La Gran Guerra
Año 3 antes de la Gran Guerra. Los deseos de
Ghriodja se concentraban en las tierras de Salk. Las masas continentales
restantes eran demasiado pequeñas o pobres como para poder empezar la conquista
del mundo; había que empezar por la zona más fuerte, para así tener el camino
allanado para sucesivas victorias. Durante un año, las distintas hordas de
goblins, orcos y trolls de Salk se fueron reuniendo en el oeste del continente,
mientras ejércitos de estos verdes seres llegaban desde Milkûr. Mientras, las
demás Fuerzas del Caos (Demonios, humanos, elfos, semielfos y enanos del Caos,
No-muertos y Leviatanes) también empezaban a concentrarse cerca de las
primitivas comunidades caóticas. A medida que pasaba el tiempo, el poder de los
ejércitos del Caos aumentaba sin cesar.
En el bando de las Fuerzas del Orden, los humanos,
elfos, semielfos y enanos que habían resistido a la tentación del Caos
comenzaban a prepararse para una posible lucha que podría marcar la historia
del continente Salk y, tal vez, de Daron. Los humanos y los elfos habían
conseguido gran cantidad de progresos en la magia, además de haber descubierto
una nueva rama, la magictecnología. Con ella pudieron alterar los genes de
cualquier ser, comenzando el estudio de las quimeras. Las tres primeras
quimeras creadas fueron los Draconianos, los Guerreros felinos y
Hombres-lagarto. Los humanos consiguieron aprovecharse más de esta nueva
ciencia; los elfos, por su parte, veían que los humanos utilizarían
indiscriminadamente la magictecnología para crear nuevos seres, con el único
objetivo de llevarlos a la guerra, que les sirvieran de escudo y que murieran
mientras los ejércitos enemigos quedaban debilitados para los ejércitos
puramente humanos, motivo por el que muchos elfos se opusieron a la creación de
quimeras y pedían a los hombres que no jugaran a ser Dios. Todo esto llevaría
al distanciamiento entre las razas.
El
comienzo del conflicto...
Las fuerzas de diversas razas oscuras llegaban sin
cesar a la zona centro de Salk. Grandes ejércitos del Caos se agrupaban para
desatar su furia contra los demás habitantes del continente, llevados por un
impulso que hasta para ellos era extraño. Pero a diferencia que las Fuerzas del
Orden, las del Caos eran indisciplinadas y mal organizadas. Los ejércitos del
autroplocamado bando del Bien consiguieron avanzar en los primeros días de
contienda con gran rapidez.
El comienzo del conflicto en sí se dio en los
últimos días del año 1 antes de la Gran Guerra. En diciembre de este año, los
orcos invadieron un pequeño poblado de elfos, acabando con casi todos sus
habitantes. La ofensa, llevada a cabo sin escrúpulos ni provocación, hizo que
el general elfo SYLVESTER ELADAMRI declarase la guerra a las Fuerzas del Caos,
viendo imposible todo tipo de negociación. A esta llamada acudió gustoso el
pueblo enano, liderado por el primer enviado de los dioses, NAUGLORD GLIÂNTEK,
un valeroso berserk armado con una poderosa hacha llamada Hacha del Berserk,
además de contar con un escudo rúnico que lo protegería de todo ataque. El
líder elfo mandó para la batalla que sus herreros y hechiceros crearan un arma
y una armadura dignas de un gran guerrero. Así nacieron la espada rúnica Ira
Sangrienta y la famosa Armadura de Eladamri, las dos obras maestras de los
herreros élficos y la demostración del poder mágico de la raza de los elfos.
A pesar de que en principio sólo elfos y enanos
lucharían en tan singular batalla, los pueblos bárbaros se unieron luego; esta
anticipación de los bárbaros desagradó a los humanos más avanzados
tecnológicamente, que a pesar de estar listos para la contienda se mantuvieron
neutrales en un principio. Este primigenio ejército luchó con todas sus fuerzas
frente a las hordas de goblins, orcos y trolls, consiguiendo grandes victorias
para Eladamri y Gliântek. Las divisiones semielfas empezaron a aumentar la
capacidad de los ejércitos élficos; un grupo de semielfos cazarrecompensas,
liderados por la hermosa y letal SHEILA MIRTAND, fue el grupo más importante
dentro de las divisiones semielfas y el más capacitado para la lucha de
guerrillas. Las pérdidas del bando del Caos hicieron que las hordas se
replegaran hacia el oeste, donde reunirían más contingentes para la batalla. La
valentía de elfos, enanos, semielfos y bárbaros, de todas formas, no hizo que
los humanos se metieran de lleno en la Gran Guerra.
De todas formas, aún no se había presentado el
auténtico Ejército del Caos...
