PRIMER EPÍLOGO:
EL FIN DE UNA BATALLA
Narro lo
ocurrido en la batalla fuera del monasterio, tras oír los testimonios de muchos
soldados supervivientes, y lo último que hicimos en el monasterio en ruinas...
Las nubes se juntaban hasta que el cielo quedó totalmente oscuro. Negro, así se mostraba el firmamento... Pero la lucha no se detenía, todo continuaba sin prestar atención a este hecho ni tampoco a la tormenta que se desataba en los cielos. Pronto, la lluvia empezaba a caer con más fuerza, nublando a muchos contendientes su visión.
Los orcos levantaban sus hachas, mientras varios demonios corrían junto a ellos. Enfrente, valientes caballeros soldevíes, aguerridos samuráis de Oriente y temibles arqueros elfos trataban de contener la marabunta. Los trolls casi estaban aniquilados, pero casi se podía decir lo mismo de la caballería de asalto. Los cadáveres de ambos bandos iban completando el mosaico, tan duro, tan real, tan aterrador. Lanzas rompiéndose, choques de metal, explosiones, gritos de guerra y de dolor eran la sinfonía de esta dura lucha. Nadie sabía que en esos instantes un grupo estaba luchando contra el líder de todo ese perverso ejército...
Pocos podían ver al Emperador Soldeví. CASIUS DERRICK XVIII luchaba en todos lados y no se quedaba quieto. Su caballo aguantaba a las hordas con gran bravura, mientras el Emperador utilizaba aquella espada, la primera jamás forjada, para contener a esos terribles enemigos que pretendían conseguir un mundo devastado por una guerra continua.
El caballo blanco de un elfo se le acercó. El jinete del magnífico caballo era un elfo marcado por la edad, por lo cual debería estar ya cerca de terminar sus días en estas tierras. El Rey Elfo TAURON ayudó al Emperador con los enemigos que se le acercaban.
Pero... ¿de verdad hacía falta luchar? Muchos dirán que sí, pues aquellos seres no entendían otro lenguaje que el de las espadas, evitaban las palabras si no eran para honrar a sus Dioses o para maldecir al enemigo... o para decir una última frase, intentando ser épica, antes de fenecer.
Grandes columnas de fuego surgían desde las posiciones de los magos, lanzándose con furia hacia el ejército del Caos. Ya hubo una tremenda explosión que barrió del mapa a casi todos los hechiceros caóticos, por lo que la ventaja de la magia era claramente para los Cuatro Ejércitos. Pero por supuesto, los magos no tenían poder ilimitado, y si aún duraban era gracias a las pócimas que les permitían aclarar sus mentes para recitar los hechizos y para poder canalizarlos, recuperando también sus agotadas mentes puestas en la batalla.
Los rúnicos enanos estaban cargando todo su poder, ayudando en su lucha a los magos. Los enanos estaban decididos, habían nacido para las guerras y todo tipo de contiendas, daba igual si era portando terribles hachas o utilizando sus increíbles runas de poder.
¿Pero de verdad hacía falta tanta lucha?
Los arqueros elfos no dejaban de usar sus arcos, mientras por detrás varios mozos iban pasándoles más flechas. Un derroche de proyectiles, sí, pero esos proyectiles parecían gritar por la paz y la libertad de los pueblos...
McGILLIAN se detuvo cerca de un grupo de ogros que amenazaban con aplastarle. El enano levantó su hacha de doble filo y corrió hacia ellos. Pero pronto no estuvo solo y una saeta de flechas. El enano miró hacia atrás y se sorprendió al ver que no eran elfos, sino humanos los que lanzaron tan precisas flechas. Hombres montados en caballos pardos, portando arcos muy largos y unos estandartes en la espalda de sus extrañas armaduras. Uno de esos hombres, de mayor edad que los demás, se paró al lado de KARRAS.
- Va a necesitar mucha ayuda, GILLIAN-SAN – dijo el hombre.
