaba en los dos grupos antes de nuestro reencuentro en Solderai?
FËADRAUG baja la cabeza e intenta hacer memoria.
- SHIRÔ... REPLICANTE... EMERALDAS... PYROS... ZHOVEN... HATA... Sí, eran ellos... Espera... También estaba el aniquilador, ¿no?
- Pero... a mí no me cayó ningún objeto de esos – comenta RODEAD, al ver que parecen haberse olvidado de él.
- Cierto, yo también digo lo mismo - se une ASSOTH.
- Ídem - dice GRONFORL.
- Vosotros no estabais directamente implicados en ese momento – dice MAGNUS -. A los dieciocho que les han caído, más los siete que no lo han hecho son los que estuvieron implicados antes en toda esta movida de ARGOH, antes de que el asunto empeorara... Antes de la huida de HERUWATH. O eso u os subestimaron a los nuevos, creyendo que no seríais nada si los demás éramos eliminados.
- Los cuervos iban en dirección oeste, así que tendremos que darnos prisa – dice RAGNUS -. Como mucho, debemos estar el catorce de septiembre, más o menos. No es cuestión de retrasarse, ¿cierto?
Todos asienten.
RAGNUS se levanta.
- Sólo queda saber qué decidirán los gremios de magos acerca de los representantes de Tolaria – dice el Templario -. Esta falta de respeto... ¡Cómo han empeorado los magos tolarianos! - exclama, pero no parece realmente estar enfadado por la actitud de los magos, sino por algo más.
Todos se despiden y cada uno se va a su tienda de campaña. Les esperan varios días de camino y camino, así que deberán ser pacientes antes de que la lucha comience...
Con cierta curiosidad, CAT intenta buscar la tienda de aquella guerrera que le ayudó con el golem. Por mucho que busca, no encuentra a la chica. Sabe que está en el campamento soldeví, para ello es lo único que sabe con certeza. Harta de buscar pregunta a uno de los soldados que pasa por allí.
- Disculpe – dice CAITLIN -. Verá, estoy buscando a una persona... SANDRA... a ver... SANDRA JENET, creo que era.
- Lo siento, no sé dónde puede estar, además de que no me suena el nombre – responde el soldado -. ¿Sabe a qué división pertenece?
- Bueno... sé que pertenece a la caballería, pero no sé si es la de asalto o la de apoyo... Llevaba una lanza cuando atacó al golem...
- ¿Golem? ¿Usted vio la pelea contra esas bestias? – pregunta, extrañado, el soldado.
- No, amigo, yo participé en esa pelea y aún vivo para contarlo – corrige CAT -. Y ahora, tras la descripción que le he dado, ¿podría ayudarme a concretar sobre quién puede ser?
- ¡Sería como buscar una aguja en un pajar, señorita! Si no me concreta más no podré ayudarle en su... esto... búsqueda.
- No hace falta que me busque – replica una voz.
CAT y el soldado se fijan en la figura femenina que se acerca, portando una antorcha. SANDRA va vestida con ropas más ligeras que la cota y la semiplaca en el combate. Una camiseta blanca con las mangas remangadas, dejando los brazos totalmente descubiertos, unos pantalones largos y anchos y sandalias forman la indumentaria de la guerrera.
CAITLIN encuentra bastante curiosa la ropa de la guerrera.
- Me alegro de volver a verte, chica – empieza SANDRA -. ¿Necesitas algo?
- ¿Podemos alejarnos del campamento? - dice CAT, mientras observa al soldado irse -. Pero no nos iremos muy lejos, ¿eh?
Algo lejos del campamento, CAT empieza a hablar:
- La verdad, no sé muy bien por qué estoy aquí, es sólo que me impresionaste esta tarde y me gustaría saber en qué regimiento estás, me gustaría contar con esa lanza a mi lado - le guiña un ojo - ¿Y de dónde vienes? Perdona si pregunto mucho.