La
llegada de los demonios; los humanos entran en la lucha
La Gran Guerra se decantaba a favor del Orden, y
eso sin que los humanos más avanzados entraran en el conflicto. Las maltrechas
divisiones de orcos, goblins y trolls llegaron al oeste con bajas que habían
reducido su ejército a casi un cuarto de su capacidad. Estas derrotas habían llegado
a oídos de uno de los Señores Demonios, NAAGRUM ARGOH, quien había decidido
tomar el mando de la lucha. Llegando al mundo de Daron con sus ejércitos de
demonios alados, Argoh se dispuso a destruir todo lo que supusiera un
estorbo... Ello incluía también a los neutrales, pero a la vez peligrosos,
humanos. Pueblos enteros fueron arrasados; los humanos, hartos de tanta
destrucción, decidieron ponerse del lado del Bien.
Durante su neutralidad, los humanos habían
preparado un ejército poderoso por si había que intervenir. Al mando de este
ejército se encontraba un gran hombre, un auténtico señor de la guerra humano
portador de la Primera Espada y la mítica Armadura de Tempus: su nombre era
CASIUS DERRICK. A su lado, el hechicero MINOS TOLAREM ayudaría en todo lo
posible con sus conjuros en la batalla. Ahora que tenían consciencia del
peligro que les acechaba, los humanos dirigieron sus tropas hacia el campo de
batalla, en ayuda de Eladamri, Gliântek y Mirtand. Desde aquél momento se
hablaría de los Cinco Héroes de Salk, más conocidos después como los Héroes
Míticos.
La muerte de muchos humanos había desatado la
furia de los ejércitos del Orden, que se disponían a arremeter contra las
hordas. Pero lo que no contaban era con la presencia de los demonios. Estos poderosos
seres acabaron con grandes secciones de las tropas élficas y humanas; parecía
que la lucha se había decantado hacia el bando contrario. Pero a diferencia de
los orcos, los ejércitos que luchaban por el Bien no se retiraban del combate,
e incluso crearon las quimeras como refuerzo para la lucha.
Ya era el año 3 después del inicio de la Gran
Guerra. Ahora la cosa se ponía interesante...
Confusión;
el final de una lucha sin razón
El poder del Caos que emanaba de Argoh era temido
por todos sus enemigos. Realmente, Ghriodja había depositado toda su confianza
en el vástago de Rogatar, más que en los otros Señores Demonios, quienes no
pudieron intervenir en la Gran Guerra. Los goblins, los orcos y los trolls habían
abandonado y muchos de ellos se fueron de vuelta a Mirkûl, derrotados y sin
fuerzas. Sólo los demonios y las variantes caóticas de humanos, enanos, elfos y
semielfos continuaban en la lucha por Salk y todo Daron. Los ejércitos del
Orden, apoyados por los félidos, los draconianos y los hombre-lagarto habían
luchado sin tregua, a pesar de ir perdiendo terreno frente a las fuerzas
demoníacas. La valentía, el honor y el deseo de paz movían a un ejército
compacto, que había conseguido unir a las Cuatro Razas sin racismo ni xenofobia
alguna, superándose los temores de años anteriores.
Pero los Señores del Caos tenían una carta que
jugar. Los Enanos del Caos y los Elfos Oscuros sembraron el terror en los
diversos pueblos élficos y enanos, respectivamente. Esta confusión hizo creer a
enanos y elfos que eran más enemigos que amigos, lo que sería el comienzo de
las rencillas entre ambas razas. Pero Eladamri y Gliântek conocían las
intenciones de Argoh y los suyos, y consiguieron mantener unidos sus ejércitos,
al menos para la Gran Guerra.
El Orden empezaba de nuevo a imponerse al Caos.
Las tierras que habían perdido los ejércitos humanos, élficos, enanos y
semiélficos eran recuperados con extrema rapidez. Los demonios caían ante el
poder de los Jinetes del Draco Oscuro y la orden de grifos de los Caballeros
Alados; los altos elfos lanceros, los elfos y semielfos silvanos arqueros, los
caballeros humanos, los rúnicos, campeones y berserks enanos y las escuadras de
quimeras mermaron las fuerzas del Mal.
El último enfrentamiento se dio el 5 de mayo del
año 7 después del inicio de la Gran Guerra. Los Héroes Míticos y sus tropas se
dirigieron a la Cordillera de Ertdail, donde Argoh y los restos de su ejército
de demonios se refugiaban de los ataques enemigos. Mientras los dos ejércitos
luchaban, Argoh y los Héroes entablaron un duelo sin igual. Minos utilizó
poderosos hechizos de magia astral para inutilizar los poderes de Argoh,
mientras Eladamri y Gliântek utilizaban el poder de sus runas para mejorar sus
ataques frente al Señor de los Demonios Alados. Sheila poco tenía que hacer en
un principio, pero consiguió herir gravemente al Señor Demonio con su ballesta.