- Veo que usted es una persona observadora, Emperador GIETSU – contestó el enano -. Sus samuráis son tenaces y bastante efectivos. Me alegro de que casi ninguno estuviese en la caballería de asalto.
- Nosotros luchamos con honor, hemos esperado a que la lucha comenzase para ir también nosotros. No queríamos iniciar batalla, pero ellos sí; ahora la terminaremos, GILLIAN-SAN.
Y espoleando a su caballo, HAJIME GIETSU se encaró hacia uno de los ogros que le atacaba. Había luchado ya contra parientes de estos seres, los llamados Oni, un nombre con el que también solían denominar a los demonios, así que aquel guerrero y gobernante oriental sabía a lo que se enfrentaba. KARRAS admiró el valor del Emperador Oriental, no podía negar que era un hombre asombroso.
Pero... ¿Saber luchar es ser asombroso?
Tal vez quien menos destacó usando las armas de los grandes líderes fue el Gobernador de las Tierras Bárbaras. NICODEMUS GREY-AXE simplemente dirigía a sus tropas y daba órdenes a los rúnicos, pero el Señor Enano no parecía estar dentro de la batalla. Procuraba que todo fuese rápido y con el menor número de bajas posible. No participaba como guerrero ni como rúnico, sino como líder, como una persona que sabía respetar y hacerse respetar. Guiaba a los enanos a la lucha contra las fuerzas del Mal, trataba de que no fuesen temerarios, de que no subestimasen el valor de sus vidas frente a una buena batalla.
Aunque poco usó el hacha, todos destacaron que era un guerrero formidable... Pero a él, la lucha no le importaba: seguía pensando en las vidas de quienes estaban participando en la contienda. Él se preguntaba hasta cuándo duraría semejante carnicería...
En el monasterio, retomemos el momento en que ARGOH cayó...
MINT aún lloraba junto al cuerpo del fallecido RAGNUS. Mientras, los demás intentábamos procurar que nuestras heridas aguantasen hasta que llegásemos junto a los sacerdotes.
El bárbaro, al darse cuenta que de ARGOH lo que quedaba no era más que
carne, ayudó a sacar a los muertos, ocupándose sobretodo de cargar con RAGNUS.
MAGNUS cogió las pertenencias de los muertos y también de los heridos, además
de recoger su hacha. Buscamos el cadáver de Nicholas Ripstein, pero no estaba.
Seguramente estaría en la barriga de varios demonios.
Mientras bajábamos las escaleras, veíamos que los demonios estaban todos
observando al grupo bajar. Nosotros cargábamos con los difuntos y con los peor
heridos, no sabíamos cómo reaccionar. Pero cuando por accidente BODHISATTVA se
acercó a uno de los demonios, éste se echo hacia atrás al ver al semielfo
aproximarse. Efectivamente, nos tenían miedo. Sabían que su señor les había dejado.
Tras dejar a RAGNUS en este penúltimo piso, KHANWULF nos pidió que
esperáramos. Sacó una antorcha y la encendió. LOTHAR, recuperado del ataque de
ARGOH, subió con él. Vio cómo el guerrero bárbaro encendía fuego al cadáver del
Señor Demonio. Y le oyó murmurar:
- En qué era regresará esta abominación, no lo sé. Hemos ganado, sí. El
Caos ha sido vencido, pero... ¿por qué tengo la impresión de que esto no ha
acabado?
- ¿Tal vez porque el hermano de ARGOH esté dando vueltas ahí fuera? – y
esto se oyó también en el penúltimo piso.
KHANWULF se volvió y también su voz se oyó con claridad:
- Quizás, pero estando el mundo como está y siendo las personas como son, no pasará mucho tiempo antes que alguien o algo se líe a hostias. Y cuando pase, ahí estaré, repartiendo yoyas como siempre.
Y luego rió a carcajadas de su ocurrencia
Los dos bajaron, pensando en lo que LOTHAR había dicho sobre Alanster.