- ¡Tranquila, tranquila, no me molesta en absoluto! - responde SANDRA -. Bueno, soy de Solderai capital y pertenezco a la caballería de asalto - la decepción se dibuja en el rostro de CAITLIN -. Y no sé por qué tienes que decir que no sabes por qué estás aquí. Estás para defender tu patria, ¿no?
Los recuerdos inundan la mente de CAITLIN. ¿Cómo podía llamar "su patria" a un imperio que es capaz de arrasar tierras de su propio territorio así sin más? Porque ella supo, meses después de descubrir su querido pueblo reducido a cenizas, que fueron soldados soldevíes los que provocaron la catástrofe.
- ¿Te pasa algo? - pregunta SANDRA.
- ¿Qué? - CAITLIN vuelve a la realidad -. Oh, nada, recordaba los días del pasado... Sí... el pasado...
- Odias el Imperio, ¿verdad? O al menos no te hace mucha gracia... - SANDRA baja la cabeza -. Te comprendo, sí. Es triste saber que perteneces a un imperio al que sólo le preocupa la riqueza de sus gobernantes. Ese supuesto modelo de buena conducta, el Emperador... Sí, muy bonito eso de que intentara evitar que los Reinos tuviesen conflictos de nuevo y que haya establecido muy buenas relaciones con los orientales tan rápido... Pero como siempre, el Imperio Soldeví es una auténtica vergüenza.
- Es supuestamente el más poderoso de los Reinos - comenta CAT -. Si quieres que te diga en qué pensaba... yo... pensaba en mi pueblo, en las Tierras Bárbaras, que fue arrasado... Era mi hogar...
- Me avergüenza haber nacido en la capital de este reino de locos... Al menos, en mi viaje he aprendido qué es lo que falla en el Imperio Soldeví.
- ¿Tu viaje? ¿Eres aventurera?
- No exactamente... Soy una matabestias y mis padres pertenecen a una larga dinastía de cazadores de brujos, y eso es lo que soy realmente, más que matabestias. He oído que la última Herugurth está en esto y quiero acabar con ella. Por eso he venido hasta aquí, tras mi periplo en busca de lo que el pueblo necesita.
- ¡Ah, de eso ya me habló un poco LAMBERT! Ya sabes... El chico al que sacamos de las rocas.
- Oh, vaya... Así que él sabe de esto, ¿no?
- Bueno, más que nada nosotros estamos metidos en esto. Es que estamos bajo la tutela de esos nueve héroes...
- ¿Hablas de los Héroes de Salk? - pregunta, excitada, SANDRA -. ¿Vosotros estáis bajo su tutela?
- Sí... más o menos...
- ¿Qué habéis hecho para ganaros su favor?
- Oye, ¿tú no eras de las de "contra el sistema"? - recuerda CAITLIN -. Sabes que ellos...
- ¿Crees de verdad que piensan en la gloria? Bueno, ese mago desaliñado sí... y el mediano... ¡pero los otros sólo piensan en luchar contra el enemigo común de todos! ¿No te has fijado bien? Casi todas las razas más importantes están representadas en ellos. Es como si quisiesen decirnos que nos unamos... Algo así como estos cuatro ejércitos, pero no defendiendo los éxitos económicos y demás... Sino pensando en cómo conseguir un mundo mejor, trabajando en equipo.
- Que yo sepa este ejército está aquí para eso, para defender el mundo...
- Eso ahora, pero ¿qué vendrá después? - interrumpe JENET -. ¿Crees que luego todos estaremos en paz, tranquilos como si nada, conviviendo felices? Dime, ¿crees que eso será verdad... esto... tú eras...?
- CAITLIN. Pero puedes llamarme CAT.
- Bueno, CAT, ¿crees tú que nuestros líderes se preocuparán por el pueblo una vez esta guerra termine? He viajado por todo el Imperio durante más de dos años, viendo todo con detalle, pueblo por pueblo... y yo pienso que en cuanto esto termine la situación será la misma.
La conversación con SANDRA había llevado a CAT por los caminos de su pasado. ¿Cómo había llegado a defender la patria que acabó con su pueblo? A combatir con los soldados que quizás quemaron su casa y sus cosechas. Todo esto pasa por la mente de la cazarrecompensas mientras SANDRA le mira con curiosidad.
