LEYENDA DEL ENCUENTRO
CON LA DIOSA LEVIATÁN
¿Qué esconden los océanos? Muchos han sido testigos de los ataques de los
tritones a las embarcaciones que se atreven a cruzar los mares y todo el mundo
sabe de la existencia de los Dragones Azules, a pesar de que apenas se les ha
visto. Pero lo que nadie parece tener muy seguro es la existencia de grandes
serpientes marinas que muchos llaman Leviatanes de Mar, o simplemente
Leviatanes, sin que ello haga que se los confunda con los Demonios Ámbar.
¿Realmente alguien vio a una de estas criaturas? Casi todas las
historias referidas a estos seres son del mismo corte, es decir, barcos
atacados por un Leviatán, generalmente en medio de una tempestad y donde los
escasísimos supervivientes son tomados por locos. Pero la historia que viene a
continuación es bastante distinta, porque nos narra el supuesto encuentro con
un ser que controla a estas criaturas: la Diosa Leviatán.
Aquí tenéis tal relato...
El
viajero surcaba los mares, contento de no haber tenido ningún encuentro con
tritones ni piratas. Su frágil barco había conseguido aguantar una temible tormenta.
Pero la alegría de no haber sufrido ningún encuentro hostil y de haber
sobrevivido a las inclemencias del tiempo se disipó cuando se puso a pensar en
cuán lejos estaba de la costa. Habían pasado días y días sin haber visto ni un
mísero islote sobre el cual poder poner sus pies. Añoraba pisar tierra firme y
la desesperación le fue dominando durante los siguientes días.
También
vio que sus provisiones estaban al límite, no durarían más allá de aquel día.
Había planeado un pequeño viaje, sólo preocupándose de pasar como mucho una
semana en alta mar, de disfrutar del viaje simplemente y tener un poco de
tranquilidad, harto de las bulliciosas ciudades. Nunca pensó que pudiese haber
estado medio mes vagando sin rumbo, racionando su comida y su bebida, quedándose
con hambre y sed. Se arrepentía del capricho que había tenido hacía quince días
y aunque hubiese deseado volver a casa, esa posibilidad se le hacía improbable.
Se tumbó y estiró los brazos y las piernas. Ni veía ni oía a las
gaviotas, era lo último que le podía dar cierta esperanza. Así que
definitivamente dio por perdido todo y esperó a que la muerte le
sobreviniese...
Observó cómo las nubes grises se arremolinaban sobre él. Se avecinaba
una tormenta, de eso no cabía duda. Pero le extrañaba que las nubes se juntasen
y girasen con tanta velocidad, le resultaba sospechoso. Entonces se acordó de
las historias sobre ataques de Leviatanes, donde se narraba cómo el cielo se
oscurecía de pronto, como mágicamente, antes de que aquellas bestias comenzasen
su ataque. No esperaba que una de esas enormes serpientes pudiese aparecer,
pero pensó que era mejor ser engullido por una de estas criaturas legendarias
que morir de inanición y deshidratación. Cerró los ojos y comenzó a notar el
violento movimiento de la barca con las primeras olas furiosas.
No tardó apenas medio minuto en sentir cómo un golpe de mar le había
lanzado fuera de su embarcación. No abrió los ojos cuando cayó al mar. Sentía
el agua a su alrededor y cómo durante unos segundos estuvo descendiendo. Creyó
que ya acabaría todo, notaba cómo le faltaba aire en los pulmones. Como todo
aquel que estuviese a punto de ahogarse, sentía el impulso de nadar hacia la
superficie y tomar una bocanada de aire. Pero este hombre había perdido las
esperanzas de vivir y dejó que continuase su trayectoria descendente. Entonces,
una extraña corriente lo empujó hacia arriba, tanto que llegó a la superficie.
Aunque no quería, el viajero tomó bastante aire y abrió los ojos.
Observó su barco, aún flotando, pero con el único mástil roto. Estaba a unos
diez metros del barco. El viajero no quiso nadar hacia el barco y permaneció
donde estaba. Miró a su alrededor, mientras las olas lo empujaban y a veces
parecía que lo iban a hacer volar por los aires de nuevo. Ni rastro del supuesto
Leviatán. Empezó a dudar de las leyendas que había escuchado.
Y aquellos dos ojos, amarillos y tan grandes como él mismo,
aparecieron bajo él.
El viajero no se apartó, el miedo invadía su cuerpo y lo dejaba
paralizado. También era cierto que no tenía intención alguna de huir, si
aquello que se aproximaba era un Leviatán, ¡que acabase pronto con su vida!
Pero los ojos desaparecieron de la vista. Desesperado, el náufrago se puso a
buscarlos sin éxito. Un montón de burbujas subían hacia la superficie, a unos
cinco metros de él. Notaba cómo algo grande se aproximaba. Él no se apartó, no
por voluntad propia, y una alargada sombra hizo que el oleaje que provocaba
apartase al náufrago varios metros.
El Leviatán había sacado sólo parte de su cuerpo. La piel estaba
cubierta por escamas de color turquesa, tan brillantes que los rayos que había
sobre el mar se reflejaban dando lugar a destellos cegadores. A los lados de la
gigantesca serpiente aparecían dos extrañas membranas doradas, que más bien
parecían las alas de un dragón, pero bastante ridículas comparadas con aquella
bestia, al igual que los brazos de la criatura, pequeños pero seguramente
llenos de fuerza. La cabeza del Leviatán mezclaba los rasgos de una serpiente
con los de un dragón y parecía estar cubierta por un “casco” dorado. El
Leviatán se inclinó un poco para observar al náufrago. El viajero pudo ver la
espina dorsal del Leviatán, de la cual sobresalían unas pequeñas (en
comparación con aquel ser) púas de su espalda.
