LA MAGIA EN ZENTRA

 

            El sorprendente mundo de Zentra tiene un concepto de la magia muy distinto al de Daron y, por extensión, al de muchos mundos de fantasía heroica y juegos de rol. Por eso, aquí se da una breve explicación de lo que son los magos, los hechiceros y los brujos en Zentra y cuáles son las múltiples diferencias entre ellos:

 

- Los magos son seres que nacen con la magia dentro, es decir, para ser mago se ha de nacer con el don de la magia.

Los hechizos de los magos suelen ser ataques psíquicos que acaban con el alma de su víctima, aunque también tienen potentes conjuros destructores, como el que desintegra todos los huesos y órganos del interior de su enemigo.

Son seres reservados y sombríos, ya que guardan un tremendo rencor hacia todo aquello que no posea el don, ya que fueron derrotados por éstos durante las guerras de Ilhibiria, en donde se destruyó a la mayoría de los magos del planeta.

Al conjurar un hechizo, gastan parte de su magia interior (es decir, los puntos de magia o “PM”). Cuándo estos PM se agotan, el mago no podrá realizar más conjuros hasta pasado un tiempo de regeneración (o bien tomando un elixir especial).

 

- Un brujo también ha de nacer con el don de la magia para poder practicar este arte, aunque es un don diferente al de los magos. La magia de los brujos se basa en pociones y maldiciones, no consume “PM” y está destinada a hacer la puñeta a los demás.

 

- Para ser hechicero no hace falta nacer con ningún don en especial. Para practicar esta modalidad de magia se ha de fabricar un brazalete con un material especial, el cual nunca se ha de separar del brazo del practicante (el brazalete, en el momento en que uno se lo pone, forma parte del brazo del hechicero). Este brazalete tiene cinco huecos (cuatro en el antebrazo y uno en el reverso de la mano). Estos huecos albergan gemas especiales: las del antebrazo son las gemas elementales, capaces de invocar la magia elemental del entorno (agua, tierra, aire y fuego) y la del reverso de la mano se encarga de transformar toda esta energía en el hechizo pronunciado por el hechicero.

Los hechiceros, al no poseer el don de la magia, tampoco poseen magia interior ni “PM”, así que cada vez que realizan un hechizo sacan la energía de su propia vitalidad. Es decir, que si se pasan pueden acabar espichándola, por eso, cada cuatro o cinco hechizos (también depende de la magnitud del hechizo), se han de sumir en una especie de letargo reparador para recuperar los puntos vitales perdidos.