- Verás, SANDRA, soy realista, yo también he visto mucho mundo y sé como acabará esta batalla si ganamos: todo seguirá prácticamente igual, los ricos gobernantes igual de corrompidos por el dinero y los pobres luchando por sobrevivir, pero el futuro será incierto si perdemos, así que es hora de olvidar nuestros rencores y unirnos todos contra ese mal que nos puede dejar a todos sin nada...
CAITLIN mira a SANDRA de nuevo. Esta curiosa muchacha le está causando una profunda impresion. Sigue hablando:
- Esto... si puedo, ¿te importaría aguantarme a tu lado durante el viaje?
Mientras camina hacia el campamento elfo, DRAUG se detiene ante una de las tiendas de los soldevíes, en concreto una bastante grande, de lona beige y con el símbolo de Ghidnaar dibujado en uno de los lados. El elfo se acerca, oyendo una conversación. Debido a la luz que sale de la tienda, DRAUG decide no acercarse mucho, para evitar que lo pillen espiando.
Aprovechando el fino oído de su raza, FËADRAUG escucha con claridad lo que se dice dentro de la tienda...
- Sigo sin creer que tú... que tú estés aquí. ¿Por qué te fuiste de Ghidnaar tras mi marcha? - dice una voz masculina que DRAUG reconoce como la de su amigo RAGNUS.
- Sabía que no podía esperarte en Ghidnaar - replica una voz femenina -. Fui a Solderai, pensando que tendrías que pasar por allí forzosamente. Hasta hoy no te había visto en la ciudad. Además, ¿por qué tienes que ser así conmigo? ¿Aún sigues igual, no eres capaz de sentir por mí algo que no sea amistad?
- Sabes que yo no puedo sentir eso, no porque sea incapaz, MINT, sino porque sabes cuál es mi destino. ¿Crees que así yo puedo enamorarme? ¡Dime!
- Yo te dije en su momento que no importa tu destino, JEAN-LUC, no puedes dejar que tu misión divina sea...
- ¿Mi asunto más importante en esta vida? - se adelanta RAGNUS -. MINT, hay que anteponer a los Dioses antes de cualquier otra cosa...
Lo que sigue es un sonoro bofetón y a los pocos segundos, MINT sale corriendo, con las manos sobre su cara, llorando. FËADRAUG quiere calmarla, pero ella se aparta y sigue corriendo. El elfo, con una mirada seria, se va al interior de la tienda.
- ¿Se puede? - pregunta DRAUG.
- No estoy ahora para nadie, elfo, así que te agradecería que me dejaras a solas - comenta RAGNUS, mientras se acaricia la mejilla izquierda.
- ¿Qué pasa con esa chica que salía de tu tienda, RAGNUS? ¿Por qué lloraba? Como amigo, puedes contármelo, ¿no?
- No te incumbe - y RAGNUS lanza una mirada desafiante -. ¿Por qué demonios quieres saber de mi vida? ¿Tú no eres feliz, ahora que estás casado y encima te vas a convertir en un héroe aún más reconocido? ¿Quieres reírte de mi desgracia, de que no sea capaz de amar?
- ¿Ser capaz de amar? – pregunta el elfo -. ¿Te parece bonito hacerle eso a ella? ¿Crees que así te sientes mejor y la ayudas? ¡No! Pienso que deberías pensar que aunque estás en este mundo por una misión de los Dioses, no por ello dejas de ser capaz de amar.
- Mira, DRAUG, te dije que te fueras, que no es momento de hablar... Pero tú insistes en no hacerme caso...
- Hmmm... si insistes... - FËADRAUG sale de la tienda y deja a RAGNUS solo. El Templario se quita lo que queda de su armadura, quedándose en una camiseta de tirantes negra y unos pantalones largos y finos de idéntico color, apaga la luz del candil y se acuesta, mientras todavía le da vueltas al asunto.