Era cierto lo que decía: Alanster había enviado a sus demonios para ayudar.
Pero con ARGOH derrotado, ¿qué pasaría?
Entonces, una voz se oyó en todo el piso. Intentábamos buscar la fuente,
pero parecía venir de todos lados...
“Vuestra hora no ha llegado aún, mortales... Mi hermano sólo ha sabido
violar nuestras normas. No, aún no es vuestro tiempo, pues ese terrible día
para vosotros llegará en cuanto el sol deje de brillar y los astros se
precipiten sobre este mundo. Entonces sí que deberéis temer a los Señores del
Caos, a los cuatro Señores Demonios y a todos los seres de las Tinieblas.”
El eco retumbaba las paredes y rápidamente cesó. JADE miró a todos, muy
decidida. Y entonces vio que alguien se recuperaba...
La semielfa pelirroja abrió los ojos ampliamente, observando todo a su
alrededor. Al igual que muchos, su rostro hablaba por ella: demasiadas muertes,
todas innecesarias, todas por culpa del ansia de poder de un loco. Viendo que
todavía estábamos en el penúltimo piso, se levantó y ayudó a JADE a cargar con
DRAUG. SATOSHI la observó durante unos segundos y luego volvió la cara. No sé
qué le pasaría en ese momento al semielfo...
Era cierto que no estaba del todo recuperada, pero AKASHA colaboraba,
sabiendo que había otros en peor estado que ella. De repente, la semielfa habló
con una voz clara pero grave:
- DREADLIN y ARGOH están muertos al fin, pero ¿a qué precio? ¡¿Cuánto
más habrá que sacrificar cuando el Caos se desate de nuevo?!
La ninja nos miró a todos. Ella no había combatido con todas sus
fuerzas, podría haber hecho más. Definitivamente, las expresiones de su rostro
reflejaban todos y cada uno de sus pensamientos. Estaba muy cerca de ella,
cuando le oí decir en voz baja:
- Si yo hubiese actuado - y mientras, cabizbaja, derramaba sus oscuras
lagrimas...
Y en ese momento, AKASHA se sumió en un profundo silencio. Nos miró a
todos otra vez. Pero esta vez no expresaba amargura, sino que nos sonreía
levemente. Pero las lágrimas seguían cayendo; sufría, como nosotros. Muchos nos
lo guardábamos para nuestros adentros, llorábamos en el alma; pero ella también
derramaba sus lágrimas ante todos.
- Creo que deberíamos darnos prisa en salir de aquí, nuestros compañeros
han de tener un funeral digno de los mayores héroes y fuera podrán ayudar a los
heridos... y afuera habrá gente que nos necesite...
En ese momento, AKASHA soltó a FËADRAUG, dejando sola a JADE, y se desmayó. SATOSHI la agarró. Estaba muy exhausta a pesar de que podía levantarse tras el ataque de ARGOH, y todas estas experiencias acabaron por agotarla. El ninja semielfo me miró.
- Debemos sacar a todos los heridos y a los muertos – me dijo -. YURI tiene razón, merecen un entierro justo, digno de los grandes héroes que han sido. Hemos perdido a seis compañeros, ellos cayeron en la lucha, pero no murieron en vano. Ninguno de ellos...
Todos estábamos cabizbajos, no sabíamos qué decir tras las palabras de SATOSHI. Muchos exteriorizaron sus sentimientos, llorando amargamente, mientras intentaban llevar a los heridos y difuntos fuera del monasterio...
Tras bajar las escaleras y dejar el pasillo que nos llevaba a la Sala de los Dioses del Orden, un aire caliente nos envolvía. Mientras pasábamos por la sala, nos fijamos que todo estaba intacto, a pesar de el terrible fogonazo que vimos fuera de la habitación y que nos dio el aviso de que nuestro compañero YUU EDHELDUR y la archibruja HERUWATH HERUGURTH dejaron de existir. SANDHURST abrió los ojos mientras murmuraba algo, para otra vez quedar sin sentido.