Argoh atacó por última vez a los guerreros, acabando con la vida de Gliântek de
un certero espadazo e hiriendo gravemente a Sheila y Minos. Sólo Eladamri y
Derrick, señores de los elfos y los humanos respectivamente, eran los que
podían seguir. En un intento desesperado, Eladamri lanzó un potente hechizo
para encerrar la parte astral de Argoh, para que así Derrick pudiese acabar
definitivamente con el demonio. Y así fue, si bien Eladamri quedó muy agotado,
perdió gran parte de su poder y, por ello, casi todas las runas de la Ira
Sangrienta quedaron ocultas, sólo siendo visibles y útiles feadraug turmellyrn; Derrick acabó con la existencia de Argoh de un golpe,
destrozando el pecho de la bestia.
Pero Argoh no se rendiría tan fácilmente. Antes de
morir, pronunció una aterradora profecía...
' Aunque vencerán en la
Guerra, las razas combatientes quedarán enfrentadas de tal manera que su grandiosidad
se vaya perdiendo. Así, en el momento de mayor debilidad de los Reinos, los
más poderosos archibrujos de Daron devolverán la vida al que, en su día, fue
el Demonio de entre Demonios, NAAGRUM ARGOH, por lo que su reinado comenzará.
Aquéllos con el suficiente poder y valor como para servir a ARGOH serán los
precursores del Ragnarok, del Apocalipsis, del dominio del Caos absoluto.
Y aquéllos que no sigan su voluntad serán destruidos. Cuando los brujos crean
que ya ha recuperado sus fuerzas y vean un mundo débil y sin oportunidades,
harán resurgir el Caos.’
Después de ello, expiró.
Una victoria definitiva, aunque se había llevado a
un ser querido, a Gliântek. Los dioses vieron que la actuación de este enano
era digna de una gran recompensa, mayor que cualquier tesoro de Daron: desde
aquél momento, el espíritu de Nauglord ascendió hasta los cielos y se convirtió
en el Dios de la Guerra, siendo conocido también con el nombre de DAGOR.
Las
graves consecuencias de la Gran Guerra
A pesar de ser una victoria del Bien, las
consecuencias eran las propias de toda guerra. El total de muertos en el bando
del Orden fue de cerca de ocho millones, siendo 2 millones de elfos, 1'6
millones de humanos, 1'3 millones de enanos, 550.000 semielfos y el resto, más
de tres millones y medio, quimeras de todos los tipos. La masacre de este
último grupo supuso un duro golpe para la relación de humanos y enanos con los
elfos. Muerto Gliântek, los enanos se rebelaron contra los elfos en la zona de
la actual Milgazzia. Fue en este lugar donde Casius Derrick, autoproclamado
emperador de los humanos, redactó los Acuerdos de Maelgaddia,
llamados así porque más tarde se construiría allí la ciudad de Maelgaddia
(predecesora de Milgazzia). Con dichos acuerdos, intentó salvar la situación
con el reparto de Salk: los humanos, enanos y semielfos que quisieran podían
vivir en el centro y sur del continente, formando el Imperio Soldeví;
los elfos y parte de los semielfos vivirían en el norte, en las tierras que
ocuparían más tarde el Reino Élfico. El reparto fue visto por
los elfos como un acto racista al separar esta raza de las demás; esto fue el
final de las buenas relaciones entre Eladamri y Derrick.
Sylvester Eladamri y su mujer, Sheila Mirtand, se
dirigieron con los demás elfos y los semielfos silvanos al norte. Allí,
Eladamri fundó la ciudad que llevaría su mismo nombre; el insignie guerrero
élfico tuvo que hacer frente a varios peligros del norte, lo que demostraba el
interés de humanos y enanos por deshacerse de los elfos enviándolos a tales
lugares. A pesar de todo ello, los elfos consiguieron expandirse para conformar
su reino. Eladamri se habría convertido en su rey si no fuera por una banda de
orcos, que rodearon al guerrero y lo asesinaron; las fuerzas élficas sólo pudieron
recuperar el cadáver y la espada, Ira Sangrienta; la armadura de Eladamri había
sido el botín de los orcos. Aquí comenzó la decadencia de los elfos...
Mientras, en el año 10 después del comienzo de la
Gran Guerra (año 3 del cómputo actual), quedó fundada la primera ciudad soldeví,
Maelgaddia; más tarde apareció Solderai,
ciudad a la que el imperio debe su nombre, al ser su capital. Humanos, enanos
y algunos semielfos comenzarían así la creación de toda una gran extensión
de tierra que demostrara su poderío frente a los elfos y, sobre todo, frente
al Caos. Éste fue el comienzo del Imperio Soldeví...