EL NACIMIENTO EN
EL CAOS
En el comienzo, antes de que existiera el mundo en el que todo ser habita, reinaba el Caos sobre el Orden. Arriba era abajo; caer significaba subir; llorar, reír... Ningún ser viviente hubiese podido sobrevivir en aquellos tiempos de locura sin caer en la desesperación absoluta. Así, todo aquello que nacía, moría, pues en el interior del Caos vida y muerte eran sinónimos.
Sin embargo, de entre todas las criaturas que nacieron del Caos, una logró sobrevivir, ya que apareció protegida en el interior de un gran huevo.
Así, el primer ser viviente del mundo conocido fue un ave, una hermosa águila de alas plateadas, la Primera Diosa, la llamada Emildeen (Destino). Emildeen permaneció en el interior del cascarón durante siglos, observando con sus dorados ojos cómo el Caos lo arrasaba todo a la vez que lo creaba, mataba a la vez que daba vida. Y todo esto lo observaba indiferente, protegida dentro del huevo.
Sin embargo, llegó un momento en que Emildeen creció tanto que no pudo mover las alas dentro de su cascarón, y sintiéndose aprisionada rompió el huevo y salió a la vida. El ente Caos se sorprendió al ver un ser viviente tan desarrollado en su mundo de contradicción. Furioso, el Caos quiso eliminar de su mundo a la diosa. Pero Emildeen había adquirido un gran poder en su letargo, y se defendió con rabia contra el Caos.
El gran águila salió victoriosa de la lucha, y con un gran vuelo se impuso sobre el Caos y estableciendo el orden de todas las cosas, delimitando así la diferencia radical entre el arriba y el abajo, la tristeza y la alegría... Permitió la separación de la nada y la materia, con lo que se pudieron formar al fin los mundos, las estrellas, las rocas, las montañas, el aire, el agua... A su vez, delimitó el tiempo entre la vida y muerte, con lo cual éstas quedaban separadas y permitió el desarrollo de la Vida en los mundos, creando así el comienzo de todo.
Una vez establecido el orden, Emildeen cesó su vuelo y, agotada tas la lucha contra el ente Caos, descansó en uno de los mundos creados por ella misma, y allí extendió omnipotente sus grandes alas color de la plata y gritó para patentar su victoria y su dominio sobre todo, creando así el viento y los sonidos los mundos, el privilegiado de las sensaciones y dando comienzo a las eras del Orden.
Luego, la Primera Diosa retomó su eterno vuelo, asumiendo ahora su victoria y proclamándose la Señora en lugar del Caos, al que mantuvo encerrado dentro de un gran huevo de cristal. Emildeen comenzó su peregrinaje por el joven universo, transmitiendo vida, materia y sentimientos, y protegiendo el Orden constantemente. Desde entonces, el vuelo de Emildeen fue eterno.