Todavía el conflicto duraba. Las nubes empezaban a dispersarse y el cielo iba despejándose poco a poco. La lluvia ya no caía con violencia, sino que poco a poco iba haciéndolo de forma suave, hasta que ni una gota más vino del cielo. Las nubes se iban apartando más y más y los rayos del sol tocaron a todos y cada uno de los soldados de ambos bandos.
En el bando del Caos, muchos de aquellos heterogéneos seres se quejaban de la luz solar. Esto no era más que una ventaja para los Cuatro Ejércitos. Fue todo muy rápido: la Caballería Templaria se lanzó a la carga, portando grandes lanzas que se clavaban en los pechos de sus enemigos. Bajados de los caballos, los guerreros religiosos utilizaban sus espadas con gran maestría, mientras rezaban sus oraciones pidiendo protección en la lucha. Varios enemigos huían ante tan temibles luchadores, fervientes seguidores de su fe.
En su estampida, el Ejército del Caos empezó a dividirse. La confusión reinaba en sus filas, mientras muchos caían al suelo y eran aplastados por sus propios compañeros. Aunque no sabían por qué, se sentían faltos de valor. Pero nosotros lo sabíamos y seguramente los soldados y los líderes lo sabían también: ARGOH había sido vencido.
Varias expediciones fueron enviadas tras los diversos grupos del antiguo Ejército del Caos. Muchos de ellos escaparon, pero a otros consiguieron darles muerte. Pero... ¿hacía falta acabar con ellos? Huían y no volverían para luchar. Entonces... ¿por qué perseguirles?
Muchos vítores se escucharon cuando el Ejército del Caos se retiró por completo. Todos se felicitaban unos a otros, el júbilo embriagaba a cada uno de los integrantes de los Cuatro Ejércitos. Parecían haber olvidado las bajas de sus filas, vivían el momento presente, el momento de la derrota de ARGOH y de su séquito.
Y fue en ese momento cuando llegamos nosotros. ARKAN y SETO, este último ya consciente, nos acompañaron y se encargaron también de ayudar con la carga de heridos y muertos, incluidos los compañeros de Ripstein. Es cierto que todos estábamos agotados, había que decirlo, pero... Habíamos recorrido un largo camino para llegar hasta este sitio y luchar con todas nuestras fuerzas. Antes, al dejar el castillo, vimos cómo los demonios alados salían del monasterio y volaban hacia el Oeste. Seguramente dejarían el continente e irían a Nangör, la tierra de los demonios.
Cuando estábamos cerca, sólo veíamos una montaña de cadáveres que se iba apilando. Orcos, goblins, trolls, elfos oscuros, demonios, ogros... Todos ellos iban a ser incinerados. Y ya que menciono a los demonios, la gente se quedó extrañada al ver que los Matadores del campo de batalla se desvaneciesen de pronto y los Alados huyesen a Nangör, abandonando la lucha. Explicado el asunto de ARGOH, ya se hacía más comprensible su marcha.
En otro lugar, en un monte, veíamos largas filas de personas tumbadas. Todos ellos murieron en la batalla e iban a recibir su sepultura aquella noche. Las dos escenas, tan dispares, sólo demostraban la gran diferencia entre los vencedores y los vencidos. No había palabras para describir aquello... No las había. Unos serían quemados como si fuesen paja y otros serían enterrados con todos los honores.
¿Por qué esa diferencia? Seguramente muchos me lo recriminarán...
Un jinete nos salió al paso. Se sorprendió mucho al ver las bajas.
-
¡Alabados seáis todos! – dijo el jinete -. ¡Habéis salvado al Gran Sacerdote
también! Dábamos por muerto a Su Santidad, pero vemos que nos equivocamos, por
fortuna... Informaré de vuestra llegada.
Y
se alejó de nosotros, yendo hacia la multitud que celebraba la victoria
mientras varias personas colocaban a los difuntos en filas...