Sin moverse, el viajero se quedó mirando fijamente a la gran serpiente
marina. El Leviatán observaba curioso y el náufrago temió que tal vez no fuese
un bocado apetitoso para la criatura. Y es que no era lo mismo una tripulación
completa de marineros que un simple náufrago.
Otro Leviatán había surgido cerca del primero. Esto le parecía muy
extraño al viajero. ¿Por qué dos serpientes? También este segundo Leviatán
observó curioso al náufrago. La situación le parecía muy molesta y
tremendamente ridícula al viajero.
Los dos Leviatanes se apartaron y una tercera serpiente, más
voluminosa que las dos anteriores, surgió de las aguas. De pronto, la tormenta
cesó y el mar se tranquilizó, todo de golpe. El tercer Leviatán se inclinó
hacia el náufrago y entonces aquel hombre pudo ver que había algo sobre su
cabeza... mejor dicho, alguien.
La mujer era muy alta, tal vez superaría los tres metros de alto. Un
cuerpo deslumbrante quedaba cubierto por una túnica de color azul oscuro, que
dejaba los hombros al aire. Entre las delicadas y blancas manos, aquella mujer
de rasgos finos y larga cabellera celeste sujetaba un báculo bastante parecido
a un tridente, pero con sólo dos púas. Los ojos, azules y profundos como el
mar, se clavaron en el náufrago, quien quedó paralizado ante tanta belleza.
La extraña mujer bajó del Leviatán y sus pies descalzos no se
hundieron en el mar y flotaban sobre la superficie del océano. La mujer se
acercó al hombre que seguía atónito. Ella miró de nuevo al náufrago. El viajero
sintió como si le leyesen la mente, tenía la extraña sensación de que aquella
mujer invadía su intimidad. Trató de llevarse las manos a la cabeza, pero su
cuerpo estaba paralizado. En ese momento, tenía más y más ganas de morir, no
sabía por qué, pero lo deseaba. Incluso gritó para que le dejasen morir en paz.
La mujer no habló en ningún momento y ni se inmutó cuando el hombre le
gritó. Su mirada ya daba a entender que estaba en contra del deseo de aquel
hombre. Los tres Leviatanes se hundieron con un simple gesto del báculo de la
mujer. Ella se situó más cerca aún del hombre y le extendió una mano. El
náufrago sentía que sus fuerzas le abandonaban y quedó inconsciente mientras la
mujer seguía acercando la mano...
Nunca
supo cómo podía haber sido, pero aquel náufrago despertó flotando cerca del
puerto de Derrium. Unos pescadores le vieron, lo recogieron y tuvieron que
llamar a un clérigo para poder atender al náufrago, quien presentaba un aspecto
de lo más lamentable. Durante varios días, hasta que recuperó sus fuerzas, el
hombre apenas sí estaba despierto, sólo lo justo para comer. Y cuando parecía
que se había recuperado por completo, vinieron a su mente aquellos momentos en
los que había visto tres Leviatanes ni más ni menos. Había oído en las leyendas
sobre ataques de una única criatura y casi nunca sobrevivía gente... ¡y él
había salido vivo de tres Leviatanes! ¿O simplemente lo había soñado?
El
rostro de la extraña mujer apareció en su mente. Y luego la vio de cuerpo
entero. Una sensación indescriptible lo invadía.
No sabía cómo, pero empezó a contarles a los pescadores que lo habían
cuidado aquello que había visto... o que había soñado, no lo sabía, pero lo
hizo con todo lujo de detalles. Entonces, uno de los pescadores le dijo:
-
Tienes suerte, viajero. Ella es la única que puede evitar que una de esas
bestias te despedace y sólo un barco pudo verla, aunque nadie más la vio... Mi
abuelo pertenecía a la tripulación de aquel barco tras aquello. Precisamente
fue la presencia de esa mujer lo que salvó a mi abuelo y a los demás
tripulantes del barco. Parece que la Diosa Leviatán no está muy de acuerdo con
lo que hacen sus "niños".
El
viajero se quedó pensativo: ¿Diosa Leviatán? Jamás había oído hablar de ella,
ni tan siquiera sabía que alguien más la había visto antes que él. Pero estaba
claro que ella controlaba a esas criaturas y que cuando estaba ella presente no
ocurrían las catástrofes que decían las ahora para él no tan ficticias
historias sobre Leviatanes destructores de barcos.
No
sabía tampoco por qué, tal vez fuese la mirada de esa mujer o tal vez porque
había sobrevivido cuando todo indicaba que moriría, pero pensó en esto como en
una segunda oportunidad. Poco a poco fue recuperando sus ganas de vivir y por
siempre quedaría el recuerdo de su encuentro con la Diosa Leviatán. Sabía que
nunca volvería a verla, pero para él una vez era más que suficiente.
Hay
algunos relatos más sobre encuentros con la llamada Diosa Leviatán, pero éste
el más importante y por tanto el que he considerado más representativo para
poder mostrároslo. Sobre esa “diosa”, no se le podría dar tal título; muchos la
llegan a considerar la representante de Oris, Dios del Mar, en Daron, con lo
que tendría un status de semidiosa. Pero, ¿por qué una Diosa Leviatán cuando
podría liderar a los Dragones Azules? Eso todavía sigue siendo un misterio... y
seguirá siéndolo por siempre.
SARAH EMERALDAS