Había
llegado la noche. Gran cantidad de antorchas iluminaban el campo de batalla,
ahora convertido en un gran cementerio. En ese pequeño monte se encontraban los
cuerpos de miles de soldados, magos, sacerdotes y otros componentes de los
Cuatro Ejércitos. También estaban allí, entre los difuntos, nuestros compañeros
caídos en combate... Excepto FLADNAG, quien sería enterrado en Tolaria, y de
YUU y ATHENA, de cuyos cuerpos no quedaba absolutamente nada.
ÁURON
se había enterado de que su compañero de aventuras LLOYD no había podido
superar las terribles heridas sufridas en combate. Los clérigos hicieron todo
lo que pudieron, pero no pudo ser. ÁURON estuvo durante varios días sin decir
palabra.
Y
en cuanto a otros dos compañeros, ASSOTH y GRONFORL, los encontramos preparando
sus equipajes. Se iban a marchar, en busca de nuevas emociones y de paso a ver
si podían hacer ese teatro que pretendían sobre las diferencias entre tan
dispares razas como son elfos y enanos. Y pensar que todo eso empezó como una
excusa para zanjar una pelea auténtica... Pero en fin, los dos guerreros y el
fiel burro de GRONFORL, Asno, nos dejaron, no creo que para siempre, sólo por
un tiempo. Espero volver a verles...
Volviendo
a la ceremonia...
La
iluminación de las antorchas mostraba caras serias y de ojos sin brillo alguno.
La muerte era siempre el enemigo más terrible de cualquier batalla, más incluso
que los más fieros o experimentados guerreros que amenazaban nuestra vida en el
campo de batalla. Una pequeña ráfaga de viento apagó unas pocas antorchas, dando
un toque aún más oscuro a la ceremonia.
Llorábamos por todos los caídos, pero sobretodo por nuestros compañeros.
El silencio fue roto por los gimoteos y los gritos de dolor y de angustia. Parecía
que la celebración de la tarde había agotado toda la felicidad de aquellos
hombres y mujeres y ahora sólo les quedaba la tristeza.
La
larga oración del sacerdote duró más de diez minutos, mientras todos repetíamos
verso a verso la oración. Cuando al fin terminó, los cuerpos empezaron a ser
depositados lentamente en los agujeros que había a su lado. Una vez dentro, la
tierra los cubrió por completo. Y tras esto último, varias personas iban
colocando unas “lápidas” de madera que habían estado haciendo durante la tarde.
Pero claro que no se acordaban de todos y muchos fueron los difuntos que sólo
tuvieron una cruz marcando el lugar donde sus restos yacían para toda la
eternidad.
Tras
la solemne ceremonia, todos guardamos silencio. Fueron cinco minutos, pero
parecieron horas, muchas horas. Entonces, todos volvimos al campamento, con un
lento andar. Mientras tanto, una gran pira se alzaba a casi un kilómetro del
Monte de los Caídos.
Muchos
de nuestros compañeros estaban muy heridos y debían guardar reposo. Aunque
tardarían poco en recuperarse, aún les sobraba tiempo, pues hasta unos pocos
días no empezaríamos a recoger y volver a Solderai. Yo todavía me preguntaba
cómo irían las cosas en la ciudad. Recordaba que PHALNAX amenazó con que sus
fieles goblinoides atacarían la capital. Esperaba que los efectivos que allí
permanecían hubiesen evitado una catástrofe.
Miraba
el fuego de la hoguera mientras el silencio sepulcral se rompía. Oí unos pasos
y vi pronto que alguien se acercaba. Con el fuego vi que FËADRAUG estaba más o
menos recuperado.
El
druida se sentó a mi lado. Parecía sereno, pero al igual que todos nosotros
seguía con los recuerdos de la lucha. JADE le había explicado a su marido lo
que ocurrió, sobre la posesión de su cuerpo por parte de Eladamri (aunque él
esto ya lo “sabía”), la muerte de RAGNUS y el fin de la batalla. El elfo
silvano observaba el fuego tranquilamente.
Durante
varios minutos, ninguno articuló palabra algunas. Al final, tuve que preguntar:
-
¿Qué es de tu espalda?
Sabía
que en ese momento no era una pregunta que debía hacerle. Pero él parecía no
importarle. Esbozó una leve sonrisa mientras respondía:
-
Ya no duele.
Respiré
tranquilamente, pero seguía preocupada por FËADRAUG. Su expresión era atípica
en él. No es que fuese una persona con la sonrisa siempre por delante, ni
tampoco tenía cara de palo, su rostro siempre estaba relajado... Pero ahora lo
veía tenso.
-
Esto... DRAUG... Respecto a lo de RAGNUS...
-
Era su destino, según él mismo decía – se apresuró a decir el druida -. Pero al
final RAGNUS no olvidó que como todos él era mortal y que merecía sentir como
un mortal. No olvidó lo que sentía por MINT – miró al frente -. Ella sigue
llorando en su tienda, pero he visto que sus lágrimas ya no reflejan la
amargura de las que vimos en el monasterio.
Todo
esto lo dijo con un tono muy serio. Esto también me extrañó mucho.
-
Tras esto, ya no tengo el poder de antes, SARAH – prosiguió -. He perdido parte
de mis facultades mágicas cuando la parte astral de ARGOH fue encerrada de
nuevo en la Ira Sangrienta...
-
¿Qué harás?
-
Todavía no lo tengo pensado... Tal vez vuelva a ejercer el druidismo de forma
activa. También intentaré recuperar parte de mi poder – se detuvo unos
segundos, para cambiar de tema -: Y hoy... Hoy nos hemos convertido en
auténticos héroes.
-
DRAUG, ¿qué quieres decir?
-
En esta guerra, SARAH, no hemos sido más que peones en un tablero – me contestó
-. Aquí ya no había ni héroes ni novatos: todos éramos lo mismo. Cierto que
unos teníamos ciertas habilidades superiores a las de otros, pero no por ello
éramos héroes. Luchamos con nuestro corazón, por nuestros ideales... Y eso es
lo que hoy nos hizo héroes de verdad...
“Aunque
tal vez me retire, todos seguirán viendo en mí a un héroe...
Comprendía
sus palabras.
Y recordé lo que le dijo a Nicholas Ripstein: “los héroes son gentes
altruistas que luchan por el bien de los demás, pretenden ayudar y es cierto
que realizan grandes hazañas, pero sin su espíritu no tendrían tanto
significado”. O mejor dicho, no tendrían nada de significado. ¿De qué serviría
salvar a alguien si lo único que se espera es dinero? Sólo llenar las sacas y
vivir del cuento, tal vez, hasta que las monedas escaseasen.
Pero no entendía lo último: ¿retirarse? ¿Dejaría las aventuras por una vida
más pacífica? Ciertamente, eso parecía. Tal vez estuviese harto del
sufrimiento, tanto suyo como ajeno, y prefiriese la calma. Pero esa retirada...
¿sería definitiva o sólo durante un período de tiempo?
Había
alguien más despierto. LOTHAR se nos acercó. Él también se veía afectado, pero
no parecía importarle mucho. Nos miró a los dos durante varios segundos.
- Volveremos a Solderai y todo se habrá acabado definitivamente – dijo
LOTHAR -. Pero dejémonos de caras largas. Podemos celebrar la victoria y honrar
con nuestras risas a nuestros camaradas caídos, es lo que LAMBERT hubiera
querido.
Espero haber hecho justicia a la verdad, pues he contado lo
que me fue relatado. Así pues, cierro estas crónicas de la Batalla de Ghidnaar,
no sin antes desear paz y alegría a todo el mundo, tanto a esta generación como
a las venideras, pues es lo que hace que nuestras vidas tengan sentido.